- Botero esculturas (1998)
- Salmona (1998)
- El sabor de Colombia (1994)
- Wayuú. Cultura del desierto colombiano (1998)
- Semana Santa en Popayán (1999)
- Cartagena de siempre (1992)
- Palacio de las Garzas (1999)
- Juan Montoya (1998)
- Aves de Colombia. Grabados iluminados del Siglo XVIII (1993)
- Alta Colombia. El esplendor de la montaña (1996)
- Artefactos. Objetos artesanales de Colombia (1992)
- Carros. El automovil en Colombia (1995)
- Espacios Comerciales. Colombia (1994)
- Cerros de Bogotá (2000)
- El Terremoto de San Salvador. Narración de un superviviente (2001)
- Manolo Valdés. La intemporalidad del arte (1999)
- Casa de Hacienda. Arquitectura en el campo colombiano (1997)
- Fiestas. Celebraciones y Ritos de Colombia (1995)
- Costa Rica. Pura Vida (2001)
- Luis Restrepo. Arquitectura (2001)
- Ana Mercedes Hoyos. Palenque (2001)
- La Moneda en Colombia (2001)
- Jardines de Colombia (1996)
- Una jornada en Macondo (1995)
- Retratos (1993)
- Atavíos. Raíces de la moda colombiana (1996)
- La ruta de Humboldt. Colombia - Venezuela (1994)
- Trópico. Visiones de la naturaleza colombiana (1997)
- Herederos de los Incas (1996)
- Casa Moderna. Medio siglo de arquitectura doméstica colombiana (1996)
- Bogotá desde el aire (1994)
- La vida en Colombia (1994)
- Casa Republicana. La bella época en Colombia (1995)
- Selva húmeda de Colombia (1990)
- Richter (1997)
- Por nuestros niños. Programas para su Proteccion y Desarrollo en Colombia (1990)
- Mariposas de Colombia (1991)
- Colombia tierra de flores (1990)
- Los países andinos desde el satélite (1995)
- Deliciosas frutas tropicales (1990)
- Arrecifes del Caribe (1988)
- Casa campesina. Arquitectura vernácula de Colombia (1993)
- Páramos (1988)
- Manglares (1989)
- Señor Ladrillo (1988)
- La última muerte de Wozzeck (2000)
- Historia del Café de Guatemala (2001)
- Casa Guatemalteca (1999)
- Silvia Tcherassi (2002)
- Ana Mercedes Hoyos. Retrospectiva (2002)
- Francisco Mejía Guinand (2002)
- Aves del Llano (1992)
- El año que viene vuelvo (1989)
- Museos de Bogotá (1989)
- El arte de la cocina japonesa (1996)
- Botero Dibujos (1999)
- Colombia Campesina (1989)
- Conflicto amazónico. 1932-1934 (1994)
- Débora Arango. Museo de Arte Moderno de Medellín (1986)
- La Sabana de Bogotá (1988)
- Casas de Embajada en Washington D.C. (2004)
- XVI Bienal colombiana de Arquitectura 1998 (1998)
- Visiones del Siglo XX colombiano. A través de sus protagonistas ya muertos (2003)
- Río Bogotá (1985)
- Jacanamijoy (2003)
- Álvaro Barrera. Arquitectura y Restauración (2003)
- Campos de Golf en Colombia (2003)
- Cartagena de Indias. Visión panorámica desde el aire (2003)
- Guadua. Arquitectura y Diseño (2003)
- Enrique Grau. Homenaje (2003)
- Mauricio Gómez. Con la mano izquierda (2003)
- Ignacio Gómez Jaramillo (2003)
- Tesoros del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. 350 años (2003)
- Manos en el arte colombiano (2003)
- Historia de la Fotografía en Colombia. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1983)
- Arenas Betancourt. Un realista más allá del tiempo (1986)
- Los Figueroa. Aproximación a su época y a su pintura (1986)
- Andrés de Santa María (1985)
- Ricardo Gómez Campuzano (1987)
- El encanto de Bogotá (1987)
- Manizales de ayer. Album de fotografías (1987)
- Ramírez Villamizar. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1984)
- La transformación de Bogotá (1982)
- Las fronteras azules de Colombia (1985)
- Botero en el Museo Nacional de Colombia. Nueva donación 2004 (2004)
- Gonzalo Ariza. Pinturas (1978)
- Grau. El pequeño viaje del Barón Von Humboldt (1977)
- Bogotá Viva (2004)
- Albergues del Libertador en Colombia. Banco de la República (1980)
- El Rey triste (1980)
- Gregorio Vásquez (1985)
- Ciclovías. Bogotá para el ciudadano (1983)
- Negret escultor. Homenaje (2004)
- Mefisto. Alberto Iriarte (2004)
- Suramericana. 60 Años de compromiso con la cultura (2004)
- Rostros de Colombia (1985)
- Flora de Los Andes. Cien especies del Altiplano Cundi-Boyacense (1984)
- Casa de Nariño (1985)
- Periodismo gráfico. Círculo de Periodistas de Bogotá (1984)
- Cien años de arte colombiano. 1886 - 1986 (1985)
- Pedro Nel Gómez (1981)
- Colombia amazónica (1988)
- Palacio de San Carlos (1986)
- Veinte años del Sena en Colombia. 1957-1977 (1978)
- Bogotá. Estructura y principales servicios públicos (1978)
- Colombia Parques Naturales (2006)
- Érase una vez Colombia (2005)
- Colombia 360°. Ciudades y pueblos (2006)
- Bogotá 360°. La ciudad interior (2006)
- Guatemala inédita (2006)
- Casa de Recreo en Colombia (2005)
- Manzur. Homenaje (2005)
- Gerardo Aragón (2009)
- Santiago Cárdenas (2006)
- Omar Rayo. Homenaje (2006)
- Beatriz González (2005)
- Casa de Campo en Colombia (2007)
- Luis Restrepo. construcciones (2007)
- Juan Cárdenas (2007)
- Luis Caballero. Homenaje (2007)
- Fútbol en Colombia (2007)
- Cafés de Colombia (2008)
- Colombia es Color (2008)
- Armando Villegas. Homenaje (2008)
- Manuel Hernández (2008)
- Alicia Viteri. Memoria digital (2009)
- Clemencia Echeverri. Sin respuesta (2009)
- Museo de Arte Moderno de Cartagena de Indias (2009)
- Agua. Riqueza de Colombia (2009)
- Volando Colombia. Paisajes (2009)
- Colombia en flor (2009)
- Medellín 360º. Cordial, Pujante y Bella (2009)
- Arte Internacional. Colección del Banco de la República (2009)
- Hugo Zapata (2009)
- Apalaanchi. Pescadores Wayuu (2009)
- Bogotá vuelo al pasado (2010)
- Grabados Antiguos de la Pontificia Universidad Javeriana. Colección Eduardo Ospina S. J. (2010)
- Orquídeas. Especies de Colombia (2010)
- Apartamentos. Bogotá (2010)
- Luis Caballero. Erótico (2010)
- Luis Fernando Peláez (2010)
- Aves en Colombia (2011)
- Pedro Ruiz (2011)
- El mundo del arte en San Agustín (2011)
- Cundinamarca. Corazón de Colombia (2011)
- El hundimiento de los Partidos Políticos Tradicionales venezolanos: El caso Copei (2014)
- Artistas por la paz (1986)
- Reglamento de uniformes, insignias, condecoraciones y distintivos para el personal de la Policía Nacional (2009)
- Historia de Bogotá. Tomo I - Conquista y Colonia (2007)
- Historia de Bogotá. Tomo II - Siglo XIX (2007)
- Academia Colombiana de Jurisprudencia. 125 Años (2019)
- Duque, su presidencia (2022)
La Región Amazónica

Tepuyes. Parque nacional Chiribiquete, Caquetá.

Bylea amazónica. Guainía.

Parque Nacional Amacayacu, Amazonas.

Parque Nacional Cahuinarí.

Río Caquetá.

Río Amazonas.

Sabanas del Yarí, Caquetá.

Serranía del Naquen, Guainía.

Río Santo Domingo. Serranía de la Macarena.

Parque Nacional la Macarena.

Lago de Tarapoto, Amazonas.

Várceas formadas por el río Amazonas.

Río Cahuinarí.

Playones del río Caquetá.
Texto de: Alwyn Gentry
“Aquí, la naturaleza es inalcanzable, con su dosel verde y aireado -una nube impregnada de sol; nube sobre nube- y aunque la más alta de ellas puede estar fuera de nuestra vista, deja todavía pasar los rayos del sol que van a iluminar los amplios espacios inferiores, estancia tras estancia, cada una con su propia luz y con sus propias sombras”.
–W.H. Hudson. “Green Mansions”
La Amazonia, en verdad, es un mundo en sí mismo, un mundo de exuberante verdor vegetal y de aguas abundantes, que ha inspirado a naturalistas, cazadores de fortuna, poetas, soñadores, exploradores y explotadores, desde el momento mismo del histórico viaje a la región del español Francisco de Orellana, en 1542. Aunque las guerreras femeninas que le dieron su nombre, no fueron más que una encantadora ficción mitológica, la verdadera historia del Amazonas es igualmente fascinante.
Cuando recapacitamos sobre las incidencias de su origen, no es de sorprenderse que las aguas de este mar fluvial alberguen criaturas que más parecen habitantes del océano. Durante la mayor parte del Terciario, el Amazonas era, en realidad, un mar abierto hacia el Pacífico y separado del Atlántico por los escudos continentales guayanés y brasileño, entonces soldados entre sí. Al levantarse los Andes, al final del Cenozoico, este mar quedó separado del Pacífico, y fue perdiendo, poco a poco, la salinidad de sus aguas, que bajo la influencia de las copiosas lluvias ecuatoriales, acabaron por convertirse en agua dulce. Los Andes hicieron otra importante contribución a la Amazonia: los sedimentos erosionados de sus laderas y acarreados por las aguas, convirtieron paulatinamente en tierra firme la mayor parte de la cuenca del antiguo mar. Finalmente, este lago mediterráneo rompió la angosta barrera formada por la unión de los escudos brasileño y guayanés, surgiendo así a la vida el río Amazonas. Sin embargo, los incontables milenios durante los cuales se produjo la transformación del agua salada, dieron lugar a que ejemplares de la fauna del antiguo mar evolucionaran, transformándose en animales de agua dulce. Hoy, la fauna acuática del Amazonas incluye peces ángel, tiburones y rayas además de otros muchos organismos esencialmente de agua salada. La diversidad de vida acuática en estos ríos es, así mismo, espectacular: por ejemplo, las 3.000 especies ícticas del Amazonas (¿o son 5.000?, nadie lo sabe todavía), son más numerosas que las que habitan el océano Atlántico.
Aunque ya no es un mar clásico, la Amazonia continúa siendo un verdadero mar de agua dulce -rápidos, ríos, caños, lagunas, ciénagas y ojos de agua- todos alimentados por las abundantes lluvias del trópico. El Amazonas mismo es tan gigantesco, que, comparado con él, cualquier otro río del planeta es un pigmeo. Con más de 6.000 km de recorrido, es navegable por barcos de mar, que llegan, río arriba, hasta Iquitos en el Perú, a casi 3.600 km de su desembocadura. Su caudal equivale a 1/5 de toda el agua fluvial del mundo, vertiendo en el océano, cada día, doce veces más agua que el Mississipi, y l6 veces más que el Nilo. Así, no es de extrañar, que sea también el río más ancho del globo, con un kilómetro de orilla a orilla a la altura de Leticia, ensanchándose varios kilómetros más en época de crecida. La diferencia de profundidad entre aguas altas y bajas, es de 10 m o más, cada año.
La misma tierra firme en esta región, rara vez escapa a la influencia directa de los ríos. A pesar de lo plano de la topografía (Leticia e Iquitos están apenas a unos 100 m sobre el nivel del mar), los poderosos ríos amazónicos continúan siendo una fuerza geológica respetable, aun muchos milenios después de que los sedimentos andinos que acarrearon, transformaran la Amazonia de mar a tierra firme. La roca base está profunda y carece de importancia para la ecología local: a menos que hayan viajado fuera de su región, los habitantes de las tierras bajas de la Amazonia pueden no haber visto una piedra en toda su vida, mucho menos una montaña.
Los ríos de la Amazonia son tan dinámicos que no cesan de erosionar y depositar luego los sedimentos que acarrean, formando la superficie de la tierra amazónica. Más de una cuarta parte de la alta Amazonia presenta señales de ser de reciente deposición, y la compleja interacción entre agua y tierra ha tenido profunda influencia en la biota amazónica. En palabras de Euclides da Cunha “La Amazonia es aún la última página no escrita del Génesis. En la Amazonia, cambios visibles y extraordinarios se producen por la simple interacción de las fuerzas físicas más comunes. Aún dentro del más riguroso enfoque topográfico, no hay manera de fijarle a esta tierra límites precisos. Cada seis meses, cada crecida actúa como una esponja húmeda que borra un mal dibujo, destruyendo, modificando o transformando los rasgos más firmes y notorios”.
Composición Florística y Diversidad
El resultado final de todo esto, es que el Amazonas ostenta la más extensa y rica floresta tropical, biológicamente hablando. Esta riqueza en especies vegetales es debida, en parte, a su superficie misma: la cuenca amazónica es dos veces más extensa que la de cualquier otro gran río en el mundo, y, aunque la mayoría de la cuenca está en el Brasil, la parte colombiana de la Amazonia compensa con su diversidad vegetal lo que le falta en área física. Colombia es la única nación que posee, en su porción amazónica, tanto el tipo de vegetación mal nutrida de los suelos de arena blanca del escudo guayanés, como las diversas especies vegetales de los suelos, relativamente fértiles, del piedemonte andino. Estas son -sin menospreciar opiniones diferentes- las áreas más interesantes de la floresta amazónica; la primera, por poseer el más rico endemismo local de toda la cuenca; y, la segunda, por contener el bosque más diversificado del globo. La Amazonia colombiana ha estado lastimosamente descuidada, desde el punto de vista de la investigación científica. Aunque la porción amazónica de Colombia ha sido dotada por la Providencia con los componentes de los dos tipos más interesantes de la vegetación amazónica, el conocimiento florístico de la zona permanece, casi por entero, sujeto a la extrapolación de los resultados de investigaciones efectuadas en los países vecinos.
En cuanto a estructura y a composición florística, la selva amazónica, en gran parte, es bastante corriente. En lo que sí es excepcional, es en diversidad de especies, una faceta todavía poco estudiada en la Amazonia colombiana. Aunque los bosques amazónicos están poblados, en buena parte, por los mismos géneros y familias vegetales y animales que se encuentran en otros bosques bajos del Neotrópico, son relativamente pocas las especies que comparten con otras regiones. El 80% de las especies de familias de plantas leñosas, no se encuentran en ninguna otra parte, lo que indica un nivel de endemismo mucho más acentuado que el de cualquier otra región fitogeográfica. Algunas partes de la floresta amazónica contienen más especies arbóreas que cualquier otra región del mundo. La marca mundial de riqueza en especies la ostenta un lugar cerca de Iquitos, en la Amazonia peruana, no lejos de la frontera con Colombia, donde se registraron 606 plantas leñosas individuales, con diámetro medio mayor de 10 cm en una hectárea de selva pluvial homogénea. Dentro de este total, están incluidas no menos de 300 especies diferentes. Otras zonas de la alta Amazonia poseen “récords mundiales” para el número de especies coexistentes de aves, mariposas, reptiles, anfibios y mamíferos. A pesar de que ninguna de las marcas mundiales locales conocidas proviene de la Amazonia colombiana, esto se debe, sin duda, más a falta de estudio que a falta de diversidad. De hecho, muestreos preliminares llevados a cabo en parcelas de un décimo de hectárea, indican que el sur amazónico de Colombia y el adyacente norte del Perú, son las regiones más ricas en plantas leñosas de toda la cuenca amazónica.
Las selvas amazónicas tienden a ser altamente predecibles en cuanto a su composición florística, dominadas por árboles pertenecientes a unas pocas familias botánicas, principalmente Leguminosas y, en suelos fértiles, Moráceas. Once familias -Leguminosas, Moráceas, Annonáceas, Rubiáceas, Miristicáceas, Sapotáceas, Meliáceas, Palmas, Euforbiáceas y Bignoniáceas- dominan la flora leñosa de la mayoría de los bosques de la alta Amazonia; y ocho de ellas, están entre las diez familias con mayor número de especies de cualquier comunidad selvática del mundo. En los suelos más pobres, son comunes las Burseráceas, Lauráceas y Sapotáceas; y en suelos más feraces, Moráceas, Palmas y Meliáceas. Bignoniáceas y Leguminosas son las más importantes familias de lianas y bejucos en la Amazonia; en 13, de 21 muestras de un décimo de hectárea, las Bignoniáceas resultaron tener la mayor cantidad de especies, y en las 8 restantes, las Leguminosas. Las otras 6 familias amazónicas más importantes de lianas corresponden a las Hipocrateáceas, Menispermáceas, Sapindáceas, Malpighiáceas, Connaráceas y Dilleniáceas, en orden de importancia. La clara tendencia de estos bosques a poseer una composición florística bien determinada, es un recordatorio categórico de la complejidad de su estructura interna, que contrasta con la mezcla heterogénea de especies y formas que cree ver en ellos el observador desprevenido.
Además de las plantas leñosas, las selvas amazónicas contienen muchas especies de epífitas, y en el sotobosque, hierbas y arbustos. Rubiáceas, Piperáceas y Melastomatáceas entre los arbustos; y Aráceas, Marantáceas, Zingiberáceas y Musáceas entre las herbáceas, son las familias más comunes del sotobosque. El piso de las selvas de la Amazonia es rico, así mismo, en pequeñas palmas. De manera que el sotobosque de estas selvas está poblado, sobre todo, de monocotiledóneas. Las dicotiledóneas, como las Gesneriáceas y Acantháceas, son, notablemente, más escasas aquí que en los bosques chocoanos. Muchas de estas plantas del piso selvático, producen espectaculares inflorescencias rojas, que como las de las Heliconias y Costus, matizan de vivos colores el verde oscuro del bosque. La singularidad de que flores de colores rojos, polinizadas por colibríes, estén circunscritas al sotobosque, es otro ejemplo notable del grado de organización de estas selvas, a pesar de su extraordinaria diversidad.
Las más importantes familias de epífitas de la Amazonia, como en todo el Neotrópico, son las Orquidáceas, Bromeliáceas, Aráceas y los helechos. Sin embargo, en términos generales, las epífitas son bastante menos frecuentes en la Amazonia que en muchas otras áreas boscosas. En los bosques de suelos pobres, como los que son típicos de la vertiente del río Negro, las epífitas tienden a ser aún más escasas. Y, aunque muchos de los grandes árboles amazónicos hospedan numerosas epífitas, la profusión de estas plantas, tan características de los bosques de niebla andinos y de las florestas chocoanas, brilla aquí por su ausencia.
Los Biohábitats de Mosaico y el "Mundo Perdido" de los Tepuyes
Aunque en los tepuyes -el famoso “mundo perdido” de meseta de las novelas de aventuras- no se encuentran dinosaurios, ni otras bestias prehistóricas que Sir Arthur Conan Doyle imaginó refugiados allí, sí albergan muchas especies vegetales maravillosas, y, en ciertos aspectos, tan singulares como aquellos monstruos.
El altiplano de arenisca de la Guayana, estuvo asentado sobre la mayor parte del escudo geológico guayanés, hace cientos de millones de años; partiendo de la base de lo que es hoy la Cordillera Oriental colombiana, cubría gran parte del sur de Venezuela y de las Guayanas. Con el paso de las edades, ríos torrentosos erosionaron el altiplano de arenisca, formando los tepuyes, especie de montículos aislados, separados unos de otros por extensiones de selva húmeda tropical. Cada tepuy presenta, en la meseta que lo corona, un conjunto único de plantas y animales, adaptados a un medio áspero y pobre en nutrientes, azotado por vientos inclementes, lluvias torrenciales y bajas temperaturas. En la cima de un tepuy, el observador se siente en medio de un paisaje extraño, como el que imaginan los autores de novelas de aventuras de ciencia-ficción. Una maraña de vegetación salvaje cubre la parte superior de las laderas, en tanto que en la meseta de la cumbre la mayoría de las plantas leñosas semejan “bonsais” bien cultivados, que ostentan, en los extremos de sus escasas ramas sarmentosas, agrupaciones de pequeñas hojas coriáceas, a menudo cerosas y brillantes, cubiertas de una vellosidad sedosa y parda. Arboles y arbustos de muy disímiles y diversas clases, adoptan esta misma extraña conformación.
Otra peculiar variedad de plantas, típica de estos “mundos perdidos” son las plantas carnívoras, pertenecientes a distintas familias, que han evolucionado produciendo mecanismos que les permiten atrapar y digerir insectos y otros pequeños animales, con los que complementan la escasa cuota de nutrientes que les proporciona el estéril suelo de arenisca erosionada. Algunas de estas plantas son diminutas, como la Drosera, cuyas pequeñas y rojizas hojas basales, están cubiertas de vellos pegajosos, que pueden mantener sujeto al insecto hasta que las hojas, enrroscándose sobre sí mismas, envuelvan y digieran la presa. Otras lucen atractivas flores, como la multicolor Utricularia, cuyo mecanismo para la alimentación carnívora consiste en pequeñas estructuras globulares en forma de pequeñas redomas, que se forman en sus raíces, o en la parte baja de los tallos, cada redoma dotada de una pequeña abertura de entrada, rodeada de vellosidades sensitivas que accionan un opérculo que cierra el orificio de entrada. Cuando un pequeñísimo animal roza las vellosidades, el opérculo se abre rápidamente, creando un vacío que absorbe al animal empujándolo al interior de la redoma, donde, sin prisa, es digerido por la planta. Las plantas carnívoras y la vegetación de las narraciones de ciencia-ficción, se asocian en los tepuyes con las alfombras de bromelias, cuyos depósitos de agua foliar, convierten la cima del tepuy en una verdadera pista de obstáculos, en donde un paso en falso puede resultar en un baño de agua helada. Estas bromelias proporcionan un medio de verificar la infinitesimal rata de crecimiento de los organismos del tepuy. El autor tuvo la oportunidad, en alguna ocasión, de pasar por un sendero que había sido cortado a través de un campo de bromelias 20 años atrás, y pudo constatar que los cortes que el machete había hecho en las hojas de las plantas, eran todavía visibles. ¡Muchas de las plantas no habían producido una sola hoja de reemplazo en los dos decenios transcurridos!
La mayoría de los tepuyes se encuentra en el sur de Venezuela, y unos pocos, en gran parte inexplorados, en la Amazonia colombiana. El mayor de éstos, llamado Chiribiquete, puede tener una altura máxima de unos 1.500 m. La Sierra de la Macarena, al oriente de Colombia, presenta tanta similitud florística con el escudo guayanés como con la vecina Cordillera de los Andes. Aún más, el distintivo geológico de los tepuyes, es claramente visible sobre la faz de una gran parte de la actual Amazonia colombiana. La erosión de los altiplanos de arenisca dio lugar a una inmensa extensión al norte de la Amazonia, donde el suelo típico está, casi por completo, formado por arena. Colombia participa ampliamente de este característico suelo guayanés y de la peculiar vegetación de alto endemismo, asociada con éste.
Estos suelos arenosos están cruzados por ríos extraordinarios, cuyas aguas transparentes, pero de gran acidez, han sido coloreadas por la descomposición del follaje rico en tanino, que les imparte un tinte extraño, que visto desde el aire es negro profundo, y contra el cuerpo humano que se sumerge en ellas, toma un color rojo sangre. Aunque son pocas las criaturas que nadan en esta especie de infusión de taninos, la vegetación asociada con estos ríos cambia en forma radical, de acuerdo con variaciones sutiles del substrato y del drenaje. El endemismo de las plantas a lo largo del río Negro, del Orinoco y de tributarios como el Inírida, el Atabapó, el Guainía y el Vaupés, es, probablemente, el más pronunciado de toda la cuenca amazónica.
En algunas partes de la Amazonia colombiana, las condiciones del medio son tan adversas al desarrollo del bosque, que la selva misma se abre para dar paso a islotes de sabana. Estos se presentan, generalmente, cuando la roca base se acerca demasiado a la superficie, o cuando existe una formación de arcilla impermeable y dura, subyacente al suelo de arena pura. La gran mayoría de las especies vegetales de las sabanas amazónicas de suelos de arena blanca, son endémicas locales; tienen, por lo general, poco ramaje, con tallo delgado y largo, aunque pertenecen a familias y géneros que son, normalmente, árboles. Otra particularidad es que el lugar está poblado de juncias en lugar de grama, que predominan sobre la superficie del suelo.
A lo largo del borde norte de la selva amazónica, existe otro tipo de sabana emparentada florísticamente con las especies de los Llanos Orientales colombianos. Y, todavía, otra clase más de vegetación, no selvática, se presenta en las superficies desnudas de los afloramientos de “laja” negra, cerca del Orinoco, al sur de Puerto Carreño, donde existe también un alto grado de endemismo local.
Esta clase de diferenciación entre las varias clases de vegetación, según los substratos del suelo, se llama diversidad-ß, y aunque ésta alcanza su cenit en el terreno de tipo guayanés que pertenece a la Amazonia colombiana, no está confinada a esta región. La parte meridional de la Amazonia colombiana y la zona colindante del Perú, son un mosaico igualmente entremezclado de tipos de selva que crecen sobre suelos di-ferentes, formando una alfombra de verdor que desde el aire aparece de una tonalidad uniforme, pero que desde el suelo se resuelve en una desconcertante “colcha de retazos” botánica.
Además de la vegetación asociada con los varios tipos de suelos de arena blanca, y con las selvas corrientes en tierra seca, con suelos de arcilla rojiza o amarillenta, existen también varias clases de selva de inundación. Los pantanos están, por lo general, poblados por palmas, principalmente Mauritia (moriche), que puede formar grandes colonias en algunas partes de la Amazonia colombiana. En lugares donde el agua es más profunda, estos pantanos están llenos de hierbas acuáticas, o especies flotantes, como la majestuosa Victoria regia, cuyas hojas gigantescas son lo suficientemente robustas para sostener un ser humano. La fortaleza de las hojas de la Victoria se debe a la intrincada red de venas fibrosas en su envés. ¿Y cuántos colombianos están enterados de que los esqueletos de acero pretensado de los edificios de Bogotá (y del resto del mundo), tienen su origen en estas nervaduras de la Victoria, que primero inspiraron una novedosa estructura de invernadero en un jardín botánico de Londres (Kew Botanical Garden), y a su vez, todo aquel tipo de arquitectura?
En donde los bosques no se encuentran excesivamente inundados, como ocurre a lo largo de las márgenes de muchos ríos, crecen innumerables plantas. A los bosques que se inundan durante las crecidas de ríos de aguas negras, provenientes del drenaje de áreas de suelos de arena blanca, se les conoce como “igapó”; los inundados por aguas turbias “blancas”, como las provenientes del Amazonas mismo, o de sus tributarios, que contienen gran cantidad de sedimentos en suspensión procedentes de los Andes, se les conoce como “várzea”, (“tahuampa” en la “lingua franca” local, derivada del quechua). En términos generales, cerca del 2% de la cuenca del Amazonas consiste de selvas inundables, pero la importancia que éstas tienen para la ecología local excede en mucho a su extensión, pues provee alimento para muchos de los peces del Amazonas; por ejemplo, el 75% del pescado que se vende en Manaos procede de la várzea. Es de notar que, a lo largo de muchos ríos amazónicos, existen franjas de vegetación arbórea en diferentes estados de crecimiento, que complican la visión del sistema. Depósitos aluviales de cierta fertilidad, provenientes de deposiciones recientes de sedimentos andinos, forman terrazas altas, no inundables, donde crece otro tipo especial de selva llamada “restinga”.
En cuanto al número de especies, las desemejanzas entre la vegetación que crece en suelos con diferentes substratos, son notables. A menudo, diversas especies de un mismo género se re-emplazan unas a otras en los distintos substratos. Existen, por supuesto, tendencias más generalizadas. Los bosques sobre los suelos más fértiles presentan un mayor dinamismo, con episodios más frecuentes de caídas de árboles, abertura de claros, y repoblación más rápida. Así mismo, son bosques con mayor profusión (y tamaño) de lianas y bejucos. Al recorrer una gradiente desde el suelo fértil hasta el estéril, se percibe que los distintos hábitats son afectados en forma diferente por la naturaleza del suelo, presentándose menos hierbas en las zonas de extrema infertilidad. Lianas y epífitas son, igualmente, menos numerosas en los bosques sobre suelos pobres, permitiendo una flora compuesta, casi exclusivamente, de especies arbóreas. Se presentan también cambios en la estrategia para la asimilación de nutrientes, según los cuales, unas pocas especies de hongos Micorriza endotrópicos, que en suelos arcillosos ayudan a la nutrición de muchas especies no emparentadas entre sí, son reemplazados por micorriza ectotrópicos, especializados en la nutrición de sólo unas pocas especies arbóreas, especialmente leguminosas cesalpinioideas, en los suelos más estériles. Del mismo modo, la densidad de especies animales y su diversidad, varían en la Amazonia, de acuerdo con las condiciones edáficas. Se presentan más especies y mayor densidad de vertebrados en las áreas de suelos aluviales fértiles de la Amazonia occidental, y menos en las áreas arenosas del escudo continental guayanés, de una gran pobreza en nutrientes. Los pequeños vertebrados están más sujetos a variaciones de esta índole, que los de mayor tamaño, con algunas especies altamente especializadas y sus congéneres simpátricos, la mayoría confinados a los lugares de suelos más favorables.
A pesar de que gran cantidad de las comunidades de plantas que conforman este maremágnum de bosques diferenciados, son pródigas en variedades de especies, no se presentan demasiadas especies de transición entre comunidades vecinas y cada una de ellas aparece evolutivamente bien adaptada a su entorno. De modo que la extremada multiplicidad de hábitats heterogéneos que presenta la Amazonia, se debe, en gran parte, a la fantástica diversidad de su vegetación, en la que cada uno de sus elementos componentes ha encontrado la adaptación exacta a un nicho ambiental específico. Y es en cierto modo paradójico, que aún la singular riqueza en especies arbóreas que contiene la selva amazónica, encuentre su explicación en la heterogeneidad de hábitats.
En tan compleja juxtaposición de hábitats fragmenticios, las especies individuales adaptadas a un determinado hábitat, deben estar sometidas a dispersión en hábitats adyacentes, a los cuales no están bien adaptadas, pero en los que logran sobrevivir de vez en cuando, y a cuya diversidad específica contribuyen en buena medida. En algunas regiones del mundo, como en la América Central, o en gran parte de la Amazonia meridional, donde el mosaico de tipos de vegetación y de distintos substratos edáficos están menos bien delimitados, no existe la posibilidad de este sistema de enriquecimiento botánico, y los bosques están compuestos por un número menor de especies.
La condición única y distintiva de la selva amazónica es su biodiversidad. ¿Cuál es la razón para que la Amazonia tenga tal diversidad de plantas y de animales? Sin duda la clave de la riqueza biológica de esta selva está en la complejidad de su dinámica a través del tiempo, en los aspectos evolutivo y ecológico, y no, como algunos han sugerido, que haya sido siempre una selva primigenia inmutable. Algunos científicos piensan que uno de los factores más influyentes en esa biodiversidad, ha sido la cíclica contracción de la floresta amazónica, con la producción de hábitats insulares durante los períodos secos, asociados con los avances de las glaciaciones pleistocénicas (Refugios Pleistocénicos). Pero lo más importante, es que la Amazonia constituye en la actualidad, un maravilloso caleidoscopio de dinámicos hábitats interactuantes, y que en ninguna otra parte del mundo está este caleidoscopio de hábitats mejor representado que en la Amazonia colombiana.
#AmorPorColombia
La Región Amazónica

Tepuyes. Parque nacional Chiribiquete, Caquetá.

Bylea amazónica. Guainía.

Parque Nacional Amacayacu, Amazonas.

Parque Nacional Cahuinarí.

Río Caquetá.

Río Amazonas.

Sabanas del Yarí, Caquetá.

Serranía del Naquen, Guainía.

Río Santo Domingo. Serranía de la Macarena.

Parque Nacional la Macarena.

Lago de Tarapoto, Amazonas.

Várceas formadas por el río Amazonas.

Río Cahuinarí.

Playones del río Caquetá.
Texto de: Alwyn Gentry
“Aquí, la naturaleza es inalcanzable, con su dosel verde y aireado -una nube impregnada de sol; nube sobre nube- y aunque la más alta de ellas puede estar fuera de nuestra vista, deja todavía pasar los rayos del sol que van a iluminar los amplios espacios inferiores, estancia tras estancia, cada una con su propia luz y con sus propias sombras”.
–W.H. Hudson. “Green Mansions”
La Amazonia, en verdad, es un mundo en sí mismo, un mundo de exuberante verdor vegetal y de aguas abundantes, que ha inspirado a naturalistas, cazadores de fortuna, poetas, soñadores, exploradores y explotadores, desde el momento mismo del histórico viaje a la región del español Francisco de Orellana, en 1542. Aunque las guerreras femeninas que le dieron su nombre, no fueron más que una encantadora ficción mitológica, la verdadera historia del Amazonas es igualmente fascinante.
Cuando recapacitamos sobre las incidencias de su origen, no es de sorprenderse que las aguas de este mar fluvial alberguen criaturas que más parecen habitantes del océano. Durante la mayor parte del Terciario, el Amazonas era, en realidad, un mar abierto hacia el Pacífico y separado del Atlántico por los escudos continentales guayanés y brasileño, entonces soldados entre sí. Al levantarse los Andes, al final del Cenozoico, este mar quedó separado del Pacífico, y fue perdiendo, poco a poco, la salinidad de sus aguas, que bajo la influencia de las copiosas lluvias ecuatoriales, acabaron por convertirse en agua dulce. Los Andes hicieron otra importante contribución a la Amazonia: los sedimentos erosionados de sus laderas y acarreados por las aguas, convirtieron paulatinamente en tierra firme la mayor parte de la cuenca del antiguo mar. Finalmente, este lago mediterráneo rompió la angosta barrera formada por la unión de los escudos brasileño y guayanés, surgiendo así a la vida el río Amazonas. Sin embargo, los incontables milenios durante los cuales se produjo la transformación del agua salada, dieron lugar a que ejemplares de la fauna del antiguo mar evolucionaran, transformándose en animales de agua dulce. Hoy, la fauna acuática del Amazonas incluye peces ángel, tiburones y rayas además de otros muchos organismos esencialmente de agua salada. La diversidad de vida acuática en estos ríos es, así mismo, espectacular: por ejemplo, las 3.000 especies ícticas del Amazonas (¿o son 5.000?, nadie lo sabe todavía), son más numerosas que las que habitan el océano Atlántico.
Aunque ya no es un mar clásico, la Amazonia continúa siendo un verdadero mar de agua dulce -rápidos, ríos, caños, lagunas, ciénagas y ojos de agua- todos alimentados por las abundantes lluvias del trópico. El Amazonas mismo es tan gigantesco, que, comparado con él, cualquier otro río del planeta es un pigmeo. Con más de 6.000 km de recorrido, es navegable por barcos de mar, que llegan, río arriba, hasta Iquitos en el Perú, a casi 3.600 km de su desembocadura. Su caudal equivale a 1/5 de toda el agua fluvial del mundo, vertiendo en el océano, cada día, doce veces más agua que el Mississipi, y l6 veces más que el Nilo. Así, no es de extrañar, que sea también el río más ancho del globo, con un kilómetro de orilla a orilla a la altura de Leticia, ensanchándose varios kilómetros más en época de crecida. La diferencia de profundidad entre aguas altas y bajas, es de 10 m o más, cada año.
La misma tierra firme en esta región, rara vez escapa a la influencia directa de los ríos. A pesar de lo plano de la topografía (Leticia e Iquitos están apenas a unos 100 m sobre el nivel del mar), los poderosos ríos amazónicos continúan siendo una fuerza geológica respetable, aun muchos milenios después de que los sedimentos andinos que acarrearon, transformaran la Amazonia de mar a tierra firme. La roca base está profunda y carece de importancia para la ecología local: a menos que hayan viajado fuera de su región, los habitantes de las tierras bajas de la Amazonia pueden no haber visto una piedra en toda su vida, mucho menos una montaña.
Los ríos de la Amazonia son tan dinámicos que no cesan de erosionar y depositar luego los sedimentos que acarrean, formando la superficie de la tierra amazónica. Más de una cuarta parte de la alta Amazonia presenta señales de ser de reciente deposición, y la compleja interacción entre agua y tierra ha tenido profunda influencia en la biota amazónica. En palabras de Euclides da Cunha “La Amazonia es aún la última página no escrita del Génesis. En la Amazonia, cambios visibles y extraordinarios se producen por la simple interacción de las fuerzas físicas más comunes. Aún dentro del más riguroso enfoque topográfico, no hay manera de fijarle a esta tierra límites precisos. Cada seis meses, cada crecida actúa como una esponja húmeda que borra un mal dibujo, destruyendo, modificando o transformando los rasgos más firmes y notorios”.
Composición Florística y Diversidad
El resultado final de todo esto, es que el Amazonas ostenta la más extensa y rica floresta tropical, biológicamente hablando. Esta riqueza en especies vegetales es debida, en parte, a su superficie misma: la cuenca amazónica es dos veces más extensa que la de cualquier otro gran río en el mundo, y, aunque la mayoría de la cuenca está en el Brasil, la parte colombiana de la Amazonia compensa con su diversidad vegetal lo que le falta en área física. Colombia es la única nación que posee, en su porción amazónica, tanto el tipo de vegetación mal nutrida de los suelos de arena blanca del escudo guayanés, como las diversas especies vegetales de los suelos, relativamente fértiles, del piedemonte andino. Estas son -sin menospreciar opiniones diferentes- las áreas más interesantes de la floresta amazónica; la primera, por poseer el más rico endemismo local de toda la cuenca; y, la segunda, por contener el bosque más diversificado del globo. La Amazonia colombiana ha estado lastimosamente descuidada, desde el punto de vista de la investigación científica. Aunque la porción amazónica de Colombia ha sido dotada por la Providencia con los componentes de los dos tipos más interesantes de la vegetación amazónica, el conocimiento florístico de la zona permanece, casi por entero, sujeto a la extrapolación de los resultados de investigaciones efectuadas en los países vecinos.
En cuanto a estructura y a composición florística, la selva amazónica, en gran parte, es bastante corriente. En lo que sí es excepcional, es en diversidad de especies, una faceta todavía poco estudiada en la Amazonia colombiana. Aunque los bosques amazónicos están poblados, en buena parte, por los mismos géneros y familias vegetales y animales que se encuentran en otros bosques bajos del Neotrópico, son relativamente pocas las especies que comparten con otras regiones. El 80% de las especies de familias de plantas leñosas, no se encuentran en ninguna otra parte, lo que indica un nivel de endemismo mucho más acentuado que el de cualquier otra región fitogeográfica. Algunas partes de la floresta amazónica contienen más especies arbóreas que cualquier otra región del mundo. La marca mundial de riqueza en especies la ostenta un lugar cerca de Iquitos, en la Amazonia peruana, no lejos de la frontera con Colombia, donde se registraron 606 plantas leñosas individuales, con diámetro medio mayor de 10 cm en una hectárea de selva pluvial homogénea. Dentro de este total, están incluidas no menos de 300 especies diferentes. Otras zonas de la alta Amazonia poseen “récords mundiales” para el número de especies coexistentes de aves, mariposas, reptiles, anfibios y mamíferos. A pesar de que ninguna de las marcas mundiales locales conocidas proviene de la Amazonia colombiana, esto se debe, sin duda, más a falta de estudio que a falta de diversidad. De hecho, muestreos preliminares llevados a cabo en parcelas de un décimo de hectárea, indican que el sur amazónico de Colombia y el adyacente norte del Perú, son las regiones más ricas en plantas leñosas de toda la cuenca amazónica.
Las selvas amazónicas tienden a ser altamente predecibles en cuanto a su composición florística, dominadas por árboles pertenecientes a unas pocas familias botánicas, principalmente Leguminosas y, en suelos fértiles, Moráceas. Once familias -Leguminosas, Moráceas, Annonáceas, Rubiáceas, Miristicáceas, Sapotáceas, Meliáceas, Palmas, Euforbiáceas y Bignoniáceas- dominan la flora leñosa de la mayoría de los bosques de la alta Amazonia; y ocho de ellas, están entre las diez familias con mayor número de especies de cualquier comunidad selvática del mundo. En los suelos más pobres, son comunes las Burseráceas, Lauráceas y Sapotáceas; y en suelos más feraces, Moráceas, Palmas y Meliáceas. Bignoniáceas y Leguminosas son las más importantes familias de lianas y bejucos en la Amazonia; en 13, de 21 muestras de un décimo de hectárea, las Bignoniáceas resultaron tener la mayor cantidad de especies, y en las 8 restantes, las Leguminosas. Las otras 6 familias amazónicas más importantes de lianas corresponden a las Hipocrateáceas, Menispermáceas, Sapindáceas, Malpighiáceas, Connaráceas y Dilleniáceas, en orden de importancia. La clara tendencia de estos bosques a poseer una composición florística bien determinada, es un recordatorio categórico de la complejidad de su estructura interna, que contrasta con la mezcla heterogénea de especies y formas que cree ver en ellos el observador desprevenido.
Además de las plantas leñosas, las selvas amazónicas contienen muchas especies de epífitas, y en el sotobosque, hierbas y arbustos. Rubiáceas, Piperáceas y Melastomatáceas entre los arbustos; y Aráceas, Marantáceas, Zingiberáceas y Musáceas entre las herbáceas, son las familias más comunes del sotobosque. El piso de las selvas de la Amazonia es rico, así mismo, en pequeñas palmas. De manera que el sotobosque de estas selvas está poblado, sobre todo, de monocotiledóneas. Las dicotiledóneas, como las Gesneriáceas y Acantháceas, son, notablemente, más escasas aquí que en los bosques chocoanos. Muchas de estas plantas del piso selvático, producen espectaculares inflorescencias rojas, que como las de las Heliconias y Costus, matizan de vivos colores el verde oscuro del bosque. La singularidad de que flores de colores rojos, polinizadas por colibríes, estén circunscritas al sotobosque, es otro ejemplo notable del grado de organización de estas selvas, a pesar de su extraordinaria diversidad.
Las más importantes familias de epífitas de la Amazonia, como en todo el Neotrópico, son las Orquidáceas, Bromeliáceas, Aráceas y los helechos. Sin embargo, en términos generales, las epífitas son bastante menos frecuentes en la Amazonia que en muchas otras áreas boscosas. En los bosques de suelos pobres, como los que son típicos de la vertiente del río Negro, las epífitas tienden a ser aún más escasas. Y, aunque muchos de los grandes árboles amazónicos hospedan numerosas epífitas, la profusión de estas plantas, tan características de los bosques de niebla andinos y de las florestas chocoanas, brilla aquí por su ausencia.
Los Biohábitats de Mosaico y el "Mundo Perdido" de los Tepuyes
Aunque en los tepuyes -el famoso “mundo perdido” de meseta de las novelas de aventuras- no se encuentran dinosaurios, ni otras bestias prehistóricas que Sir Arthur Conan Doyle imaginó refugiados allí, sí albergan muchas especies vegetales maravillosas, y, en ciertos aspectos, tan singulares como aquellos monstruos.
El altiplano de arenisca de la Guayana, estuvo asentado sobre la mayor parte del escudo geológico guayanés, hace cientos de millones de años; partiendo de la base de lo que es hoy la Cordillera Oriental colombiana, cubría gran parte del sur de Venezuela y de las Guayanas. Con el paso de las edades, ríos torrentosos erosionaron el altiplano de arenisca, formando los tepuyes, especie de montículos aislados, separados unos de otros por extensiones de selva húmeda tropical. Cada tepuy presenta, en la meseta que lo corona, un conjunto único de plantas y animales, adaptados a un medio áspero y pobre en nutrientes, azotado por vientos inclementes, lluvias torrenciales y bajas temperaturas. En la cima de un tepuy, el observador se siente en medio de un paisaje extraño, como el que imaginan los autores de novelas de aventuras de ciencia-ficción. Una maraña de vegetación salvaje cubre la parte superior de las laderas, en tanto que en la meseta de la cumbre la mayoría de las plantas leñosas semejan “bonsais” bien cultivados, que ostentan, en los extremos de sus escasas ramas sarmentosas, agrupaciones de pequeñas hojas coriáceas, a menudo cerosas y brillantes, cubiertas de una vellosidad sedosa y parda. Arboles y arbustos de muy disímiles y diversas clases, adoptan esta misma extraña conformación.
Otra peculiar variedad de plantas, típica de estos “mundos perdidos” son las plantas carnívoras, pertenecientes a distintas familias, que han evolucionado produciendo mecanismos que les permiten atrapar y digerir insectos y otros pequeños animales, con los que complementan la escasa cuota de nutrientes que les proporciona el estéril suelo de arenisca erosionada. Algunas de estas plantas son diminutas, como la Drosera, cuyas pequeñas y rojizas hojas basales, están cubiertas de vellos pegajosos, que pueden mantener sujeto al insecto hasta que las hojas, enrroscándose sobre sí mismas, envuelvan y digieran la presa. Otras lucen atractivas flores, como la multicolor Utricularia, cuyo mecanismo para la alimentación carnívora consiste en pequeñas estructuras globulares en forma de pequeñas redomas, que se forman en sus raíces, o en la parte baja de los tallos, cada redoma dotada de una pequeña abertura de entrada, rodeada de vellosidades sensitivas que accionan un opérculo que cierra el orificio de entrada. Cuando un pequeñísimo animal roza las vellosidades, el opérculo se abre rápidamente, creando un vacío que absorbe al animal empujándolo al interior de la redoma, donde, sin prisa, es digerido por la planta. Las plantas carnívoras y la vegetación de las narraciones de ciencia-ficción, se asocian en los tepuyes con las alfombras de bromelias, cuyos depósitos de agua foliar, convierten la cima del tepuy en una verdadera pista de obstáculos, en donde un paso en falso puede resultar en un baño de agua helada. Estas bromelias proporcionan un medio de verificar la infinitesimal rata de crecimiento de los organismos del tepuy. El autor tuvo la oportunidad, en alguna ocasión, de pasar por un sendero que había sido cortado a través de un campo de bromelias 20 años atrás, y pudo constatar que los cortes que el machete había hecho en las hojas de las plantas, eran todavía visibles. ¡Muchas de las plantas no habían producido una sola hoja de reemplazo en los dos decenios transcurridos!
La mayoría de los tepuyes se encuentra en el sur de Venezuela, y unos pocos, en gran parte inexplorados, en la Amazonia colombiana. El mayor de éstos, llamado Chiribiquete, puede tener una altura máxima de unos 1.500 m. La Sierra de la Macarena, al oriente de Colombia, presenta tanta similitud florística con el escudo guayanés como con la vecina Cordillera de los Andes. Aún más, el distintivo geológico de los tepuyes, es claramente visible sobre la faz de una gran parte de la actual Amazonia colombiana. La erosión de los altiplanos de arenisca dio lugar a una inmensa extensión al norte de la Amazonia, donde el suelo típico está, casi por completo, formado por arena. Colombia participa ampliamente de este característico suelo guayanés y de la peculiar vegetación de alto endemismo, asociada con éste.
Estos suelos arenosos están cruzados por ríos extraordinarios, cuyas aguas transparentes, pero de gran acidez, han sido coloreadas por la descomposición del follaje rico en tanino, que les imparte un tinte extraño, que visto desde el aire es negro profundo, y contra el cuerpo humano que se sumerge en ellas, toma un color rojo sangre. Aunque son pocas las criaturas que nadan en esta especie de infusión de taninos, la vegetación asociada con estos ríos cambia en forma radical, de acuerdo con variaciones sutiles del substrato y del drenaje. El endemismo de las plantas a lo largo del río Negro, del Orinoco y de tributarios como el Inírida, el Atabapó, el Guainía y el Vaupés, es, probablemente, el más pronunciado de toda la cuenca amazónica.
En algunas partes de la Amazonia colombiana, las condiciones del medio son tan adversas al desarrollo del bosque, que la selva misma se abre para dar paso a islotes de sabana. Estos se presentan, generalmente, cuando la roca base se acerca demasiado a la superficie, o cuando existe una formación de arcilla impermeable y dura, subyacente al suelo de arena pura. La gran mayoría de las especies vegetales de las sabanas amazónicas de suelos de arena blanca, son endémicas locales; tienen, por lo general, poco ramaje, con tallo delgado y largo, aunque pertenecen a familias y géneros que son, normalmente, árboles. Otra particularidad es que el lugar está poblado de juncias en lugar de grama, que predominan sobre la superficie del suelo.
A lo largo del borde norte de la selva amazónica, existe otro tipo de sabana emparentada florísticamente con las especies de los Llanos Orientales colombianos. Y, todavía, otra clase más de vegetación, no selvática, se presenta en las superficies desnudas de los afloramientos de “laja” negra, cerca del Orinoco, al sur de Puerto Carreño, donde existe también un alto grado de endemismo local.
Esta clase de diferenciación entre las varias clases de vegetación, según los substratos del suelo, se llama diversidad-ß, y aunque ésta alcanza su cenit en el terreno de tipo guayanés que pertenece a la Amazonia colombiana, no está confinada a esta región. La parte meridional de la Amazonia colombiana y la zona colindante del Perú, son un mosaico igualmente entremezclado de tipos de selva que crecen sobre suelos di-ferentes, formando una alfombra de verdor que desde el aire aparece de una tonalidad uniforme, pero que desde el suelo se resuelve en una desconcertante “colcha de retazos” botánica.
Además de la vegetación asociada con los varios tipos de suelos de arena blanca, y con las selvas corrientes en tierra seca, con suelos de arcilla rojiza o amarillenta, existen también varias clases de selva de inundación. Los pantanos están, por lo general, poblados por palmas, principalmente Mauritia (moriche), que puede formar grandes colonias en algunas partes de la Amazonia colombiana. En lugares donde el agua es más profunda, estos pantanos están llenos de hierbas acuáticas, o especies flotantes, como la majestuosa Victoria regia, cuyas hojas gigantescas son lo suficientemente robustas para sostener un ser humano. La fortaleza de las hojas de la Victoria se debe a la intrincada red de venas fibrosas en su envés. ¿Y cuántos colombianos están enterados de que los esqueletos de acero pretensado de los edificios de Bogotá (y del resto del mundo), tienen su origen en estas nervaduras de la Victoria, que primero inspiraron una novedosa estructura de invernadero en un jardín botánico de Londres (Kew Botanical Garden), y a su vez, todo aquel tipo de arquitectura?
En donde los bosques no se encuentran excesivamente inundados, como ocurre a lo largo de las márgenes de muchos ríos, crecen innumerables plantas. A los bosques que se inundan durante las crecidas de ríos de aguas negras, provenientes del drenaje de áreas de suelos de arena blanca, se les conoce como “igapó”; los inundados por aguas turbias “blancas”, como las provenientes del Amazonas mismo, o de sus tributarios, que contienen gran cantidad de sedimentos en suspensión procedentes de los Andes, se les conoce como “várzea”, (“tahuampa” en la “lingua franca” local, derivada del quechua). En términos generales, cerca del 2% de la cuenca del Amazonas consiste de selvas inundables, pero la importancia que éstas tienen para la ecología local excede en mucho a su extensión, pues provee alimento para muchos de los peces del Amazonas; por ejemplo, el 75% del pescado que se vende en Manaos procede de la várzea. Es de notar que, a lo largo de muchos ríos amazónicos, existen franjas de vegetación arbórea en diferentes estados de crecimiento, que complican la visión del sistema. Depósitos aluviales de cierta fertilidad, provenientes de deposiciones recientes de sedimentos andinos, forman terrazas altas, no inundables, donde crece otro tipo especial de selva llamada “restinga”.
En cuanto al número de especies, las desemejanzas entre la vegetación que crece en suelos con diferentes substratos, son notables. A menudo, diversas especies de un mismo género se re-emplazan unas a otras en los distintos substratos. Existen, por supuesto, tendencias más generalizadas. Los bosques sobre los suelos más fértiles presentan un mayor dinamismo, con episodios más frecuentes de caídas de árboles, abertura de claros, y repoblación más rápida. Así mismo, son bosques con mayor profusión (y tamaño) de lianas y bejucos. Al recorrer una gradiente desde el suelo fértil hasta el estéril, se percibe que los distintos hábitats son afectados en forma diferente por la naturaleza del suelo, presentándose menos hierbas en las zonas de extrema infertilidad. Lianas y epífitas son, igualmente, menos numerosas en los bosques sobre suelos pobres, permitiendo una flora compuesta, casi exclusivamente, de especies arbóreas. Se presentan también cambios en la estrategia para la asimilación de nutrientes, según los cuales, unas pocas especies de hongos Micorriza endotrópicos, que en suelos arcillosos ayudan a la nutrición de muchas especies no emparentadas entre sí, son reemplazados por micorriza ectotrópicos, especializados en la nutrición de sólo unas pocas especies arbóreas, especialmente leguminosas cesalpinioideas, en los suelos más estériles. Del mismo modo, la densidad de especies animales y su diversidad, varían en la Amazonia, de acuerdo con las condiciones edáficas. Se presentan más especies y mayor densidad de vertebrados en las áreas de suelos aluviales fértiles de la Amazonia occidental, y menos en las áreas arenosas del escudo continental guayanés, de una gran pobreza en nutrientes. Los pequeños vertebrados están más sujetos a variaciones de esta índole, que los de mayor tamaño, con algunas especies altamente especializadas y sus congéneres simpátricos, la mayoría confinados a los lugares de suelos más favorables.
A pesar de que gran cantidad de las comunidades de plantas que conforman este maremágnum de bosques diferenciados, son pródigas en variedades de especies, no se presentan demasiadas especies de transición entre comunidades vecinas y cada una de ellas aparece evolutivamente bien adaptada a su entorno. De modo que la extremada multiplicidad de hábitats heterogéneos que presenta la Amazonia, se debe, en gran parte, a la fantástica diversidad de su vegetación, en la que cada uno de sus elementos componentes ha encontrado la adaptación exacta a un nicho ambiental específico. Y es en cierto modo paradójico, que aún la singular riqueza en especies arbóreas que contiene la selva amazónica, encuentre su explicación en la heterogeneidad de hábitats.
En tan compleja juxtaposición de hábitats fragmenticios, las especies individuales adaptadas a un determinado hábitat, deben estar sometidas a dispersión en hábitats adyacentes, a los cuales no están bien adaptadas, pero en los que logran sobrevivir de vez en cuando, y a cuya diversidad específica contribuyen en buena medida. En algunas regiones del mundo, como en la América Central, o en gran parte de la Amazonia meridional, donde el mosaico de tipos de vegetación y de distintos substratos edáficos están menos bien delimitados, no existe la posibilidad de este sistema de enriquecimiento botánico, y los bosques están compuestos por un número menor de especies.
La condición única y distintiva de la selva amazónica es su biodiversidad. ¿Cuál es la razón para que la Amazonia tenga tal diversidad de plantas y de animales? Sin duda la clave de la riqueza biológica de esta selva está en la complejidad de su dinámica a través del tiempo, en los aspectos evolutivo y ecológico, y no, como algunos han sugerido, que haya sido siempre una selva primigenia inmutable. Algunos científicos piensan que uno de los factores más influyentes en esa biodiversidad, ha sido la cíclica contracción de la floresta amazónica, con la producción de hábitats insulares durante los períodos secos, asociados con los avances de las glaciaciones pleistocénicas (Refugios Pleistocénicos). Pero lo más importante, es que la Amazonia constituye en la actualidad, un maravilloso caleidoscopio de dinámicos hábitats interactuantes, y que en ninguna otra parte del mundo está este caleidoscopio de hábitats mejor representado que en la Amazonia colombiana.