- Botero esculturas (1998)
- Salmona (1998)
- El sabor de Colombia (1994)
- Wayuú. Cultura del desierto colombiano (1998)
- Semana Santa en Popayán (1999)
- Cartagena de siempre (1992)
- Palacio de las Garzas (1999)
- Juan Montoya (1998)
- Aves de Colombia. Grabados iluminados del Siglo XVIII (1993)
- Alta Colombia. El esplendor de la montaña (1996)
- Artefactos. Objetos artesanales de Colombia (1992)
- Carros. El automovil en Colombia (1995)
- Espacios Comerciales. Colombia (1994)
- Cerros de Bogotá (2000)
- El Terremoto de San Salvador. Narración de un superviviente (2001)
- Manolo Valdés. La intemporalidad del arte (1999)
- Casa de Hacienda. Arquitectura en el campo colombiano (1997)
- Fiestas. Celebraciones y Ritos de Colombia (1995)
- Costa Rica. Pura Vida (2001)
- Luis Restrepo. Arquitectura (2001)
- Ana Mercedes Hoyos. Palenque (2001)
- La Moneda en Colombia (2001)
- Jardines de Colombia (1996)
- Una jornada en Macondo (1995)
- Retratos (1993)
- Atavíos. Raíces de la moda colombiana (1996)
- La ruta de Humboldt. Colombia - Venezuela (1994)
- Trópico. Visiones de la naturaleza colombiana (1997)
- Herederos de los Incas (1996)
- Casa Moderna. Medio siglo de arquitectura doméstica colombiana (1996)
- Bogotá desde el aire (1994)
- La vida en Colombia (1994)
- Casa Republicana. La bella época en Colombia (1995)
- Selva húmeda de Colombia (1990)
- Richter (1997)
- Por nuestros niños. Programas para su Proteccion y Desarrollo en Colombia (1990)
- Mariposas de Colombia (1991)
- Colombia tierra de flores (1990)
- Los países andinos desde el satélite (1995)
- Deliciosas frutas tropicales (1990)
- Arrecifes del Caribe (1988)
- Casa campesina. Arquitectura vernácula de Colombia (1993)
- Páramos (1988)
- Manglares (1989)
- Señor Ladrillo (1988)
- La última muerte de Wozzeck (2000)
- Historia del Café de Guatemala (2001)
- Casa Guatemalteca (1999)
- Silvia Tcherassi (2002)
- Ana Mercedes Hoyos. Retrospectiva (2002)
- Francisco Mejía Guinand (2002)
- Aves del Llano (1992)
- El año que viene vuelvo (1989)
- Museos de Bogotá (1989)
- El arte de la cocina japonesa (1996)
- Botero Dibujos (1999)
- Colombia Campesina (1989)
- Conflicto amazónico. 1932-1934 (1994)
- Débora Arango. Museo de Arte Moderno de Medellín (1986)
- La Sabana de Bogotá (1988)
- Casas de Embajada en Washington D.C. (2004)
- XVI Bienal colombiana de Arquitectura 1998 (1998)
- Visiones del Siglo XX colombiano. A través de sus protagonistas ya muertos (2003)
- Río Bogotá (1985)
- Jacanamijoy (2003)
- Álvaro Barrera. Arquitectura y Restauración (2003)
- Campos de Golf en Colombia (2003)
- Cartagena de Indias. Visión panorámica desde el aire (2003)
- Guadua. Arquitectura y Diseño (2003)
- Enrique Grau. Homenaje (2003)
- Mauricio Gómez. Con la mano izquierda (2003)
- Ignacio Gómez Jaramillo (2003)
- Tesoros del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. 350 años (2003)
- Manos en el arte colombiano (2003)
- Historia de la Fotografía en Colombia. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1983)
- Arenas Betancourt. Un realista más allá del tiempo (1986)
- Los Figueroa. Aproximación a su época y a su pintura (1986)
- Andrés de Santa María (1985)
- Ricardo Gómez Campuzano (1987)
- El encanto de Bogotá (1987)
- Manizales de ayer. Album de fotografías (1987)
- Ramírez Villamizar. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1984)
- La transformación de Bogotá (1982)
- Las fronteras azules de Colombia (1985)
- Botero en el Museo Nacional de Colombia. Nueva donación 2004 (2004)
- Gonzalo Ariza. Pinturas (1978)
- Grau. El pequeño viaje del Barón Von Humboldt (1977)
- Bogotá Viva (2004)
- Albergues del Libertador en Colombia. Banco de la República (1980)
- El Rey triste (1980)
- Gregorio Vásquez (1985)
- Ciclovías. Bogotá para el ciudadano (1983)
- Negret escultor. Homenaje (2004)
- Mefisto. Alberto Iriarte (2004)
- Suramericana. 60 Años de compromiso con la cultura (2004)
- Rostros de Colombia (1985)
- Flora de Los Andes. Cien especies del Altiplano Cundi-Boyacense (1984)
- Casa de Nariño (1985)
- Periodismo gráfico. Círculo de Periodistas de Bogotá (1984)
- Cien años de arte colombiano. 1886 - 1986 (1985)
- Pedro Nel Gómez (1981)
- Colombia amazónica (1988)
- Palacio de San Carlos (1986)
- Veinte años del Sena en Colombia. 1957-1977 (1978)
- Bogotá. Estructura y principales servicios públicos (1978)
- Colombia Parques Naturales (2006)
- Érase una vez Colombia (2005)
- Colombia 360°. Ciudades y pueblos (2006)
- Bogotá 360°. La ciudad interior (2006)
- Guatemala inédita (2006)
- Casa de Recreo en Colombia (2005)
- Manzur. Homenaje (2005)
- Gerardo Aragón (2009)
- Santiago Cárdenas (2006)
- Omar Rayo. Homenaje (2006)
- Beatriz González (2005)
- Casa de Campo en Colombia (2007)
- Luis Restrepo. construcciones (2007)
- Juan Cárdenas (2007)
- Luis Caballero. Homenaje (2007)
- Fútbol en Colombia (2007)
- Cafés de Colombia (2008)
- Colombia es Color (2008)
- Armando Villegas. Homenaje (2008)
- Manuel Hernández (2008)
- Alicia Viteri. Memoria digital (2009)
- Clemencia Echeverri. Sin respuesta (2009)
- Museo de Arte Moderno de Cartagena de Indias (2009)
- Agua. Riqueza de Colombia (2009)
- Volando Colombia. Paisajes (2009)
- Colombia en flor (2009)
- Medellín 360º. Cordial, Pujante y Bella (2009)
- Arte Internacional. Colección del Banco de la República (2009)
- Hugo Zapata (2009)
- Apalaanchi. Pescadores Wayuu (2009)
- Bogotá vuelo al pasado (2010)
- Grabados Antiguos de la Pontificia Universidad Javeriana. Colección Eduardo Ospina S. J. (2010)
- Orquídeas. Especies de Colombia (2010)
- Apartamentos. Bogotá (2010)
- Luis Caballero. Erótico (2010)
- Luis Fernando Peláez (2010)
- Aves en Colombia (2011)
- Pedro Ruiz (2011)
- El mundo del arte en San Agustín (2011)
- Cundinamarca. Corazón de Colombia (2011)
- El hundimiento de los Partidos Políticos Tradicionales venezolanos: El caso Copei (2014)
- Artistas por la paz (1986)
- Reglamento de uniformes, insignias, condecoraciones y distintivos para el personal de la Policía Nacional (2009)
- Historia de Bogotá. Tomo I - Conquista y Colonia (2007)
- Historia de Bogotá. Tomo II - Siglo XIX (2007)
- Academia Colombiana de Jurisprudencia. 125 Años (2019)
- Duque, su presidencia (2022)
La seducción de la línea

Invitación a la danza / 1937 / Fresco / 267 x 300 cm
Sin tìtulo / 1961 / Tinta sobre papel / 49 x 32 cm
Estudio / sf / Carboncillo sobre papel / 80 x 59,5 cm
Los comuneros / sf / Anteproyecto para mural, Acuarela sobre papel / 48 x 42 cm
Estatuas / 1934 / Óleo sobre lienzo / 63,5 x 80 cm
Texto de Juan Gustavo Cobo Borda
Ciudades, selvas, montañas. Retratos, desnudos, pescados. Frescos históricos. Mitología clásica. Abstracciones simbólicas. En todo ello incursionó Gómez Jaramillo, pero dentro de este vasto repertorio temático, siempre se destaca su don para el dibujo.
Una línea limpia, escueta y a la vez dulce, que alcanza su mayor intensidad en los innumerables cuerpos femeninos que extendidos se ofrecen a la mirada admirativa del espectador, del pintor mismo. Una sensualidad directa de flexibles y sinuosas curvas que responde también a una larguísima tradición en el arte: la del desnudo'. Sobre la arena desértica de esas hojas de papel la línea esboza la esbeltez acompasada de una silueta. Forma plena en sí misma, el conjunto conserva la ondulación musical de contornos que entrelazándose con gracia terminan por cerrarse sobre sí mismos, en una suerte de óvalo perfecto. Hay, en todo ello, un trasfondo de geometría sensible. La áurea proporción de una anatomía arquetípica. Como si el artista, sin levantar la mano, hubiese logrado circundar la nada y la volviese apetecible.
Tenue lápiz primero. Enérgica tinta después. El esbozo define la silueta pero a la vez se interroga sobre dicha exploración para, al final, fijarla de modo indeleble. No hay artilugios: solo la emotividad del pulso y la precisión del concepto. Esa espalda, esos glúteos, esas piernas infinitas, esa yacente esfinge, constituyen su mejor rúbrica.
De otra parte, esas gráciles siluetas, ya de pie, o animadas por el fervor de la danza, continúan su diálogo con esa milenaria tradición donde el lápiz busca hacerse música en medio de un escenario doblemente desnudo: el de los cuerpos, el de la atmósfera que los envuelve con su límpido vacío. Precisamente su fresco para el Teatro Colón, del año 1937, señala la pauta: lo que impacta es la contorsión arrebatada de las dos mujeres a las cuales los tenues velos revelan en senos y glúteos. Elementales, rotundas, son ellas las que imantan la vista. Las que dotan de fuego el convencional escenario, con su árbol y su montaña, con la pareja sentada que aún vacila en integrarse a los otros tres participantes ya poseídos por ese demonio que saca al hombre de sí mismo. Invitación a la danza, se titula.
En 1961 Gómez Jaramillo obtuvo el primer premio en la modalidad de dibujo en el XIII Salón de Artistas Nacionales. Allí conviven toros y aves, patos y contornos femeninos, centauros y perfiles dinámicos. Lo que pudiera aludir a una estampa clásica es en realidad la arbitraria fauna de su imaginación. El dibujante que en el cuello inclinado, la agudeza del seno y la rotundidad de la cadera, vuelve a explorar ese gesto detenido que hace eterno el movimiento. Cabellera al viento y perdurabilidad estática de cuerpo griego. Una línea incisiva que enlaza todos los personajes, por más incongruentes que parezcan, gracias a su talento para dibujar. Aquí sí está la unidad que aglutina pero también la vivaz dispersión del mundo con todos sus encantos y misterios equívocos.
Digamos, entonces, que la entrañable y firme base de su arte radica en el dibujo, representado por esa línea fina y envolvente, que distingue todo su periplo y que, ya maduro, le permite reinventarse a sí mismo y redescubrir el juvenil hedonismo de esos cuerpos sin excusas y de esos animales y objetos intrigantes en sí mismos. Por sus formas dignas de una exploración exhaustiva. En el principio y el final de su vida está el dibujo.
Como lo dijo Germán Rubiano Caballero:
A comienzos de los años sesenta, el artista hizo un buen número de dibujos trabajados en plumilla y tinta negra en los que insistió en el tema del desnudo femenino y en un tratamiento de líneas finas, sin sombras, que perfilan las figuras de manera muy sintética, sin dejar de aludir al volumen(2).
Como ya mencionamos, al pasar, varios de sus murales, comprometidos con la mitología indígena o también con la mitología del progreso -agricultura, minería, industriao que abordan hitos de nuestra historia, trascienden las limitaciones de época con la belleza atemporal de sus bocetos. Cuerpos desnudos. Anatomías firmes. Cabezas sólidas, de negra obsidiana. Al estudiarlos, en estos cartones previos, los erigía en absolutos. No cumplían una función pedagógica. No servían a un fin político. Como lo señaló Robert Hughes en El impacto de lo nuevo. El arte en el siglo xx, al referirse a un artista que Gómez Jaramillo admiraba y sobre el cual escribió con tino, nos obliga a reflexionar sobre el destino de todo arte político. Dice Hughes:
Por otra parte, ¿qué ha quedado del arte disidente? Muy poco. Diego Rivera (1886-1957) el prodigiosamente fecundo muralista mexicano que cubrió acres de muros con imágenes de producción y revolución, y tal vez el único artista moderno importante fuera de Alemania y de Rusia consagrado a un arte de elocuencia completamente social, no ha dejado sucesores cuya obra pueda compararse a su propia e inmensa energía. El alcance del arte de Rivera y el prestigio nacional de que aún goza en México tienen su origen en unas circunstancias históricas especiales; las masas mexicanas, igual que las de Rusia, eran preelectrónicas, pocos sabían leer y escribir, y estaban acostumbrados a consultar el arte popular religioso como fuente fundamental de instrucción moral. De otra parte, solo una obra de arte humanitaria y política ha alcanzado una auténtica fama en los últimos cincuenta años: Guernica, de Picasso (1937)(3).
El mismo año, por cierto, en que Gómez Jaramillo realiza en el Teatro Colón su Invitación a la danza, un año antes de sus dos frescos en el Capitolio Nacional: La liberación de los esclavos, La insurrección de los comuneros. Walter Engel, por ejemplo, y en su libro Problemas sociales de las artes plásticas (1946), dirá: "Elocuente intérprete de ideas sociales se muestra Ignacio Gómez Jaramillo en obras como sus frescos del Capitolio y del Teatro Colón de Bogotá" (p. 110).
Las ideas sociales se hacen explícitas en ese "sencillismo" de sus figuras que hablan con elocuencia y vigor, pero que también implican una revaluación histórica de ciertas personalidades preteridas. Alfabetizaban con la pintura. Al dedicarme la edición de 1938 de su libro Los comuneros Germán Arciniegas me escribió en la primera página:
Mi querido Juan Gustavo://
Este libro tiene un mérito: Después del libro de Manuel Briceño, publicado cosa de cien años antes, 1880, el tema de los comuneros no había sido objeto de un libro, y en las historias se trataba muy de paso. Con esta publicación se refresca el tema. La figura de Galán tomó cuerpo. Castro Saavedra escribió un gran canto glorificándolo. Ramón Barba hizo las formidables esculturas en madera que hemos estado negociando para la Casa de los Comuneros. Se elevaron los bronces a Galán y Manuela Beltrán en el Socorro, Charalá y Bucaramanga, Pedro Nel Gómez hizo los frescos que hay en su museo de Medellín. Gómez Jaramillo el retrato que está en el Senado. Fulgencio Gutiérrez y Cárdenas Acosta escribieron volúmenes combatiendo mi libro y siguiéndolos un profesor americano...//
Gómez Jaramillo hacía parte de esa renovación liberal que en el terreno de la cultura cuestionaba la imaginería conservadora, con su énfasis en la Virgen, el Sagrado Corazón, el santoral y la prédica clerical. Ahora se imponía un "santoral" laico. Una corriente independentista, anterior a Bolívar, y una revaluación, típica del grupo de los "Bachués", que buscaba reivindicar las deidades indígenas, sus mitos y cosmología. Esas princesas-diosas, con su media luna de oro en la frente, emergen con un niño de las aguas de la laguna e incluso esas tres cerámicas precolombinas que Gómez Jaramillo utilizó para una naturaleza muerta con un cactus en el centro, antes de que el saqueo indiscriminado de guaqueros y boutiques falsa mente sofisticadas para turistas, deformaran el precioso legado, con su especulación y sus falsificaciones con certificado de garantía. El santuario indígena ya no residía en la naturaleza: estaba en las salas del Museo de Oro4. En el intento, esforzado pero insuficiente de la pintura, por mantenerlo vivo.
Notas
- Kenneth Clark: El desnudo. Madrid, Alianza Forma, 1981. Allí es posible seguir la tradición que estimula a Gómez Jaramillo, en su cultivo del desnudo femenino, desde la Leda de Rafael hasta las Bañistas de Picasso.
- Germán Rubiano Caballero: El dibujo en Colombia, p. 71.
- Robert Hughes: El impacto de lo nuevo. El arte en el siglo xx. Ba rcelona, Círculo de Lectores/Galaxla Gutemberg, 2000, p. 108. La nota de Gómez Jaramillo sobre Rivera está fechada en 1957 y con el título de "Un renacentista de América" se halla incluida en Anotaciones de un pintor. Medellín, Autores Antioqueños No. 39, 1987, pp. 86 a 90. Es una bella semblanza de quien había conocido, en compañía de su tercera esposa, Frida Kahlo, un domingo de 1937, y en quien reconocería generosidad y simpatía, además de sus dotes como pintor, próximas a los intereses del propio Gómez Jaramillo: "dominio de la composición", “sabia geometría”, "rico y equilibrado cromatismo" y "el pigmento ocre de la tierra".
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La seducción de la línea

Invitación a la danza / 1937 / Fresco / 267 x 300 cm

Sin tìtulo / 1961 / Tinta sobre papel / 49 x 32 cm

Estudio / sf / Carboncillo sobre papel / 80 x 59,5 cm

Los comuneros / sf / Anteproyecto para mural, Acuarela sobre papel / 48 x 42 cm

Estatuas / 1934 / Óleo sobre lienzo / 63,5 x 80 cm
Texto de Juan Gustavo Cobo Borda
Ciudades, selvas, montañas. Retratos, desnudos, pescados. Frescos históricos. Mitología clásica. Abstracciones simbólicas. En todo ello incursionó Gómez Jaramillo, pero dentro de este vasto repertorio temático, siempre se destaca su don para el dibujo.
Una línea limpia, escueta y a la vez dulce, que alcanza su mayor intensidad en los innumerables cuerpos femeninos que extendidos se ofrecen a la mirada admirativa del espectador, del pintor mismo. Una sensualidad directa de flexibles y sinuosas curvas que responde también a una larguísima tradición en el arte: la del desnudo'. Sobre la arena desértica de esas hojas de papel la línea esboza la esbeltez acompasada de una silueta. Forma plena en sí misma, el conjunto conserva la ondulación musical de contornos que entrelazándose con gracia terminan por cerrarse sobre sí mismos, en una suerte de óvalo perfecto. Hay, en todo ello, un trasfondo de geometría sensible. La áurea proporción de una anatomía arquetípica. Como si el artista, sin levantar la mano, hubiese logrado circundar la nada y la volviese apetecible.
Tenue lápiz primero. Enérgica tinta después. El esbozo define la silueta pero a la vez se interroga sobre dicha exploración para, al final, fijarla de modo indeleble. No hay artilugios: solo la emotividad del pulso y la precisión del concepto. Esa espalda, esos glúteos, esas piernas infinitas, esa yacente esfinge, constituyen su mejor rúbrica.
De otra parte, esas gráciles siluetas, ya de pie, o animadas por el fervor de la danza, continúan su diálogo con esa milenaria tradición donde el lápiz busca hacerse música en medio de un escenario doblemente desnudo: el de los cuerpos, el de la atmósfera que los envuelve con su límpido vacío. Precisamente su fresco para el Teatro Colón, del año 1937, señala la pauta: lo que impacta es la contorsión arrebatada de las dos mujeres a las cuales los tenues velos revelan en senos y glúteos. Elementales, rotundas, son ellas las que imantan la vista. Las que dotan de fuego el convencional escenario, con su árbol y su montaña, con la pareja sentada que aún vacila en integrarse a los otros tres participantes ya poseídos por ese demonio que saca al hombre de sí mismo. Invitación a la danza, se titula.
En 1961 Gómez Jaramillo obtuvo el primer premio en la modalidad de dibujo en el XIII Salón de Artistas Nacionales. Allí conviven toros y aves, patos y contornos femeninos, centauros y perfiles dinámicos. Lo que pudiera aludir a una estampa clásica es en realidad la arbitraria fauna de su imaginación. El dibujante que en el cuello inclinado, la agudeza del seno y la rotundidad de la cadera, vuelve a explorar ese gesto detenido que hace eterno el movimiento. Cabellera al viento y perdurabilidad estática de cuerpo griego. Una línea incisiva que enlaza todos los personajes, por más incongruentes que parezcan, gracias a su talento para dibujar. Aquí sí está la unidad que aglutina pero también la vivaz dispersión del mundo con todos sus encantos y misterios equívocos.
Digamos, entonces, que la entrañable y firme base de su arte radica en el dibujo, representado por esa línea fina y envolvente, que distingue todo su periplo y que, ya maduro, le permite reinventarse a sí mismo y redescubrir el juvenil hedonismo de esos cuerpos sin excusas y de esos animales y objetos intrigantes en sí mismos. Por sus formas dignas de una exploración exhaustiva. En el principio y el final de su vida está el dibujo.
Como lo dijo Germán Rubiano Caballero:
A comienzos de los años sesenta, el artista hizo un buen número de dibujos trabajados en plumilla y tinta negra en los que insistió en el tema del desnudo femenino y en un tratamiento de líneas finas, sin sombras, que perfilan las figuras de manera muy sintética, sin dejar de aludir al volumen(2).
Como ya mencionamos, al pasar, varios de sus murales, comprometidos con la mitología indígena o también con la mitología del progreso -agricultura, minería, industriao que abordan hitos de nuestra historia, trascienden las limitaciones de época con la belleza atemporal de sus bocetos. Cuerpos desnudos. Anatomías firmes. Cabezas sólidas, de negra obsidiana. Al estudiarlos, en estos cartones previos, los erigía en absolutos. No cumplían una función pedagógica. No servían a un fin político. Como lo señaló Robert Hughes en El impacto de lo nuevo. El arte en el siglo xx, al referirse a un artista que Gómez Jaramillo admiraba y sobre el cual escribió con tino, nos obliga a reflexionar sobre el destino de todo arte político. Dice Hughes:
Por otra parte, ¿qué ha quedado del arte disidente? Muy poco. Diego Rivera (1886-1957) el prodigiosamente fecundo muralista mexicano que cubrió acres de muros con imágenes de producción y revolución, y tal vez el único artista moderno importante fuera de Alemania y de Rusia consagrado a un arte de elocuencia completamente social, no ha dejado sucesores cuya obra pueda compararse a su propia e inmensa energía. El alcance del arte de Rivera y el prestigio nacional de que aún goza en México tienen su origen en unas circunstancias históricas especiales; las masas mexicanas, igual que las de Rusia, eran preelectrónicas, pocos sabían leer y escribir, y estaban acostumbrados a consultar el arte popular religioso como fuente fundamental de instrucción moral. De otra parte, solo una obra de arte humanitaria y política ha alcanzado una auténtica fama en los últimos cincuenta años: Guernica, de Picasso (1937)(3).
El mismo año, por cierto, en que Gómez Jaramillo realiza en el Teatro Colón su Invitación a la danza, un año antes de sus dos frescos en el Capitolio Nacional: La liberación de los esclavos, La insurrección de los comuneros. Walter Engel, por ejemplo, y en su libro Problemas sociales de las artes plásticas (1946), dirá: "Elocuente intérprete de ideas sociales se muestra Ignacio Gómez Jaramillo en obras como sus frescos del Capitolio y del Teatro Colón de Bogotá" (p. 110).
Las ideas sociales se hacen explícitas en ese "sencillismo" de sus figuras que hablan con elocuencia y vigor, pero que también implican una revaluación histórica de ciertas personalidades preteridas. Alfabetizaban con la pintura. Al dedicarme la edición de 1938 de su libro Los comuneros Germán Arciniegas me escribió en la primera página:
Mi querido Juan Gustavo://
Este libro tiene un mérito: Después del libro de Manuel Briceño, publicado cosa de cien años antes, 1880, el tema de los comuneros no había sido objeto de un libro, y en las historias se trataba muy de paso. Con esta publicación se refresca el tema. La figura de Galán tomó cuerpo. Castro Saavedra escribió un gran canto glorificándolo. Ramón Barba hizo las formidables esculturas en madera que hemos estado negociando para la Casa de los Comuneros. Se elevaron los bronces a Galán y Manuela Beltrán en el Socorro, Charalá y Bucaramanga, Pedro Nel Gómez hizo los frescos que hay en su museo de Medellín. Gómez Jaramillo el retrato que está en el Senado. Fulgencio Gutiérrez y Cárdenas Acosta escribieron volúmenes combatiendo mi libro y siguiéndolos un profesor americano...//
Gómez Jaramillo hacía parte de esa renovación liberal que en el terreno de la cultura cuestionaba la imaginería conservadora, con su énfasis en la Virgen, el Sagrado Corazón, el santoral y la prédica clerical. Ahora se imponía un "santoral" laico. Una corriente independentista, anterior a Bolívar, y una revaluación, típica del grupo de los "Bachués", que buscaba reivindicar las deidades indígenas, sus mitos y cosmología. Esas princesas-diosas, con su media luna de oro en la frente, emergen con un niño de las aguas de la laguna e incluso esas tres cerámicas precolombinas que Gómez Jaramillo utilizó para una naturaleza muerta con un cactus en el centro, antes de que el saqueo indiscriminado de guaqueros y boutiques falsa mente sofisticadas para turistas, deformaran el precioso legado, con su especulación y sus falsificaciones con certificado de garantía. El santuario indígena ya no residía en la naturaleza: estaba en las salas del Museo de Oro4. En el intento, esforzado pero insuficiente de la pintura, por mantenerlo vivo.
Notas
- Kenneth Clark: El desnudo. Madrid, Alianza Forma, 1981. Allí es posible seguir la tradición que estimula a Gómez Jaramillo, en su cultivo del desnudo femenino, desde la Leda de Rafael hasta las Bañistas de Picasso.
- Germán Rubiano Caballero: El dibujo en Colombia, p. 71.
- Robert Hughes: El impacto de lo nuevo. El arte en el siglo xx. Ba rcelona, Círculo de Lectores/Galaxla Gutemberg, 2000, p. 108. La nota de Gómez Jaramillo sobre Rivera está fechada en 1957 y con el título de "Un renacentista de América" se halla incluida en Anotaciones de un pintor. Medellín, Autores Antioqueños No. 39, 1987, pp. 86 a 90. Es una bella semblanza de quien había conocido, en compañía de su tercera esposa, Frida Kahlo, un domingo de 1937, y en quien reconocería generosidad y simpatía, además de sus dotes como pintor, próximas a los intereses del propio Gómez Jaramillo: "dominio de la composición", “sabia geometría”, "rico y equilibrado cromatismo" y "el pigmento ocre de la tierra".