- Botero esculturas (1998)
- Salmona (1998)
- El sabor de Colombia (1994)
- Wayuú. Cultura del desierto colombiano (1998)
- Semana Santa en Popayán (1999)
- Cartagena de siempre (1992)
- Palacio de las Garzas (1999)
- Juan Montoya (1998)
- Aves de Colombia. Grabados iluminados del Siglo XVIII (1993)
- Alta Colombia. El esplendor de la montaña (1996)
- Artefactos. Objetos artesanales de Colombia (1992)
- Carros. El automovil en Colombia (1995)
- Espacios Comerciales. Colombia (1994)
- Cerros de Bogotá (2000)
- El Terremoto de San Salvador. Narración de un superviviente (2001)
- Manolo Valdés. La intemporalidad del arte (1999)
- Casa de Hacienda. Arquitectura en el campo colombiano (1997)
- Fiestas. Celebraciones y Ritos de Colombia (1995)
- Costa Rica. Pura Vida (2001)
- Luis Restrepo. Arquitectura (2001)
- Ana Mercedes Hoyos. Palenque (2001)
- La Moneda en Colombia (2001)
- Jardines de Colombia (1996)
- Una jornada en Macondo (1995)
- Retratos (1993)
- Atavíos. Raíces de la moda colombiana (1996)
- La ruta de Humboldt. Colombia - Venezuela (1994)
- Trópico. Visiones de la naturaleza colombiana (1997)
- Herederos de los Incas (1996)
- Casa Moderna. Medio siglo de arquitectura doméstica colombiana (1996)
- Bogotá desde el aire (1994)
- La vida en Colombia (1994)
- Casa Republicana. La bella época en Colombia (1995)
- Selva húmeda de Colombia (1990)
- Richter (1997)
- Por nuestros niños. Programas para su Proteccion y Desarrollo en Colombia (1990)
- Mariposas de Colombia (1991)
- Colombia tierra de flores (1990)
- Los países andinos desde el satélite (1995)
- Deliciosas frutas tropicales (1990)
- Arrecifes del Caribe (1988)
- Casa campesina. Arquitectura vernácula de Colombia (1993)
- Páramos (1988)
- Manglares (1989)
- Señor Ladrillo (1988)
- La última muerte de Wozzeck (2000)
- Historia del Café de Guatemala (2001)
- Casa Guatemalteca (1999)
- Silvia Tcherassi (2002)
- Ana Mercedes Hoyos. Retrospectiva (2002)
- Francisco Mejía Guinand (2002)
- Aves del Llano (1992)
- El año que viene vuelvo (1989)
- Museos de Bogotá (1989)
- El arte de la cocina japonesa (1996)
- Botero Dibujos (1999)
- Colombia Campesina (1989)
- Conflicto amazónico. 1932-1934 (1994)
- Débora Arango. Museo de Arte Moderno de Medellín (1986)
- La Sabana de Bogotá (1988)
- Casas de Embajada en Washington D.C. (2004)
- XVI Bienal colombiana de Arquitectura 1998 (1998)
- Visiones del Siglo XX colombiano. A través de sus protagonistas ya muertos (2003)
- Río Bogotá (1985)
- Jacanamijoy (2003)
- Álvaro Barrera. Arquitectura y Restauración (2003)
- Campos de Golf en Colombia (2003)
- Cartagena de Indias. Visión panorámica desde el aire (2003)
- Guadua. Arquitectura y Diseño (2003)
- Enrique Grau. Homenaje (2003)
- Mauricio Gómez. Con la mano izquierda (2003)
- Ignacio Gómez Jaramillo (2003)
- Tesoros del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. 350 años (2003)
- Manos en el arte colombiano (2003)
- Historia de la Fotografía en Colombia. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1983)
- Arenas Betancourt. Un realista más allá del tiempo (1986)
- Los Figueroa. Aproximación a su época y a su pintura (1986)
- Andrés de Santa María (1985)
- Ricardo Gómez Campuzano (1987)
- El encanto de Bogotá (1987)
- Manizales de ayer. Album de fotografías (1987)
- Ramírez Villamizar. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1984)
- La transformación de Bogotá (1982)
- Las fronteras azules de Colombia (1985)
- Botero en el Museo Nacional de Colombia. Nueva donación 2004 (2004)
- Gonzalo Ariza. Pinturas (1978)
- Grau. El pequeño viaje del Barón Von Humboldt (1977)
- Bogotá Viva (2004)
- Albergues del Libertador en Colombia. Banco de la República (1980)
- El Rey triste (1980)
- Gregorio Vásquez (1985)
- Ciclovías. Bogotá para el ciudadano (1983)
- Negret escultor. Homenaje (2004)
- Mefisto. Alberto Iriarte (2004)
- Suramericana. 60 Años de compromiso con la cultura (2004)
- Rostros de Colombia (1985)
- Flora de Los Andes. Cien especies del Altiplano Cundi-Boyacense (1984)
- Casa de Nariño (1985)
- Periodismo gráfico. Círculo de Periodistas de Bogotá (1984)
- Cien años de arte colombiano. 1886 - 1986 (1985)
- Pedro Nel Gómez (1981)
- Colombia amazónica (1988)
- Palacio de San Carlos (1986)
- Veinte años del Sena en Colombia. 1957-1977 (1978)
- Bogotá. Estructura y principales servicios públicos (1978)
- Colombia Parques Naturales (2006)
- Érase una vez Colombia (2005)
- Colombia 360°. Ciudades y pueblos (2006)
- Bogotá 360°. La ciudad interior (2006)
- Guatemala inédita (2006)
- Casa de Recreo en Colombia (2005)
- Manzur. Homenaje (2005)
- Gerardo Aragón (2009)
- Santiago Cárdenas (2006)
- Omar Rayo. Homenaje (2006)
- Beatriz González (2005)
- Casa de Campo en Colombia (2007)
- Luis Restrepo. construcciones (2007)
- Juan Cárdenas (2007)
- Luis Caballero. Homenaje (2007)
- Fútbol en Colombia (2007)
- Cafés de Colombia (2008)
- Colombia es Color (2008)
- Armando Villegas. Homenaje (2008)
- Manuel Hernández (2008)
- Alicia Viteri. Memoria digital (2009)
- Clemencia Echeverri. Sin respuesta (2009)
- Museo de Arte Moderno de Cartagena de Indias (2009)
- Agua. Riqueza de Colombia (2009)
- Volando Colombia. Paisajes (2009)
- Colombia en flor (2009)
- Medellín 360º. Cordial, Pujante y Bella (2009)
- Arte Internacional. Colección del Banco de la República (2009)
- Hugo Zapata (2009)
- Apalaanchi. Pescadores Wayuu (2009)
- Bogotá vuelo al pasado (2010)
- Grabados Antiguos de la Pontificia Universidad Javeriana. Colección Eduardo Ospina S. J. (2010)
- Orquídeas. Especies de Colombia (2010)
- Apartamentos. Bogotá (2010)
- Luis Caballero. Erótico (2010)
- Luis Fernando Peláez (2010)
- Aves en Colombia (2011)
- Pedro Ruiz (2011)
- El mundo del arte en San Agustín (2011)
- Cundinamarca. Corazón de Colombia (2011)
- El hundimiento de los Partidos Políticos Tradicionales venezolanos: El caso Copei (2014)
- Artistas por la paz (1986)
- Reglamento de uniformes, insignias, condecoraciones y distintivos para el personal de la Policía Nacional (2009)
- Historia de Bogotá. Tomo I - Conquista y Colonia (2007)
- Historia de Bogotá. Tomo II - Siglo XIX (2007)
- Academia Colombiana de Jurisprudencia. 125 Años (2019)
- Duque, su presidencia (2022)
Manos prehispánicas

Cultura Tumaco. Mano antropomorfa pendiente.
Cerámica. 3,5 x 7 cm
Cultura Calima. Figura antropomorfa
Cerámica. 28 x 23 x 12 cm
Los calima (1500 a. C. - 200 a. C.), que ocuparon el territorio entre los ríos Calima y Dagua, se distinguieron por su manejo de la orfebrería. Como ceramistas dedicaron gran parte de su trabajo a la producción de utensilios de uso doméstico, como las alcarrazas de dos o tres vertederas, que eran utilizadas para la contención y el transporte de líquidos.
Es el caso de esta figura, datada entre los años 1500 a. C. y 200 a. C., perteneciente al período más temprano de la ocupación calima, denominado ilama. Ella presenta, en cerámica rojiza con pintura negra, a una mujer joven, arrodillada, que lleva las manos sobre las rodillas. Al no tener órganos sexuales bien definidos, podemos fácilmente inferir su sexo por el cabello recogido hacia atrás. A pesar del uso de incisiones para señalar los brazaletes y el collar, no es este el caso de un personaje de alto rango en la jerarquía social.
Cultura Calima. Figura antropomorfa
Cerámica. 28 x 23 x 12 cm
Cultura San Agustín. Figura antropomorfa. Piedra
La colección estatuaria de San Agustín (siglo v d. C.) estuvo destinada al ocultamiento, debido a su naturaleza funeraria. Allí cada pieza representa un personaje específico que se desempeña en el trance del muerto entre la vida pasada y el viaje a una vida futura. Se encuentran figuras de guerreros, sacerdotes y dignatarios, animales simbólicos mezcla de varias zoologías y deidades que combinan en un cuerpo partes felinas y humanas. Esta imagen, proveniente de Ullumbe y ubicada en la Plaza de Bolívar de San Agustín representa a un sacerdote. Los objetos que lleva en la mano –una concha de caracol y un palillo– eran empleados para mezclar la sustancia alcalina y la coca destinadas a las ceremonias rituales, a lo que se suma el tocado de la cabeza, que designa su condición especial.
Lejos de pretender ser una imagen realista, la figura monolítica no guarda las proporciones del ser humano pero está dotada de un vigor grave y vital.
Cultura San Agustín. Figura antropomorfa. Piedra
Cultura Chimila. Cántaro antropomorfo
Cerámica, 17,7 x 25 cm (diámetro)
Los grupos prehispánicos sedentarios que se ubicaron a lo largo del río Magdalena presentan cierta dificultad para su clasificación y caracterización por haber sido el río, precisamente, la ruta natural e ineludible para realizar los intercambios comerciales entre las diversas culturas.
Sin embargo, las urnas funerarias son el elemento arqueológico distintivo de la zona y se corresponden con las prácticas de enterramiento en grandes recipientes cerámicos, de forma cilíndrica, principalmente.
En este caso, la tapa de la urna aquí reproducida posee características chimila claras como el uso de orejeras. Definitoria de la tradición funeraria del Magdalena es la postura de las manos sobre el vientre, con los dedos extendidos aparentando hundirse en la piel. Este gesto, según Gerardo Reichel-Dolmatoff, es representativo del regreso del cadáver al útero materno.
Cultura Chimila. Cántaro antropomorfo
Cerámica, 17,7 x 25 cm (diámetro)
Cultura Sinú. Tapa de urna.
Cerámica, 25 cm de diámetro x 18 cm
La cuenca del río Sinú, junto con la depresión momposina, conformaba en la época prehispánica un mismo territorio definido como cacicazgo. El uso reiterativo de imágenes femeninas en la cerámica tiene una estrecha relación con la tradición matriarcal. Con miras a fortalecer la diferenciación social y a justificar la ocupación de los campos elevados por sus descendientes, los fundadores de linajes eran representados en arcilla para funciones alimenticias u ofrendatarias, que se diferencian únicamente en el uso de tapas para el caso de los ritos funerarios. En cuanto a los utensilios de carácter utilitario, de cuya producción estaban excluidas las alcarrazas, por lo general contenían los alimentos para las funciones de tipo alimentario u ofrendatario, diferenciadas únicamente en cuanto al uso de tapas para el caso de los ritos funerarios. Esta vasija evidencia un particular intercambio cultural en el uso de ojos en forma de grano de café, representación característica de la cultura tairona.
Cultura Sinú. Tapa de urna.
Cerámica, 25 cm de diámetro x 18 cm
Cultura Quimbaya. Figura antropomorfa.
17 x 15 x 8 cm
Se acostumbra designar como quimbaya (ca. 400 a. C.) a todos los objetos arqueológicos encontrados en la zona ocupada actualmente por los departamentos colombianos de Caldas, Risaralda, Quindío y el sector nororiental del Valle del Cauca.
La cerámica quimbaya, proviene de la cocción de materiales como barro, arcilla y greda y posee rasgos característicos como el uso de líneas para representar los ojos, la preferencia por figurar animales pequeños y el uso exclusivo de figurillas antropomórficas del tipo tabloide como la de este caso. Se trata de la figura maciza y sedente de un cacique. Es probable que las perforaciones alrededor de la cabeza hayan sido utilizadas para colocar penachos de plumas, como una corona a la usanza de la que llevaba el cacique original. La postura de su mano, con intención de ofrendar, refuerza la idea de su uso ceremonial.
Cultura Quimbaya. Figura antropomorfa.
17 x 15 x 8 cm
Cultura Jamacoaque. Figura antropomorfa.
27 x 15 x 12 cm
Ubicada al norte de Manabí, la cultura jamacoaque (1200 d. C.) comparte las características de la evolución ceramista de la costa pacífica del actual Ecuador. En ella es distinguible un deseo de retratar el mundo físico y mitológico de la comunidad con la mayor fidelidad posible. Este “naturalismo” difícilmente se conseguía a través de pigmentos, por ello la cerámica de jamacoaque es cerámica de incisión, para el caso de los atuendos, alhajas y facciones. Las figuras femeninas llevan, por lo general, falda larga y el pecho, adornado con collares, exhibe senos rotundos. En las figuras masculinas es notable la variedad de atuendos y tocados. El personaje aquí representado lleva en las manos los utensilios típicos del chamán, su vestimenta deja ver la importancia de la ceremonia que presidirá; los diseños geométricos de las orejeras, junto con la figurilla que pende de su cuello, representación de un dios, constituyen atributos mágicos.
Cultura Jamacoaque. Figura antropomorfa. 27 x 15 x 12 cm
Texto de: Sylvia Juliana Suárez
Las primeras manos representadas se remontan a la época prehispánica, en la que se distinguen dos tradiciones estéticas: la del diseño geométrico y la de la figuración estilizada. Para entonces, las elaboraciones que hoy apreciamos como artísticas, operaban como medio de expresión ritual y mitológico que permitía e incentivaba la relación con los dioses o con el más allá, al tiempo que reflejaban aspectos sociales e introducían elementos de diferenciación de los sacerdotes y caciques con el resto de la comunidad.
Más rica en ejemplos, la tradición figurativa se inicia con la aplicación directa de las manos cubiertas con pigmento sobre una superficie, y con el estarcido de manos en cuevas o abrigos rocosos. Perfiladas como imágenes en positivo o en negativo, estas manos primitivas operan como una huella muda que firma la obra mágica de anticipar una caza exitosa trazada en la pared y, al mismo tiempo, conmemoran a sus anónimos autores.
Por su parte, la célebre pintadera plana labrada en piedra, que muestra una mano con una espiral en el centro, utilizada para ser aplicada con tinta en textiles o en el cuerpo, resulta ser una sofisticada obra de diseño que parece totalmente contemporánea por su poder de símbolo visual, el cual podría aludir a la fertilidad o a la renovación vegetal. En una hacienda en Tibabuy (Cundinamarca) se han encontrado manos talladas en una roca denominada La Tina, la cual posee abundantes motivos rupestres.
En las cerámicas utilitarias o ceremoniales se aplican diferentes recursos artísticos y la estilización anatómica alcanza gran libertad. Por ejemplo, en las piezas tumaco, grandes cabezas alargadas contrastan con manos pequeñísimas y apenas insinuadas, que cumplen con la función básica de sostener. En una vasija calima de una madre llevando a su pequeño hijo en brazos, cuatro incisiones lineales bastan para indicar los dedos. Manos algo más naturalistas se encuentran en las figuras tipo “retablo” de los quimbayas, en las que, de nuevo, las líneas incisas trazan en el barro la definición de los dedos. En las figuras de la cultura nariño denominadas “coqueros”, los personajes tienen manos elementales apoyadas en las rodillas. Las urnas funerarias del bajo Magdalena presentan tapas adornadas con figuras antropomorfas de medio cuerpo, dotadas de cabezas trapezoidales y brazos alzados con manos abiertas como en estrella.
Las cerámicas de la cultura malagana, entre ellas vasijas, canasteros y alcarrazas, muestran con frecuencia figuras humanas con manos extraordinariamente simplificadas, cuyos dedos incisos de manera muy rudimentaria contrastan con la aplicada elaboración del resto de la pieza.
La estatuaria agustiniana, destinada probablemente a prácticas ceremoniales o funerarias, posee gruesas manos esquematizadas que sostienen pesadas mazas, un cuenco, un pez, una flecha o una calavera que pende del cuello. Fuertes y geometrizados, los dedos planos, carentes de uñas o falanges, no guardan proporciones naturalistas respecto al resto de la anatomía de las figuras.
Es en la orfebrería donde se alcanza la mayor sofisticación técnica y donde los atributos simbólicos consiguen el mayor refinamiento estético. El oro, concebido como “sudor del sol” y símbolo del poder generativo, se empleó para fabricar piezas con funciones rituales y ornamentales. Por ejemplo, los alfileres calima, que eran empleados para sostener atuendos o para extraer la cal del poporo, están rematados con figuras antropomorfas minúsculas muy detalladas, cuyas manos llevan diversos atributos simbólicos de poder.
Los chamanes muiscas portan sus símbolos de autoridad en una manos muy rudimentarias, hechas apenas de pequeños cilindros delgados. En las figuras antropomorfas tolima, los dedos desaparecen y todo el cuerpo queda reducido a una estricta geometría básica; en los pectorales, de esta misma cultura, se fusionan figuras animales y humanas de carácter mítico.
En las complejas elaboraciones referentes al chamán ataviado de los taironas, es frecuente que manos con más de cinco dedos porten una enigmática barra rematada con espirales, la cual podría referirse a la serpiente bifurcada, servir de emblema de fertilidad o de cetro alusivo al poder. Las piezas calima exhiben insignias similares en las manos. En el Valle del Cauca se han encontrado figuras chamánicas con instrumentos musicales o ataviadas para el baile, con utensilios referidos a la transformación en animales. En los ejemplares sinú existen hechuras que sostienen una barra de la que penden placas móviles, cuya utilización y significado se desconoce.
Más realistas resultan las representaciones debidas a los orfebres quimbaya: de pie o sentados sobre un banco, sus personajes no exhiben la elaborada fantasía tairona, pero ofrecen estilizaciones en las proporciones anatómicas y en los detalles corporales, con el propósito de establecer que lo más importante es la cabeza y el rostro. En esta misma cultura, los pectorales con formas humanas muestran manos muy geometrizadas a manera de semicírculos dentados; la figura del hombre-ave, alusiva al vuelo chamánico, tiene manos aplanadas con numerosos dedos incisos. En los poporos de uso ceremonial, se encuentra, por ejemplo, la figura de una mujer que lleva pájaros en sus manos; existen también recipientes con cuellos antropomorfos con un cuerpo masculino que enseña sus manos apoyadas en el vientre.
En los llamados tunjos, de amplio uso entre los muiscas, toda la figura se geometriza en alto grado, hasta que de las manos sólo se conservan someras alusiones: los brazos son delgados cilindros que se doblan para llegar al pecho; algunos representan guerreros que llevan armas, otros son indígenas que cargan a un pequeño.
Estas piezas se empleaban como exvotos simbólicos que acompañados por otras ofrendas, se enterraban en sitios sagrados a fin de pedir o agradecer favores. Las figuras de caciques en su cercado son de gran interés por la complejidad que presentan, por los testimonios que contienen sobre la vida doméstica y las alusiones a la concepción dual del mundo; en ellas, el cacique sostiene en las manos el bastón bifurcado. Dicho atributo es frecuente en otros ejemplos de orfebrería de esta cultura, como es el caso de la célebre balsa muisca.
#AmorPorColombia
Manos prehispánicas

Cultura Tumaco. Mano antropomorfa pendiente. Cerámica. 3,5 x 7 cm

Cultura Calima. Figura antropomorfa Cerámica. 28 x 23 x 12 cm Los calima (1500 a. C. - 200 a. C.), que ocuparon el territorio entre los ríos Calima y Dagua, se distinguieron por su manejo de la orfebrería. Como ceramistas dedicaron gran parte de su trabajo a la producción de utensilios de uso doméstico, como las alcarrazas de dos o tres vertederas, que eran utilizadas para la contención y el transporte de líquidos. Es el caso de esta figura, datada entre los años 1500 a. C. y 200 a. C., perteneciente al período más temprano de la ocupación calima, denominado ilama. Ella presenta, en cerámica rojiza con pintura negra, a una mujer joven, arrodillada, que lleva las manos sobre las rodillas. Al no tener órganos sexuales bien definidos, podemos fácilmente inferir su sexo por el cabello recogido hacia atrás. A pesar del uso de incisiones para señalar los brazaletes y el collar, no es este el caso de un personaje de alto rango en la jerarquía social.

Cultura Calima. Figura antropomorfa Cerámica. 28 x 23 x 12 cm

Cultura San Agustín. Figura antropomorfa. Piedra La colección estatuaria de San Agustín (siglo v d. C.) estuvo destinada al ocultamiento, debido a su naturaleza funeraria. Allí cada pieza representa un personaje específico que se desempeña en el trance del muerto entre la vida pasada y el viaje a una vida futura. Se encuentran figuras de guerreros, sacerdotes y dignatarios, animales simbólicos mezcla de varias zoologías y deidades que combinan en un cuerpo partes felinas y humanas. Esta imagen, proveniente de Ullumbe y ubicada en la Plaza de Bolívar de San Agustín representa a un sacerdote. Los objetos que lleva en la mano –una concha de caracol y un palillo– eran empleados para mezclar la sustancia alcalina y la coca destinadas a las ceremonias rituales, a lo que se suma el tocado de la cabeza, que designa su condición especial. Lejos de pretender ser una imagen realista, la figura monolítica no guarda las proporciones del ser humano pero está dotada de un vigor grave y vital.

Cultura San Agustín. Figura antropomorfa. Piedra

Cultura Chimila. Cántaro antropomorfo Cerámica, 17,7 x 25 cm (diámetro) Los grupos prehispánicos sedentarios que se ubicaron a lo largo del río Magdalena presentan cierta dificultad para su clasificación y caracterización por haber sido el río, precisamente, la ruta natural e ineludible para realizar los intercambios comerciales entre las diversas culturas. Sin embargo, las urnas funerarias son el elemento arqueológico distintivo de la zona y se corresponden con las prácticas de enterramiento en grandes recipientes cerámicos, de forma cilíndrica, principalmente. En este caso, la tapa de la urna aquí reproducida posee características chimila claras como el uso de orejeras. Definitoria de la tradición funeraria del Magdalena es la postura de las manos sobre el vientre, con los dedos extendidos aparentando hundirse en la piel. Este gesto, según Gerardo Reichel-Dolmatoff, es representativo del regreso del cadáver al útero materno.

Cultura Chimila. Cántaro antropomorfo Cerámica, 17,7 x 25 cm (diámetro)

Cultura Sinú. Tapa de urna. Cerámica, 25 cm de diámetro x 18 cm La cuenca del río Sinú, junto con la depresión momposina, conformaba en la época prehispánica un mismo territorio definido como cacicazgo. El uso reiterativo de imágenes femeninas en la cerámica tiene una estrecha relación con la tradición matriarcal. Con miras a fortalecer la diferenciación social y a justificar la ocupación de los campos elevados por sus descendientes, los fundadores de linajes eran representados en arcilla para funciones alimenticias u ofrendatarias, que se diferencian únicamente en el uso de tapas para el caso de los ritos funerarios. En cuanto a los utensilios de carácter utilitario, de cuya producción estaban excluidas las alcarrazas, por lo general contenían los alimentos para las funciones de tipo alimentario u ofrendatario, diferenciadas únicamente en cuanto al uso de tapas para el caso de los ritos funerarios. Esta vasija evidencia un particular intercambio cultural en el uso de ojos en forma de grano de café, representación característica de la cultura tairona.

Cultura Sinú. Tapa de urna. Cerámica, 25 cm de diámetro x 18 cm

Cultura Quimbaya. Figura antropomorfa. 17 x 15 x 8 cm Se acostumbra designar como quimbaya (ca. 400 a. C.) a todos los objetos arqueológicos encontrados en la zona ocupada actualmente por los departamentos colombianos de Caldas, Risaralda, Quindío y el sector nororiental del Valle del Cauca. La cerámica quimbaya, proviene de la cocción de materiales como barro, arcilla y greda y posee rasgos característicos como el uso de líneas para representar los ojos, la preferencia por figurar animales pequeños y el uso exclusivo de figurillas antropomórficas del tipo tabloide como la de este caso. Se trata de la figura maciza y sedente de un cacique. Es probable que las perforaciones alrededor de la cabeza hayan sido utilizadas para colocar penachos de plumas, como una corona a la usanza de la que llevaba el cacique original. La postura de su mano, con intención de ofrendar, refuerza la idea de su uso ceremonial.

Cultura Quimbaya. Figura antropomorfa. 17 x 15 x 8 cm

Cultura Jamacoaque. Figura antropomorfa. 27 x 15 x 12 cm Ubicada al norte de Manabí, la cultura jamacoaque (1200 d. C.) comparte las características de la evolución ceramista de la costa pacífica del actual Ecuador. En ella es distinguible un deseo de retratar el mundo físico y mitológico de la comunidad con la mayor fidelidad posible. Este “naturalismo” difícilmente se conseguía a través de pigmentos, por ello la cerámica de jamacoaque es cerámica de incisión, para el caso de los atuendos, alhajas y facciones. Las figuras femeninas llevan, por lo general, falda larga y el pecho, adornado con collares, exhibe senos rotundos. En las figuras masculinas es notable la variedad de atuendos y tocados. El personaje aquí representado lleva en las manos los utensilios típicos del chamán, su vestimenta deja ver la importancia de la ceremonia que presidirá; los diseños geométricos de las orejeras, junto con la figurilla que pende de su cuello, representación de un dios, constituyen atributos mágicos.

Cultura Jamacoaque. Figura antropomorfa. 27 x 15 x 12 cm
Texto de: Sylvia Juliana Suárez
Las primeras manos representadas se remontan a la época prehispánica, en la que se distinguen dos tradiciones estéticas: la del diseño geométrico y la de la figuración estilizada. Para entonces, las elaboraciones que hoy apreciamos como artísticas, operaban como medio de expresión ritual y mitológico que permitía e incentivaba la relación con los dioses o con el más allá, al tiempo que reflejaban aspectos sociales e introducían elementos de diferenciación de los sacerdotes y caciques con el resto de la comunidad.
Más rica en ejemplos, la tradición figurativa se inicia con la aplicación directa de las manos cubiertas con pigmento sobre una superficie, y con el estarcido de manos en cuevas o abrigos rocosos. Perfiladas como imágenes en positivo o en negativo, estas manos primitivas operan como una huella muda que firma la obra mágica de anticipar una caza exitosa trazada en la pared y, al mismo tiempo, conmemoran a sus anónimos autores.
Por su parte, la célebre pintadera plana labrada en piedra, que muestra una mano con una espiral en el centro, utilizada para ser aplicada con tinta en textiles o en el cuerpo, resulta ser una sofisticada obra de diseño que parece totalmente contemporánea por su poder de símbolo visual, el cual podría aludir a la fertilidad o a la renovación vegetal. En una hacienda en Tibabuy (Cundinamarca) se han encontrado manos talladas en una roca denominada La Tina, la cual posee abundantes motivos rupestres.
En las cerámicas utilitarias o ceremoniales se aplican diferentes recursos artísticos y la estilización anatómica alcanza gran libertad. Por ejemplo, en las piezas tumaco, grandes cabezas alargadas contrastan con manos pequeñísimas y apenas insinuadas, que cumplen con la función básica de sostener. En una vasija calima de una madre llevando a su pequeño hijo en brazos, cuatro incisiones lineales bastan para indicar los dedos. Manos algo más naturalistas se encuentran en las figuras tipo “retablo” de los quimbayas, en las que, de nuevo, las líneas incisas trazan en el barro la definición de los dedos. En las figuras de la cultura nariño denominadas “coqueros”, los personajes tienen manos elementales apoyadas en las rodillas. Las urnas funerarias del bajo Magdalena presentan tapas adornadas con figuras antropomorfas de medio cuerpo, dotadas de cabezas trapezoidales y brazos alzados con manos abiertas como en estrella.
Las cerámicas de la cultura malagana, entre ellas vasijas, canasteros y alcarrazas, muestran con frecuencia figuras humanas con manos extraordinariamente simplificadas, cuyos dedos incisos de manera muy rudimentaria contrastan con la aplicada elaboración del resto de la pieza.
La estatuaria agustiniana, destinada probablemente a prácticas ceremoniales o funerarias, posee gruesas manos esquematizadas que sostienen pesadas mazas, un cuenco, un pez, una flecha o una calavera que pende del cuello. Fuertes y geometrizados, los dedos planos, carentes de uñas o falanges, no guardan proporciones naturalistas respecto al resto de la anatomía de las figuras.
Es en la orfebrería donde se alcanza la mayor sofisticación técnica y donde los atributos simbólicos consiguen el mayor refinamiento estético. El oro, concebido como “sudor del sol” y símbolo del poder generativo, se empleó para fabricar piezas con funciones rituales y ornamentales. Por ejemplo, los alfileres calima, que eran empleados para sostener atuendos o para extraer la cal del poporo, están rematados con figuras antropomorfas minúsculas muy detalladas, cuyas manos llevan diversos atributos simbólicos de poder.
Los chamanes muiscas portan sus símbolos de autoridad en una manos muy rudimentarias, hechas apenas de pequeños cilindros delgados. En las figuras antropomorfas tolima, los dedos desaparecen y todo el cuerpo queda reducido a una estricta geometría básica; en los pectorales, de esta misma cultura, se fusionan figuras animales y humanas de carácter mítico.
En las complejas elaboraciones referentes al chamán ataviado de los taironas, es frecuente que manos con más de cinco dedos porten una enigmática barra rematada con espirales, la cual podría referirse a la serpiente bifurcada, servir de emblema de fertilidad o de cetro alusivo al poder. Las piezas calima exhiben insignias similares en las manos. En el Valle del Cauca se han encontrado figuras chamánicas con instrumentos musicales o ataviadas para el baile, con utensilios referidos a la transformación en animales. En los ejemplares sinú existen hechuras que sostienen una barra de la que penden placas móviles, cuya utilización y significado se desconoce.
Más realistas resultan las representaciones debidas a los orfebres quimbaya: de pie o sentados sobre un banco, sus personajes no exhiben la elaborada fantasía tairona, pero ofrecen estilizaciones en las proporciones anatómicas y en los detalles corporales, con el propósito de establecer que lo más importante es la cabeza y el rostro. En esta misma cultura, los pectorales con formas humanas muestran manos muy geometrizadas a manera de semicírculos dentados; la figura del hombre-ave, alusiva al vuelo chamánico, tiene manos aplanadas con numerosos dedos incisos. En los poporos de uso ceremonial, se encuentra, por ejemplo, la figura de una mujer que lleva pájaros en sus manos; existen también recipientes con cuellos antropomorfos con un cuerpo masculino que enseña sus manos apoyadas en el vientre.
En los llamados tunjos, de amplio uso entre los muiscas, toda la figura se geometriza en alto grado, hasta que de las manos sólo se conservan someras alusiones: los brazos son delgados cilindros que se doblan para llegar al pecho; algunos representan guerreros que llevan armas, otros son indígenas que cargan a un pequeño.
Estas piezas se empleaban como exvotos simbólicos que acompañados por otras ofrendas, se enterraban en sitios sagrados a fin de pedir o agradecer favores. Las figuras de caciques en su cercado son de gran interés por la complejidad que presentan, por los testimonios que contienen sobre la vida doméstica y las alusiones a la concepción dual del mundo; en ellas, el cacique sostiene en las manos el bastón bifurcado. Dicho atributo es frecuente en otros ejemplos de orfebrería de esta cultura, como es el caso de la célebre balsa muisca.