- Botero esculturas (1998)
- Salmona (1998)
- El sabor de Colombia (1994)
- Wayuú. Cultura del desierto colombiano (1998)
- Semana Santa en Popayán (1999)
- Cartagena de siempre (1992)
- Palacio de las Garzas (1999)
- Juan Montoya (1998)
- Aves de Colombia. Grabados iluminados del Siglo XVIII (1993)
- Alta Colombia. El esplendor de la montaña (1996)
- Artefactos. Objetos artesanales de Colombia (1992)
- Carros. El automovil en Colombia (1995)
- Espacios Comerciales. Colombia (1994)
- Cerros de Bogotá (2000)
- El Terremoto de San Salvador. Narración de un superviviente (2001)
- Manolo Valdés. La intemporalidad del arte (1999)
- Casa de Hacienda. Arquitectura en el campo colombiano (1997)
- Fiestas. Celebraciones y Ritos de Colombia (1995)
- Costa Rica. Pura Vida (2001)
- Luis Restrepo. Arquitectura (2001)
- Ana Mercedes Hoyos. Palenque (2001)
- La Moneda en Colombia (2001)
- Jardines de Colombia (1996)
- Una jornada en Macondo (1995)
- Retratos (1993)
- Atavíos. Raíces de la moda colombiana (1996)
- La ruta de Humboldt. Colombia - Venezuela (1994)
- Trópico. Visiones de la naturaleza colombiana (1997)
- Herederos de los Incas (1996)
- Casa Moderna. Medio siglo de arquitectura doméstica colombiana (1996)
- Bogotá desde el aire (1994)
- La vida en Colombia (1994)
- Casa Republicana. La bella época en Colombia (1995)
- Selva húmeda de Colombia (1990)
- Richter (1997)
- Por nuestros niños. Programas para su Proteccion y Desarrollo en Colombia (1990)
- Mariposas de Colombia (1991)
- Colombia tierra de flores (1990)
- Los países andinos desde el satélite (1995)
- Deliciosas frutas tropicales (1990)
- Arrecifes del Caribe (1988)
- Casa campesina. Arquitectura vernácula de Colombia (1993)
- Páramos (1988)
- Manglares (1989)
- Señor Ladrillo (1988)
- La última muerte de Wozzeck (2000)
- Historia del Café de Guatemala (2001)
- Casa Guatemalteca (1999)
- Silvia Tcherassi (2002)
- Ana Mercedes Hoyos. Retrospectiva (2002)
- Francisco Mejía Guinand (2002)
- Aves del Llano (1992)
- El año que viene vuelvo (1989)
- Museos de Bogotá (1989)
- El arte de la cocina japonesa (1996)
- Botero Dibujos (1999)
- Colombia Campesina (1989)
- Conflicto amazónico. 1932-1934 (1994)
- Débora Arango. Museo de Arte Moderno de Medellín (1986)
- La Sabana de Bogotá (1988)
- Casas de Embajada en Washington D.C. (2004)
- XVI Bienal colombiana de Arquitectura 1998 (1998)
- Visiones del Siglo XX colombiano. A través de sus protagonistas ya muertos (2003)
- Río Bogotá (1985)
- Jacanamijoy (2003)
- Álvaro Barrera. Arquitectura y Restauración (2003)
- Campos de Golf en Colombia (2003)
- Cartagena de Indias. Visión panorámica desde el aire (2003)
- Guadua. Arquitectura y Diseño (2003)
- Enrique Grau. Homenaje (2003)
- Mauricio Gómez. Con la mano izquierda (2003)
- Ignacio Gómez Jaramillo (2003)
- Tesoros del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. 350 años (2003)
- Manos en el arte colombiano (2003)
- Historia de la Fotografía en Colombia. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1983)
- Arenas Betancourt. Un realista más allá del tiempo (1986)
- Los Figueroa. Aproximación a su época y a su pintura (1986)
- Andrés de Santa María (1985)
- Ricardo Gómez Campuzano (1987)
- El encanto de Bogotá (1987)
- Manizales de ayer. Album de fotografías (1987)
- Ramírez Villamizar. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1984)
- La transformación de Bogotá (1982)
- Las fronteras azules de Colombia (1985)
- Botero en el Museo Nacional de Colombia. Nueva donación 2004 (2004)
- Gonzalo Ariza. Pinturas (1978)
- Grau. El pequeño viaje del Barón Von Humboldt (1977)
- Bogotá Viva (2004)
- Albergues del Libertador en Colombia. Banco de la República (1980)
- El Rey triste (1980)
- Gregorio Vásquez (1985)
- Ciclovías. Bogotá para el ciudadano (1983)
- Negret escultor. Homenaje (2004)
- Mefisto. Alberto Iriarte (2004)
- Suramericana. 60 Años de compromiso con la cultura (2004)
- Rostros de Colombia (1985)
- Flora de Los Andes. Cien especies del Altiplano Cundi-Boyacense (1984)
- Casa de Nariño (1985)
- Periodismo gráfico. Círculo de Periodistas de Bogotá (1984)
- Cien años de arte colombiano. 1886 - 1986 (1985)
- Pedro Nel Gómez (1981)
- Colombia amazónica (1988)
- Palacio de San Carlos (1986)
- Veinte años del Sena en Colombia. 1957-1977 (1978)
- Bogotá. Estructura y principales servicios públicos (1978)
- Colombia Parques Naturales (2006)
- Érase una vez Colombia (2005)
- Colombia 360°. Ciudades y pueblos (2006)
- Bogotá 360°. La ciudad interior (2006)
- Guatemala inédita (2006)
- Casa de Recreo en Colombia (2005)
- Manzur. Homenaje (2005)
- Gerardo Aragón (2009)
- Santiago Cárdenas (2006)
- Omar Rayo. Homenaje (2006)
- Beatriz González (2005)
- Casa de Campo en Colombia (2007)
- Luis Restrepo. construcciones (2007)
- Juan Cárdenas (2007)
- Luis Caballero. Homenaje (2007)
- Fútbol en Colombia (2007)
- Cafés de Colombia (2008)
- Colombia es Color (2008)
- Armando Villegas. Homenaje (2008)
- Manuel Hernández (2008)
- Alicia Viteri. Memoria digital (2009)
- Clemencia Echeverri. Sin respuesta (2009)
- Museo de Arte Moderno de Cartagena de Indias (2009)
- Agua. Riqueza de Colombia (2009)
- Volando Colombia. Paisajes (2009)
- Colombia en flor (2009)
- Medellín 360º. Cordial, Pujante y Bella (2009)
- Arte Internacional. Colección del Banco de la República (2009)
- Hugo Zapata (2009)
- Apalaanchi. Pescadores Wayuu (2009)
- Bogotá vuelo al pasado (2010)
- Grabados Antiguos de la Pontificia Universidad Javeriana. Colección Eduardo Ospina S. J. (2010)
- Orquídeas. Especies de Colombia (2010)
- Apartamentos. Bogotá (2010)
- Luis Caballero. Erótico (2010)
- Luis Fernando Peláez (2010)
- Aves en Colombia (2011)
- Pedro Ruiz (2011)
- El mundo del arte en San Agustín (2011)
- Cundinamarca. Corazón de Colombia (2011)
- El hundimiento de los Partidos Políticos Tradicionales venezolanos: El caso Copei (2014)
- Artistas por la paz (1986)
- Reglamento de uniformes, insignias, condecoraciones y distintivos para el personal de la Policía Nacional (2009)
- Historia de Bogotá. Tomo I - Conquista y Colonia (2007)
- Historia de Bogotá. Tomo II - Siglo XIX (2007)
- Academia Colombiana de Jurisprudencia. 125 Años (2019)
- Duque, su presidencia (2022)
Introducción

(Espátula rosada / Platalea ajaja - Costa Caribe y Llanos). Las espátulas se encuentran en todos los continentes, pero la espátula rosada solo se encuentra en Sudamérica, el Caribe y el sur de Estados Unidos, especificamente en de Texas, Louisiana y el sur de la Florida. Murray Cooper.

(Calzoncito colilargo / Eriocnemis luciani - Andes Centrales del Sur). Los calzoncito colilargos son picaflores de altas elevaciones en los Andes, donde muchas especies habitán más arriba que los últimos arboles del páramo, y son notables por los característicos calzoncillos vellosos blancos. Murray Cooper.
Texto de: Murray Cooper
Colombia no es famosa solo por su café, sus hermosas mujeres y su gente muy amable, ¡lo es también por sus aves! Pocos países resultan tan sobrecogedores para los amantes de las aves como Colombia; las cifras hablan por sí solas: con más de 1800 especies, Colombia es el país más rico en aves, ¡el primero y punto!
Sin embargo, la leyenda no es provocada solamente por las cifras, sino por las mismas aves. Desde el despampanante gallito de roca andino gritando en el exuberante bosque de niebla, pasando por el toropisco montañero, la habia ceniza, endémica colombiana, y los majestuosos cóndores; hasta los pequeños saltarines rojos, amarillos y negros haciendo sus bailes de cortejo en las húmedas selvas amazónicas. Maravilloso, ¡no hay duda!
Pero incluso estas magníficas aves han resultado insuficientes para nutrir la leyenda de esta terra incognita, colmada de aves. La seguridad interna del país ha contribuido a que la grandiosidad de la avifauna colombiana se vea cubierta por un halo de inaccesibilidad, ya que hasta hace pocos años, muy pocos “cara pálidas” se aventuraron en las selvas y montes colombianos. Por más de 25 años, este era un destino al cual ni el más avezado de los pajareros se habría aventurado a entrar. Por los conflictos políticos internos, era sencillamente riesgoso desarrollar muchas clases de turismo, especialmente el aviturismo, que busca adentrarse en las zonas boscosas más remotas. ¿Se imagina lo que habría sido atravesar el país cargando cuarenta mil dólares en equipo fotográfico? Esta historia ha tornado a Colombia en un destino al que todos quieren ir pero casi nadie se atreve; el sueño de todo pajarero: ¡una avifauna extravagante pero totalmente inalcanzable!
Quizá por esto, hasta ahora no existe un libro fotográfico muy profesional sobre las increíbles aves de Colombia. No obstante, gracias a los recientes cambios en asuntos de seguridad interna, pude hacer realidad mi sueño; este libro es el resultado final. Junto a mi amigo y gran experto pajarero, Benjamin Freeman, visitamos casi todas las regiones más importantes para las aves, en un periodo total de hasta 4 meses en el campo. Ahora siento que logramos obtener una buena representación de lo que “las aves de Colombia” significa. Lógicamente, siempre quedará por fuera el ave predilecta de alguien; mis disculpas a quienes se desilusionen por no encontrar su ejemplar preferido, pero la fotografía de aves no es tarea sencilla. Todo depende de ellas, y nada garantiza que estarán en el lugar indicado y en el momento indicado, más aún si se sigue fielmente mi práctica de fotografiarlas solo en sus hábitats naturales, usando luz natural. La tarea, entonces, se torna más complicada todavía. Siempre procuré usar luz natural para mis fotografías porque pienso que la vida silvestre se ve mejor en esta luz, que muestra de manera más óptima (y más artística) sus verdaderos colores. Cualquiera que haya caminado dentro de un bosque enmarañado y poco luminoso, reconocerá lo arduo que resultaría hacerlo con una cámara grande, una lente grande y un trípode. Perseguir a las aves y conseguir fotografiarlas en esas condiciones de luces tenues requiere mucha paciencia y una dosis nada pequeña de nuestra vieja amiga, ¡la buena suerte! Pese a todo, estoy convencido de que esta colección de fotos de las joyas aladas de Colombia complacerá hasta al pajarero más entusiasta.
Es una verdadera fortuna que la seguridad interna haya cambiado radicalmente en los últimos años. Debo subrayar que viajé casi por todo el país (excepto aquellas zonas donde todavía no se puede entrar) y me sentí enteramente seguro, incluso cargando todo mi equipo fotográfico en transportes públicos. Las personas no pudieron ser más amigables y más solidarias conmigo. ¡Mi casa es su casa!, esa es la costumbre colombiana.
Nuestro procedimiento para planificar una jornada de campo empezó sentándonos en torno a un buen café colombiano, definiendo los principales hábitats de Colombia y enlistando las aves más importantes de estos hábitats; aquellas que esperábamos fotografiar. Luego, debíamos identificar aquellas localidades más accesibles para buscar a nuestras especies focales (en términos de logística y calidad del bosque) y programar la mejor forma de llegar a ellas. Ya dentro de un bosque, localizamos a las aves visualmente o por sus vocalizaciones. De hecho, los sonidos fueron en general la mejor forma de encontrarlas, ya que la visibilidad resultó muchas veces limitada por la espesura del sotobosque. En ocasiones empleamos playback (reproducción sonora del canto) tras escuchar una vocalización, para procurar que se nos aproximara. Sin embargo, fuimos estrictos con nosotros mismos en limitar el uso de playback y, de usarlo, en nunca excedernos, ya que esto puede provocar que no respondan más (y así, echar a perder la oportunidad del próximo pajarero que intente encontrar a las aves, arruinar su jornada de pajareo y perjudicar finalmente a las reservas locales que muestran las aves a sus pasajeros). Así, si no obteníamos respuesta del ave, simplemente cambiábamos de lugar. También permanecimos largo tiempo en áreas despejadas, donde se tienen buenas vistas panorámicas del bosque, esperando a las aves. Además, me planté por horas frente a árboles con frutos a esperar a que las aves se acercaran a comer. Otra buena oportunidad fueron los nidos, donde siempre obtuve buenas imágenes. Pero muchas fotografías incluidas en este libro fueron el producto de muchos días de lluvia, calor y mosquitos. ¡Todo un reto a la paciencia!, ya que no se puede escuchar música, ni leer, ni moverse, ni conversar. Sentado solo y atento todo el día, aguardando algún destello de color en el bosque para captarlo en imagen. Creo que al final, aprendí a imitar a mi caballo, y ¡dormir parado!
Siento que debo aclarar por qué a veces hablo en plural cuando describo mis logros fotográficos; es muy importante resaltar la diferencia que marcó haber contado con la excelente colaboración de Benjamin Freeman como guía. Es muy difícil hacer este trabajo solo; ¿cómo manipular un iPod para hacer playback al tiempo que se maneja una lente enorme, sin perder de vista, además, al resto de aves que revolotean alrededor mientras se tiene los ojos clavados en el visor, donde se encuentra enmarcada un ave? ¡No se puede! Adicionalmente, nunca alcanzaré a acumular todo el conocimiento de maestros ornitológicos como Ben y, considerando los costos que implica el trabajo de campo, lo mejor es siempre optimizar el tiempo en los bosques. Los resultados de trabajar varios meses juntos son asombrosos. También, recomiendo a cualquiera que quiera mirar las aves en un país tropical ajeno al suyo, contactar guías locales especializados, ya que la diversidad es tan grande que puede resultar absolutamente abrumadora para un neófito. Mi amigo Ben no fue el único elemento importante en el éxito de este libro, buenos bosques con buen alojamiento son clave, y por eso debo dar muchas gracias a la fundación colombiana ProAves?. Ellos tienen una red de reservas privadas que incluye la mayoría de los hábitats importantes para las aves, y me ayudaron mucho en mi trabajo de campo. ¡Hay que reconocer la importancia de su esfuerzo!
Las imágenes en este libro fueron capturadas con un equipo fotográfico digital Nikon. Siempre llevé conmigo dos cuerpos y sus respectivas lentes: los cuerpos D2X? (y más recientemente el D300s), con lentes 600mm f4 y 200-400mm f4. También, tomé la mayoría de fotografías usando un trípode: un pesado monstruo Gitzo con una cabeza Wimberly. Entonces, en total son alrededor de 25 kilos de equipo, nada fácil de trasladar cuando, por ejemplo, caminé en un día, de ida y regreso, ¡desde los 1300 hasta los 200 metros de altitud en el sofocante valle del Chicamocha! Y todo para hallar una sola especie rara, que unas veces encontré, ¡pero otras no!
Varias personas me han preguntado qué me conduce a una vocación tan desquiciada, en particular considerando que ni siquiera soy un ávido pajarero. Pues mi mayor motivación es aportar a los procesos de conservación, la cual se fundamenta en un profundo amor por todo lo que es silvestre, natural y libre. He trabajado por más de 10 años en asuntos de conservación en los bosques húmedos del Chocó ecuatoriano, y casi nunca pude encontrar imágenes impactantes que me ayudaran a promover mi causa. El levantamiento de fondos en agencias internacionales para conservación en países en desarrollo es, de por sí, una tarea difícil; pero captar la atención de los donantes (una tarea altamente competitiva) solamente con palabras y estadísticas resulta insuficiente. Así pues, requeríamos imágenes cautivantes de la fauna y la flora para mostrar a esa gente qué estábamos procurando proteger. Fue entonces cuando decidí tomar mi cámara y trabajar en promover mejores espíritus de conservación a través de mis fotografías. Una buena estrategia de comunicación, con imágenes impresionantes y profesionales, es sin duda una excelente herramienta para la conservación. Las habilidades de fotógrafos, cineastas, escritores y otros artistas creativos pueden resultar fundamentales para mostrar nuestro éxito de cómo cambiamos la manera de manejar las áreas silvestres, o cómo fracasamos.
En las palabras de Cristina Mittermeier, Presidenta de la Liga Internacional de Fotógrafos Conservacionistas (ILCP por sus siglas en inglés): “Es muy importante que los fotógrafos de la vida silvestre (o documentalistas) trabajemos juntos para documentar el estado actual de la biodiversidad, para traducir la ciencia en mensajes claros para todos los niveles de la sociedad”. No se trata solo de lindas fotos y una vocación divertida. Se trata de usar esas impactantes imágenes para crear conciencia; de usarlas permanentemente para propagar los mensajes de conservación a una audiencia más vasta.
Esperemos pues que estas imágenes de la gran Colombia, país increíble y único, inspiren a la gente a tomar acciones para cambiar nuestras malas prácticas ambientales que atentan contra la mayor riqueza de Colombia, y que, a la vuelta de la esquina, todos abriguemos el sentimiento de haber contribuido a cambiar la manera en que tratamos a la naturaleza. Siempre me ha gustado reiterar el profundo mensaje de un sabio jefe indio norteamericano, cuando contemplaba cómo los primeros colonos asolaban incalculables decenas de bisontes: “no heredamos el planeta de nuestros padres, lo tomamos prestado de nuestros nietos”.
¡Esto sí es una buena actitud! Trabajemos todos juntos en entregar a nuestros nietos un mundo mágico y saludable, como este en el que, tan afortunadamente, tenemos la oportunidad de vivir.
#AmorPorColombia
Introducción

(Espátula rosada / Platalea ajaja - Costa Caribe y Llanos). Las espátulas se encuentran en todos los continentes, pero la espátula rosada solo se encuentra en Sudamérica, el Caribe y el sur de Estados Unidos, especificamente en de Texas, Louisiana y el sur de la Florida. Murray Cooper.

(Calzoncito colilargo / Eriocnemis luciani - Andes Centrales del Sur). Los calzoncito colilargos son picaflores de altas elevaciones en los Andes, donde muchas especies habitán más arriba que los últimos arboles del páramo, y son notables por los característicos calzoncillos vellosos blancos. Murray Cooper.
Texto de: Murray Cooper
Colombia no es famosa solo por su café, sus hermosas mujeres y su gente muy amable, ¡lo es también por sus aves! Pocos países resultan tan sobrecogedores para los amantes de las aves como Colombia; las cifras hablan por sí solas: con más de 1800 especies, Colombia es el país más rico en aves, ¡el primero y punto!
Sin embargo, la leyenda no es provocada solamente por las cifras, sino por las mismas aves. Desde el despampanante gallito de roca andino gritando en el exuberante bosque de niebla, pasando por el toropisco montañero, la habia ceniza, endémica colombiana, y los majestuosos cóndores; hasta los pequeños saltarines rojos, amarillos y negros haciendo sus bailes de cortejo en las húmedas selvas amazónicas. Maravilloso, ¡no hay duda!
Pero incluso estas magníficas aves han resultado insuficientes para nutrir la leyenda de esta terra incognita, colmada de aves. La seguridad interna del país ha contribuido a que la grandiosidad de la avifauna colombiana se vea cubierta por un halo de inaccesibilidad, ya que hasta hace pocos años, muy pocos “cara pálidas” se aventuraron en las selvas y montes colombianos. Por más de 25 años, este era un destino al cual ni el más avezado de los pajareros se habría aventurado a entrar. Por los conflictos políticos internos, era sencillamente riesgoso desarrollar muchas clases de turismo, especialmente el aviturismo, que busca adentrarse en las zonas boscosas más remotas. ¿Se imagina lo que habría sido atravesar el país cargando cuarenta mil dólares en equipo fotográfico? Esta historia ha tornado a Colombia en un destino al que todos quieren ir pero casi nadie se atreve; el sueño de todo pajarero: ¡una avifauna extravagante pero totalmente inalcanzable!
Quizá por esto, hasta ahora no existe un libro fotográfico muy profesional sobre las increíbles aves de Colombia. No obstante, gracias a los recientes cambios en asuntos de seguridad interna, pude hacer realidad mi sueño; este libro es el resultado final. Junto a mi amigo y gran experto pajarero, Benjamin Freeman, visitamos casi todas las regiones más importantes para las aves, en un periodo total de hasta 4 meses en el campo. Ahora siento que logramos obtener una buena representación de lo que “las aves de Colombia” significa. Lógicamente, siempre quedará por fuera el ave predilecta de alguien; mis disculpas a quienes se desilusionen por no encontrar su ejemplar preferido, pero la fotografía de aves no es tarea sencilla. Todo depende de ellas, y nada garantiza que estarán en el lugar indicado y en el momento indicado, más aún si se sigue fielmente mi práctica de fotografiarlas solo en sus hábitats naturales, usando luz natural. La tarea, entonces, se torna más complicada todavía. Siempre procuré usar luz natural para mis fotografías porque pienso que la vida silvestre se ve mejor en esta luz, que muestra de manera más óptima (y más artística) sus verdaderos colores. Cualquiera que haya caminado dentro de un bosque enmarañado y poco luminoso, reconocerá lo arduo que resultaría hacerlo con una cámara grande, una lente grande y un trípode. Perseguir a las aves y conseguir fotografiarlas en esas condiciones de luces tenues requiere mucha paciencia y una dosis nada pequeña de nuestra vieja amiga, ¡la buena suerte! Pese a todo, estoy convencido de que esta colección de fotos de las joyas aladas de Colombia complacerá hasta al pajarero más entusiasta.
Es una verdadera fortuna que la seguridad interna haya cambiado radicalmente en los últimos años. Debo subrayar que viajé casi por todo el país (excepto aquellas zonas donde todavía no se puede entrar) y me sentí enteramente seguro, incluso cargando todo mi equipo fotográfico en transportes públicos. Las personas no pudieron ser más amigables y más solidarias conmigo. ¡Mi casa es su casa!, esa es la costumbre colombiana.
Nuestro procedimiento para planificar una jornada de campo empezó sentándonos en torno a un buen café colombiano, definiendo los principales hábitats de Colombia y enlistando las aves más importantes de estos hábitats; aquellas que esperábamos fotografiar. Luego, debíamos identificar aquellas localidades más accesibles para buscar a nuestras especies focales (en términos de logística y calidad del bosque) y programar la mejor forma de llegar a ellas. Ya dentro de un bosque, localizamos a las aves visualmente o por sus vocalizaciones. De hecho, los sonidos fueron en general la mejor forma de encontrarlas, ya que la visibilidad resultó muchas veces limitada por la espesura del sotobosque. En ocasiones empleamos playback (reproducción sonora del canto) tras escuchar una vocalización, para procurar que se nos aproximara. Sin embargo, fuimos estrictos con nosotros mismos en limitar el uso de playback y, de usarlo, en nunca excedernos, ya que esto puede provocar que no respondan más (y así, echar a perder la oportunidad del próximo pajarero que intente encontrar a las aves, arruinar su jornada de pajareo y perjudicar finalmente a las reservas locales que muestran las aves a sus pasajeros). Así, si no obteníamos respuesta del ave, simplemente cambiábamos de lugar. También permanecimos largo tiempo en áreas despejadas, donde se tienen buenas vistas panorámicas del bosque, esperando a las aves. Además, me planté por horas frente a árboles con frutos a esperar a que las aves se acercaran a comer. Otra buena oportunidad fueron los nidos, donde siempre obtuve buenas imágenes. Pero muchas fotografías incluidas en este libro fueron el producto de muchos días de lluvia, calor y mosquitos. ¡Todo un reto a la paciencia!, ya que no se puede escuchar música, ni leer, ni moverse, ni conversar. Sentado solo y atento todo el día, aguardando algún destello de color en el bosque para captarlo en imagen. Creo que al final, aprendí a imitar a mi caballo, y ¡dormir parado!
Siento que debo aclarar por qué a veces hablo en plural cuando describo mis logros fotográficos; es muy importante resaltar la diferencia que marcó haber contado con la excelente colaboración de Benjamin Freeman como guía. Es muy difícil hacer este trabajo solo; ¿cómo manipular un iPod para hacer playback al tiempo que se maneja una lente enorme, sin perder de vista, además, al resto de aves que revolotean alrededor mientras se tiene los ojos clavados en el visor, donde se encuentra enmarcada un ave? ¡No se puede! Adicionalmente, nunca alcanzaré a acumular todo el conocimiento de maestros ornitológicos como Ben y, considerando los costos que implica el trabajo de campo, lo mejor es siempre optimizar el tiempo en los bosques. Los resultados de trabajar varios meses juntos son asombrosos. También, recomiendo a cualquiera que quiera mirar las aves en un país tropical ajeno al suyo, contactar guías locales especializados, ya que la diversidad es tan grande que puede resultar absolutamente abrumadora para un neófito. Mi amigo Ben no fue el único elemento importante en el éxito de este libro, buenos bosques con buen alojamiento son clave, y por eso debo dar muchas gracias a la fundación colombiana ProAves?. Ellos tienen una red de reservas privadas que incluye la mayoría de los hábitats importantes para las aves, y me ayudaron mucho en mi trabajo de campo. ¡Hay que reconocer la importancia de su esfuerzo!
Las imágenes en este libro fueron capturadas con un equipo fotográfico digital Nikon. Siempre llevé conmigo dos cuerpos y sus respectivas lentes: los cuerpos D2X? (y más recientemente el D300s), con lentes 600mm f4 y 200-400mm f4. También, tomé la mayoría de fotografías usando un trípode: un pesado monstruo Gitzo con una cabeza Wimberly. Entonces, en total son alrededor de 25 kilos de equipo, nada fácil de trasladar cuando, por ejemplo, caminé en un día, de ida y regreso, ¡desde los 1300 hasta los 200 metros de altitud en el sofocante valle del Chicamocha! Y todo para hallar una sola especie rara, que unas veces encontré, ¡pero otras no!
Varias personas me han preguntado qué me conduce a una vocación tan desquiciada, en particular considerando que ni siquiera soy un ávido pajarero. Pues mi mayor motivación es aportar a los procesos de conservación, la cual se fundamenta en un profundo amor por todo lo que es silvestre, natural y libre. He trabajado por más de 10 años en asuntos de conservación en los bosques húmedos del Chocó ecuatoriano, y casi nunca pude encontrar imágenes impactantes que me ayudaran a promover mi causa. El levantamiento de fondos en agencias internacionales para conservación en países en desarrollo es, de por sí, una tarea difícil; pero captar la atención de los donantes (una tarea altamente competitiva) solamente con palabras y estadísticas resulta insuficiente. Así pues, requeríamos imágenes cautivantes de la fauna y la flora para mostrar a esa gente qué estábamos procurando proteger. Fue entonces cuando decidí tomar mi cámara y trabajar en promover mejores espíritus de conservación a través de mis fotografías. Una buena estrategia de comunicación, con imágenes impresionantes y profesionales, es sin duda una excelente herramienta para la conservación. Las habilidades de fotógrafos, cineastas, escritores y otros artistas creativos pueden resultar fundamentales para mostrar nuestro éxito de cómo cambiamos la manera de manejar las áreas silvestres, o cómo fracasamos.
En las palabras de Cristina Mittermeier, Presidenta de la Liga Internacional de Fotógrafos Conservacionistas (ILCP por sus siglas en inglés): “Es muy importante que los fotógrafos de la vida silvestre (o documentalistas) trabajemos juntos para documentar el estado actual de la biodiversidad, para traducir la ciencia en mensajes claros para todos los niveles de la sociedad”. No se trata solo de lindas fotos y una vocación divertida. Se trata de usar esas impactantes imágenes para crear conciencia; de usarlas permanentemente para propagar los mensajes de conservación a una audiencia más vasta.
Esperemos pues que estas imágenes de la gran Colombia, país increíble y único, inspiren a la gente a tomar acciones para cambiar nuestras malas prácticas ambientales que atentan contra la mayor riqueza de Colombia, y que, a la vuelta de la esquina, todos abriguemos el sentimiento de haber contribuido a cambiar la manera en que tratamos a la naturaleza. Siempre me ha gustado reiterar el profundo mensaje de un sabio jefe indio norteamericano, cuando contemplaba cómo los primeros colonos asolaban incalculables decenas de bisontes: “no heredamos el planeta de nuestros padres, lo tomamos prestado de nuestros nietos”.
¡Esto sí es una buena actitud! Trabajemos todos juntos en entregar a nuestros nietos un mundo mágico y saludable, como este en el que, tan afortunadamente, tenemos la oportunidad de vivir.