- Botero esculturas (1998)
- Salmona (1998)
- El sabor de Colombia (1994)
- Wayuú. Cultura del desierto colombiano (1998)
- Semana Santa en Popayán (1999)
- Cartagena de siempre (1992)
- Palacio de las Garzas (1999)
- Juan Montoya (1998)
- Aves de Colombia. Grabados iluminados del Siglo XVIII (1993)
- Alta Colombia. El esplendor de la montaña (1996)
- Artefactos. Objetos artesanales de Colombia (1992)
- Carros. El automovil en Colombia (1995)
- Espacios Comerciales. Colombia (1994)
- Cerros de Bogotá (2000)
- El Terremoto de San Salvador. Narración de un superviviente (2001)
- Manolo Valdés. La intemporalidad del arte (1999)
- Casa de Hacienda. Arquitectura en el campo colombiano (1997)
- Fiestas. Celebraciones y Ritos de Colombia (1995)
- Costa Rica. Pura Vida (2001)
- Luis Restrepo. Arquitectura (2001)
- Ana Mercedes Hoyos. Palenque (2001)
- La Moneda en Colombia (2001)
- Jardines de Colombia (1996)
- Una jornada en Macondo (1995)
- Retratos (1993)
- Atavíos. Raíces de la moda colombiana (1996)
- La ruta de Humboldt. Colombia - Venezuela (1994)
- Trópico. Visiones de la naturaleza colombiana (1997)
- Herederos de los Incas (1996)
- Casa Moderna. Medio siglo de arquitectura doméstica colombiana (1996)
- Bogotá desde el aire (1994)
- La vida en Colombia (1994)
- Casa Republicana. La bella época en Colombia (1995)
- Selva húmeda de Colombia (1990)
- Richter (1997)
- Por nuestros niños. Programas para su Proteccion y Desarrollo en Colombia (1990)
- Mariposas de Colombia (1991)
- Colombia tierra de flores (1990)
- Los países andinos desde el satélite (1995)
- Deliciosas frutas tropicales (1990)
- Arrecifes del Caribe (1988)
- Casa campesina. Arquitectura vernácula de Colombia (1993)
- Páramos (1988)
- Manglares (1989)
- Señor Ladrillo (1988)
- La última muerte de Wozzeck (2000)
- Historia del Café de Guatemala (2001)
- Casa Guatemalteca (1999)
- Silvia Tcherassi (2002)
- Ana Mercedes Hoyos. Retrospectiva (2002)
- Francisco Mejía Guinand (2002)
- Aves del Llano (1992)
- El año que viene vuelvo (1989)
- Museos de Bogotá (1989)
- El arte de la cocina japonesa (1996)
- Botero Dibujos (1999)
- Colombia Campesina (1989)
- Conflicto amazónico. 1932-1934 (1994)
- Débora Arango. Museo de Arte Moderno de Medellín (1986)
- La Sabana de Bogotá (1988)
- Casas de Embajada en Washington D.C. (2004)
- XVI Bienal colombiana de Arquitectura 1998 (1998)
- Visiones del Siglo XX colombiano. A través de sus protagonistas ya muertos (2003)
- Río Bogotá (1985)
- Jacanamijoy (2003)
- Álvaro Barrera. Arquitectura y Restauración (2003)
- Campos de Golf en Colombia (2003)
- Cartagena de Indias. Visión panorámica desde el aire (2003)
- Guadua. Arquitectura y Diseño (2003)
- Enrique Grau. Homenaje (2003)
- Mauricio Gómez. Con la mano izquierda (2003)
- Ignacio Gómez Jaramillo (2003)
- Tesoros del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. 350 años (2003)
- Manos en el arte colombiano (2003)
- Historia de la Fotografía en Colombia. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1983)
- Arenas Betancourt. Un realista más allá del tiempo (1986)
- Los Figueroa. Aproximación a su época y a su pintura (1986)
- Andrés de Santa María (1985)
- Ricardo Gómez Campuzano (1987)
- El encanto de Bogotá (1987)
- Manizales de ayer. Album de fotografías (1987)
- Ramírez Villamizar. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1984)
- La transformación de Bogotá (1982)
- Las fronteras azules de Colombia (1985)
- Botero en el Museo Nacional de Colombia. Nueva donación 2004 (2004)
- Gonzalo Ariza. Pinturas (1978)
- Grau. El pequeño viaje del Barón Von Humboldt (1977)
- Bogotá Viva (2004)
- Albergues del Libertador en Colombia. Banco de la República (1980)
- El Rey triste (1980)
- Gregorio Vásquez (1985)
- Ciclovías. Bogotá para el ciudadano (1983)
- Negret escultor. Homenaje (2004)
- Mefisto. Alberto Iriarte (2004)
- Suramericana. 60 Años de compromiso con la cultura (2004)
- Rostros de Colombia (1985)
- Flora de Los Andes. Cien especies del Altiplano Cundi-Boyacense (1984)
- Casa de Nariño (1985)
- Periodismo gráfico. Círculo de Periodistas de Bogotá (1984)
- Cien años de arte colombiano. 1886 - 1986 (1985)
- Pedro Nel Gómez (1981)
- Colombia amazónica (1988)
- Palacio de San Carlos (1986)
- Veinte años del Sena en Colombia. 1957-1977 (1978)
- Bogotá. Estructura y principales servicios públicos (1978)
- Colombia Parques Naturales (2006)
- Érase una vez Colombia (2005)
- Colombia 360°. Ciudades y pueblos (2006)
- Bogotá 360°. La ciudad interior (2006)
- Guatemala inédita (2006)
- Casa de Recreo en Colombia (2005)
- Manzur. Homenaje (2005)
- Gerardo Aragón (2009)
- Santiago Cárdenas (2006)
- Omar Rayo. Homenaje (2006)
- Beatriz González (2005)
- Casa de Campo en Colombia (2007)
- Luis Restrepo. construcciones (2007)
- Juan Cárdenas (2007)
- Luis Caballero. Homenaje (2007)
- Fútbol en Colombia (2007)
- Cafés de Colombia (2008)
- Colombia es Color (2008)
- Armando Villegas. Homenaje (2008)
- Manuel Hernández (2008)
- Alicia Viteri. Memoria digital (2009)
- Clemencia Echeverri. Sin respuesta (2009)
- Museo de Arte Moderno de Cartagena de Indias (2009)
- Agua. Riqueza de Colombia (2009)
- Volando Colombia. Paisajes (2009)
- Colombia en flor (2009)
- Medellín 360º. Cordial, Pujante y Bella (2009)
- Arte Internacional. Colección del Banco de la República (2009)
- Hugo Zapata (2009)
- Apalaanchi. Pescadores Wayuu (2009)
- Bogotá vuelo al pasado (2010)
- Grabados Antiguos de la Pontificia Universidad Javeriana. Colección Eduardo Ospina S. J. (2010)
- Orquídeas. Especies de Colombia (2010)
- Apartamentos. Bogotá (2010)
- Luis Caballero. Erótico (2010)
- Luis Fernando Peláez (2010)
- Aves en Colombia (2011)
- Pedro Ruiz (2011)
- El mundo del arte en San Agustín (2011)
- Cundinamarca. Corazón de Colombia (2011)
- El hundimiento de los Partidos Políticos Tradicionales venezolanos: El caso Copei (2014)
- Artistas por la paz (1986)
- Reglamento de uniformes, insignias, condecoraciones y distintivos para el personal de la Policía Nacional (2009)
- Historia de Bogotá. Tomo I - Conquista y Colonia (2007)
- Historia de Bogotá. Tomo II - Siglo XIX (2007)
- Academia Colombiana de Jurisprudencia. 125 Años (2019)
- Duque, su presidencia (2022)
El SENA y el desarrollo tecnológico




Así se hace el pan de cada día.
¿Qué significa el desarrollo tecnológico?
El concepto de “desarrollo tecnológico” o “avance técnico” engloba todas las actividades encaminadas al mejoramiento en los métodos de organización y ejecución de la actividad productiva. La “tecnología” o ”técnica de producción” es considerada como la manifestación física de un nivel dado en el proceso de desarrollo tecnológico. Por tecnología se entiende pues la manera específica de producir un bien o servicio, manera que resulta de la articulación y aplicación de los conocimientos técnico?científicos disponibles y aplicables dentro de un determinado ambiente económico y social.
En virtud de su condicionamiento social, la tecnología no puede asumir caracteres uniformes en todas partes del mundo. Tal “diferenciación tecnológica” se expresa sobre todo en: a) la posibilidad o imposibilidad de elaborar cierto bien o prestar cierto servicio en un medio y momento determinados y en b) la forma de producirlo o prestarlo, ya en términos de la organización social del trabajo, ya en términos de los procedimientos físicos utilizados.
El ladrillo común ?para citar un ejemplo elemental ? puede fabricarse a partir de técnicas físicas que van, desde el sistema utilizado por los chircaleros, con hornos, elementos e instrumentos rudimentarios, hasta los procesos automatizados y de exacto control térmico que emplean las ladrilleras más modernas del país y, más todavía, algunas del exterior. Paralelamente, la organización social del trabajo puede ser, como en los chircales, de carácter artesanal, con predominio del trabajo familiar y remuneración parcial en especie, o de tipo esencialmente capitalista, dentro de un mercado laboral más o menos competitivo, con remuneración salarial y esquemas sofisticados para la administración del trabajo.
Desarrollo tecnológico no necesariamente significa pues la modernización inmediata o transformación abrupta de los sistemas físicos y sociales de producción de bienes o prestación de servicios. Más bien, debe entenderse como una serie de avances graduales en uno o más de los diversos componentes físicos o sociales que integran la tecnología, avances que por necesidad consultan el marco económico y social donde de lleva o se llevará a cabo la actividad productora o el servicio. Por lo mismo para precisar el concepto de tecnología, es necesario desagregarlo en sus elementos constitutivos básicos, a saber: a) Los conocimientos técnicos (know?kow) referidos tanto al diseño del producto o servicio como al desarrollo de su producción o prestación; b) Los bienes de capital requeridos (máquinas, equipos, instrumentos, etc.); c) La materia prima y los insumos necesarios; d) La fuerza de trabajo que actúa en la producción del bien o prestación del servicio, y e) Los conocimientos y técnicas organizativas no incorporados físicamente.
Referido a cualquiera. de sus cinco componentes el desarrollo de la tecnología abarca cuatro subprocesos: a) generación y producción; b) selección y escogencia; c) comercialización y d) transferencia o asimilación.
Por generación se entiende la creación de elementos tecnológicos, derivada en esencia de la investigación e instrumentación del conocimiento científico?técnico en distintas áreas o esferas productivas (mecánica, electrónica, petroquímica, etc.). La producción alude a la cristalización en proyectos físicos concretos del diseño tecnológico (fabricación de máquinas, fórmulas de procesos, manuales de procesos, insumos, materias primas). La selección y la escogencia de tecnología son actividades relacionadas con la búsqueda de alternativas tecnológicas por parte del oferente inmediato o por parte del usuario. La comercialización comprende aquellas acciones que se desarrollan en el mercado, entre compradores y vendedores de elementos tecnológicos. Finalmente la transferencia de tecnología se refiere a la asimilación efectiva que de alguna manera (total o parcial) se hace del conocimiento técnico (incorporado físicamente o no) por parte del usuario de éste.
De su lado, el SENA concibe el Programa de Desarrollo Tecnológico como encaminado a “sistematizar, promover y orientar la labor de captación, adaptación y difusión de tecnologías”. Entendiendo por tecnología el conjunto de “medioso métodos resultantes del análisis integrado de los recursos disponibles con los cuales está organizada la producción de un bien o servicio”, el SENA describe el proceso de desarrollo tecnológico como “la ampliación de la gama de posibilidades tecnológicas, bien por la adaptación y difusión de alternativas existentes o por la generación de nuevos medios o métodos” (SENA, mayo de 1977, p. 3). Así el organismo se orienta sobre todo hacia la selección y transferencia de elementos físicos y sociales de contenido tecnológico, aunque interviene por supuesto en las fases de generación, producción y comercialización de tales elementos.
Criterios de apreciación
Antes que evaluar en forma sistemática la actividad del SENA en materia de desarrollo tecnológico, esta sección se propone ofrecer un panorama general de cómo viene adelantando el Servicio sus primeros pasos en aquel campo. Tres razones imposibilitaban la evaluación formal en este momento: primero, la misma novedad de los programas y la ausencia de resultados definitivos, para no mencionar la falta de datos enteramente confiables; segundo, la complejidad que supondría tal tarea (en sentido amplio, todas las actividades del SENA se encaminan ?o habrían de encaminarse ? al avance tecnológico); tercero, y más importante, la conciencia que existe entre los propios funcionarios del servicio acerca del carácter experimental de los programas de desarrollo tecnológico y de la necesidad de autocrítica y constantes redefiniciones internas.
Esta primera visión global se orienta en torno a cuatro interrogantes principales:
- ¿Cuáles son las actividades del SENA más directamente encaminadas al desarrollo tecnológico de la empresa y del país?
- ¿Cómo realiza el instituto dichas actividades y qué resultados se han obtenido hasta el momento?
- ¿Cómo perciben las empresas o comunidades receptoras aquellas labores del SENA?
- ¿Está el Servicio realmente bien enfocado en su papel de promotor del desarrollo tecnológico, en cuanto a la orientación, ubicación y contenido de los programas que ofrece?
Metodología
Para cumplir el objetivo trazado, la presente sección enfoca dos niveles o aspectos básicos en la actividad del SENA: a) los procesos explícitamente orientados al desarrollo tecnológico, bien que se ejecuten dentro de la División respectiva, bien dentro de los programas de asesoría a las empresas, o bien que se incorporen a proyectos de organización econ6mica para el sector tradicional, y la intervención implícita o indirecta del Servicio, a través de sus programas de capacitación, tanto en el sector formal como en el sector informal de la economía.
Además de los escasos documentos y estudios preparados por el mismo SENA, y en concordancia con lo dicho atrás, la mayor parte de la información aquí examinada proviene de fuentes primarias:
- Entrevistas con personal directo del Programa de Desarrollo Tecnológico;
- Entrevistas con personal responsable de la coordinación y ejecución de proyectos específicos dentro de dicho Programa;
- Entrevistas con personal responsable de la coordinación de otros programas formales del SENA;
- Entrevistas con instructores de programas de capacitación;
- Encuestas a empresas pertenecientes al sector moderno;
- Entrevistas con funcionarios de la Misión Brítánica;
- Entrevistas con algunos beneficiarios de la asesoría técnica en el sector informal y
- Observación directa de conductas dentro de algunas aulas del SENA en Bogotá.
El Desarrollo Tecnológico Explícito
El programa de desarrollo tecnológico
Creado el Programa de Desarrollo Tecnológico por el Consejo Directivo Nacional mediante Acuerdo 27 de agosto de 1976, fue inicialmente ubicado dentro del Centro de Análisis y Desarrollo Tecnológico y de Formación Profesional Avanzada. Tres meses después, por Acuerdo 35, fue constituida la División de Desarrollo Tecnológico, adscrita a la Subdirección General de Investigación y Desarrollo, con el objeto central de propiciar el mejoramiento técnico de los procesos formativos y productivos mediante la identificación, captación, análisis, desarrollo, difusión y utilización de la tecnología más apropiada (SENA, mayo de 1977, p. 15).
A comienzos de 1978, la División fue reestructurada para articular más eficiente y racionalmente su Jefatura y sus actividades de información, documentación, análisis y desarrollo de tecnología, con las acciones de los centros pilotos y con la planeaci6n institucional, como también para aumentar la participación de los especialistas a niveles productivo y docente. Así el esquema administrativo de la División, todavía sin consolidar, ocasiona dificultades y deficiencias operativas de muy diversa índole.
La metodología fundamental del Programa gira en torno de “proyectos tecnológicos”. Estos proyectos consisten en “el análisis y desarrollo de una iniciativa específica encaminada a lograr un mejoramiento en el proceso de administración y/o producción de un bien o servicio” (SENA, mayo de 1977, p. 5). El proyecto se inicia con un diagnóstico regional, dentro del cual se captan e identifican las necesidades y posibilidades tecnológicas y se analizan sus diversos componentes; la alternativa tecnológica desarrollada a partir del diagnóstico es luego difundida o comercializada. Todo el proceso adopta una estructura circular de retroalimentación, donde la unidad de asistencia técnica del SENA juega un papel importante, activa y receptivamente.
En la preparación del diagnóstico regional, los principales factores considerados son la naturaleza del mercado, la dualidad tecnológica y económica, las alternativas disponibles para pequeños productores dentro del país, la rentabilidad eventual para el usuario de la tecnología, la posibilidad de intercambiar experiencias con otras regionales y la problemática del producto en el ámbito nacional.
Cuando el diagnóstico de la Regional resulta ser incompleto, la División de Desarrollo Tecnológico entra a suplir la deficiencia por medio de estudios directos o preparados por otras instituciones de investigación tecnológica (Colciencias, IIT, ICA ... ). En la actualidad se ha diseñado un modelo metodológico para los diagnósticos regionales y se espera comenzar trabajos de diagnóstico sectorial (referentes a productos) en el futuro cercano.
Por lo demás, aunque orientadas y coordinadas por la División de Desarrollo Tecnológico, las actividades y realizaciones del programa descansan sobre la estructura orgánica del SENA y por lo tanto se llevan a cabo con la participación del personal, los centros y los otros programas de la Institución.
En la labor de asesoría técnica, distingue el SENA dos esferas cualitativamente distintas, conformadas por los sectores formal o moderno y tradicional, respectivamente (la acción de desarrollo tecnológico para el sector marginado consiste casi exclusivamente en la capacitación de su mano de obra).
Desde el punto de vista de la empresa como unidad productiva, la estrategia organizacional característica del sector moderno se funda en una explícita, racional y creciente división del trabajo. Dentro de tales unidades, se asignan funciones específicas, jerarquizadas y estructuradas dentro de un esquema directamente derivado de los objetivos de la firma. Así, el sector formal incluye las empresas agrícolas e industriales modernas grandes o medianas, y aún las pequeñas con cierto grado de organización.
Dentro del sector tradicional, el principio de especialización estructural y de roles se encuentra menos avanzado, pues se asignan de facto múltiples funciones a los distintos agentes que intervienen en su gestión; se da pues un cierto grado de anarquía ?mayor o menor según el caso ? en la organización de la entidad. Dicha caracterización es aplicable singularmente a las empresas artesanales, a la pequeña propiedad rural y quizá también a las empresas urbanas que producen en pequeña escala y dentro de sistemas administrativos relativamente elementales.
Para efectos del Programa de Desarrollo Tecnológico, el SENA ha concentrado su actividad promotora y asesora sobre el sector tradicional. La asesoría técnica para el sector moderno ha sido iniciada recientemente en particular por medio del programa ASTIN, que se dirige sobre todo a la mediana y pequeña industria en el área metalmecánica.
Consciente de su papel como instituto de productividad, el SENA se ha forjado el propósito de identificar, captar, analizar y difundir tecnologías adecuadas para los sectores de más baja productividad. En otras palabras, la institución ha tratado de sistematizar la filosofía implícita y la experiencia de sus programas tradicionales de capacitación y formación profesionales canalizándolas a través del Programa de Desarrollo Tecnológico. En efecto, por medio de los servicios de asesoría y capacitación que han venido prestándose a las empresas del sector moderno, el SENA ha acumulado una serie de conocimientos que constituyen ya cierta infraestructura técnica susceptible de servir a acciones más ambiciosas en este terreno.
El Programa de Desarrollo Tecnológico del SENA se ha enmarcado dentro de una línea de acción muy similar a la de instituciones europeas como el “Grupo de Tecnología Intermedia” de Londres. En esencia, se trata de plantear alternativas tecnológicas, de mejorar tecnologías existentes y de difundir tecnologías, tomando como eje los programas existentes dentro del SENA mismo. Algunos de aquellos programas se adelantan con el concurso financiero y humano de instituciones o misiones extranjeras, principalmente francesas, inglesas, alemanas y canadienses; en calidad de contraprestación el Servicio aporta sus instalaciones y su personal técnico.
Con el fin de ilustrar al lector acerca de la magnitud del esfuerzo y acerca de los modos y restricciones de operación del SENA en materia de desarrollo tecnológico explícito conviene reseñar los recursos humanos y físicos que conforman la infraestructura inmediatamente utilizable para dicho cometido.
Los elementos humanos se reparten en dos grupos. De un lado, los profesionales vinculados por la División, asesorando el trabajo de las regionales, y encargados al propio tiempo de problemas nacionales en su esfera de competencia técnica; estos profesionales se incorporan a grupos de información, documentación, análisis y desarrollo en los ramos industrial o agropecuario. De otro lado, especialistas contratados de manera directa por la Regional, principalmente instructores; en algunos casos, ellos forman parte de centros determinados.
Los elementos físicos más directamente relacionados con el desarrollo tecnológico son los centros industriales especializados (Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla...) con sus laboratorios de metrología, tratamiento térmico, química básica, resistencia de materiales y procesos químicos; de taller para construcción de prototipos, actualmente en montaje, y la biblioteca de Bogotá, para alumnos e instructores de la División.
Tecnología para el sector tradicional: el caso del proyecto chircales
Cómo materializa el SENA su propósito de promover el avance técnico del sector tradicional? Ya se indicó que cada Oficina Regional prepara un primer diagnóstico con el énfasis sobre las necesidades y las posibilidades económicas y sociales de la zona. El diagnóstico puede revelar problemas tecnológicos dentro de alguna unidad productiva; mediante la labor de evaluación realizada por un equipo interdisciplinario, se elaboran entonces planes que conducen a la selección de proyectos específicos. Esta es, naturalmente, una presentación esquemática; en la práctica, se registran situaciones harto diferentes y con muy distintos grados de complejidad cuyas soluciones contribuyen a formar el bagaje de experiencias acumulativas que empiezan a perfilar una metodología común básica.
Aunque el SENA ejecuta en el momento, y aunque fueron observados varios proyectos de asistencia técnica para el sector tradicional, se ha preferido tomar un ejemplo específico, con ánimo de ilustrar y analizar de modo más concreto el procedimiento del instituto y la forma como interactúan sus distintos niveles y secciones. Se trata del Programa Chircales, adelantado por la Regional Boyacá.
Durante el segundo semestre de 1976, en cumplimiento de un programa móvil rural, un instructor fue impresionado por el bajo nivel de vida de los chircaleros y por el carácter tan primitivo del sistema de fabricación de ladrillos en la región de Sogamoso. Luego, a través de un programa de “mejoramiento de Hogares”, funcionarios de la Regional Boyacá iniciaron su acercamiento a la comunidad de chircaleros, a fin de allegar suficientes elementos para el análisis del problema.
A principios de 1977, un equipo de instructores y funcionarios de la Unidad Minero?Industrial efectuó el examen de la tecnología vigente en los chircales, desagregando todo el sistema de producción en sus diferentes elementos y fases operativas. Como quiera que, a juicio de los funcionarios, existían deficiencias y problemas tecnológicos a todo lo largo del proceso, se trató de focalizar la acción inmediata sobre dos fases o elementos que parecían constituirse en puntos neurálgicos: la regulación o pulimento de la superficie de ladrillo, y su compactación o prensado (actuar sobre el resto del proceso supondría un gran esfuerzo en tiempo y costo financiero).
Para aquel entonces, los chircaleros habían desarrollado una máquina llamada “Escafiladora” o “Escaciladora”, destinada a pulir la superficie de los ladrillos; se trataba pues de mejorarla, modificando su material (madera) o alterando su mecanismo. Al discutir con los usuarios el funcionamiento de la máquina, fueron detectados tres problemas: el ladrillo salía cóncavo y no rectangular; la máquina se desgastaba muy pronto y la cuchilla de pulimento representaba un riesgo para el operario de la máquina.
Para remediar las deficiencias descritas, la Regional del SENA ideó y construyó una máquina de pulimento más eficiente, cambió la forma de la cuchilla y reemplazó la madera por materiales más duraderos, en permanente consulta con los usuarios. Simultáneamente se asesoró a los chircaleros en la construcción de cobertizos para secado de ladrillo y se les asistió en la búsqueda de financiación por parte de la Caja Agraria.
El problema de compactación o prensado del ladrillo trató de resolverse mediante la creación de una nueva máquina. Un primer diseño fue solicitado a la Universidad de Tunja por intermedio del Centro Piloto de Bogotá; pero éste fue rechazado por los técnicos del Centro en vista de fallas físicas como el gran esfuerzo requerido del operario. Los instructores del Centro Piloto procedieron entonces a ingeniar un nuevo modelo en colaboración con sus alumnos; su prototipo de madera fue trasladado a la región y aceptado, en primera instancia, por la comunidad de chircaleros; se trata de una máquina moldeadora?prensadora. Sin embargo, la nueva máquina resultó ser demasiado costosa y exigió el concurso de varios operadores, por lo cual los chircaleros terminaron por no emplearla. Al momento de este escrito, la Regional se ocupa de retocar el diseño del Centro Piloto, para producir una máquina prensadora únicamente con una sola caja y aprovechando el sistema de palancas ideado por el Centro.
La experiencia del Proyecto Chircales pone de presente tres aspectos críticos en la adecuada difusión de innovaciones tecnológicas para el sector tradicional: la utilidad de mantener consultas y discusiones permanentes con los usuarios; la conveniencia de aumentar la iniciativa y responsabilidad de quienes se desempeñan sobre el terreno mismo, y la dificultad de idear elementos que a un tiempo sean funcionales y económicamente viables.
En el caso de la escafiladora, se tuvieron bien presentes la opinión de los usuarios y sus condiciones económicas y sociales. En cambio, los primeros diseños para la moldeadora?prensadora fueron elaborados “a distancia” sobre la base de informaciones, detalladas claro está, pero apenas indirectas. En consecuencia, la primera innovación fue expedita, precisamente calibrada para las necesidades de producción local fácilmente asimilada por los chircaleros; al programar la moldeadora, entre tanto, se ocasionaron costos financieros y administrativos aparentemente innecesarios, con resultados poco satisfactorios.
De todas maneras, la Regional de Boyacá se ha enriquecido con la experiencia. En la actualidad, el Proyecto cuenta con los servicios de un técnico en cerámica quien, a partir de su estrecha interacción con los chircaleros, precisó serios problemas de cocimiento en el horno; con ayuda de los mismos usuarios se construye ahora un horno circular o de “llama invertida” que permite un cocimiento más homogéneo del ladrillo, en terrenos cedidos por la comunidad.
El proceso de adopción del nuevo horno vuelve a subrayar el carácter altamente positivo de la participación directa de los receptores en todas las fases del desarrollo tecnológico: fueron los chircaleros quienes señalaron el tipo de arcilla más conveniente para pegar los ladrillos y quienes más insistieron en los aspectos prácticos y económicos del diseño; por lo mismo, su comprensión acerca del objetivo y el funcionamiento interno del horno es más alta, y más rápido también el ritmo de difusión tecnológica.
Tecnología para el sector moderno
La prestación de asesoría tecnológica explícita por parte del SENA a la empresa moderna surgió como corolario de la tendencia a buscar una más amplia aceptación y de sus esfuerzos por capacitar mano de obra. Dicha asesoría abarca, no sólo la Asistencia Técnica en sentido estricto, sino además las diversas áreas del denominado “Desarrollo Gerencial” (este último consiste sobre todo en cursos para mandos medios y cursos sobre técnicas de gestión).
El caso del programa ASTIN
La labor más estructurada de desarrollo tecnológico para empresas del sector moderno se lleva a cabo dentro del Programa “Asistencia Técnica a la Industria”, ASTIN, adscrito a la Unidad Metalmecánica de la Regional del Valle del Cauca. El objeto fundamental de dicho Programa está señalado como el de fomentar y desarrollar la pequeña y mediana industria en los aspectos de fundición y metalmecánica.
En 1974, la Federación Metalúrgica Colombiana, FEDEMETAL, entró en contacto con el gobierno de la República Federal Alemana a fin de adelantar un estudio sobre el sector metalmecánico. Fruto de tal estudio fue la identificación del SENA como entidad apropiada para ejecutar un proyecto piloto de asistencia técnica a las empresas del sector, con patrocinio alemán. En atención a la importancia de aquella industria en la región y a la existencia de similares programas en otras ciudades del país, fue elegida la Regional de Cali (Valle) como sede del proyecto.
Son cuatro los objetivos centrales del Programa ASTIN: a) mejor aprovechamiento de la capacidad instalada; b) elevación en la calidad del producto; c) mayores volúmenes de producción, ventas y empleo; y d) diseño o adaptación de nuevos productos.
El SENA divulga la existencia del Programa y examina caso por caso las solicitudes de las empresas. La asesoría se cobra independientemente del aporte legal del 2% sobre nómina, para lo cual existe una estructura específica de tarifas. Los criterios básicos para prestar la asistencia son el tipo de trabajo o servicio solicitado, y el que no se trate de una “gran empresa”, la cual ordinariamente dispone de los recursos técnicos y financieros necesarios para llevar a cabo el proyecto o para resolver el problema en cuestión*.
Generalmente se aprovecha la iniciativa y creatividad de los técnicos y operarios de la empresa usuaria, que aspira a desarrollar o adoptar cierta tecnología. El SENA entra entonces a colaborar, sistematizando técnicamente las iniciativas surgidas de la propia empresa. Esta necesidad de crear o adoptar determinadas innovaciones se presenta principalmente por los altos costos de tecnologías foráneas (regalías) o porque tales tecnologías no existen en el mercado con las características requeridas por el medio/. La asesoría técnica del programa también cubre procesos de manejo de materia prima, uso de troqueles (know?how) y organización de la producción (alivio de “cuellos de botella”, por ejemplo).
En materia de recursos, dispone ASTIN de cinco técnicos alemanes y de sus “homólogos” colombianos, entrenados en el exterior o mediante el sistema de “aprender haciendo”. Se cuenta además con un completo taller dotado por la República Federal Alemana. Dada la versatilidad del taller, el SENA estaría en capacidad de prestar cualquier tipo de asistencia o servicio en el área metalmecánica; con todo, el instituto evita entrar en competencia con otros talleres de la región, limitándose a las tareas y tiempos exigidos por cada proyecto especifico.
En principio, la utilización del taller se enmarca dentro de tres pautas bien definidas. En primer término, se le concibe como una unidad de producción para realizar proyectos útiles y comercializables, incluyendo la confección de prototipos o modelos para productos nuevos y la adaptación o construcción de herramientas especiales. En segundo lugar, el taller debe servir para la continuada capacitación de los instructores del Centro Metal mecánico y para formar los técnicos de la empresa durante su etapa de adaptación a la vida laboral. Por último, las asesorías suponen procesos permanentes de discusión, revisión y evaluación conjunta con la empresa asesorada.
Como ocurriera en el caso de los chircales de Sogamoso y en otros programas de asistencia técnica al sector tradicional***, el principal limitante de la eficacia de ASTIN parecería radicar en la compenetración y comunicación insuficientes con la empresa servida. Tal vez debido a la juventud del Programa o a la orientación un tanto “académica” de su personal, los resultados no siempre satisfacen al usuario. A título de simple ilustración (pues no fue posible establecer el criterio de un número suficiente de asesorados): la empresa X encontró “impracticables” las recomendaciones de ASTIN, por su costo exagerado y por no consultar adecuadamente la estructura organizativa de la firma; al decir de un funcionario de X, el SENA nunca indagó por los resultados del proyecto y su última intervención “se produjo a raíz de la cuenta de cobro”. Es verdad que la “inercia burocrática” y los “intereses creados” dentro de la firma X pudieron determinar su escasa receptividad a la asesoría del SENA, como sucede una y otra vez en la práctica de la consultoría externa (Aiken, 1976). Pero precisamente por ello, un programa de asesoría, aún especializado, debe enterarse a fondo de todos los aspectos en la vida de la empresa y debe poseer una metodología explícita para el acercamiento a la firma como totalidad.
De hecho, ASTIN tiene contemplado el seguimiento de sus proyectos. Dentro de la información recibida, sin embargo, no figuran tres aspectos fundamentales: a) ayudas y obstáculos a la innovación, resultantes del sistema administrativo y de la “estructura social informal” de la empresa; b) problemas técnicos encontrados en la efectiva asimilación de las recomendaciones; y c) percepción y evaluación de la asesoría por parte de la firma.
Percepción de los usuarios
Con el propósito de sondear la receptividad y las expectativas empresariales frente a las acciones del SENA en los campos de asistencia técnica y desarrollo gerencial para el sector moderno de la economía, fue diseñado un cuestionario especial para grandes firmas industriales en los diversos ramos de la producción (la muestra no incluye pues usuarios de ASTIN). Infortunadamente, las respuestas allegadas fueron tan pocas (23) que apenas cabe mencionar sus líneas más generales, por vía de ilustración.
La mayoría de las empresas encuestadas (un 60%) manifestó no haber recibido del SENA asistencia técnica ni contribuciones específicas para su desarrollo gerencial, a pesar de ser aportantes. Sólo dos firmas se han beneficiado ?y repetidamente? de la asistencia técnica, en materias como la selección, adaptación o reconstrucción de procesos, maquinaria y equipo. En cambio, una cuarta parte de las firmas ha participado en programas de desarrollo organizacional o gerencial, concretamente en cursos de formación para mandos medios, cursos en supervisión y diagnóstico o cursos de gerencia.
Las dos empresas usuarias de asistencia técnica calificaron los resultados como “buenos” o “aceptables” por tres razones principales: “cumplimiento de los objetivos”, “comprensión de las necesidades de la empresa por parte del SENA”, y “ayuda para despejar dudas acerca de nueva maquinaria”. Este indicio matizaría la observación hecha acerca del programa ASTIN, en el sentido de que la compenetración con la vida de la firma sea insuficiente.
La demanda potencial por servicios de desarrollo tecnológico es bastante elevada. Entre las empresas que informaron no haber recibido ningún tipo de asesoría de parte del SENA, un 70% manifiesta desearla en los siguientes aspectos: capacitación técnica de personal; control de calidad; mantenimiento de equipo y maquinaria; sistemas de compra de equipo, maquinaria e insumos mercadeo; organización de tiempos y movimientos; costos, seguridad industrial, crédito y organización contable.
Sin embargo, no todas las firmas precisan de la contribución directa del SENA para su avance técnico. Un 20% de las encuestadas lo afirmaron así, por cuatro razones principales; cuentan con equipos profesionales altamente calificados; el proceso productivo es “esencialmente manual”; “el negocio es pequeño” y las “innovaciones tecnológicas se importan de la casa matriz”.
Sorprendentemente, algunas grandes empresas “ignoran que el SENA presta asesoría técnica” y otras se quejan de la “dificultad en localizar los asesores del SENA”.
Tomadas en conjunto, las anteriores cifras sugieren tres conclusiones. Primero, la eficacia de los programas de asistencia técnica y desarrollo gerencial, manifiesta en la satisfacción de los usuarios. Segundo, la escasa cobertura de los programas de desarrollo tecnológico (reflejo a su vez de la juventud y los mayores costos de aquellos). Y, tercero, la tendencia de algunas empresas a mantener relaciones más estrechas y repetitivas con el SENA. En vista de la escasez de recursos y de las diferencias de información y acceso por parte de las firmas, sería pues útil emplear criterios de selección más elaborados.
El Desarrollo Tecnológico implícito en los Programas de Capacitación
La calificación de la fuerza de trabajo, se recordará, constituye uno de los elementos básicos de toda tecnología. Dicha calificación puede referirse, bien a la dimensión física, bien a la dimensión de los procesos productivos, bien a ambas dimensiones.
En otras palabras, la capacitación de operarios para el mejor manejo de procesos físicos, maquinaria o materias primas, al igual que su disposición para acoplarse a organizaciones más racionales y eficientes del trabajo, contribuyen a elevar su productividad y son, por lo tanto, instancias del “desarrollo tecnológico”.
Por lo dicho, al ofrecer capacitación técnica y formación profesional integral a sus educandos, también actuaría el SENA como instituto nacional de productividad, es decir, como instrumento para el desarrollo tecnológico. Pero la “conciencia tecnológica”, dentro de los programas tradicionales de capacitación, puede ser más o menos explícita, y sus resultados más o menos satisfactorios. En efecto, si la enseñanza no aspira a la simple transmisión del conocimiento, sino que quiere estimular la creatividad, la receptividad y la actualización permanente en el terreno tecnológico, tal intención habría de reflejarse en: a) el nivel educativo, la orientación académica, y la experiencia técnico?práctica de los instructores; b) los esfuerzos del SENA por mantener informado su cuerpo docente acerca de los últimos avances en el campo de la técnica; c) la fluidez de las comunicaciones entre docentes y administradores; d) la adecuación de los instrumentos y materiales de enseñanza, y e) el contenido y los métodos de transmisión del conocimiento. En cuanto al resultado práctico de los esfuerzos por difundir la conciencia tecnológica entre los trabajadores?alumnos, quizá el indicador más obvio sea la capacidad inventiva demostrada por los egresados.
Para sondear el grado de conciencia tecnológica existente en los programas tradicionales de capacitación, fueron aplicados cuestionarios anónimos a una muestra aleatoria de 35 instructores, y se adelantaron entrevistas con docentes del Centro Piloto de Bogotá y de las unidades metalmecánica, de industria, administración, comercio y servicios de Cali. A su vez, tanto la encuesta especial de tecnología, diligenciada por 23 firmas, como la encuesta general respondida por 96 empresas, incluyeron preguntas específicas acerca de la capacidad inventiva de los egresados del SENA. Sobre uno y otro punto, por lo demás, las conclusiones se presentan como preliminares tan sólo.
Antecedentes del instructor
La capacidad de plantear y desarrollar innovaciones científico?técnicas parece estar asociada, entre otros factores importantes, con el nivel y el contenido de la formación básica por una parte, y con la experiencia y la intensidad de la dedicación al área específica, por otra parte (Thomas, 1974; Hamilton, 1974). Aun cuando el tema de la capacidad inventiva no ha sido siquiera explorado a la luz de informaciónes colombianas podría suponerse, sobre aquellas bases, que los instructores SENA estarán más orientados a la innovación entre más avanzada y más técnica haya sido su educación básica, y entre más prolongada y más intensa haya sido su experiencia en el área.
De los 35 docentes encuestados, una tercera parte terminó el bachillerato clásico y los otros dos tercios culminaron el bachillerato técnico; el 48% efectuó estudios especializados de capacitación (con duración promedio de 3 años) y un 21% cuenta con formación universitaria, casi siempre incompleta. En otras palabras, de cada nueve instructores del SENA, uno es bachiller clásico, dos son bachilleres técnicos, cuatro han recibido capacitación especial, y los otros dos tienen alguna educación universitaria.
En el aspecto de contenido, podría pues suponerse que la educación previa de los instructores sí tiende a propiciar la conciencia tecnológica, pero el nivel medio de escolaridad los habría dotado con destrezas instrumentales, aun con destrezas adaptativas, pero quizá con pocos conocimientos de ciencia avanzada o habilidades genuinamente creadoras (lo cual no implica deficiencias sino desde el extricto ángulo del desarrollo tecnológico).
Por lo demás, es interesante notar cómo menos de la mitad de los instructores han recibido capacitación técnica formal y especializada, previa su vinculación al SENA. En buena medida, el aprendizaje del docente obedecería así a elementos empíricos y a la autoformación. Aunque sería preciso profundizar en el punto, el hecho sugiere que las oportunidades brindadas por el SENA a sus instructores para capacitación formal, aunque abundantes, no son todavía suficientes o no están generalizadas a todos los niveles. En cualquier evento, el ingrediente curricular técnico no parece contar tanto para la selección del docente como sería de esperar.
Las experiencias del trabajo práctico pueden compensar algunos de los vacíos de la educación formal y, en todo caso, complementarla y enriquecerla. Por esta razón, el hecho de que la mayoría de los instructores consultados (un 85%) haya venido laborando en su actual área de enseñanza por espacios promedio de siete años, diría bien de su competencia profesional y de su capacidad para transmitir destrezas técnicas. Con todo, resta un 15% de docentes inexpertos, y cerca de la mitad de los instructores carece de experiencia en campos distintos de su actual área de enseñanza (lo cual sugiere cierta tendencia a la sobre?capacitación pragmática).
Cuadro No. 1
Capacitación Técnica ofrecida por el SENA a sus instructores
- Las respuestas no son mutuamente excluyentes.
** Sobre un total de 33 que responden.
En términos de dedicación, y con una sola salvedad, los docentes han sido contratados de tiempo completo por el Servicio, lo cual aparenta ser garantía para el buen desarrollo de sus programas. Empero, la tercera parte de los instructores trabaja símultáneamente para otros patronos, con frecuencia en tareas no relacionadas con su ramo de enseñanza dentro del SENA. Si bien estas situaciones obedecen casi siempre a la circunstancia económica del instructor, podría justificarse la búsqueda de su remedio.
Actualización tecnológica del instructor
El esfuerzo del SENA por mantener sus instructores al tanto de los avances tecnológicos se pone de manifiesto en la conducción de cursos y seminarios, en el envío de estudiantes al exterior, en la práctica de “pasantías” dentro de empresas determinadas, en tareas de investigación o experimentación desarrolladas en equipo, y en el suministro de libros y revistas técnicas.
El cuadro 1 reseña la distribución de instructores beneficiarios de los distintos tipos de capacitación ofrecida por el Servicio. Cuando más sólo 9 entre los 33 encuestados han recibido capacitación formal en cursos, y apenas 19 la han recibido en cursos o seminarios. Nada más que dos instructores han tenido la importante experiencia de pasantía, o entrenamiento práctico dentro de una firma, para familiarizarse con procesos, maquinaria y equipos novedosos. Aunque la mayoría dispone de libros o revistas técnicas, el trabajo de investigación en grupo es escaso y aun la cuarta parte de los docentes parece no servirse siquiera de aquel material bibliográfico.
Por otra parte, de 24 personas que respondieron la pregunta pertinente, 14 se declararon “insatisfechas” con la capacitación técnica ofrecida por el SENA a sus instructores. Entre las críticas expresadas figuran como principales la “corta duración” de los programas, su carácter “esporádico”, el “no lograr” su cometido de actualización tecnológica, su “superficialidad”, su “desorganización” y su “quedarse en la pura teoría”. En contraste, los 10 instructores que se mostraron “satisfechos” con los programas de capacitación dijeron haber aprendido “nuevas técnicas” y elogiaron el “valor práctico” de los conocimientos adquiridos. La impresión de conjunto, más bien negativa en cuanto atañe a la actualización del docente, fue reforzada por las entrevistas abiertas, donde una y otra vez se puso de presente la preocupación por la falta de iniciativa en tal sentido y por la debilidad del contacto con la realidad tecnológica del país.
Por último, el interés de los instructores en lograr una más amplia capacitación por parte del SENA se revela en el cuadro 2. El mecanismo recomendado con mayor insistencia es el de pasantía, seguido de cerca por la mejor planeación de recursos y seminarios. Pero no faltan otras sugerencias, como las de facilitar al docente la oportunidad y los medios para investigar, actualizar el equipo o consultar más de cerca las necesidades concretas del instructor antes de programar actividades para su ulterior capacitación.
Participación del instructor
La calidad de la docencia y su apertura al cambio se encuentran estrechamente relacionadas con el grado de iniciativa que se reconoce al agente educador primario, el instructor en el caso del SENA. Por esta razón ?y aunque su punto de vista puede contener sesgos? se juzgó oportuno recoger la opinión de los instructores acerca de varias facetas de su participación en la toma de decisiones docentes y tecnológicas.
Un 70% de los encuestados expresa que la comunicación con el respectivo coordinador del programa es “buena” y el resto la define como “regular”. Sin embargo, la mayoría de los docentes con quienes fue posible conducir entrevistas abiertas precisa que la comunicación es “buena” tan solo en términos de cordialidad e informalidad, pero no lo es (en algunos casos, hasta la califica de “mala”) cuando se viene a examinar la receptividad efectiva del superior. En apariencia ?y una organización “burocrática” del tamaño y la complejidad del SENA difícilmente podría esperar cosa distinta (Crozier, 1970) los flujos de comunicación y decisión tienden a ser unidireccionales, la “estratificación” interna está bien definida, los superiores crean (o los inferiores perciben) una cierta distancia y no se busca el aporte del subalterno en áreas ajenas a la de su competencia estrictamente técnica.
En cuanto a la elaboración de unidades de enseñanza (cuadro 3) solo unos pocos instructores dicen participar directamente, aunque la casi totalidad contribuye con sus comentarios y sus sugerencias. Al sentir de muchos, los programas son impuestos “desde arriba” y no se ofrece oportunidad al docente, inmediatamente responsable de su desarrollo, para pronunciarse acerca de los contenidos. Como resultado, en algunos casos se señalan errores que hubieran podido evitarse de haber mediado un proceso más amplio de consulta.
Consecuentemente, un buen porcentaje de instructores gustaría de participar más directamente en la preparación de los programas y módulos educativos, ya para enriquecer sus conocimientos, ya para estimar que ellos deberían ser parte esencial de su desempeño docente, ya para “verse forzados a investigar” o ya para “darle más variedad al trabajo”.
Por Último, yendo más directamente al punto del desarrollo tecnológico, no parece existir dentro del SENA una política institucionalizada y bien definida de estímulo a la iniciativa técnica del docente. En un caso concreto, la invención de una máquina para cortar pasto, el instructor recibió sí bonificación por la venta de su diseño a una Regional; pero no hubo interés en perfeccionarlo o en permitir al inventor llevar adelante investigaciones. Para un instituto de productividad, cabalmente porque las innovaciones son escasas y difíciles de producir, sería necesario disponer de mecanismos ágiles para impulsar, ampliar y difundir la inventiva tecnológica.
Calidad del material docente
Después del instructor, el medio educacional más importante o, en todo caso, más característico de la formación impartida por el SENA, está representado por la maquinaria y equipo que se utiliza para la demostración y para la práctica del alumno. El Cuadro 4 recoge la opinión de los instructores acerca del estado de aquellos elementos, en Bogotá y en Cali (en apariencia, la situación varía de una región y de una especialidad a otras).
Más del 90 % de los docentes estima que la maquinaria y los equipos empleados por el SENA no son “modernos”, si se les compara con los utilizados dentro de la industria. Claro está que, para situar tal apreciación en su perspectiva legítima, basta con notar cómo, si intentara “estar al día” en tantos ramos como abarca, necesitaría disponer el Servicio de recursos prácticamente ilimitados. En 20 años de historia, la “edad tecnológica” de los equipos tiene naturalmente que ser diversa y muchos de ellos tienen ya por qué ser obsoletos. Sin embargo, ante el ritmo de innovación cada vez más acelerado a niveles mundial y nacional, ante los costos de la tecnología en ascenso, ante la dificultad de “desmantelar” instalaciones que han demandado tanto esfuerzo, no deja de inquietar el reto que tiene y tendrá que afrontar la institución para renovar ininterrumpidamente sus equipos.
Aunque la mayoría de los instructores sigue encontrando útil. la maquinaria y equipo para efectos pedagógicos, la inquietud acerca de su modernización se ahonda ante las creencias repetidamente expresadas en las entrevistas, de que falta interés dentro del SENA por actualizarse y de que no están bien definidas sus políticas y sistemas de actualización. De hecho, una tercera parte de los instructores tildó el equipo de "anticuado" y no faltaron críticas sobre su mantenimiento y reposición.
Los hechos descritos insinúan, cuando menos, la conveniencia de adelantar un estudio detallado acerca de las condiciones y el estado de la maquinaria y equipo empleados para la enseñanza. Aunque no puede esperarse ?ni tampoco tendría mucho sentido? que el SENA estuviese siempre actualizado con respecto a la industria, sí es importante definir niveles mínimos de modernización y mantenimiento de los equipos, para responder con flexibilidad a las demandas del medio.
Cuadro No. 4
Condiciones de la Maquinaria y Equipo utilizado para la enseñanaza
- Las respuestas no son mutuamente excluyentes
** Sobre un total de 33 que responden.
Cuadro No. 5
Características de la forma y contenido de la enseñanaza
- Las respuestas no son mutuamente excluyentes.
**Sobre un total de 33 que responden.
Contenido y método de la enseñanza
Al principio de la participación activa del trabajador alumno en el proceso de aprendizaje figura como eje metodológico de la enseñanza impartida dentro de los programas del SENA. Por sí misma, la actitud iniciativa y no meramente receptiva del educando tiende a asegurar una asimilación más profunda del conocimiento, a desarrollar mejor las destrezas motoras e intelectivas, y a propiciar la integración más balanceada del estudiante con los demás agentes y elementos que conforman el ambiente socio?educativo (McGinnes?, 1975).
En términos del método prescrito parecería pues claro que los programas de capacitación estimulan en algún grado la iniciativa del alumno?trabajador, ingrediente a su turno de la conciencia tecnológica. Empero, tanto las entrevistas como la observación directa de conductas docentes, apuntan a cierta discontinuidad entre las concepciones pedagógicas del SENA y la práctica de sus instructores. En muchos casos, carecen éstos de entrenamiento específico para su papel propiamente docente, y con frecuencia importa más la transmisión algo mecánica de la destreza o algo memorista del conocimiento, que el desarrollo de las potencialidades del educando o la aplicación de una adecuada metodología de la enseñanza.
En cambio, el común de los instructores (75%) se esfuerza por renovar el contenido de sus cursos (cuadro 5). Aunque el 18% afirma “no conocer técnicas más avanzadas”, sólo uno de los encuestados admitió “enseñar siempre las mismas técnicas”, y aunque resulta difícil hallar el tiempo y los medios necesarios para actualizarse, una proporción significativa de los informantes (el 60%) incorpora a sus alumnos en la búsqueda de innovaciones. En una palabra, los instructores parecen bastante interesados en allegar y transmitir los últimos conocimientos técnicos, pero menos preocupados por revisar la metodología de su enseñanza.
Capacidad inventiva del egresado
De primera intención, un medidor adecuado de la eficacia tecnológica de los programas de capacitación del SENA consistiría en la habilidad demostrada por sus egresados para desarrollar innovaciones o adaptaciones técnicas. Pero, al examinar más de cerca un índice tal, resulta ser bien limitado, conceptual y metodológicamente. Por una parte, y como se recordará, el sentido de la tecnología va más allá de la innovación o adaptación de procesos físicos y sociales: si el operario maneja mejor los elementos, o si se adapta mejor al ambiente de trabajo, incrementando su productividad, ya habrá cumplido el SENA una tarea de desarrollo tecnológico. Por otra parte, aun reuniendo la capacidad y el interés de introducir mejoramientos tecnológicos, raramente se hallaría el egresado en condiciones efectivas de hacerlo, por las múltiples restricciones físicas y sociales que actúan en su entorno laboral. Peor aún, determinar las “invenciones” o “adaptaciones” de tecnología “dura” que deban atribuírse a egresados del SENA demandaría un ingente y, todavía así, controvertible esfuerzo metodológico.
Con las salvedades anteriores, parece ser que la contribución de operarios capacitados por el SENA al avance técnico de las firmas donde trabajan no ha sido singularmente destacada. De las 23 empresas cubiertas por la encuesta especial de tecnología, sólo una dio mérito explícito a la inventiva de los operarios SENA, por haber mejorado sustancialmente un cierto proceso de producción. Y, con contadas excepciones, los 96 empresarios que la encuesta general concuerdan en señalar la habilidad inventiva del operario como el propósito del SENA que se materializa en menor grado; a su juicio, contribuye bastante más la capacitación a crear un sentido de responsabilidad, a elevar la remuneración y la productividad, o a acelerar el ascenso ocupacional del trabajador, que a estimularlo como agente del cambio tecnológico. Pero, a riesgo de abundar en precisiones, debe notarse que las muestras hablan sólo por la industria más moderna, donde el avance técnico es presumiblemente más exigente, donde la tecnología es importada a menudo y donde la posibilidad de participar puede ser menor para el egresado del SENA.
En breve, aun cuando los programas de capacitación contribuyen sin duda a elevar la productividad del operario, y aun cuando la “conciencia tecnológica” empieza a abrirse camino en algunos sentidos y con distinta intensidad, subsisten algunas deficiencias, algunas ambigüedades y algunos obstáculos a la constitución del SENA como instituto integralmente orientado hacia el avance técnico. Esta situación resulta apenas natural, en cuanto refleja las dificultades del tránsito desde la sola capacitación hacia la enorme complejidad del proceso de desarrollo tecnológico y en cuanto se recuerda que la nueva concepción data de tan corto tiempo. De cualquier manera, la mística y el espíritu de trabajo que FEDESARROLLO pudo percibir entre los funcionarios del SENA son la mejor garantía de que el servicio podrá confrontar con éxito este nuevo reto.
#AmorPorColombia
El SENA y el desarrollo tecnológico




Así se hace el pan de cada día.






¿Qué significa el desarrollo tecnológico?
El concepto de “desarrollo tecnológico” o “avance técnico” engloba todas las actividades encaminadas al mejoramiento en los métodos de organización y ejecución de la actividad productiva. La “tecnología” o ”técnica de producción” es considerada como la manifestación física de un nivel dado en el proceso de desarrollo tecnológico. Por tecnología se entiende pues la manera específica de producir un bien o servicio, manera que resulta de la articulación y aplicación de los conocimientos técnico?científicos disponibles y aplicables dentro de un determinado ambiente económico y social.
En virtud de su condicionamiento social, la tecnología no puede asumir caracteres uniformes en todas partes del mundo. Tal “diferenciación tecnológica” se expresa sobre todo en: a) la posibilidad o imposibilidad de elaborar cierto bien o prestar cierto servicio en un medio y momento determinados y en b) la forma de producirlo o prestarlo, ya en términos de la organización social del trabajo, ya en términos de los procedimientos físicos utilizados.
El ladrillo común ?para citar un ejemplo elemental ? puede fabricarse a partir de técnicas físicas que van, desde el sistema utilizado por los chircaleros, con hornos, elementos e instrumentos rudimentarios, hasta los procesos automatizados y de exacto control térmico que emplean las ladrilleras más modernas del país y, más todavía, algunas del exterior. Paralelamente, la organización social del trabajo puede ser, como en los chircales, de carácter artesanal, con predominio del trabajo familiar y remuneración parcial en especie, o de tipo esencialmente capitalista, dentro de un mercado laboral más o menos competitivo, con remuneración salarial y esquemas sofisticados para la administración del trabajo.
Desarrollo tecnológico no necesariamente significa pues la modernización inmediata o transformación abrupta de los sistemas físicos y sociales de producción de bienes o prestación de servicios. Más bien, debe entenderse como una serie de avances graduales en uno o más de los diversos componentes físicos o sociales que integran la tecnología, avances que por necesidad consultan el marco económico y social donde de lleva o se llevará a cabo la actividad productora o el servicio. Por lo mismo para precisar el concepto de tecnología, es necesario desagregarlo en sus elementos constitutivos básicos, a saber: a) Los conocimientos técnicos (know?kow) referidos tanto al diseño del producto o servicio como al desarrollo de su producción o prestación; b) Los bienes de capital requeridos (máquinas, equipos, instrumentos, etc.); c) La materia prima y los insumos necesarios; d) La fuerza de trabajo que actúa en la producción del bien o prestación del servicio, y e) Los conocimientos y técnicas organizativas no incorporados físicamente.
Referido a cualquiera. de sus cinco componentes el desarrollo de la tecnología abarca cuatro subprocesos: a) generación y producción; b) selección y escogencia; c) comercialización y d) transferencia o asimilación.
Por generación se entiende la creación de elementos tecnológicos, derivada en esencia de la investigación e instrumentación del conocimiento científico?técnico en distintas áreas o esferas productivas (mecánica, electrónica, petroquímica, etc.). La producción alude a la cristalización en proyectos físicos concretos del diseño tecnológico (fabricación de máquinas, fórmulas de procesos, manuales de procesos, insumos, materias primas). La selección y la escogencia de tecnología son actividades relacionadas con la búsqueda de alternativas tecnológicas por parte del oferente inmediato o por parte del usuario. La comercialización comprende aquellas acciones que se desarrollan en el mercado, entre compradores y vendedores de elementos tecnológicos. Finalmente la transferencia de tecnología se refiere a la asimilación efectiva que de alguna manera (total o parcial) se hace del conocimiento técnico (incorporado físicamente o no) por parte del usuario de éste.
De su lado, el SENA concibe el Programa de Desarrollo Tecnológico como encaminado a “sistematizar, promover y orientar la labor de captación, adaptación y difusión de tecnologías”. Entendiendo por tecnología el conjunto de “medioso métodos resultantes del análisis integrado de los recursos disponibles con los cuales está organizada la producción de un bien o servicio”, el SENA describe el proceso de desarrollo tecnológico como “la ampliación de la gama de posibilidades tecnológicas, bien por la adaptación y difusión de alternativas existentes o por la generación de nuevos medios o métodos” (SENA, mayo de 1977, p. 3). Así el organismo se orienta sobre todo hacia la selección y transferencia de elementos físicos y sociales de contenido tecnológico, aunque interviene por supuesto en las fases de generación, producción y comercialización de tales elementos.
Criterios de apreciación
Antes que evaluar en forma sistemática la actividad del SENA en materia de desarrollo tecnológico, esta sección se propone ofrecer un panorama general de cómo viene adelantando el Servicio sus primeros pasos en aquel campo. Tres razones imposibilitaban la evaluación formal en este momento: primero, la misma novedad de los programas y la ausencia de resultados definitivos, para no mencionar la falta de datos enteramente confiables; segundo, la complejidad que supondría tal tarea (en sentido amplio, todas las actividades del SENA se encaminan ?o habrían de encaminarse ? al avance tecnológico); tercero, y más importante, la conciencia que existe entre los propios funcionarios del servicio acerca del carácter experimental de los programas de desarrollo tecnológico y de la necesidad de autocrítica y constantes redefiniciones internas.
Esta primera visión global se orienta en torno a cuatro interrogantes principales:
- ¿Cuáles son las actividades del SENA más directamente encaminadas al desarrollo tecnológico de la empresa y del país?
- ¿Cómo realiza el instituto dichas actividades y qué resultados se han obtenido hasta el momento?
- ¿Cómo perciben las empresas o comunidades receptoras aquellas labores del SENA?
- ¿Está el Servicio realmente bien enfocado en su papel de promotor del desarrollo tecnológico, en cuanto a la orientación, ubicación y contenido de los programas que ofrece?
Metodología
Para cumplir el objetivo trazado, la presente sección enfoca dos niveles o aspectos básicos en la actividad del SENA: a) los procesos explícitamente orientados al desarrollo tecnológico, bien que se ejecuten dentro de la División respectiva, bien dentro de los programas de asesoría a las empresas, o bien que se incorporen a proyectos de organización econ6mica para el sector tradicional, y la intervención implícita o indirecta del Servicio, a través de sus programas de capacitación, tanto en el sector formal como en el sector informal de la economía.
Además de los escasos documentos y estudios preparados por el mismo SENA, y en concordancia con lo dicho atrás, la mayor parte de la información aquí examinada proviene de fuentes primarias:
- Entrevistas con personal directo del Programa de Desarrollo Tecnológico;
- Entrevistas con personal responsable de la coordinación y ejecución de proyectos específicos dentro de dicho Programa;
- Entrevistas con personal responsable de la coordinación de otros programas formales del SENA;
- Entrevistas con instructores de programas de capacitación;
- Encuestas a empresas pertenecientes al sector moderno;
- Entrevistas con funcionarios de la Misión Brítánica;
- Entrevistas con algunos beneficiarios de la asesoría técnica en el sector informal y
- Observación directa de conductas dentro de algunas aulas del SENA en Bogotá.
El Desarrollo Tecnológico Explícito
El programa de desarrollo tecnológico
Creado el Programa de Desarrollo Tecnológico por el Consejo Directivo Nacional mediante Acuerdo 27 de agosto de 1976, fue inicialmente ubicado dentro del Centro de Análisis y Desarrollo Tecnológico y de Formación Profesional Avanzada. Tres meses después, por Acuerdo 35, fue constituida la División de Desarrollo Tecnológico, adscrita a la Subdirección General de Investigación y Desarrollo, con el objeto central de propiciar el mejoramiento técnico de los procesos formativos y productivos mediante la identificación, captación, análisis, desarrollo, difusión y utilización de la tecnología más apropiada (SENA, mayo de 1977, p. 15).
A comienzos de 1978, la División fue reestructurada para articular más eficiente y racionalmente su Jefatura y sus actividades de información, documentación, análisis y desarrollo de tecnología, con las acciones de los centros pilotos y con la planeaci6n institucional, como también para aumentar la participación de los especialistas a niveles productivo y docente. Así el esquema administrativo de la División, todavía sin consolidar, ocasiona dificultades y deficiencias operativas de muy diversa índole.
La metodología fundamental del Programa gira en torno de “proyectos tecnológicos”. Estos proyectos consisten en “el análisis y desarrollo de una iniciativa específica encaminada a lograr un mejoramiento en el proceso de administración y/o producción de un bien o servicio” (SENA, mayo de 1977, p. 5). El proyecto se inicia con un diagnóstico regional, dentro del cual se captan e identifican las necesidades y posibilidades tecnológicas y se analizan sus diversos componentes; la alternativa tecnológica desarrollada a partir del diagnóstico es luego difundida o comercializada. Todo el proceso adopta una estructura circular de retroalimentación, donde la unidad de asistencia técnica del SENA juega un papel importante, activa y receptivamente.
En la preparación del diagnóstico regional, los principales factores considerados son la naturaleza del mercado, la dualidad tecnológica y económica, las alternativas disponibles para pequeños productores dentro del país, la rentabilidad eventual para el usuario de la tecnología, la posibilidad de intercambiar experiencias con otras regionales y la problemática del producto en el ámbito nacional.
Cuando el diagnóstico de la Regional resulta ser incompleto, la División de Desarrollo Tecnológico entra a suplir la deficiencia por medio de estudios directos o preparados por otras instituciones de investigación tecnológica (Colciencias, IIT, ICA ... ). En la actualidad se ha diseñado un modelo metodológico para los diagnósticos regionales y se espera comenzar trabajos de diagnóstico sectorial (referentes a productos) en el futuro cercano.
Por lo demás, aunque orientadas y coordinadas por la División de Desarrollo Tecnológico, las actividades y realizaciones del programa descansan sobre la estructura orgánica del SENA y por lo tanto se llevan a cabo con la participación del personal, los centros y los otros programas de la Institución.
En la labor de asesoría técnica, distingue el SENA dos esferas cualitativamente distintas, conformadas por los sectores formal o moderno y tradicional, respectivamente (la acción de desarrollo tecnológico para el sector marginado consiste casi exclusivamente en la capacitación de su mano de obra).
Desde el punto de vista de la empresa como unidad productiva, la estrategia organizacional característica del sector moderno se funda en una explícita, racional y creciente división del trabajo. Dentro de tales unidades, se asignan funciones específicas, jerarquizadas y estructuradas dentro de un esquema directamente derivado de los objetivos de la firma. Así, el sector formal incluye las empresas agrícolas e industriales modernas grandes o medianas, y aún las pequeñas con cierto grado de organización.
Dentro del sector tradicional, el principio de especialización estructural y de roles se encuentra menos avanzado, pues se asignan de facto múltiples funciones a los distintos agentes que intervienen en su gestión; se da pues un cierto grado de anarquía ?mayor o menor según el caso ? en la organización de la entidad. Dicha caracterización es aplicable singularmente a las empresas artesanales, a la pequeña propiedad rural y quizá también a las empresas urbanas que producen en pequeña escala y dentro de sistemas administrativos relativamente elementales.
Para efectos del Programa de Desarrollo Tecnológico, el SENA ha concentrado su actividad promotora y asesora sobre el sector tradicional. La asesoría técnica para el sector moderno ha sido iniciada recientemente en particular por medio del programa ASTIN, que se dirige sobre todo a la mediana y pequeña industria en el área metalmecánica.
Consciente de su papel como instituto de productividad, el SENA se ha forjado el propósito de identificar, captar, analizar y difundir tecnologías adecuadas para los sectores de más baja productividad. En otras palabras, la institución ha tratado de sistematizar la filosofía implícita y la experiencia de sus programas tradicionales de capacitación y formación profesionales canalizándolas a través del Programa de Desarrollo Tecnológico. En efecto, por medio de los servicios de asesoría y capacitación que han venido prestándose a las empresas del sector moderno, el SENA ha acumulado una serie de conocimientos que constituyen ya cierta infraestructura técnica susceptible de servir a acciones más ambiciosas en este terreno.
El Programa de Desarrollo Tecnológico del SENA se ha enmarcado dentro de una línea de acción muy similar a la de instituciones europeas como el “Grupo de Tecnología Intermedia” de Londres. En esencia, se trata de plantear alternativas tecnológicas, de mejorar tecnologías existentes y de difundir tecnologías, tomando como eje los programas existentes dentro del SENA mismo. Algunos de aquellos programas se adelantan con el concurso financiero y humano de instituciones o misiones extranjeras, principalmente francesas, inglesas, alemanas y canadienses; en calidad de contraprestación el Servicio aporta sus instalaciones y su personal técnico.
Con el fin de ilustrar al lector acerca de la magnitud del esfuerzo y acerca de los modos y restricciones de operación del SENA en materia de desarrollo tecnológico explícito conviene reseñar los recursos humanos y físicos que conforman la infraestructura inmediatamente utilizable para dicho cometido.
Los elementos humanos se reparten en dos grupos. De un lado, los profesionales vinculados por la División, asesorando el trabajo de las regionales, y encargados al propio tiempo de problemas nacionales en su esfera de competencia técnica; estos profesionales se incorporan a grupos de información, documentación, análisis y desarrollo en los ramos industrial o agropecuario. De otro lado, especialistas contratados de manera directa por la Regional, principalmente instructores; en algunos casos, ellos forman parte de centros determinados.
Los elementos físicos más directamente relacionados con el desarrollo tecnológico son los centros industriales especializados (Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla...) con sus laboratorios de metrología, tratamiento térmico, química básica, resistencia de materiales y procesos químicos; de taller para construcción de prototipos, actualmente en montaje, y la biblioteca de Bogotá, para alumnos e instructores de la División.
Tecnología para el sector tradicional: el caso del proyecto chircales
Cómo materializa el SENA su propósito de promover el avance técnico del sector tradicional? Ya se indicó que cada Oficina Regional prepara un primer diagnóstico con el énfasis sobre las necesidades y las posibilidades económicas y sociales de la zona. El diagnóstico puede revelar problemas tecnológicos dentro de alguna unidad productiva; mediante la labor de evaluación realizada por un equipo interdisciplinario, se elaboran entonces planes que conducen a la selección de proyectos específicos. Esta es, naturalmente, una presentación esquemática; en la práctica, se registran situaciones harto diferentes y con muy distintos grados de complejidad cuyas soluciones contribuyen a formar el bagaje de experiencias acumulativas que empiezan a perfilar una metodología común básica.
Aunque el SENA ejecuta en el momento, y aunque fueron observados varios proyectos de asistencia técnica para el sector tradicional, se ha preferido tomar un ejemplo específico, con ánimo de ilustrar y analizar de modo más concreto el procedimiento del instituto y la forma como interactúan sus distintos niveles y secciones. Se trata del Programa Chircales, adelantado por la Regional Boyacá.
Durante el segundo semestre de 1976, en cumplimiento de un programa móvil rural, un instructor fue impresionado por el bajo nivel de vida de los chircaleros y por el carácter tan primitivo del sistema de fabricación de ladrillos en la región de Sogamoso. Luego, a través de un programa de “mejoramiento de Hogares”, funcionarios de la Regional Boyacá iniciaron su acercamiento a la comunidad de chircaleros, a fin de allegar suficientes elementos para el análisis del problema.
A principios de 1977, un equipo de instructores y funcionarios de la Unidad Minero?Industrial efectuó el examen de la tecnología vigente en los chircales, desagregando todo el sistema de producción en sus diferentes elementos y fases operativas. Como quiera que, a juicio de los funcionarios, existían deficiencias y problemas tecnológicos a todo lo largo del proceso, se trató de focalizar la acción inmediata sobre dos fases o elementos que parecían constituirse en puntos neurálgicos: la regulación o pulimento de la superficie de ladrillo, y su compactación o prensado (actuar sobre el resto del proceso supondría un gran esfuerzo en tiempo y costo financiero).
Para aquel entonces, los chircaleros habían desarrollado una máquina llamada “Escafiladora” o “Escaciladora”, destinada a pulir la superficie de los ladrillos; se trataba pues de mejorarla, modificando su material (madera) o alterando su mecanismo. Al discutir con los usuarios el funcionamiento de la máquina, fueron detectados tres problemas: el ladrillo salía cóncavo y no rectangular; la máquina se desgastaba muy pronto y la cuchilla de pulimento representaba un riesgo para el operario de la máquina.
Para remediar las deficiencias descritas, la Regional del SENA ideó y construyó una máquina de pulimento más eficiente, cambió la forma de la cuchilla y reemplazó la madera por materiales más duraderos, en permanente consulta con los usuarios. Simultáneamente se asesoró a los chircaleros en la construcción de cobertizos para secado de ladrillo y se les asistió en la búsqueda de financiación por parte de la Caja Agraria.
El problema de compactación o prensado del ladrillo trató de resolverse mediante la creación de una nueva máquina. Un primer diseño fue solicitado a la Universidad de Tunja por intermedio del Centro Piloto de Bogotá; pero éste fue rechazado por los técnicos del Centro en vista de fallas físicas como el gran esfuerzo requerido del operario. Los instructores del Centro Piloto procedieron entonces a ingeniar un nuevo modelo en colaboración con sus alumnos; su prototipo de madera fue trasladado a la región y aceptado, en primera instancia, por la comunidad de chircaleros; se trata de una máquina moldeadora?prensadora. Sin embargo, la nueva máquina resultó ser demasiado costosa y exigió el concurso de varios operadores, por lo cual los chircaleros terminaron por no emplearla. Al momento de este escrito, la Regional se ocupa de retocar el diseño del Centro Piloto, para producir una máquina prensadora únicamente con una sola caja y aprovechando el sistema de palancas ideado por el Centro.
La experiencia del Proyecto Chircales pone de presente tres aspectos críticos en la adecuada difusión de innovaciones tecnológicas para el sector tradicional: la utilidad de mantener consultas y discusiones permanentes con los usuarios; la conveniencia de aumentar la iniciativa y responsabilidad de quienes se desempeñan sobre el terreno mismo, y la dificultad de idear elementos que a un tiempo sean funcionales y económicamente viables.
En el caso de la escafiladora, se tuvieron bien presentes la opinión de los usuarios y sus condiciones económicas y sociales. En cambio, los primeros diseños para la moldeadora?prensadora fueron elaborados “a distancia” sobre la base de informaciones, detalladas claro está, pero apenas indirectas. En consecuencia, la primera innovación fue expedita, precisamente calibrada para las necesidades de producción local fácilmente asimilada por los chircaleros; al programar la moldeadora, entre tanto, se ocasionaron costos financieros y administrativos aparentemente innecesarios, con resultados poco satisfactorios.
De todas maneras, la Regional de Boyacá se ha enriquecido con la experiencia. En la actualidad, el Proyecto cuenta con los servicios de un técnico en cerámica quien, a partir de su estrecha interacción con los chircaleros, precisó serios problemas de cocimiento en el horno; con ayuda de los mismos usuarios se construye ahora un horno circular o de “llama invertida” que permite un cocimiento más homogéneo del ladrillo, en terrenos cedidos por la comunidad.
El proceso de adopción del nuevo horno vuelve a subrayar el carácter altamente positivo de la participación directa de los receptores en todas las fases del desarrollo tecnológico: fueron los chircaleros quienes señalaron el tipo de arcilla más conveniente para pegar los ladrillos y quienes más insistieron en los aspectos prácticos y económicos del diseño; por lo mismo, su comprensión acerca del objetivo y el funcionamiento interno del horno es más alta, y más rápido también el ritmo de difusión tecnológica.
Tecnología para el sector moderno
La prestación de asesoría tecnológica explícita por parte del SENA a la empresa moderna surgió como corolario de la tendencia a buscar una más amplia aceptación y de sus esfuerzos por capacitar mano de obra. Dicha asesoría abarca, no sólo la Asistencia Técnica en sentido estricto, sino además las diversas áreas del denominado “Desarrollo Gerencial” (este último consiste sobre todo en cursos para mandos medios y cursos sobre técnicas de gestión).
El caso del programa ASTIN
La labor más estructurada de desarrollo tecnológico para empresas del sector moderno se lleva a cabo dentro del Programa “Asistencia Técnica a la Industria”, ASTIN, adscrito a la Unidad Metalmecánica de la Regional del Valle del Cauca. El objeto fundamental de dicho Programa está señalado como el de fomentar y desarrollar la pequeña y mediana industria en los aspectos de fundición y metalmecánica.
En 1974, la Federación Metalúrgica Colombiana, FEDEMETAL, entró en contacto con el gobierno de la República Federal Alemana a fin de adelantar un estudio sobre el sector metalmecánico. Fruto de tal estudio fue la identificación del SENA como entidad apropiada para ejecutar un proyecto piloto de asistencia técnica a las empresas del sector, con patrocinio alemán. En atención a la importancia de aquella industria en la región y a la existencia de similares programas en otras ciudades del país, fue elegida la Regional de Cali (Valle) como sede del proyecto.
Son cuatro los objetivos centrales del Programa ASTIN: a) mejor aprovechamiento de la capacidad instalada; b) elevación en la calidad del producto; c) mayores volúmenes de producción, ventas y empleo; y d) diseño o adaptación de nuevos productos.
El SENA divulga la existencia del Programa y examina caso por caso las solicitudes de las empresas. La asesoría se cobra independientemente del aporte legal del 2% sobre nómina, para lo cual existe una estructura específica de tarifas. Los criterios básicos para prestar la asistencia son el tipo de trabajo o servicio solicitado, y el que no se trate de una “gran empresa”, la cual ordinariamente dispone de los recursos técnicos y financieros necesarios para llevar a cabo el proyecto o para resolver el problema en cuestión*.
Generalmente se aprovecha la iniciativa y creatividad de los técnicos y operarios de la empresa usuaria, que aspira a desarrollar o adoptar cierta tecnología. El SENA entra entonces a colaborar, sistematizando técnicamente las iniciativas surgidas de la propia empresa. Esta necesidad de crear o adoptar determinadas innovaciones se presenta principalmente por los altos costos de tecnologías foráneas (regalías) o porque tales tecnologías no existen en el mercado con las características requeridas por el medio/. La asesoría técnica del programa también cubre procesos de manejo de materia prima, uso de troqueles (know?how) y organización de la producción (alivio de “cuellos de botella”, por ejemplo).
En materia de recursos, dispone ASTIN de cinco técnicos alemanes y de sus “homólogos” colombianos, entrenados en el exterior o mediante el sistema de “aprender haciendo”. Se cuenta además con un completo taller dotado por la República Federal Alemana. Dada la versatilidad del taller, el SENA estaría en capacidad de prestar cualquier tipo de asistencia o servicio en el área metalmecánica; con todo, el instituto evita entrar en competencia con otros talleres de la región, limitándose a las tareas y tiempos exigidos por cada proyecto especifico.
En principio, la utilización del taller se enmarca dentro de tres pautas bien definidas. En primer término, se le concibe como una unidad de producción para realizar proyectos útiles y comercializables, incluyendo la confección de prototipos o modelos para productos nuevos y la adaptación o construcción de herramientas especiales. En segundo lugar, el taller debe servir para la continuada capacitación de los instructores del Centro Metal mecánico y para formar los técnicos de la empresa durante su etapa de adaptación a la vida laboral. Por último, las asesorías suponen procesos permanentes de discusión, revisión y evaluación conjunta con la empresa asesorada.
Como ocurriera en el caso de los chircales de Sogamoso y en otros programas de asistencia técnica al sector tradicional***, el principal limitante de la eficacia de ASTIN parecería radicar en la compenetración y comunicación insuficientes con la empresa servida. Tal vez debido a la juventud del Programa o a la orientación un tanto “académica” de su personal, los resultados no siempre satisfacen al usuario. A título de simple ilustración (pues no fue posible establecer el criterio de un número suficiente de asesorados): la empresa X encontró “impracticables” las recomendaciones de ASTIN, por su costo exagerado y por no consultar adecuadamente la estructura organizativa de la firma; al decir de un funcionario de X, el SENA nunca indagó por los resultados del proyecto y su última intervención “se produjo a raíz de la cuenta de cobro”. Es verdad que la “inercia burocrática” y los “intereses creados” dentro de la firma X pudieron determinar su escasa receptividad a la asesoría del SENA, como sucede una y otra vez en la práctica de la consultoría externa (Aiken, 1976). Pero precisamente por ello, un programa de asesoría, aún especializado, debe enterarse a fondo de todos los aspectos en la vida de la empresa y debe poseer una metodología explícita para el acercamiento a la firma como totalidad.
De hecho, ASTIN tiene contemplado el seguimiento de sus proyectos. Dentro de la información recibida, sin embargo, no figuran tres aspectos fundamentales: a) ayudas y obstáculos a la innovación, resultantes del sistema administrativo y de la “estructura social informal” de la empresa; b) problemas técnicos encontrados en la efectiva asimilación de las recomendaciones; y c) percepción y evaluación de la asesoría por parte de la firma.
Percepción de los usuarios
Con el propósito de sondear la receptividad y las expectativas empresariales frente a las acciones del SENA en los campos de asistencia técnica y desarrollo gerencial para el sector moderno de la economía, fue diseñado un cuestionario especial para grandes firmas industriales en los diversos ramos de la producción (la muestra no incluye pues usuarios de ASTIN). Infortunadamente, las respuestas allegadas fueron tan pocas (23) que apenas cabe mencionar sus líneas más generales, por vía de ilustración.
La mayoría de las empresas encuestadas (un 60%) manifestó no haber recibido del SENA asistencia técnica ni contribuciones específicas para su desarrollo gerencial, a pesar de ser aportantes. Sólo dos firmas se han beneficiado ?y repetidamente? de la asistencia técnica, en materias como la selección, adaptación o reconstrucción de procesos, maquinaria y equipo. En cambio, una cuarta parte de las firmas ha participado en programas de desarrollo organizacional o gerencial, concretamente en cursos de formación para mandos medios, cursos en supervisión y diagnóstico o cursos de gerencia.
Las dos empresas usuarias de asistencia técnica calificaron los resultados como “buenos” o “aceptables” por tres razones principales: “cumplimiento de los objetivos”, “comprensión de las necesidades de la empresa por parte del SENA”, y “ayuda para despejar dudas acerca de nueva maquinaria”. Este indicio matizaría la observación hecha acerca del programa ASTIN, en el sentido de que la compenetración con la vida de la firma sea insuficiente.
La demanda potencial por servicios de desarrollo tecnológico es bastante elevada. Entre las empresas que informaron no haber recibido ningún tipo de asesoría de parte del SENA, un 70% manifiesta desearla en los siguientes aspectos: capacitación técnica de personal; control de calidad; mantenimiento de equipo y maquinaria; sistemas de compra de equipo, maquinaria e insumos mercadeo; organización de tiempos y movimientos; costos, seguridad industrial, crédito y organización contable.
Sin embargo, no todas las firmas precisan de la contribución directa del SENA para su avance técnico. Un 20% de las encuestadas lo afirmaron así, por cuatro razones principales; cuentan con equipos profesionales altamente calificados; el proceso productivo es “esencialmente manual”; “el negocio es pequeño” y las “innovaciones tecnológicas se importan de la casa matriz”.
Sorprendentemente, algunas grandes empresas “ignoran que el SENA presta asesoría técnica” y otras se quejan de la “dificultad en localizar los asesores del SENA”.
Tomadas en conjunto, las anteriores cifras sugieren tres conclusiones. Primero, la eficacia de los programas de asistencia técnica y desarrollo gerencial, manifiesta en la satisfacción de los usuarios. Segundo, la escasa cobertura de los programas de desarrollo tecnológico (reflejo a su vez de la juventud y los mayores costos de aquellos). Y, tercero, la tendencia de algunas empresas a mantener relaciones más estrechas y repetitivas con el SENA. En vista de la escasez de recursos y de las diferencias de información y acceso por parte de las firmas, sería pues útil emplear criterios de selección más elaborados.
El Desarrollo Tecnológico implícito en los Programas de Capacitación
La calificación de la fuerza de trabajo, se recordará, constituye uno de los elementos básicos de toda tecnología. Dicha calificación puede referirse, bien a la dimensión física, bien a la dimensión de los procesos productivos, bien a ambas dimensiones.
En otras palabras, la capacitación de operarios para el mejor manejo de procesos físicos, maquinaria o materias primas, al igual que su disposición para acoplarse a organizaciones más racionales y eficientes del trabajo, contribuyen a elevar su productividad y son, por lo tanto, instancias del “desarrollo tecnológico”.
Por lo dicho, al ofrecer capacitación técnica y formación profesional integral a sus educandos, también actuaría el SENA como instituto nacional de productividad, es decir, como instrumento para el desarrollo tecnológico. Pero la “conciencia tecnológica”, dentro de los programas tradicionales de capacitación, puede ser más o menos explícita, y sus resultados más o menos satisfactorios. En efecto, si la enseñanza no aspira a la simple transmisión del conocimiento, sino que quiere estimular la creatividad, la receptividad y la actualización permanente en el terreno tecnológico, tal intención habría de reflejarse en: a) el nivel educativo, la orientación académica, y la experiencia técnico?práctica de los instructores; b) los esfuerzos del SENA por mantener informado su cuerpo docente acerca de los últimos avances en el campo de la técnica; c) la fluidez de las comunicaciones entre docentes y administradores; d) la adecuación de los instrumentos y materiales de enseñanza, y e) el contenido y los métodos de transmisión del conocimiento. En cuanto al resultado práctico de los esfuerzos por difundir la conciencia tecnológica entre los trabajadores?alumnos, quizá el indicador más obvio sea la capacidad inventiva demostrada por los egresados.
Para sondear el grado de conciencia tecnológica existente en los programas tradicionales de capacitación, fueron aplicados cuestionarios anónimos a una muestra aleatoria de 35 instructores, y se adelantaron entrevistas con docentes del Centro Piloto de Bogotá y de las unidades metalmecánica, de industria, administración, comercio y servicios de Cali. A su vez, tanto la encuesta especial de tecnología, diligenciada por 23 firmas, como la encuesta general respondida por 96 empresas, incluyeron preguntas específicas acerca de la capacidad inventiva de los egresados del SENA. Sobre uno y otro punto, por lo demás, las conclusiones se presentan como preliminares tan sólo.
Antecedentes del instructor
La capacidad de plantear y desarrollar innovaciones científico?técnicas parece estar asociada, entre otros factores importantes, con el nivel y el contenido de la formación básica por una parte, y con la experiencia y la intensidad de la dedicación al área específica, por otra parte (Thomas, 1974; Hamilton, 1974). Aun cuando el tema de la capacidad inventiva no ha sido siquiera explorado a la luz de informaciónes colombianas podría suponerse, sobre aquellas bases, que los instructores SENA estarán más orientados a la innovación entre más avanzada y más técnica haya sido su educación básica, y entre más prolongada y más intensa haya sido su experiencia en el área.
De los 35 docentes encuestados, una tercera parte terminó el bachillerato clásico y los otros dos tercios culminaron el bachillerato técnico; el 48% efectuó estudios especializados de capacitación (con duración promedio de 3 años) y un 21% cuenta con formación universitaria, casi siempre incompleta. En otras palabras, de cada nueve instructores del SENA, uno es bachiller clásico, dos son bachilleres técnicos, cuatro han recibido capacitación especial, y los otros dos tienen alguna educación universitaria.
En el aspecto de contenido, podría pues suponerse que la educación previa de los instructores sí tiende a propiciar la conciencia tecnológica, pero el nivel medio de escolaridad los habría dotado con destrezas instrumentales, aun con destrezas adaptativas, pero quizá con pocos conocimientos de ciencia avanzada o habilidades genuinamente creadoras (lo cual no implica deficiencias sino desde el extricto ángulo del desarrollo tecnológico).
Por lo demás, es interesante notar cómo menos de la mitad de los instructores han recibido capacitación técnica formal y especializada, previa su vinculación al SENA. En buena medida, el aprendizaje del docente obedecería así a elementos empíricos y a la autoformación. Aunque sería preciso profundizar en el punto, el hecho sugiere que las oportunidades brindadas por el SENA a sus instructores para capacitación formal, aunque abundantes, no son todavía suficientes o no están generalizadas a todos los niveles. En cualquier evento, el ingrediente curricular técnico no parece contar tanto para la selección del docente como sería de esperar.
Las experiencias del trabajo práctico pueden compensar algunos de los vacíos de la educación formal y, en todo caso, complementarla y enriquecerla. Por esta razón, el hecho de que la mayoría de los instructores consultados (un 85%) haya venido laborando en su actual área de enseñanza por espacios promedio de siete años, diría bien de su competencia profesional y de su capacidad para transmitir destrezas técnicas. Con todo, resta un 15% de docentes inexpertos, y cerca de la mitad de los instructores carece de experiencia en campos distintos de su actual área de enseñanza (lo cual sugiere cierta tendencia a la sobre?capacitación pragmática).
Cuadro No. 1
Capacitación Técnica ofrecida por el SENA a sus instructores
- Las respuestas no son mutuamente excluyentes.
** Sobre un total de 33 que responden.
En términos de dedicación, y con una sola salvedad, los docentes han sido contratados de tiempo completo por el Servicio, lo cual aparenta ser garantía para el buen desarrollo de sus programas. Empero, la tercera parte de los instructores trabaja símultáneamente para otros patronos, con frecuencia en tareas no relacionadas con su ramo de enseñanza dentro del SENA. Si bien estas situaciones obedecen casi siempre a la circunstancia económica del instructor, podría justificarse la búsqueda de su remedio.
Actualización tecnológica del instructor
El esfuerzo del SENA por mantener sus instructores al tanto de los avances tecnológicos se pone de manifiesto en la conducción de cursos y seminarios, en el envío de estudiantes al exterior, en la práctica de “pasantías” dentro de empresas determinadas, en tareas de investigación o experimentación desarrolladas en equipo, y en el suministro de libros y revistas técnicas.
El cuadro 1 reseña la distribución de instructores beneficiarios de los distintos tipos de capacitación ofrecida por el Servicio. Cuando más sólo 9 entre los 33 encuestados han recibido capacitación formal en cursos, y apenas 19 la han recibido en cursos o seminarios. Nada más que dos instructores han tenido la importante experiencia de pasantía, o entrenamiento práctico dentro de una firma, para familiarizarse con procesos, maquinaria y equipos novedosos. Aunque la mayoría dispone de libros o revistas técnicas, el trabajo de investigación en grupo es escaso y aun la cuarta parte de los docentes parece no servirse siquiera de aquel material bibliográfico.
Por otra parte, de 24 personas que respondieron la pregunta pertinente, 14 se declararon “insatisfechas” con la capacitación técnica ofrecida por el SENA a sus instructores. Entre las críticas expresadas figuran como principales la “corta duración” de los programas, su carácter “esporádico”, el “no lograr” su cometido de actualización tecnológica, su “superficialidad”, su “desorganización” y su “quedarse en la pura teoría”. En contraste, los 10 instructores que se mostraron “satisfechos” con los programas de capacitación dijeron haber aprendido “nuevas técnicas” y elogiaron el “valor práctico” de los conocimientos adquiridos. La impresión de conjunto, más bien negativa en cuanto atañe a la actualización del docente, fue reforzada por las entrevistas abiertas, donde una y otra vez se puso de presente la preocupación por la falta de iniciativa en tal sentido y por la debilidad del contacto con la realidad tecnológica del país.
Por último, el interés de los instructores en lograr una más amplia capacitación por parte del SENA se revela en el cuadro 2. El mecanismo recomendado con mayor insistencia es el de pasantía, seguido de cerca por la mejor planeación de recursos y seminarios. Pero no faltan otras sugerencias, como las de facilitar al docente la oportunidad y los medios para investigar, actualizar el equipo o consultar más de cerca las necesidades concretas del instructor antes de programar actividades para su ulterior capacitación.
Participación del instructor
La calidad de la docencia y su apertura al cambio se encuentran estrechamente relacionadas con el grado de iniciativa que se reconoce al agente educador primario, el instructor en el caso del SENA. Por esta razón ?y aunque su punto de vista puede contener sesgos? se juzgó oportuno recoger la opinión de los instructores acerca de varias facetas de su participación en la toma de decisiones docentes y tecnológicas.
Un 70% de los encuestados expresa que la comunicación con el respectivo coordinador del programa es “buena” y el resto la define como “regular”. Sin embargo, la mayoría de los docentes con quienes fue posible conducir entrevistas abiertas precisa que la comunicación es “buena” tan solo en términos de cordialidad e informalidad, pero no lo es (en algunos casos, hasta la califica de “mala”) cuando se viene a examinar la receptividad efectiva del superior. En apariencia ?y una organización “burocrática” del tamaño y la complejidad del SENA difícilmente podría esperar cosa distinta (Crozier, 1970) los flujos de comunicación y decisión tienden a ser unidireccionales, la “estratificación” interna está bien definida, los superiores crean (o los inferiores perciben) una cierta distancia y no se busca el aporte del subalterno en áreas ajenas a la de su competencia estrictamente técnica.
En cuanto a la elaboración de unidades de enseñanza (cuadro 3) solo unos pocos instructores dicen participar directamente, aunque la casi totalidad contribuye con sus comentarios y sus sugerencias. Al sentir de muchos, los programas son impuestos “desde arriba” y no se ofrece oportunidad al docente, inmediatamente responsable de su desarrollo, para pronunciarse acerca de los contenidos. Como resultado, en algunos casos se señalan errores que hubieran podido evitarse de haber mediado un proceso más amplio de consulta.
Consecuentemente, un buen porcentaje de instructores gustaría de participar más directamente en la preparación de los programas y módulos educativos, ya para enriquecer sus conocimientos, ya para estimar que ellos deberían ser parte esencial de su desempeño docente, ya para “verse forzados a investigar” o ya para “darle más variedad al trabajo”.
Por Último, yendo más directamente al punto del desarrollo tecnológico, no parece existir dentro del SENA una política institucionalizada y bien definida de estímulo a la iniciativa técnica del docente. En un caso concreto, la invención de una máquina para cortar pasto, el instructor recibió sí bonificación por la venta de su diseño a una Regional; pero no hubo interés en perfeccionarlo o en permitir al inventor llevar adelante investigaciones. Para un instituto de productividad, cabalmente porque las innovaciones son escasas y difíciles de producir, sería necesario disponer de mecanismos ágiles para impulsar, ampliar y difundir la inventiva tecnológica.
Calidad del material docente
Después del instructor, el medio educacional más importante o, en todo caso, más característico de la formación impartida por el SENA, está representado por la maquinaria y equipo que se utiliza para la demostración y para la práctica del alumno. El Cuadro 4 recoge la opinión de los instructores acerca del estado de aquellos elementos, en Bogotá y en Cali (en apariencia, la situación varía de una región y de una especialidad a otras).
Más del 90 % de los docentes estima que la maquinaria y los equipos empleados por el SENA no son “modernos”, si se les compara con los utilizados dentro de la industria. Claro está que, para situar tal apreciación en su perspectiva legítima, basta con notar cómo, si intentara “estar al día” en tantos ramos como abarca, necesitaría disponer el Servicio de recursos prácticamente ilimitados. En 20 años de historia, la “edad tecnológica” de los equipos tiene naturalmente que ser diversa y muchos de ellos tienen ya por qué ser obsoletos. Sin embargo, ante el ritmo de innovación cada vez más acelerado a niveles mundial y nacional, ante los costos de la tecnología en ascenso, ante la dificultad de “desmantelar” instalaciones que han demandado tanto esfuerzo, no deja de inquietar el reto que tiene y tendrá que afrontar la institución para renovar ininterrumpidamente sus equipos.
Aunque la mayoría de los instructores sigue encontrando útil. la maquinaria y equipo para efectos pedagógicos, la inquietud acerca de su modernización se ahonda ante las creencias repetidamente expresadas en las entrevistas, de que falta interés dentro del SENA por actualizarse y de que no están bien definidas sus políticas y sistemas de actualización. De hecho, una tercera parte de los instructores tildó el equipo de "anticuado" y no faltaron críticas sobre su mantenimiento y reposición.
Los hechos descritos insinúan, cuando menos, la conveniencia de adelantar un estudio detallado acerca de las condiciones y el estado de la maquinaria y equipo empleados para la enseñanza. Aunque no puede esperarse ?ni tampoco tendría mucho sentido? que el SENA estuviese siempre actualizado con respecto a la industria, sí es importante definir niveles mínimos de modernización y mantenimiento de los equipos, para responder con flexibilidad a las demandas del medio.
Cuadro No. 4
Condiciones de la Maquinaria y Equipo utilizado para la enseñanaza
- Las respuestas no son mutuamente excluyentes
** Sobre un total de 33 que responden.
Cuadro No. 5
Características de la forma y contenido de la enseñanaza
- Las respuestas no son mutuamente excluyentes.
**Sobre un total de 33 que responden.
Contenido y método de la enseñanza
Al principio de la participación activa del trabajador alumno en el proceso de aprendizaje figura como eje metodológico de la enseñanza impartida dentro de los programas del SENA. Por sí misma, la actitud iniciativa y no meramente receptiva del educando tiende a asegurar una asimilación más profunda del conocimiento, a desarrollar mejor las destrezas motoras e intelectivas, y a propiciar la integración más balanceada del estudiante con los demás agentes y elementos que conforman el ambiente socio?educativo (McGinnes?, 1975).
En términos del método prescrito parecería pues claro que los programas de capacitación estimulan en algún grado la iniciativa del alumno?trabajador, ingrediente a su turno de la conciencia tecnológica. Empero, tanto las entrevistas como la observación directa de conductas docentes, apuntan a cierta discontinuidad entre las concepciones pedagógicas del SENA y la práctica de sus instructores. En muchos casos, carecen éstos de entrenamiento específico para su papel propiamente docente, y con frecuencia importa más la transmisión algo mecánica de la destreza o algo memorista del conocimiento, que el desarrollo de las potencialidades del educando o la aplicación de una adecuada metodología de la enseñanza.
En cambio, el común de los instructores (75%) se esfuerza por renovar el contenido de sus cursos (cuadro 5). Aunque el 18% afirma “no conocer técnicas más avanzadas”, sólo uno de los encuestados admitió “enseñar siempre las mismas técnicas”, y aunque resulta difícil hallar el tiempo y los medios necesarios para actualizarse, una proporción significativa de los informantes (el 60%) incorpora a sus alumnos en la búsqueda de innovaciones. En una palabra, los instructores parecen bastante interesados en allegar y transmitir los últimos conocimientos técnicos, pero menos preocupados por revisar la metodología de su enseñanza.
Capacidad inventiva del egresado
De primera intención, un medidor adecuado de la eficacia tecnológica de los programas de capacitación del SENA consistiría en la habilidad demostrada por sus egresados para desarrollar innovaciones o adaptaciones técnicas. Pero, al examinar más de cerca un índice tal, resulta ser bien limitado, conceptual y metodológicamente. Por una parte, y como se recordará, el sentido de la tecnología va más allá de la innovación o adaptación de procesos físicos y sociales: si el operario maneja mejor los elementos, o si se adapta mejor al ambiente de trabajo, incrementando su productividad, ya habrá cumplido el SENA una tarea de desarrollo tecnológico. Por otra parte, aun reuniendo la capacidad y el interés de introducir mejoramientos tecnológicos, raramente se hallaría el egresado en condiciones efectivas de hacerlo, por las múltiples restricciones físicas y sociales que actúan en su entorno laboral. Peor aún, determinar las “invenciones” o “adaptaciones” de tecnología “dura” que deban atribuírse a egresados del SENA demandaría un ingente y, todavía así, controvertible esfuerzo metodológico.
Con las salvedades anteriores, parece ser que la contribución de operarios capacitados por el SENA al avance técnico de las firmas donde trabajan no ha sido singularmente destacada. De las 23 empresas cubiertas por la encuesta especial de tecnología, sólo una dio mérito explícito a la inventiva de los operarios SENA, por haber mejorado sustancialmente un cierto proceso de producción. Y, con contadas excepciones, los 96 empresarios que la encuesta general concuerdan en señalar la habilidad inventiva del operario como el propósito del SENA que se materializa en menor grado; a su juicio, contribuye bastante más la capacitación a crear un sentido de responsabilidad, a elevar la remuneración y la productividad, o a acelerar el ascenso ocupacional del trabajador, que a estimularlo como agente del cambio tecnológico. Pero, a riesgo de abundar en precisiones, debe notarse que las muestras hablan sólo por la industria más moderna, donde el avance técnico es presumiblemente más exigente, donde la tecnología es importada a menudo y donde la posibilidad de participar puede ser menor para el egresado del SENA.
En breve, aun cuando los programas de capacitación contribuyen sin duda a elevar la productividad del operario, y aun cuando la “conciencia tecnológica” empieza a abrirse camino en algunos sentidos y con distinta intensidad, subsisten algunas deficiencias, algunas ambigüedades y algunos obstáculos a la constitución del SENA como instituto integralmente orientado hacia el avance técnico. Esta situación resulta apenas natural, en cuanto refleja las dificultades del tránsito desde la sola capacitación hacia la enorme complejidad del proceso de desarrollo tecnológico y en cuanto se recuerda que la nueva concepción data de tan corto tiempo. De cualquier manera, la mística y el espíritu de trabajo que FEDESARROLLO pudo percibir entre los funcionarios del SENA son la mejor garantía de que el servicio podrá confrontar con éxito este nuevo reto.