- Botero esculturas (1998)
- Salmona (1998)
- El sabor de Colombia (1994)
- Wayuú. Cultura del desierto colombiano (1998)
- Semana Santa en Popayán (1999)
- Cartagena de siempre (1992)
- Palacio de las Garzas (1999)
- Juan Montoya (1998)
- Aves de Colombia. Grabados iluminados del Siglo XVIII (1993)
- Alta Colombia. El esplendor de la montaña (1996)
- Artefactos. Objetos artesanales de Colombia (1992)
- Carros. El automovil en Colombia (1995)
- Espacios Comerciales. Colombia (1994)
- Cerros de Bogotá (2000)
- El Terremoto de San Salvador. Narración de un superviviente (2001)
- Manolo Valdés. La intemporalidad del arte (1999)
- Casa de Hacienda. Arquitectura en el campo colombiano (1997)
- Fiestas. Celebraciones y Ritos de Colombia (1995)
- Costa Rica. Pura Vida (2001)
- Luis Restrepo. Arquitectura (2001)
- Ana Mercedes Hoyos. Palenque (2001)
- La Moneda en Colombia (2001)
- Jardines de Colombia (1996)
- Una jornada en Macondo (1995)
- Retratos (1993)
- Atavíos. Raíces de la moda colombiana (1996)
- La ruta de Humboldt. Colombia - Venezuela (1994)
- Trópico. Visiones de la naturaleza colombiana (1997)
- Herederos de los Incas (1996)
- Casa Moderna. Medio siglo de arquitectura doméstica colombiana (1996)
- Bogotá desde el aire (1994)
- La vida en Colombia (1994)
- Casa Republicana. La bella época en Colombia (1995)
- Selva húmeda de Colombia (1990)
- Richter (1997)
- Por nuestros niños. Programas para su Proteccion y Desarrollo en Colombia (1990)
- Mariposas de Colombia (1991)
- Colombia tierra de flores (1990)
- Los países andinos desde el satélite (1995)
- Deliciosas frutas tropicales (1990)
- Arrecifes del Caribe (1988)
- Casa campesina. Arquitectura vernácula de Colombia (1993)
- Páramos (1988)
- Manglares (1989)
- Señor Ladrillo (1988)
- La última muerte de Wozzeck (2000)
- Historia del Café de Guatemala (2001)
- Casa Guatemalteca (1999)
- Silvia Tcherassi (2002)
- Ana Mercedes Hoyos. Retrospectiva (2002)
- Francisco Mejía Guinand (2002)
- Aves del Llano (1992)
- El año que viene vuelvo (1989)
- Museos de Bogotá (1989)
- El arte de la cocina japonesa (1996)
- Botero Dibujos (1999)
- Colombia Campesina (1989)
- Conflicto amazónico. 1932-1934 (1994)
- Débora Arango. Museo de Arte Moderno de Medellín (1986)
- La Sabana de Bogotá (1988)
- Casas de Embajada en Washington D.C. (2004)
- XVI Bienal colombiana de Arquitectura 1998 (1998)
- Visiones del Siglo XX colombiano. A través de sus protagonistas ya muertos (2003)
- Río Bogotá (1985)
- Jacanamijoy (2003)
- Álvaro Barrera. Arquitectura y Restauración (2003)
- Campos de Golf en Colombia (2003)
- Cartagena de Indias. Visión panorámica desde el aire (2003)
- Guadua. Arquitectura y Diseño (2003)
- Enrique Grau. Homenaje (2003)
- Mauricio Gómez. Con la mano izquierda (2003)
- Ignacio Gómez Jaramillo (2003)
- Tesoros del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. 350 años (2003)
- Manos en el arte colombiano (2003)
- Historia de la Fotografía en Colombia. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1983)
- Arenas Betancourt. Un realista más allá del tiempo (1986)
- Los Figueroa. Aproximación a su época y a su pintura (1986)
- Andrés de Santa María (1985)
- Ricardo Gómez Campuzano (1987)
- El encanto de Bogotá (1987)
- Manizales de ayer. Album de fotografías (1987)
- Ramírez Villamizar. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1984)
- La transformación de Bogotá (1982)
- Las fronteras azules de Colombia (1985)
- Botero en el Museo Nacional de Colombia. Nueva donación 2004 (2004)
- Gonzalo Ariza. Pinturas (1978)
- Grau. El pequeño viaje del Barón Von Humboldt (1977)
- Bogotá Viva (2004)
- Albergues del Libertador en Colombia. Banco de la República (1980)
- El Rey triste (1980)
- Gregorio Vásquez (1985)
- Ciclovías. Bogotá para el ciudadano (1983)
- Negret escultor. Homenaje (2004)
- Mefisto. Alberto Iriarte (2004)
- Suramericana. 60 Años de compromiso con la cultura (2004)
- Rostros de Colombia (1985)
- Flora de Los Andes. Cien especies del Altiplano Cundi-Boyacense (1984)
- Casa de Nariño (1985)
- Periodismo gráfico. Círculo de Periodistas de Bogotá (1984)
- Cien años de arte colombiano. 1886 - 1986 (1985)
- Pedro Nel Gómez (1981)
- Colombia amazónica (1988)
- Palacio de San Carlos (1986)
- Veinte años del Sena en Colombia. 1957-1977 (1978)
- Bogotá. Estructura y principales servicios públicos (1978)
- Colombia Parques Naturales (2006)
- Érase una vez Colombia (2005)
- Colombia 360°. Ciudades y pueblos (2006)
- Bogotá 360°. La ciudad interior (2006)
- Guatemala inédita (2006)
- Casa de Recreo en Colombia (2005)
- Manzur. Homenaje (2005)
- Gerardo Aragón (2009)
- Santiago Cárdenas (2006)
- Omar Rayo. Homenaje (2006)
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- Luis Restrepo. construcciones (2007)
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- Cafés de Colombia (2008)
- Colombia es Color (2008)
- Armando Villegas. Homenaje (2008)
- Manuel Hernández (2008)
- Alicia Viteri. Memoria digital (2009)
- Clemencia Echeverri. Sin respuesta (2009)
- Museo de Arte Moderno de Cartagena de Indias (2009)
- Agua. Riqueza de Colombia (2009)
- Volando Colombia. Paisajes (2009)
- Colombia en flor (2009)
- Medellín 360º. Cordial, Pujante y Bella (2009)
- Arte Internacional. Colección del Banco de la República (2009)
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- Apalaanchi. Pescadores Wayuu (2009)
- Bogotá vuelo al pasado (2010)
- Grabados Antiguos de la Pontificia Universidad Javeriana. Colección Eduardo Ospina S. J. (2010)
- Orquídeas. Especies de Colombia (2010)
- Apartamentos. Bogotá (2010)
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- El mundo del arte en San Agustín (2011)
- Cundinamarca. Corazón de Colombia (2011)
- El hundimiento de los Partidos Políticos Tradicionales venezolanos: El caso Copei (2014)
- Artistas por la paz (1986)
- Reglamento de uniformes, insignias, condecoraciones y distintivos para el personal de la Policía Nacional (2009)
- Historia de Bogotá. Tomo I - Conquista y Colonia (2007)
- Historia de Bogotá. Tomo II - Siglo XIX (2007)
- Academia Colombiana de Jurisprudencia. 125 Años (2019)
- Duque, su presidencia (2022)
Promoción del cultivo del Café en Guatemala, 1831 - 1866

La Plaza de Armas de la ciudad de Guatemala. Grabado en color de George Ackermann, ca. 1827.
Doctor Mariano Gálvez, Jefe de Estado de Guatemala (1831-1838), fomentó el cultivo del café mediante el decreto que ofrecía un premio de 200 pesos al primero en cosechar 100 quintales de café, así como 100 pesos, respectivamente, al segundo, tercero y cuarto en producir los 100 quintales.
José Mariano Rodríguez, hijo de Luciano Rodríguez, quien narra en sus Memorias (1842) que tuvo un plantío de café en la Labor de Mayén, San Miguel Petapa. Su hijo José Mariano Rodríguez (1804-1876), canciller de Guatemala en la época de Rafael Carrera, formó la finca Aceituno en el lugar que actualmente ocupa la Brigada Mariscal Zavala, y en 1874 compró la finca Capetillo. Ambas fincas tenían caña y café.
Indígena barriendo con una cola de venado los insectos de la cochinilla del nopal. La cochinilla es recogida en un comal.
J.J. Alzate, 1777. Biblioteca del Palacio Real, Madrid.
Plantación de nopales para la crianza de cochinilla en el Altiplano central de Guatemala.
Única fotografía existente de una nopalera donde se cosecha cochinilla. En esos años estaba por desaparecer dicho cultivo. Fotografía de Eadweard Muybridge, 1875.
Memoria sobre el cultivo del café, arreglada a la práctica que se observa en Costa Rica (1845), escrita por Manuel Aguilar, socio de la Sociedad Económica, entidad que distribuyó dicho folleto gratuitamente entre las personas interesadas en cultivar café.
Exterior del edificio de la Sociedad Económica. Al ser clausurada en 1881, su edificio fue ocupado por la Asamblea Legislativa, y hasta la fecha se encuentra instalado allí el Congreso de la República. Fotografía de Eadweard Muybridge, 1875
Compañía Belga de Colonización en Santo Tomás, que atrajo a muchos europeos, algunos de los cuales jugaron un papel importante en el cultivo y el beneficio del café.
Anuncio del Café y Posada de Jacobo Fahsen. Gaceta de Guatemala, 4 de julio de 1851.
Anuncio del Café y Posada en Escuintla, de Leandro Arévalo.
Gaceta de Guatemala.
Anuncio de que el Café del Comercio, de José Montiel, se trasladaba al edificio de Variedades; y anuncio de la venta de semilla para la plantación de cafetales, en la casa de Pedro Menocal. Gaceta de Guatemala, febrero de 1859.
Javier du Teil, hermano de Óscar du Teil, franceses que crearon la finca de caña Concepción, en Escuintla, donde luego hicieron experimentos con el cultivo del café.
Julio Rossignon, inmigrante francés que llegó con la Compañía Belga de Colonización a Santo Tomás en 1843; después radicó en Cobán, donde ensayó la siembra de café en la finca Las Victorias y escribió artículos y obras relacionadas con su cultivo.
Porvenir de la Verapaz de la República de Guatemala, Memoria dedicada al Consulado de Comercio de Guatemala (1861), escrita por Julio Rossignon.
Escudo de la Sociedad Económica de Amigos del País, que fomentó activamente el cultivo del café en Guatemala, mediante folletos, formación de almácigos y demostraciones prácticas de su cultivo.
Vista sobre Amatitlán con el río Michatoya. Allí se ensayaron los primeros cultivos de café. Fotografía de Eadweard Muybridge, 1875.
Finca El Injerto, Huehuetenango.
Texto de: Regina Wagner
Después de la independencia, en 1821, El Salvador y Nicaragua continuaron con la producción de añil. Guatemala empezó el cultivo de la cochinilla, que se convirtió en su principal artículo de exportación entre 1840 y 1860, en tanto Costa Rica emprendió el cultivo del café.
De acuerdo con los datos que proporciona el viajero inglés George Alexander Thompson, que llegó hacia 1825 a Guatemala, de los artículos exportados de la República Federal de Centroamérica, la grana o cochinilla encabezaba la lista con un valor de 2.500,000 pesos, le seguía el añil con 2.000,000 pesos, el cacao con 1.500,000 pesos, oro y plata con 1.000,000 pesos, algodón con 500,000 pesos y otros artículos de menor cuantía. Dentro de los valores más bajos figura el café, por el valor de 3,000 pesos, aunque sin especificar de dónde; se supone que probablemente de Costa Rica. En porcentajes, los colorantes constituían el 55%, el cacao 18%, oro y plata 12% y el café apenas 0.04%.
En un capítulo anterior vimos que en Centroamérica se había cultivado café en pequeñas cantidades desde principios del siglo XIX. En Costa Rica, dicha producción adquirió mayor importancia en la década de 1830 y, en la siguiente, se convirtió en un cultivo de gran escala. En 1843 se embarcaron dos millones de libras de café costarricense a Inglaterra por un valor aproximado de 38,000 libras esterlinas. En 1845, de un total de 50 millones de libras de café que entraron al mercado británico, más de siete millones provenían de Costa Rica, valoradas en 120,000 libras esterlinas. Dichas exportaciones se duplicaron en los años siguientes, tanto en cantidad como en valor.
Para los productores centroamericanos, la especialización de su agricultura encontraba justificación por la fuerte demanda y los buenos precios de que gozaban sus productos, sobre todo en el mercado británico. Sin embargo, la invención de los tintes de anilina (aminobenzol) por Sir William Henry Perkin en 1856 y su paulatina y exitosa aplicación al algodón, la lana y el lino, significaron gradualmente el fin de la demanda de añil y de grana, de manera que Guatemala y El Salvador se vieron obligados a dedicarse a otro cultivo de exportación.
Primeros incentivos bajo el gobierno liberal de Mariano Gálvez
Con el ánimo de fomentar la agricultura comercial y favorecer los cultivos no conocidos en Guatemala, el Jefe de Estado de Guatemala Doctor Mariano Gálvez (1831-1838), el 28 de agosto de 1832 decretó exentos del pago de impuestos “los frutos no cultivados antes de ahora y de que se hagan nuevos plantíos, y el café, el añil, el algodón y el achiote cosechados en el estado, por diez años”.
Cuando lluvias anticipadas malograron una tercera parte de la cosecha de grana en 1833, el gobierno liberal galvista pensó en la diversificación agrícola. Para el efecto mandó a traducir del diccionario de ciencias naturales un artículo sobre el cultivo del café y, mediante decreto del 1o de octubre de 1834, creó un aliciente que ofrecía un premio de 200 pesos al primero en cosechar 100 quintales de café y 100 pesos, respectivamente, al segundo, tercero y cuarto que hicieran lo mismo.
Dicho incentivo dio algunos resultados, según ofrece testimonio el Padre Navarro (1868) acerca de lugares en donde se sembraron cafetos y pequeñas plantaciones de café en la década de 1830:
En Villanueva había unos 200 palos de café de 38 años de edad, llamados los gigantes, en una propiedad de don Eusebio Murga, y cada uno rendía una cosecha anual de cerca de un quintal de fruto, igual a 18 libras de café en oro. Del mismo Eusebio Murga era una plantación en Petapa, en el lugar llamado Rincón de la Laguna, en la que don Manuel Palomo Valdez había sembrado hacia 1840 algunos millares de cafetos a su regreso de Cuba.
Famosa era en La Antigua Guatemala la alameda de cafetos del nopal Matambo de don Nazario Luna, llamado “La Felicidad”, con mil árboles que rendían cada año una cosecha de 15 libras de café en oro cada uno. En Pastores, cerca de La Antigua, había un cafeto de 30 años de edad, que producía cada año una cosecha de una arroba de café en oro.
La casa del maestro carpintero Claudio Medina, en San Martín Jilotepeque, tenía un cafeto corpulento y viejo, que había resistido las heladas y los cerdos, y daba fruto; también en la casa de la señora doña Vicenta Medina había un árbol que daba cada año 20 libras de café en oro.
El Trapiche de San Jerónimo, en Salamá, contaba ya en 1843 con un cafeto de seis varas de alto y media de espesor en su tronco. Carl Sapper refiere que en 1842/1843 un colono español llevó plantíos de café a Cobán. Según Navarro, en Cobán, en la casa de doña Felisa Prado, había unos cafetos de 10 varas de alto y una de grosor del tronco, cuyas cosechas eran abundantes. Lo mismo dice de San Cristóbal, Verapaz.
Muy conocidos eran en la capital de Guatemala los cafetos de la fuente del Palacio del Gobierno civil. También había cafetos en varios patios de casas, como en la del célebre Doctor Pedro Molina; en la del señor Benito Jaime en la misma cuadra, siguiente a los muros del Convento de Santa Teresa, que medían seis varas de alto y tres cuartos de circunferencia en su tronco y daban pingües cosechas; igualmente en la huerta lindante al sur con el Convento de Santo Domingo.
En climas cálidos, como el de Escuintla, había cafetos en varias chacras o granjas, especialmente en las de Leandro Arévalo y en las fincas de los señores Tejada, Garnica y Zepeda, en donde los temporalistas se solazaban a la sombra de los cafetos de una edad que coincide con la del expresado decreto.
Cerca de Santa Lucía Cotzumalguapa, en el camino del pueblo a la gran hacienda de Pantaleón, en un sitio perteneciente a don Salvador Lemus, había un cafeto que, 30 años atrás, sirvió de lindero, como consta en la escritura. Debía ser de una edad avanzada y de corpulencia extraordinaria. En el mismo pueblo había otro cafeto de edad y corpulencia asombrosa en la casa de don Luis Aparicio.
En Oriente, a tres leguas de Zacapa, en el paraje del Tasado, hoy San Cayetano, a una temperatura media de 19 grados centígrados, en la finca de don Dolores Cienfuegos existía un cafeto plantado hacía 30 años por el señor don José Peña, de más de seis varas de alto y una de grueso en el tronco, que se cargaba de mucho fruto y daba cosecha por tres meses.
Por el año de 1835 varios hacendados iniciaron el cultivo de café en grande: Marcial Zebadúa, en El Astillero, cerca de Ciudad Vieja; Manuel Larrave, en Medio Monte, a cinco leguas de Alotenango, y el inmigrante alemán Carl Rudolf Klée en su recién adquirida hacienda Ispanguazate, en Escuintla. Luciano Rodríguez –padre de José Mariano Rodríguez (1804-1876), quien fue canciller en la época de Rafael Carrera– también tuvo un cafetal en la Labor de Mayén en 1842. Estos señores “vieron salir de su seno el delicioso licor que da gusto y vida al hombre”.
Sin embargo, todos esos cafetales sembrados en sitios y patios de casas o emprendidos en haciendas “en grande”, probablemente sólo abarcaban unas cuantas manzanas, pues las estadísticas del comercio exterior de Guatemala no indican absolutamente nada sobre exportaciones de café entre 1830 y 1850.
En la década de 1840, Costa Rica empezó a gozar de una creciente prosperidad a causa del comercio del café –“cada campesino tenía su siembra de café y casi toda persona de las clases media y alta poseía su finca”–, lo cual llamó poderosamente la atención de las autoridades del gobierno guatemalteco. Y aun cuando las exportaciones de grana llegaron a abarcar hasta el 93% del total de las exportaciones de Guatemala en esa década, el gobierno conservador creyó conveniente seguir los pasos de Costa Rica.
La Sociedad Económica y el Consulado de Comercio
A pesar que las nopaleras –donde se cultivaba la cochinilla– se convirtieron en “la gallina de los huevos de oro” durante el Régimen Conservador, hasta 1865, el Consulado de Comercio y la Sociedad Económica de Amigos del Estado –entidad dedicada a promover y mejorar la economía, las artes, la educación y la industria–, aunaron esfuerzos y cooperaron en el fomento de la producción de café por varios medios.
En 1845 la Sociedad Económica encomendó a su socio Licenciado Manuel Aguilar, de origen costarricense, elaborar un instructivo que diera a conocer en forma práctica el cultivo del café. Aguilar redactó un cuaderno de 18 hojas, que publicó el Consulado ese mismo año bajo el título Memoria sobre el cultivo del café, arreglada a la práctica que se observa en Costa Rica, que ofreció gratuitamente a las personas que deseaban dedicarse al cultivo del café y carecían del conocimiento para hacerlo.
A su vez, el Consulado de Comercio acordó nombrar una “Comisión de fomento y cultivo del café”, compuesta por dos miembros de la corporación y por tres vecinos que reunieran las condiciones necesarias para el objeto. Dicha Comisión debía ocuparse de poner en ejecución las medidas acordadas por el Consulado: 1. rescatar “todo el café que se presente en venta en esta ciudad y en los departamentos, destinándose para ello dos mil pesos de los fondos del Consulado, fijándose el precio, si está bien seco con las dos cáscaras, cuatro pesos el quintal; con sólo pergamino, seis pesos; y perfectamente limpio, sin quebrar y de buen color, ocho pesos”; 2. comprar una o dos máquinas para la limpia del café, y 3. reimprimir la instrucción o método considerado más apropiado sobre cómo plantar y cultivar el café, para distribuirlo gratis y proporcionar a los cultivadores los conocimientos necesarios.
La Comisión de Fomento y Cultivo del Café se formó con los señores Manuel Larrave y Juan Piñol por el Consulado, y la elección de vecinos recayó en Marcial Zebadúa, Juan Matheu y Dámaso Angulo, quienes procuraron rescatar el café. Sin embargo, la cosecha de 1846 fue deficiente y sólo lograron conseguir unos cuantos quintales. Otra contribución del Consulado en 1854 fue el establecimiento de una escuela de agricultura, dedicada principalmente al cultivo del café, bajo la dirección de José María Aguirre. Asimismo, a instancias de la Sociedad Económica, el Gobierno mandó a traer de Costa Rica 10 máquinas para beneficiar café.
Ignacio Solís informa que en esa época se sembraron cientos de cafetos en las rondas de varias nopaleras de La Antigua Guatemala, Petapa, Villanueva y Amatitlán, así como pequeñas plantaciones en granjas en los alrededores de Escuintla.
A principios de 1847, un vecino de Chiquimula, llamado Fernando Sanchinel, envió unas muestras de café, cacao y cochinilla a la Sociedad Económica. La Comisión encargada de dictaminar se pronunció como sigue: “El café es hermoso y tiene el color verde que da este fruto, por su exquisita calidad”. A raíz de esto, la Sociedad gestionó ante el Consulado y el Gobierno que se promoviera el cultivo de tales productos en el noreste del país.
Renovados impulsos del gobierno
En 1849 cierta enfermedad afectó los insectos de la cochinilla. Al reconocer las autoridades gubernamentales el peligro que conllevaba la dependencia de un solo cultivo, para promover el bien y la prosperidad de la República, decidieron fomentar la diversificación de la agricultura a través del cultivo del café y de la caña de azúcar, sobre todo, porque al puerto de Iztapa concurrían, cada vez más, buques mercantes con mercancías del exterior que, en su retorno, procuraban llevar frutos del país.
Para el efecto, el Presidente Mariano Paredes giró una circular a los corregidores de Sacatepéquez, Amatitlán y Escuintla en mayo de 1851. Por la aparente feracidad de tales terrenos para el cultivo del café, el gobierno ordenaba a las autoridades locales tomar las provisiones pertinentes para que “los pueblos” se dedicaran “a formar plantíos de café”, no sólo por ser este un producto “apetecido en los mercados europeos” y “en las Californias”, sino también porque daría “ocupación a muchos brazos en la agricultura”.
En agosto de 1851 el Gobierno envió una excitativa al Consulado de Comercio para que “por todos los medios que estén a su alcance se impulse la siembra de café, cuyo producto ofrece grandes utilidades… no sólo para la exportación, sino también para el consumo interior”. En diciembre, la Asamblea Legislativa aprobó un aforo de tres pesos por arroba de café importado para frenar su importación y fomentar su cultivo.
“Este ramo de la agricultura, casi descuidado hoy día” –auguraba la Gaceta–, “será quizás dentro de breves años de suma importancia para Guatemala, ya que la caída de la cochinilla que se teme por muchos, hace necesario el ir buscando el artículo o artículos de exportación que deban sustituir al que tan considerable riqueza ha proporcionado a la República”. Por esos años, la Gaceta publicó varios artículos que indicaban cómo cultivar, cosechar y beneficiar el café y cómo preparar la bebida.
Consumo de café en Guatemala
A mediados del siglo XIX ya se consumía café en la ciudad capital y en las principales poblaciones de la República. El quintal de café valía 12 pesos, mientras que el costo de su cultivo y cosecha no llegaba ni a cuatro pesos el quintal. El que se producía en la capital y en La Antigua Guatemala era “de excelente calidad, muy aromático, mantecón y de gusto sabroso”.
Aún no se especulaba con este fruto, pero empezaba a notarse el incremento que había ido tomando el consumo del café. “Ya no se usa como medicina, sino que, al contrario, comienza a temerse su irritación, y eso prueba la ansiedad con que se gusta de esta bebida, casi en toda clase de personas”, decía el periódico semanario La Revista de la Sociedad Económica de Amigos del Estado de Guatemala del 10 de diciembre de 1846. “Para desayunarse, después de comer y en la noche, extranjeros, ricos y pobres, todos usan ya del café en Guatemala, y esto es tanto que el que se cosecha en las inmediaciones, en La Antigua y en la costa todo se trae y no es suficiente para dar abasto”.
El viajero francés Arturo Morelet, que llegó a la ciudad de Guatemala en 1847, se quejaba de la falta de lugares públicos de reunión y diversión, como cafés y gabinetes literarios. En su Viaje a América Central (Yucatán y Guatemala) cuenta que, pocos días antes de su partida, se abrió uno de esos establecimientos, “suceso que hizo sensación en la ciudad”. En efecto, inmigrantes alemanes que arribaron con la Compañía Belga de Colonización a Santo Tomás, antes de sucumbir en la jungla se habían internado y establecido en la capital e introdujeron la cultura europea de beber café en lugares públicos en Guatemala.
Hermann Nicolás Bendfeldt, de Hamburgo, estableció en 1847 el primer café y confitería, la Bola de Oro, en la capital. Cuando en 1852 se inauguró el “camino de rueda” a Amatitlán, Bendfeldt puso allí otro café, en la Calle de los Aceitunos, en donde además de café se servían “dulces, carnes y encurtidos, y muy buena cerveza”, de la misma calidad que en su establecimiento de la capital.
En 1849 el inmigrante alemán Jacobo Fahsen abrió un “café y posada”. Probablemente el viajero alemán Gustav Ferdinand von Tempsky se hospedó en la posada de Fahsen en 1854, y al respecto observa en su obra: “Our host kept a billiard-room, a coffee and drinking-room, and general restaurant. Here the young `men about town’ congregated…”. Morelet comenta que “los jóvenes hablaban ya de civilización y progreso; pero los ancianos meneaban la cabeza con aire de incredulidad, según su costumbre desde el tiempo de Homero”.
La Guía de Forasteros de 1853 menciona que en la ciudad de Guatemala había cuatro cafés, los cuales especifica en su edición de 1858, como sigue: 1. un café y casa de posada del Comercio, en la Calle del Hospital, cerca del Carmen; 2. un café y restaurante de Mr. Bertholin, en la Calle de Jocotenango; 3. el café, cervecería y billar de Bendfeldt, y 4. un café y billar en el Callejón del Mesón de Córdova, en el Variedades, un local que tenía un café, un billar, un asiento de gallos y un teatro. Hasta en Escuintla había un “café y posada” en la casa del cafetalero Leandro Arévalo, el mismo que menciona Navarro. Esto confirma que el uso del café como bebida popular empezaba a consolidarse.
La decadencia de la cochinilla
Como relata von Tempsky, en el café con billar se reunían los jóvenes de la ciudad. “The better amongst them will engage in the supervision of their haciendas de añil and haciendas de grana, which form the staple articles for export from Guatemala”. En 1851 la producción de cochinilla alcanzó la enorme cantidad de 2.041,150 libras de grana, que importó un valor de 1.231,780 pesos. Sin embargo, las lluvias torrenciales de los años 1852 y 1853 redujeron las cosechas de este producto a 680,100 y 325,450 libras, respectivamente, además de una enfermedad que afectaba al insecto. Las quiebras fueron terribles y el país se sumió en una profunda crisis económica y financiera general, pues también escasearon los alimentos básicos.
Ante el decaimiento de la cochinilla, el Gobierno advirtió la seriedad del asunto e instó a los vecinos a que aprovecharan sus solares y sembraran café en los mismos. En varios artículos de la Gaceta de 1853 se explicaba –conforme al instructivo de Manuel Aguilar– cómo plantar y cuidar los almácigos. Un terreno bien utilizado en la ciudad, de 40 varas de cada lado, con 17 hileras de a 18 cafetos a una distancia de 2.5 varas, podía producir unos 13 quintales en tres a cuatro años, que rendían utilidades como para mantener a una familia pobre, ocupando ésta sólo una décima parte de su tiempo en la tarea. El artículo también advertía que no se debía temer la falta de compradores, porque no sólo había gran consumo de café en el país, sino también estaba cerca el embarcadero de Iztapa, a donde el envío de una carretada costaba 10 pesos, o sea cuatro reales el quintal, y en Iztapa se vendía a mejor precio.
Para estimular y proteger la producción de café, la Cámara de Representantes decretó, el 4 de mayo de 1853, la concesión por el tesoro público de una gratificación a los agricultores que se dedicaran a la siembra y cultivo del café, consistente en un premio de 25 pesos por cada mil árboles plantados y en estado de cosecha, y un premio de dos pesos por cada quintal de café exportado durante el término de 10 años. En el mismo decreto, el gobierno anunciaba que procuraría hacer traer 10 máquinas de descascarar y limpiar café, las que se colocarían en los lugares más convenientes para beneficiar el café de los pequeños cosecheros.
Pero a pesar de las malas cosechas de 1852 y 1853, el “furor por la grana” se encendió de nuevo y la producción de cochinilla de 1854 rebasó la cifra récord de 2.587,200 lbs., valorada en 1.757,500 pesos. No obstante, por esos años hubo algunas quiebras que obligaron a muchos a deshacerse de sus nopaleras en La Antigua, Villanueva, Amatitlán, Petapa y Escuintla, según atestiguan varios anuncios en la Gaceta, haciendo la salvedad de que sus terrenos eran aptos para el cultivo del café.
Otro tanto hizo la Iglesia Católica de Guatemala en 1857, cuando decidió proteger y fomentar el nuevo cultivo. El 22 de abril el Arzobispo autorizó reducir la contribución del diezmo sobre el café al 1% por espacio de 10 años.
Demostraciones prácticas del cultivo del café
Ante la apremiante situación de decadencia de la cochinilla y las experiencias desastrosas del cultivo de café en áreas cálidas de Suchitepéquez, en donde se sacrificaron plantaciones de cacao de mucho valor, el Consulado se preocupó de nuevo por dar a conocer los rudimentos de la caficultura. Para ello contrató en 1856 el trapiche llamado antes “De Monroy”, en Escuintla, en donde su propietario, el costarricense Cipriano Alvarado, había concluido la siembra de café e invitaba a las personas que deseaban dedicarse al cultivo del café a visitar su finca “El Modelo”. La idea era dar a conocer en forma práctica el cultivo desde la formación de los semilleros, los almácigos y tapavientos, hasta la operación de la plantación, los resultados, las utilidades y la seguridad positiva del empresario.
En 1854 los hermanos franceses Barones Óscar y Javier du Teil, propietarios de la finca “Concepción” en Escuintla, iniciaron el cultivo del café y –como personas inexpertas– tropezaron con muchas dificultades por el desconocimiento de este ramo agrícola en el país. Los libros europeos que solicitaron para conocer los aspectos teóricos y prácticos de los diferentes modos de plantación les dieron “únicamente algunos datos indeterminados y nunca una instrucción suficiente y practicable”, mientras que los libros españoles de Cuba sólo publicaban “formularios lacónicos” que no indicaban cómo hacer el trasplante del cafeto, qué abrigos le eran indispensables, cómo hacer la poda del árbol, el riego de las plantaciones y el abono o mejoramiento de las tierras, cuestiones todas que consideraron “de la mayor importancia y las únicas que en realidad son fundamentales para el cultivo del cafeto”. Sin embargo, después de haber esperado algunos años fortalecieron sus experiencias por medio de sus ensayos y al obtener resultados positivos les pedían informes con frecuencia sobre el particular tanto la Sociedad Económica como algunos corregidores de los departamentos y personas particulares.
De tal cuenta, en 1861 la Sociedad Económica, a través de su Secretario Enrique Palacios, elaboró una memoria sobre el cultivo del café en Escuintla, basada en la información proporcionada por los celosos e ilustrados consocios, los señores Du Teil, cuya plantación consistía de un total de 110,000 árboles: 25,000 sembrados en 1856; 75,000 en 1858 y 10,000 en 1859. Siguiendo un sistema de calza y poda aplicada a los árboles más jóvenes de la plantación, los resultados de los primeros 25,000 cafetos fueron halagüeños: en 1861 rindieron 4,300 cajas o medias fanegas de fruto verde, habiendo demostrado la experiencia “que 7 cajas o medias fanegas producen un quintal de café seco, o sea cerca de 490 libras de grano cereza, por 100 libras de café seco y limpio”.
Más adelante, los hermanos Du Teil, por encargo de la Sociedad Económica, redactaron el resultado de sus conocimientos útiles y del todo prácticos en la Revista de la Sociedad en 1869, en tres entregas, sobre el cultivo, la cosecha y el beneficio del café, aunque en ella reconocen que carecen de la ciencia y de los puntos de comparación suficientes como para hacer de ello una obra formal, y que lo que ellos escriben se aplica más a las mesetas y los valles elevados como el de La Antigua, Petapa y otros análogos. Los hermanos Du Teil dedicaron la pequeña obra al Excelentísimo Señor Presidente Don Rafael Carrera, por haber sabido afianzar el orden y la seguridad de los Departamentos desde hacía más de 10 años, haciendo “constar que los cafetales que hoy día sirven de ejemplo y estímulo a las Repúblicas vecinas son debidos a la iniciativa benéfica del Presidente y del Supremo Gobierno de Guatemala”, tanto por el fomento como por el trabajo inteligente y la perseverancia de algunos particulares. La obra fue traducida por Enrique Palacios del francés al español y publicada en la Revista de la Sociedad, en 1866, a fin de que la conocieran los agricultores.
En otras regiones del país, como la Verapaz, el francés Julio Rossignon cultivó y benefició café en su finca “Las Victorias”. Este ex catedrático de Ciencias Naturales de la Universidad de París, quien llegó a Guatemala como director de los trabajos científicos de la colonia de Santo Tomás, en 1843, publicó en 1861 una memoria dedicada al Consulado de Comercio, titulada Porvenir de la Verapaz en la República de Guatemala, en la que afirma que “los cafetales de la Alta Verapaz se desarrollan con menos velocidad que en las costas, pero los arbustos son más copados, más fuertes y mucho más cargados”. Señala, además, que en la parte este de la Alta Verapaz, en dirección hacia el río Polochic, se obtienen cosechas más pronto. Rossignon publicó una serie de artículos en la Gaceta (“Algo más sobre el cultivo del café en la República de Guatemala - Cobán”, 6/7/1860) y escribió un Manual del cultivo del café, cacao, vainilla y tabaco en la América española, en 1869, que fue reimpreso varias veces.
En 1867 Julio Rossignon y Juan J. Rodríguez participaron como expositores nacionales en la Exposición Internacional de París, en la que obtuvieron un premio por el buen café que presentaron en dicha feria.
La calidad del café guatemalteco
Sobre la calidad del café de Guatemala, Rossignon opinaba que el café cosechado en plena madurez en las zonas frías y templadas de Guatemala era “tan bueno como el mejor”. También sostenía que “el café que crece en las inmediaciones de Guatemala ha sido probado por muchos conocedores en Francia, que han quedado admirados al saber que no procedía de Borbón o de Moka”.
La calidad del café de Alta Verapaz, elaborado más despacio, era innegablemente superior. “El café de Cobán”, decía Rossignon, “apreciado ya en Europa, será, a pesar de todo lo que se ha dicho, uno de los mejores de Centro América”, porque “crece con menos prontitud que en la costa, pero es más vigoroso, se carga más y dura mucho más tiempo”.
Esto lo confirmó un comerciante acreditado en Liverpool, con mucho conocimiento del comercio y valor de los frutos que allí llamaban coloniales, el cual, al recibir una muestra de café de Cobán en 1860, comentó a la persona que se lo envió, “que este fruto es de superior calidad y puede venderse en cualquier cantidad a 22 pesos el quintal de 112 libras en depósito”, un precio mayor que el que se obtenía por el café de Costa Rica.
Formación de semilleros e incremento de las plantaciones
En 1862 y 1863 la Sociedad Económica continuó su empeño por fomentar el cultivo del café mediante la formación de semilleros o almácigos (depósito general de plantitas que se siembran para trasplantarlas después de un año), así como la compra y distribución gratuita de plantitas de café entre las personas carentes de recursos. Su socio activo Manuel Larrave se encargó de crear grandes semilleros en Guatemala y Amatitlán, y luego recorrió con Juan Matheu, Felipe Andreu y otros miembros de la Sociedad Económica los barrios y suburbios de la capital, en donde se ofrecieron plantitas a los dueños de solares desocupados a la vez que daban instrucciones de cómo sembrar y cultivar el café.
En su afán por multiplicar los viveros y repartir almácigos, la Sociedad ofreció a otros departamentos los fondos necesarios para crearlos, pero el interés en la oferta capitalina fue más grande que el interés en la demanda de la población local, por lo que sus socios propagaron el cultivo del café en diversos puntos de la República sólo cuando la situación era propicia. En Santa Rosa se logró este cometido con eficacia, gracias a los oficios del corregidor Luis Arrivillaga.
En la década de 1860, las plantaciones de café comenzaron a adquirir importancia en Petapa, Cobán, Escuintla y Suchitepéquez. En 1862 las estadísticas oficiales sumaban un total de 5.543,110 cafetos de diversas edades en toda la República, distribuidos en los siguientes departamentos, como sigue:Departamento | Cafetos | Nº de Fincas |
Suchitepéquez | 1.087,006 | 86 |
Escuintla | 806,649 | - |
Amatitlán | 710,604 | 92 |
Guatemala | 286,763 | - |
Santa Rosa | 263,533 | 95 |
Jutiapa | 197,500 | - |
Sacatepéquez | 119,835 | - |
Verapaz | 2.071,220 | 75 |
Total | 5.543,110 |
Fuente: Gaceta de Guatemala, 23/5/1862, 12/6, 14/7, 22/7, 18/10/1862.
- dato no disponible
La totalidad de los cafetos comprendían las siguientes edades:
Fructificando | 2.000,000 |
Trasplantados | 1.500,000 |
En almácigos | 3.000,000 |
Sólo en la región de la Verapaz, 73 personas se dedicaban al cultivo de café, en 75 fincas: 39 en Cobán, 32 en San Pedro Carchá y 4 en San Miguel Tucurú. En corto tiempo, la formación de cafetales se extendió a otros departamentos, como Chiquimula, Chimaltenango y Los Altos.
La producción de café de Guatemala, que se inició en la década de 1850 en gran escala en el área de Guatemala-Escuintla, dio lugar a grandes plantaciones en la década de 1860 en las dos áreas o cinturones principales, que son la bocacosta del litoral del Pacífico, desde Santa Rosa hasta la frontera mexicana, y la región de la Verapaz.
El desarrollo de dicho cultivo aumentó con la rapidez de un rayo en muchas partes de la República y continuó cada día con más vigor. Hacia 1866, extensas porciones del territorio guatemalteco, antes abandonadas, estaban destinadas al cultivo del café y, en consecuencia, las exportaciones del grano fueron creciendo año con año.
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Promoción del cultivo del Café en Guatemala, 1831 - 1866

La Plaza de Armas de la ciudad de Guatemala. Grabado en color de George Ackermann, ca. 1827.

Doctor Mariano Gálvez, Jefe de Estado de Guatemala (1831-1838), fomentó el cultivo del café mediante el decreto que ofrecía un premio de 200 pesos al primero en cosechar 100 quintales de café, así como 100 pesos, respectivamente, al segundo, tercero y cuarto en producir los 100 quintales.

José Mariano Rodríguez, hijo de Luciano Rodríguez, quien narra en sus Memorias (1842) que tuvo un plantío de café en la Labor de Mayén, San Miguel Petapa. Su hijo José Mariano Rodríguez (1804-1876), canciller de Guatemala en la época de Rafael Carrera, formó la finca Aceituno en el lugar que actualmente ocupa la Brigada Mariscal Zavala, y en 1874 compró la finca Capetillo. Ambas fincas tenían caña y café.

Indígena barriendo con una cola de venado los insectos de la cochinilla del nopal. La cochinilla es recogida en un comal. J.J. Alzate, 1777. Biblioteca del Palacio Real, Madrid.

Plantación de nopales para la crianza de cochinilla en el Altiplano central de Guatemala. Única fotografía existente de una nopalera donde se cosecha cochinilla. En esos años estaba por desaparecer dicho cultivo. Fotografía de Eadweard Muybridge, 1875.

Memoria sobre el cultivo del café, arreglada a la práctica que se observa en Costa Rica (1845), escrita por Manuel Aguilar, socio de la Sociedad Económica, entidad que distribuyó dicho folleto gratuitamente entre las personas interesadas en cultivar café.

Exterior del edificio de la Sociedad Económica. Al ser clausurada en 1881, su edificio fue ocupado por la Asamblea Legislativa, y hasta la fecha se encuentra instalado allí el Congreso de la República. Fotografía de Eadweard Muybridge, 1875

Compañía Belga de Colonización en Santo Tomás, que atrajo a muchos europeos, algunos de los cuales jugaron un papel importante en el cultivo y el beneficio del café.

Anuncio del Café y Posada de Jacobo Fahsen. Gaceta de Guatemala, 4 de julio de 1851.

Anuncio del Café y Posada en Escuintla, de Leandro Arévalo. Gaceta de Guatemala.

Anuncio de que el Café del Comercio, de José Montiel, se trasladaba al edificio de Variedades; y anuncio de la venta de semilla para la plantación de cafetales, en la casa de Pedro Menocal. Gaceta de Guatemala, febrero de 1859.

Javier du Teil, hermano de Óscar du Teil, franceses que crearon la finca de caña Concepción, en Escuintla, donde luego hicieron experimentos con el cultivo del café.

Julio Rossignon, inmigrante francés que llegó con la Compañía Belga de Colonización a Santo Tomás en 1843; después radicó en Cobán, donde ensayó la siembra de café en la finca Las Victorias y escribió artículos y obras relacionadas con su cultivo.

Porvenir de la Verapaz de la República de Guatemala, Memoria dedicada al Consulado de Comercio de Guatemala (1861), escrita por Julio Rossignon.

Escudo de la Sociedad Económica de Amigos del País, que fomentó activamente el cultivo del café en Guatemala, mediante folletos, formación de almácigos y demostraciones prácticas de su cultivo.

Vista sobre Amatitlán con el río Michatoya. Allí se ensayaron los primeros cultivos de café. Fotografía de Eadweard Muybridge, 1875.

Finca El Injerto, Huehuetenango.
Texto de: Regina Wagner
Después de la independencia, en 1821, El Salvador y Nicaragua continuaron con la producción de añil. Guatemala empezó el cultivo de la cochinilla, que se convirtió en su principal artículo de exportación entre 1840 y 1860, en tanto Costa Rica emprendió el cultivo del café.
De acuerdo con los datos que proporciona el viajero inglés George Alexander Thompson, que llegó hacia 1825 a Guatemala, de los artículos exportados de la República Federal de Centroamérica, la grana o cochinilla encabezaba la lista con un valor de 2.500,000 pesos, le seguía el añil con 2.000,000 pesos, el cacao con 1.500,000 pesos, oro y plata con 1.000,000 pesos, algodón con 500,000 pesos y otros artículos de menor cuantía. Dentro de los valores más bajos figura el café, por el valor de 3,000 pesos, aunque sin especificar de dónde; se supone que probablemente de Costa Rica. En porcentajes, los colorantes constituían el 55%, el cacao 18%, oro y plata 12% y el café apenas 0.04%.
En un capítulo anterior vimos que en Centroamérica se había cultivado café en pequeñas cantidades desde principios del siglo XIX. En Costa Rica, dicha producción adquirió mayor importancia en la década de 1830 y, en la siguiente, se convirtió en un cultivo de gran escala. En 1843 se embarcaron dos millones de libras de café costarricense a Inglaterra por un valor aproximado de 38,000 libras esterlinas. En 1845, de un total de 50 millones de libras de café que entraron al mercado británico, más de siete millones provenían de Costa Rica, valoradas en 120,000 libras esterlinas. Dichas exportaciones se duplicaron en los años siguientes, tanto en cantidad como en valor.
Para los productores centroamericanos, la especialización de su agricultura encontraba justificación por la fuerte demanda y los buenos precios de que gozaban sus productos, sobre todo en el mercado británico. Sin embargo, la invención de los tintes de anilina (aminobenzol) por Sir William Henry Perkin en 1856 y su paulatina y exitosa aplicación al algodón, la lana y el lino, significaron gradualmente el fin de la demanda de añil y de grana, de manera que Guatemala y El Salvador se vieron obligados a dedicarse a otro cultivo de exportación.
Primeros incentivos bajo el gobierno liberal de Mariano Gálvez
Con el ánimo de fomentar la agricultura comercial y favorecer los cultivos no conocidos en Guatemala, el Jefe de Estado de Guatemala Doctor Mariano Gálvez (1831-1838), el 28 de agosto de 1832 decretó exentos del pago de impuestos “los frutos no cultivados antes de ahora y de que se hagan nuevos plantíos, y el café, el añil, el algodón y el achiote cosechados en el estado, por diez años”.
Cuando lluvias anticipadas malograron una tercera parte de la cosecha de grana en 1833, el gobierno liberal galvista pensó en la diversificación agrícola. Para el efecto mandó a traducir del diccionario de ciencias naturales un artículo sobre el cultivo del café y, mediante decreto del 1o de octubre de 1834, creó un aliciente que ofrecía un premio de 200 pesos al primero en cosechar 100 quintales de café y 100 pesos, respectivamente, al segundo, tercero y cuarto que hicieran lo mismo.
Dicho incentivo dio algunos resultados, según ofrece testimonio el Padre Navarro (1868) acerca de lugares en donde se sembraron cafetos y pequeñas plantaciones de café en la década de 1830:
En Villanueva había unos 200 palos de café de 38 años de edad, llamados los gigantes, en una propiedad de don Eusebio Murga, y cada uno rendía una cosecha anual de cerca de un quintal de fruto, igual a 18 libras de café en oro. Del mismo Eusebio Murga era una plantación en Petapa, en el lugar llamado Rincón de la Laguna, en la que don Manuel Palomo Valdez había sembrado hacia 1840 algunos millares de cafetos a su regreso de Cuba.
Famosa era en La Antigua Guatemala la alameda de cafetos del nopal Matambo de don Nazario Luna, llamado “La Felicidad”, con mil árboles que rendían cada año una cosecha de 15 libras de café en oro cada uno. En Pastores, cerca de La Antigua, había un cafeto de 30 años de edad, que producía cada año una cosecha de una arroba de café en oro.
La casa del maestro carpintero Claudio Medina, en San Martín Jilotepeque, tenía un cafeto corpulento y viejo, que había resistido las heladas y los cerdos, y daba fruto; también en la casa de la señora doña Vicenta Medina había un árbol que daba cada año 20 libras de café en oro.
El Trapiche de San Jerónimo, en Salamá, contaba ya en 1843 con un cafeto de seis varas de alto y media de espesor en su tronco. Carl Sapper refiere que en 1842/1843 un colono español llevó plantíos de café a Cobán. Según Navarro, en Cobán, en la casa de doña Felisa Prado, había unos cafetos de 10 varas de alto y una de grosor del tronco, cuyas cosechas eran abundantes. Lo mismo dice de San Cristóbal, Verapaz.
Muy conocidos eran en la capital de Guatemala los cafetos de la fuente del Palacio del Gobierno civil. También había cafetos en varios patios de casas, como en la del célebre Doctor Pedro Molina; en la del señor Benito Jaime en la misma cuadra, siguiente a los muros del Convento de Santa Teresa, que medían seis varas de alto y tres cuartos de circunferencia en su tronco y daban pingües cosechas; igualmente en la huerta lindante al sur con el Convento de Santo Domingo.
En climas cálidos, como el de Escuintla, había cafetos en varias chacras o granjas, especialmente en las de Leandro Arévalo y en las fincas de los señores Tejada, Garnica y Zepeda, en donde los temporalistas se solazaban a la sombra de los cafetos de una edad que coincide con la del expresado decreto.
Cerca de Santa Lucía Cotzumalguapa, en el camino del pueblo a la gran hacienda de Pantaleón, en un sitio perteneciente a don Salvador Lemus, había un cafeto que, 30 años atrás, sirvió de lindero, como consta en la escritura. Debía ser de una edad avanzada y de corpulencia extraordinaria. En el mismo pueblo había otro cafeto de edad y corpulencia asombrosa en la casa de don Luis Aparicio.
En Oriente, a tres leguas de Zacapa, en el paraje del Tasado, hoy San Cayetano, a una temperatura media de 19 grados centígrados, en la finca de don Dolores Cienfuegos existía un cafeto plantado hacía 30 años por el señor don José Peña, de más de seis varas de alto y una de grueso en el tronco, que se cargaba de mucho fruto y daba cosecha por tres meses.
Por el año de 1835 varios hacendados iniciaron el cultivo de café en grande: Marcial Zebadúa, en El Astillero, cerca de Ciudad Vieja; Manuel Larrave, en Medio Monte, a cinco leguas de Alotenango, y el inmigrante alemán Carl Rudolf Klée en su recién adquirida hacienda Ispanguazate, en Escuintla. Luciano Rodríguez –padre de José Mariano Rodríguez (1804-1876), quien fue canciller en la época de Rafael Carrera– también tuvo un cafetal en la Labor de Mayén en 1842. Estos señores “vieron salir de su seno el delicioso licor que da gusto y vida al hombre”.
Sin embargo, todos esos cafetales sembrados en sitios y patios de casas o emprendidos en haciendas “en grande”, probablemente sólo abarcaban unas cuantas manzanas, pues las estadísticas del comercio exterior de Guatemala no indican absolutamente nada sobre exportaciones de café entre 1830 y 1850.
En la década de 1840, Costa Rica empezó a gozar de una creciente prosperidad a causa del comercio del café –“cada campesino tenía su siembra de café y casi toda persona de las clases media y alta poseía su finca”–, lo cual llamó poderosamente la atención de las autoridades del gobierno guatemalteco. Y aun cuando las exportaciones de grana llegaron a abarcar hasta el 93% del total de las exportaciones de Guatemala en esa década, el gobierno conservador creyó conveniente seguir los pasos de Costa Rica.
La Sociedad Económica y el Consulado de Comercio
A pesar que las nopaleras –donde se cultivaba la cochinilla– se convirtieron en “la gallina de los huevos de oro” durante el Régimen Conservador, hasta 1865, el Consulado de Comercio y la Sociedad Económica de Amigos del Estado –entidad dedicada a promover y mejorar la economía, las artes, la educación y la industria–, aunaron esfuerzos y cooperaron en el fomento de la producción de café por varios medios.
En 1845 la Sociedad Económica encomendó a su socio Licenciado Manuel Aguilar, de origen costarricense, elaborar un instructivo que diera a conocer en forma práctica el cultivo del café. Aguilar redactó un cuaderno de 18 hojas, que publicó el Consulado ese mismo año bajo el título Memoria sobre el cultivo del café, arreglada a la práctica que se observa en Costa Rica, que ofreció gratuitamente a las personas que deseaban dedicarse al cultivo del café y carecían del conocimiento para hacerlo.
A su vez, el Consulado de Comercio acordó nombrar una “Comisión de fomento y cultivo del café”, compuesta por dos miembros de la corporación y por tres vecinos que reunieran las condiciones necesarias para el objeto. Dicha Comisión debía ocuparse de poner en ejecución las medidas acordadas por el Consulado: 1. rescatar “todo el café que se presente en venta en esta ciudad y en los departamentos, destinándose para ello dos mil pesos de los fondos del Consulado, fijándose el precio, si está bien seco con las dos cáscaras, cuatro pesos el quintal; con sólo pergamino, seis pesos; y perfectamente limpio, sin quebrar y de buen color, ocho pesos”; 2. comprar una o dos máquinas para la limpia del café, y 3. reimprimir la instrucción o método considerado más apropiado sobre cómo plantar y cultivar el café, para distribuirlo gratis y proporcionar a los cultivadores los conocimientos necesarios.
La Comisión de Fomento y Cultivo del Café se formó con los señores Manuel Larrave y Juan Piñol por el Consulado, y la elección de vecinos recayó en Marcial Zebadúa, Juan Matheu y Dámaso Angulo, quienes procuraron rescatar el café. Sin embargo, la cosecha de 1846 fue deficiente y sólo lograron conseguir unos cuantos quintales. Otra contribución del Consulado en 1854 fue el establecimiento de una escuela de agricultura, dedicada principalmente al cultivo del café, bajo la dirección de José María Aguirre. Asimismo, a instancias de la Sociedad Económica, el Gobierno mandó a traer de Costa Rica 10 máquinas para beneficiar café.
Ignacio Solís informa que en esa época se sembraron cientos de cafetos en las rondas de varias nopaleras de La Antigua Guatemala, Petapa, Villanueva y Amatitlán, así como pequeñas plantaciones en granjas en los alrededores de Escuintla.
A principios de 1847, un vecino de Chiquimula, llamado Fernando Sanchinel, envió unas muestras de café, cacao y cochinilla a la Sociedad Económica. La Comisión encargada de dictaminar se pronunció como sigue: “El café es hermoso y tiene el color verde que da este fruto, por su exquisita calidad”. A raíz de esto, la Sociedad gestionó ante el Consulado y el Gobierno que se promoviera el cultivo de tales productos en el noreste del país.
Renovados impulsos del gobierno
En 1849 cierta enfermedad afectó los insectos de la cochinilla. Al reconocer las autoridades gubernamentales el peligro que conllevaba la dependencia de un solo cultivo, para promover el bien y la prosperidad de la República, decidieron fomentar la diversificación de la agricultura a través del cultivo del café y de la caña de azúcar, sobre todo, porque al puerto de Iztapa concurrían, cada vez más, buques mercantes con mercancías del exterior que, en su retorno, procuraban llevar frutos del país.
Para el efecto, el Presidente Mariano Paredes giró una circular a los corregidores de Sacatepéquez, Amatitlán y Escuintla en mayo de 1851. Por la aparente feracidad de tales terrenos para el cultivo del café, el gobierno ordenaba a las autoridades locales tomar las provisiones pertinentes para que “los pueblos” se dedicaran “a formar plantíos de café”, no sólo por ser este un producto “apetecido en los mercados europeos” y “en las Californias”, sino también porque daría “ocupación a muchos brazos en la agricultura”.
En agosto de 1851 el Gobierno envió una excitativa al Consulado de Comercio para que “por todos los medios que estén a su alcance se impulse la siembra de café, cuyo producto ofrece grandes utilidades… no sólo para la exportación, sino también para el consumo interior”. En diciembre, la Asamblea Legislativa aprobó un aforo de tres pesos por arroba de café importado para frenar su importación y fomentar su cultivo.
“Este ramo de la agricultura, casi descuidado hoy día” –auguraba la Gaceta–, “será quizás dentro de breves años de suma importancia para Guatemala, ya que la caída de la cochinilla que se teme por muchos, hace necesario el ir buscando el artículo o artículos de exportación que deban sustituir al que tan considerable riqueza ha proporcionado a la República”. Por esos años, la Gaceta publicó varios artículos que indicaban cómo cultivar, cosechar y beneficiar el café y cómo preparar la bebida.
Consumo de café en Guatemala
A mediados del siglo XIX ya se consumía café en la ciudad capital y en las principales poblaciones de la República. El quintal de café valía 12 pesos, mientras que el costo de su cultivo y cosecha no llegaba ni a cuatro pesos el quintal. El que se producía en la capital y en La Antigua Guatemala era “de excelente calidad, muy aromático, mantecón y de gusto sabroso”.
Aún no se especulaba con este fruto, pero empezaba a notarse el incremento que había ido tomando el consumo del café. “Ya no se usa como medicina, sino que, al contrario, comienza a temerse su irritación, y eso prueba la ansiedad con que se gusta de esta bebida, casi en toda clase de personas”, decía el periódico semanario La Revista de la Sociedad Económica de Amigos del Estado de Guatemala del 10 de diciembre de 1846. “Para desayunarse, después de comer y en la noche, extranjeros, ricos y pobres, todos usan ya del café en Guatemala, y esto es tanto que el que se cosecha en las inmediaciones, en La Antigua y en la costa todo se trae y no es suficiente para dar abasto”.
El viajero francés Arturo Morelet, que llegó a la ciudad de Guatemala en 1847, se quejaba de la falta de lugares públicos de reunión y diversión, como cafés y gabinetes literarios. En su Viaje a América Central (Yucatán y Guatemala) cuenta que, pocos días antes de su partida, se abrió uno de esos establecimientos, “suceso que hizo sensación en la ciudad”. En efecto, inmigrantes alemanes que arribaron con la Compañía Belga de Colonización a Santo Tomás, antes de sucumbir en la jungla se habían internado y establecido en la capital e introdujeron la cultura europea de beber café en lugares públicos en Guatemala.
Hermann Nicolás Bendfeldt, de Hamburgo, estableció en 1847 el primer café y confitería, la Bola de Oro, en la capital. Cuando en 1852 se inauguró el “camino de rueda” a Amatitlán, Bendfeldt puso allí otro café, en la Calle de los Aceitunos, en donde además de café se servían “dulces, carnes y encurtidos, y muy buena cerveza”, de la misma calidad que en su establecimiento de la capital.
En 1849 el inmigrante alemán Jacobo Fahsen abrió un “café y posada”. Probablemente el viajero alemán Gustav Ferdinand von Tempsky se hospedó en la posada de Fahsen en 1854, y al respecto observa en su obra: “Our host kept a billiard-room, a coffee and drinking-room, and general restaurant. Here the young `men about town’ congregated…”. Morelet comenta que “los jóvenes hablaban ya de civilización y progreso; pero los ancianos meneaban la cabeza con aire de incredulidad, según su costumbre desde el tiempo de Homero”.
La Guía de Forasteros de 1853 menciona que en la ciudad de Guatemala había cuatro cafés, los cuales especifica en su edición de 1858, como sigue: 1. un café y casa de posada del Comercio, en la Calle del Hospital, cerca del Carmen; 2. un café y restaurante de Mr. Bertholin, en la Calle de Jocotenango; 3. el café, cervecería y billar de Bendfeldt, y 4. un café y billar en el Callejón del Mesón de Córdova, en el Variedades, un local que tenía un café, un billar, un asiento de gallos y un teatro. Hasta en Escuintla había un “café y posada” en la casa del cafetalero Leandro Arévalo, el mismo que menciona Navarro. Esto confirma que el uso del café como bebida popular empezaba a consolidarse.
La decadencia de la cochinilla
Como relata von Tempsky, en el café con billar se reunían los jóvenes de la ciudad. “The better amongst them will engage in the supervision of their haciendas de añil and haciendas de grana, which form the staple articles for export from Guatemala”. En 1851 la producción de cochinilla alcanzó la enorme cantidad de 2.041,150 libras de grana, que importó un valor de 1.231,780 pesos. Sin embargo, las lluvias torrenciales de los años 1852 y 1853 redujeron las cosechas de este producto a 680,100 y 325,450 libras, respectivamente, además de una enfermedad que afectaba al insecto. Las quiebras fueron terribles y el país se sumió en una profunda crisis económica y financiera general, pues también escasearon los alimentos básicos.
Ante el decaimiento de la cochinilla, el Gobierno advirtió la seriedad del asunto e instó a los vecinos a que aprovecharan sus solares y sembraran café en los mismos. En varios artículos de la Gaceta de 1853 se explicaba –conforme al instructivo de Manuel Aguilar– cómo plantar y cuidar los almácigos. Un terreno bien utilizado en la ciudad, de 40 varas de cada lado, con 17 hileras de a 18 cafetos a una distancia de 2.5 varas, podía producir unos 13 quintales en tres a cuatro años, que rendían utilidades como para mantener a una familia pobre, ocupando ésta sólo una décima parte de su tiempo en la tarea. El artículo también advertía que no se debía temer la falta de compradores, porque no sólo había gran consumo de café en el país, sino también estaba cerca el embarcadero de Iztapa, a donde el envío de una carretada costaba 10 pesos, o sea cuatro reales el quintal, y en Iztapa se vendía a mejor precio.
Para estimular y proteger la producción de café, la Cámara de Representantes decretó, el 4 de mayo de 1853, la concesión por el tesoro público de una gratificación a los agricultores que se dedicaran a la siembra y cultivo del café, consistente en un premio de 25 pesos por cada mil árboles plantados y en estado de cosecha, y un premio de dos pesos por cada quintal de café exportado durante el término de 10 años. En el mismo decreto, el gobierno anunciaba que procuraría hacer traer 10 máquinas de descascarar y limpiar café, las que se colocarían en los lugares más convenientes para beneficiar el café de los pequeños cosecheros.
Pero a pesar de las malas cosechas de 1852 y 1853, el “furor por la grana” se encendió de nuevo y la producción de cochinilla de 1854 rebasó la cifra récord de 2.587,200 lbs., valorada en 1.757,500 pesos. No obstante, por esos años hubo algunas quiebras que obligaron a muchos a deshacerse de sus nopaleras en La Antigua, Villanueva, Amatitlán, Petapa y Escuintla, según atestiguan varios anuncios en la Gaceta, haciendo la salvedad de que sus terrenos eran aptos para el cultivo del café.
Otro tanto hizo la Iglesia Católica de Guatemala en 1857, cuando decidió proteger y fomentar el nuevo cultivo. El 22 de abril el Arzobispo autorizó reducir la contribución del diezmo sobre el café al 1% por espacio de 10 años.
Demostraciones prácticas del cultivo del café
Ante la apremiante situación de decadencia de la cochinilla y las experiencias desastrosas del cultivo de café en áreas cálidas de Suchitepéquez, en donde se sacrificaron plantaciones de cacao de mucho valor, el Consulado se preocupó de nuevo por dar a conocer los rudimentos de la caficultura. Para ello contrató en 1856 el trapiche llamado antes “De Monroy”, en Escuintla, en donde su propietario, el costarricense Cipriano Alvarado, había concluido la siembra de café e invitaba a las personas que deseaban dedicarse al cultivo del café a visitar su finca “El Modelo”. La idea era dar a conocer en forma práctica el cultivo desde la formación de los semilleros, los almácigos y tapavientos, hasta la operación de la plantación, los resultados, las utilidades y la seguridad positiva del empresario.
En 1854 los hermanos franceses Barones Óscar y Javier du Teil, propietarios de la finca “Concepción” en Escuintla, iniciaron el cultivo del café y –como personas inexpertas– tropezaron con muchas dificultades por el desconocimiento de este ramo agrícola en el país. Los libros europeos que solicitaron para conocer los aspectos teóricos y prácticos de los diferentes modos de plantación les dieron “únicamente algunos datos indeterminados y nunca una instrucción suficiente y practicable”, mientras que los libros españoles de Cuba sólo publicaban “formularios lacónicos” que no indicaban cómo hacer el trasplante del cafeto, qué abrigos le eran indispensables, cómo hacer la poda del árbol, el riego de las plantaciones y el abono o mejoramiento de las tierras, cuestiones todas que consideraron “de la mayor importancia y las únicas que en realidad son fundamentales para el cultivo del cafeto”. Sin embargo, después de haber esperado algunos años fortalecieron sus experiencias por medio de sus ensayos y al obtener resultados positivos les pedían informes con frecuencia sobre el particular tanto la Sociedad Económica como algunos corregidores de los departamentos y personas particulares.
De tal cuenta, en 1861 la Sociedad Económica, a través de su Secretario Enrique Palacios, elaboró una memoria sobre el cultivo del café en Escuintla, basada en la información proporcionada por los celosos e ilustrados consocios, los señores Du Teil, cuya plantación consistía de un total de 110,000 árboles: 25,000 sembrados en 1856; 75,000 en 1858 y 10,000 en 1859. Siguiendo un sistema de calza y poda aplicada a los árboles más jóvenes de la plantación, los resultados de los primeros 25,000 cafetos fueron halagüeños: en 1861 rindieron 4,300 cajas o medias fanegas de fruto verde, habiendo demostrado la experiencia “que 7 cajas o medias fanegas producen un quintal de café seco, o sea cerca de 490 libras de grano cereza, por 100 libras de café seco y limpio”.
Más adelante, los hermanos Du Teil, por encargo de la Sociedad Económica, redactaron el resultado de sus conocimientos útiles y del todo prácticos en la Revista de la Sociedad en 1869, en tres entregas, sobre el cultivo, la cosecha y el beneficio del café, aunque en ella reconocen que carecen de la ciencia y de los puntos de comparación suficientes como para hacer de ello una obra formal, y que lo que ellos escriben se aplica más a las mesetas y los valles elevados como el de La Antigua, Petapa y otros análogos. Los hermanos Du Teil dedicaron la pequeña obra al Excelentísimo Señor Presidente Don Rafael Carrera, por haber sabido afianzar el orden y la seguridad de los Departamentos desde hacía más de 10 años, haciendo “constar que los cafetales que hoy día sirven de ejemplo y estímulo a las Repúblicas vecinas son debidos a la iniciativa benéfica del Presidente y del Supremo Gobierno de Guatemala”, tanto por el fomento como por el trabajo inteligente y la perseverancia de algunos particulares. La obra fue traducida por Enrique Palacios del francés al español y publicada en la Revista de la Sociedad, en 1866, a fin de que la conocieran los agricultores.
En otras regiones del país, como la Verapaz, el francés Julio Rossignon cultivó y benefició café en su finca “Las Victorias”. Este ex catedrático de Ciencias Naturales de la Universidad de París, quien llegó a Guatemala como director de los trabajos científicos de la colonia de Santo Tomás, en 1843, publicó en 1861 una memoria dedicada al Consulado de Comercio, titulada Porvenir de la Verapaz en la República de Guatemala, en la que afirma que “los cafetales de la Alta Verapaz se desarrollan con menos velocidad que en las costas, pero los arbustos son más copados, más fuertes y mucho más cargados”. Señala, además, que en la parte este de la Alta Verapaz, en dirección hacia el río Polochic, se obtienen cosechas más pronto. Rossignon publicó una serie de artículos en la Gaceta (“Algo más sobre el cultivo del café en la República de Guatemala - Cobán”, 6/7/1860) y escribió un Manual del cultivo del café, cacao, vainilla y tabaco en la América española, en 1869, que fue reimpreso varias veces.
En 1867 Julio Rossignon y Juan J. Rodríguez participaron como expositores nacionales en la Exposición Internacional de París, en la que obtuvieron un premio por el buen café que presentaron en dicha feria.
La calidad del café guatemalteco
Sobre la calidad del café de Guatemala, Rossignon opinaba que el café cosechado en plena madurez en las zonas frías y templadas de Guatemala era “tan bueno como el mejor”. También sostenía que “el café que crece en las inmediaciones de Guatemala ha sido probado por muchos conocedores en Francia, que han quedado admirados al saber que no procedía de Borbón o de Moka”.
La calidad del café de Alta Verapaz, elaborado más despacio, era innegablemente superior. “El café de Cobán”, decía Rossignon, “apreciado ya en Europa, será, a pesar de todo lo que se ha dicho, uno de los mejores de Centro América”, porque “crece con menos prontitud que en la costa, pero es más vigoroso, se carga más y dura mucho más tiempo”.
Esto lo confirmó un comerciante acreditado en Liverpool, con mucho conocimiento del comercio y valor de los frutos que allí llamaban coloniales, el cual, al recibir una muestra de café de Cobán en 1860, comentó a la persona que se lo envió, “que este fruto es de superior calidad y puede venderse en cualquier cantidad a 22 pesos el quintal de 112 libras en depósito”, un precio mayor que el que se obtenía por el café de Costa Rica.
Formación de semilleros e incremento de las plantaciones
En 1862 y 1863 la Sociedad Económica continuó su empeño por fomentar el cultivo del café mediante la formación de semilleros o almácigos (depósito general de plantitas que se siembran para trasplantarlas después de un año), así como la compra y distribución gratuita de plantitas de café entre las personas carentes de recursos. Su socio activo Manuel Larrave se encargó de crear grandes semilleros en Guatemala y Amatitlán, y luego recorrió con Juan Matheu, Felipe Andreu y otros miembros de la Sociedad Económica los barrios y suburbios de la capital, en donde se ofrecieron plantitas a los dueños de solares desocupados a la vez que daban instrucciones de cómo sembrar y cultivar el café.
En su afán por multiplicar los viveros y repartir almácigos, la Sociedad ofreció a otros departamentos los fondos necesarios para crearlos, pero el interés en la oferta capitalina fue más grande que el interés en la demanda de la población local, por lo que sus socios propagaron el cultivo del café en diversos puntos de la República sólo cuando la situación era propicia. En Santa Rosa se logró este cometido con eficacia, gracias a los oficios del corregidor Luis Arrivillaga.
En la década de 1860, las plantaciones de café comenzaron a adquirir importancia en Petapa, Cobán, Escuintla y Suchitepéquez. En 1862 las estadísticas oficiales sumaban un total de 5.543,110 cafetos de diversas edades en toda la República, distribuidos en los siguientes departamentos, como sigue:Departamento | Cafetos | Nº de Fincas |
Suchitepéquez | 1.087,006 | 86 |
Escuintla | 806,649 | - |
Amatitlán | 710,604 | 92 |
Guatemala | 286,763 | - |
Santa Rosa | 263,533 | 95 |
Jutiapa | 197,500 | - |
Sacatepéquez | 119,835 | - |
Verapaz | 2.071,220 | 75 |
Total | 5.543,110 |
Fuente: Gaceta de Guatemala, 23/5/1862, 12/6, 14/7, 22/7, 18/10/1862.
- dato no disponible
La totalidad de los cafetos comprendían las siguientes edades:
Fructificando | 2.000,000 |
Trasplantados | 1.500,000 |
En almácigos | 3.000,000 |
Sólo en la región de la Verapaz, 73 personas se dedicaban al cultivo de café, en 75 fincas: 39 en Cobán, 32 en San Pedro Carchá y 4 en San Miguel Tucurú. En corto tiempo, la formación de cafetales se extendió a otros departamentos, como Chiquimula, Chimaltenango y Los Altos.
La producción de café de Guatemala, que se inició en la década de 1850 en gran escala en el área de Guatemala-Escuintla, dio lugar a grandes plantaciones en la década de 1860 en las dos áreas o cinturones principales, que son la bocacosta del litoral del Pacífico, desde Santa Rosa hasta la frontera mexicana, y la región de la Verapaz.
El desarrollo de dicho cultivo aumentó con la rapidez de un rayo en muchas partes de la República y continuó cada día con más vigor. Hacia 1866, extensas porciones del territorio guatemalteco, antes abandonadas, estaban destinadas al cultivo del café y, en consecuencia, las exportaciones del grano fueron creciendo año con año.