- Botero esculturas (1998)
- Salmona (1998)
- El sabor de Colombia (1994)
- Wayuú. Cultura del desierto colombiano (1998)
- Semana Santa en Popayán (1999)
- Cartagena de siempre (1992)
- Palacio de las Garzas (1999)
- Juan Montoya (1998)
- Aves de Colombia. Grabados iluminados del Siglo XVIII (1993)
- Alta Colombia. El esplendor de la montaña (1996)
- Artefactos. Objetos artesanales de Colombia (1992)
- Carros. El automovil en Colombia (1995)
- Espacios Comerciales. Colombia (1994)
- Cerros de Bogotá (2000)
- El Terremoto de San Salvador. Narración de un superviviente (2001)
- Manolo Valdés. La intemporalidad del arte (1999)
- Casa de Hacienda. Arquitectura en el campo colombiano (1997)
- Fiestas. Celebraciones y Ritos de Colombia (1995)
- Costa Rica. Pura Vida (2001)
- Luis Restrepo. Arquitectura (2001)
- Ana Mercedes Hoyos. Palenque (2001)
- La Moneda en Colombia (2001)
- Jardines de Colombia (1996)
- Una jornada en Macondo (1995)
- Retratos (1993)
- Atavíos. Raíces de la moda colombiana (1996)
- La ruta de Humboldt. Colombia - Venezuela (1994)
- Trópico. Visiones de la naturaleza colombiana (1997)
- Herederos de los Incas (1996)
- Casa Moderna. Medio siglo de arquitectura doméstica colombiana (1996)
- Bogotá desde el aire (1994)
- La vida en Colombia (1994)
- Casa Republicana. La bella época en Colombia (1995)
- Selva húmeda de Colombia (1990)
- Richter (1997)
- Por nuestros niños. Programas para su Proteccion y Desarrollo en Colombia (1990)
- Mariposas de Colombia (1991)
- Colombia tierra de flores (1990)
- Los países andinos desde el satélite (1995)
- Deliciosas frutas tropicales (1990)
- Arrecifes del Caribe (1988)
- Casa campesina. Arquitectura vernácula de Colombia (1993)
- Páramos (1988)
- Manglares (1989)
- Señor Ladrillo (1988)
- La última muerte de Wozzeck (2000)
- Historia del Café de Guatemala (2001)
- Casa Guatemalteca (1999)
- Silvia Tcherassi (2002)
- Ana Mercedes Hoyos. Retrospectiva (2002)
- Francisco Mejía Guinand (2002)
- Aves del Llano (1992)
- El año que viene vuelvo (1989)
- Museos de Bogotá (1989)
- El arte de la cocina japonesa (1996)
- Botero Dibujos (1999)
- Colombia Campesina (1989)
- Conflicto amazónico. 1932-1934 (1994)
- Débora Arango. Museo de Arte Moderno de Medellín (1986)
- La Sabana de Bogotá (1988)
- Casas de Embajada en Washington D.C. (2004)
- XVI Bienal colombiana de Arquitectura 1998 (1998)
- Visiones del Siglo XX colombiano. A través de sus protagonistas ya muertos (2003)
- Río Bogotá (1985)
- Jacanamijoy (2003)
- Álvaro Barrera. Arquitectura y Restauración (2003)
- Campos de Golf en Colombia (2003)
- Cartagena de Indias. Visión panorámica desde el aire (2003)
- Guadua. Arquitectura y Diseño (2003)
- Enrique Grau. Homenaje (2003)
- Mauricio Gómez. Con la mano izquierda (2003)
- Ignacio Gómez Jaramillo (2003)
- Tesoros del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. 350 años (2003)
- Manos en el arte colombiano (2003)
- Historia de la Fotografía en Colombia. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1983)
- Arenas Betancourt. Un realista más allá del tiempo (1986)
- Los Figueroa. Aproximación a su época y a su pintura (1986)
- Andrés de Santa María (1985)
- Ricardo Gómez Campuzano (1987)
- El encanto de Bogotá (1987)
- Manizales de ayer. Album de fotografías (1987)
- Ramírez Villamizar. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1984)
- La transformación de Bogotá (1982)
- Las fronteras azules de Colombia (1985)
- Botero en el Museo Nacional de Colombia. Nueva donación 2004 (2004)
- Gonzalo Ariza. Pinturas (1978)
- Grau. El pequeño viaje del Barón Von Humboldt (1977)
- Bogotá Viva (2004)
- Albergues del Libertador en Colombia. Banco de la República (1980)
- El Rey triste (1980)
- Gregorio Vásquez (1985)
- Ciclovías. Bogotá para el ciudadano (1983)
- Negret escultor. Homenaje (2004)
- Mefisto. Alberto Iriarte (2004)
- Suramericana. 60 Años de compromiso con la cultura (2004)
- Rostros de Colombia (1985)
- Flora de Los Andes. Cien especies del Altiplano Cundi-Boyacense (1984)
- Casa de Nariño (1985)
- Periodismo gráfico. Círculo de Periodistas de Bogotá (1984)
- Cien años de arte colombiano. 1886 - 1986 (1985)
- Pedro Nel Gómez (1981)
- Colombia amazónica (1988)
- Palacio de San Carlos (1986)
- Veinte años del Sena en Colombia. 1957-1977 (1978)
- Bogotá. Estructura y principales servicios públicos (1978)
- Colombia Parques Naturales (2006)
- Érase una vez Colombia (2005)
- Colombia 360°. Ciudades y pueblos (2006)
- Bogotá 360°. La ciudad interior (2006)
- Guatemala inédita (2006)
- Casa de Recreo en Colombia (2005)
- Manzur. Homenaje (2005)
- Gerardo Aragón (2009)
- Santiago Cárdenas (2006)
- Omar Rayo. Homenaje (2006)
- Beatriz González (2005)
- Casa de Campo en Colombia (2007)
- Luis Restrepo. construcciones (2007)
- Juan Cárdenas (2007)
- Luis Caballero. Homenaje (2007)
- Fútbol en Colombia (2007)
- Cafés de Colombia (2008)
- Colombia es Color (2008)
- Armando Villegas. Homenaje (2008)
- Manuel Hernández (2008)
- Alicia Viteri. Memoria digital (2009)
- Clemencia Echeverri. Sin respuesta (2009)
- Museo de Arte Moderno de Cartagena de Indias (2009)
- Agua. Riqueza de Colombia (2009)
- Volando Colombia. Paisajes (2009)
- Colombia en flor (2009)
- Medellín 360º. Cordial, Pujante y Bella (2009)
- Arte Internacional. Colección del Banco de la República (2009)
- Hugo Zapata (2009)
- Apalaanchi. Pescadores Wayuu (2009)
- Bogotá vuelo al pasado (2010)
- Grabados Antiguos de la Pontificia Universidad Javeriana. Colección Eduardo Ospina S. J. (2010)
- Orquídeas. Especies de Colombia (2010)
- Apartamentos. Bogotá (2010)
- Luis Caballero. Erótico (2010)
- Luis Fernando Peláez (2010)
- Aves en Colombia (2011)
- Pedro Ruiz (2011)
- El mundo del arte en San Agustín (2011)
- Cundinamarca. Corazón de Colombia (2011)
- El hundimiento de los Partidos Políticos Tradicionales venezolanos: El caso Copei (2014)
- Artistas por la paz (1986)
- Reglamento de uniformes, insignias, condecoraciones y distintivos para el personal de la Policía Nacional (2009)
- Historia de Bogotá. Tomo I - Conquista y Colonia (2007)
- Historia de Bogotá. Tomo II - Siglo XIX (2007)
- Academia Colombiana de Jurisprudencia. 125 Años (2019)
- Duque, su presidencia (2022)
Entorno Geográfico

Páramo de Sumapaz visto desde La Regadera: testigos mudos de la evolución urbana. El macizo de Sumapaz se comunica con la sabana a través del valle del río Tunjuelo.
Páramo de Sumapaz: espejo de aguas y paisajes silenciosos.
Páramo de La Cumbrera. Localizados entre 3.600 y 4.200 m.s.n.m, los páramos exhiben condiciones ambientales extremas.
El levantamiento final de la cordillera oriental sucedió hace tres millones de años, cuando alcanzó su altura actual (2.600 m.s.n.m.). En la sabana se formó la gran laguna de la sabana. A su desaparición se formaron los valles del río Bogotá y sus afluentes.
Los cerros orientales vistos desde la sabana. Hace 10 millones de años hubo el primer levantamiento de la cordillera oriental; la sabana quedó aislada de los llanos y el valle del Magdalena.
Helechos bajos y hojarasca.
En el páramo del Verjón, las inflorescencias del cardosanto (Puya) se elevan como altivos ejes verticales.
Piojito de flor blanca (Arcythophyllum muticum)- Rubiaceae.
Trompo (Ternstroemia meridionalis)- Theaceae.
Liquen arborescente.
Musgos esponjosos y líquenes plateados.
Ericáceae, uva (Macleania rupestris) con flor, musgos, epífitas y helechos en bosque de encenillo de Torca.
Pegamoscos (Befaria resinosa)- Ericaceae.
Melodiosas cortinas de agua en la caída de la quebrada del cerro de Guadalupe.
Lechos texturados del río Tunjuelito, a su paso por Usme.
Constelación de bosques.
Rayos alargados del sol al amanecer sobre el relieve de los cerros.
Imágenes dulces y sencillas como las que forma el paragüitas de sapo (Hydrocotile ranunculoides) en el valle del río Tunjuelo.
Sorprendentes geometrías de helecho macho (Dryopteris sp.)
Flores de sorprendentes texturas de la Eriocaulaceae (Paepalanthus sp.)-Chupalla, en el páramo del Verjón. Este tipo de vegetación se extiende por encima de los 3.100 msnm, sobre suelos con buena retención de agua.
Un díptero (tábano) se posa sobre las flores de Compuestas o Espeletia.
Geranio (Geranium sp.)-Geraniaceae.
Ericaceae.
Frutos de pegamoscos.
Helecho (Blechnum loxense) en primer plano y líquenes al fondo.
Larvas (Homoptera-Afidos).
Saltamontes o grillos.
Grillo (Ortoptera-Acrididae Melenoplinae), posando sobre hojas de gaque (Clusia multiflora).
Coleoptera-Tenebrionidae.
Escarabajo resorte (Coleoptera-Elateridae Semiotus sp.), en ápice de una hoja de frailejón.
Contornos suaves y aterciopelados de especies arrosetadas. Páramo de Guadalupe.
Habitáculos de escarabajos afelpados (Coleoptera-Melyridae Astylux sp.), en líquenes plateados. Páramo de Sumapaz.
Agua viva y chispeante en la quebrada de Torca.
Araña tejedora (Aranae-Araneidae) sobre hoja.
Escarabajo resorte (Coleoptera Elateridae). La perturbación de algunas áreas ha ocasionado pérdidas de fauna.
Reflejos del firmamento sobre el río Tunjuelo.
Hongos Polyporaceae.
Laboriosas arañas (Aranae Tetragnathidae Tetragnatha sp.), en la calma maravillosa del páramo del Verjón.
Bosques secundarios presentes en La Floresta.
Silenciosas y cristalinas abluciones de agua en la quebrada del páramo de Cruz Verde.
Los quiches dan una tonalidad de fábula eterna a los bosques.
Silueta de eucaliptos y aleteo de colibríes (chillonas) en el cerro de Monserrate.
Siluetas de mirla negra (Turdus fuscater)
Largas modulaciones de color de flores de guargüerones (Digitalis purpurea).
Río Tunjuelo. Paisajes por reincorporar a la vida urbana; hoy día altamente contaminados por vertimientos de tipo doméstico e industrial.
Frailejones y rocas.
Detrás de las nubes, una luz intensa se vierte sobre La Floresta.
Los laguitos: espejos de los cerros y magia del color. La topografía de los cerros varía en todo su territorio. En el área de La Floresta presenta ligeras ondulaciones.
Cucharo con botones (Geissanthus andinus),
Myrsinaceae.
Angelito (Bucquetia glutinosa).
Contrastes de musgos y helechos.
Tagua (Gaiadendron punctatum)-
Tominejero (Psychotria sp.)- Rubiaceae.
Chupahuevos (Echeveria bicolor)- Crassulaceae.
Lagunas de Siecha en el páramo de Chingaza. El paisaje de los páramos estaría incompleto sin sus lagunas.
Humedad y frescura en los depósitos de agua que forma el río San Francisco.
Los líquenes tiñen las rocas de la cascada de La Ninfa.
En su caída, el agua toma lecciones de las piedras.
La topografía de los cerros conforma diversos telones y escenarios. Vista al sur desde La Floresta.
Sauco en floración sobre las aguas en movimiento del río Teusacá: placer de los sentidos. Al llegar a la ciudad muchas de sus quebradas han sido canalizadas y enterradas.
La oscilación de la vida entre los polos de la naturaleza y el espíritu, debe resultar tan alegre, y perfecta como la distensión de un arco iris.
La sensación de reposo que comunican los reflejos de los bosques de pino candelabro (Pinus radiata) sobre el agua de La Regadera. Ejemplo de plantaciones exóticas en áreas de los cerros.
Cyperaceae: líneas y reflejos vegetales en las aguas del páramo de Cruz Verde.
Fabulosas fuentes de aguas mansas en el páramo de Cruz Verde. Las plantas acuáticas y arraigadas son comunes en los ecosistemas de lagunas de los páramos.
Senecio madagascariensis-Asteraceae.
Chicoria de flor amarilla (Hippochoeris)-Asteraceae y una Apiaceae de flor blanca.
Uvas en floración-Ericaceae.
Fronde de helecho en formación.
Ramitas de chusque (Chusquea sp.) con gotas de rocío.
Helecho arbóreo o palma boba con cicatrices de hojas y yemas en forma de cola de alacrán.
La penumbra del anochecer iluminada por los restos de luz tras la barrera de montañas. Reflejos de bosque y luna en los Laguitos de La Floresta.
Las aguas mansas y silenciosas de La Regadera.
Caudales de agua. La defensa y protección de las fuentes hídricas provenientes de los cerros debe ser empeño común de todos los habitantes de la ciudad.
Las formas ondulantes de las lomas verdes en el valle del río Teusacá.
Nubes livianas a ras de suelo, en la vía a Mundo Nuevo.
Las áreas de fuertes pendientes y escarpadas formaciones montañosas han sido decisivas para controlar el crecimiento urbano.
Hojas en formación del helecho de potrero (Pteridium aquilinum). La vegetación de bosque andino que se ve en algunas partes de los cerros, se inició hace 8.000 años, cuando la temperatura se elevó a un clima similar al actual.
Vista del tejido que forman la sabana y sus trazados agrarios. Los suelos de la sabana tienen vocación agraria, a diferencia de los suelos ácidos y poco fértiles de la mayoría de las áreas de los cerros, especialmente en sus partes más inclinadas. Hileras de sauces bordean los riachuelos.
Líquenes texturados verdes y grises.
Lagarto (Phenacosaurus heterodermus). No deja de asombrar su ventajosa capacidad natural de mimetizarse en el medio.
Araña tejedora (Aranae-Araneidae) sobre hoja.
Insecto (Homoptera-Delphacidae).
Grillo (Ortoptera-Acrididae
Romaleinae phaeoparini).
Avispa (Hymenoptera-Pelecinidae).
Larvas de mariposa.
Mariposa (Lepidoptera-Nymphalinae Marpesia sp.)
Caracol.
Gallito (Epidendrum sp.)- Orchidaceae.
Coralito.(Nertera sp.)- Rubiaceae.
Hongos (Amanita sp.)- Amanitaceae.
Hongos (Coprinus sp.)- Coprinaceae.
Hongos o yescas- Polyporaceae.
Hongos (Paneolus sp.)-Coprinaceae.
Hongos (Russula sp.)-Russulaceae.
Oreja de ratón (Ranunculus sp.)-Ranunculaceae. Musgo amarillo.
Líquenes de diversas texturas.
Contornos de luz sobre las nubes en el cerro de El Zuque.
Rastro serpenteante de un carreteable por entre un frailejonal, en el páramo de Cruz Verde.
Bosques de niebla, una constante en el camino a Ubaque, al bajar del páramo de Choachí.
Líquenes texturados verdes y grises.
Vista al oriente desde los cerros, a la altura de la calle 200. Sobre los suaves y ondulados cerros, el cielo otoñal aparece convulsionado por destellos de colores.
Hongos. (Lycoperdon sp.)- Lycoperdaceae.
Flores de frailejón. (Espeletiopsis corymbosa).
Bosque andino bajo en inmediaciones de San Rafael.
Imagen satelital de Bogotá y los cerros: la ciudad se reconoce por su color azul, los cerros y la sabana se visualizan por el color rojo.
Myriophyllum.
Derecha, Rocío de la mañana en las ramitas de Chusque.
Cerro del Cable.
En la calma del amanecer un pescador prueba suerte con su caña, en las aguas de La Regadera.
Texto de: Centro de Investigacions de la Facultad de Arquitectura, CIFA.
Universidad de los Andes
Sistema montañoso
Los cerros orientales hacen parte del sistema montañoso colombiano. Este sistema orográfico está ubicado en el extremo norte de la cordillera de los Andes, que atraviesa Suramérica desde Chile hasta Venezuela, bordeando la costa pacífica. Al entrar a Colombia, el sistema se divide en tres ramales: occidental, central y oriental. El oriental, que nace en el macizo colombiano, se divide en dos al llegar al norte: la cordillera de Mérida, que termina en Venezuela, y un ramal que concluye en la península de La Guajira. La cordillera oriental se caracteriza por ser la más ancha de las tres, formando en su parte central una serie de altiplanos y terrazas de acarreo, que llegan a tener hasta 250 km de ancho. Los mayores altiplanos son los de la sabana de Bogotá, Fúquene y Sogamoso, todos de origen fluvio-lacustre.(1)?
La sabana de Bogotá, con una extensión de 4.270 hectáreas, es el más grande de estos altiplanos. Junto con los cerros y páramos que la rodean y la cuenca alta del río Bogotá, hasta la salida del río del altiplano, conforma una unidad geológica y geográfica. Algunos de los cerros más importantes de esta unidad son los cerros de Guacamayas, Juan Rey, Doña Juana y la cuchilla del Gavilán, al sur, que limitan con la parte norte del Macizo de Sumapaz, comunicado con la sabana a través del valle del río Tunjuelo(2). En los costados oriental y occidental aparecen dos ramales cordilleranos paralelos a su eje, donde se localizan, entre otros, los páramos de Cruz Verde, Siecha (que pertenece al Macizo de Chingaza), Guerrero y El Tablazo. Hacia el noroccidente se encuentran los cerros de Suba. En su límite suroccidental otro elemento geográfico importante de la sabana es el Salto del Tequendama, por donde sale del altiplano el río Bogotá.
En el costado oriental de la sabana, en una continuación del Macizo de Sumapaz, se encuentran los cerros orientales, con alturas que varían entre los 2.800 y los 3.600 m.s.n.m. Estos cerros comienzan en el Boquerón de Chipaque, al suroriente de la sabana, y conforman en primera instancia los páramos de Cruz Verde, Choachí y Verjón; continúan hacia el norte, formando boquerones, picos y páramos de menor altura, como el cerro de La Teta, la cuchilla del Zuque, los cerros de Monserrate y Guadalupe, el Alto de los Cazadores, el cerro del Cable, el páramo de La Cumbrera y los boquerones de San Francisco y San Cristóbal, y se dilatan en la planicie a la altura de La Caro. Durante su recorrido forman, en su costado oriental, los valles de Teusacá y de Sopó, que limitan con el Macizo de Chingaza.
Geomorfología, geología, topografía y tipos de suelos
El conocimiento de las variables relacionadas con la tierra es fundamental para comprender los usos del suelo, sus influencias y repercusiones. Se busca entender con ello los procesos naturales ocurridos en el tiempo.
Hace cien millones de años, durante el período Cretáceo, toda la sabana de Bogotá y sus alrededores estaban cubiertos por el mar. Su profundidad fue disminuyendo poco a poco durante la etapa final del período, formando en las partes menos profundas depósitos de arena y sal. Estas formaciones son las que se conocen como Grupo Guadalupe(3)?. Hace unos 65 millones de años el mar desapareció de la sabana. La zona se convirtió, entonces, en una planicie costera cubierta de pantanos y desembocaduras de ríos, donde se acumularon arenas, arcillas y restos de vegetación, que actualmente pertenecen a la formación Guaduas. Estos restos formaron mantos de carbón o turbas, explotados hoy en varios lugares de la sabana.
A finales del Cretáceo y comienzos del Terciario, la sabana se encontraba en la zona tropical, al nivel del mar, con afluencia de ríos que depositaban arcillas, arenas y gravilla, formaciones denominadas hoy Bogotá, Regadera y Usme. Por ese entonces, algunos movimientos contribuyeron a conformar pequeños cerros. Sin embargo, la mayoría de la actual cordillera se hallaba en zonas bajas y planas, conectadas con los valles del Magdalena y los Llanos.
La historia de la sabana corresponde entonces al período Cuaternario, durante el cual ocurrieron las glaciaciones que forman el paisaje actual, aunque formaciones como las zonas de acumulación fluviolacustre comenzaron en el Terciario.
Hace unos 10 millones de años sucedió un primer levantamiento de la cordillera oriental con lo que la sabana quedó aislada de los Llanos y del valle del Magdalena. Los movimientos tectónicos siguieron provocando deslizamientos de lodo, que dieron origen a la formación Marichuela.
Hace 3 millones de años ocurrió el levantamiento final de la cordillera oriental y la sabana alcanzó su altura actual (2.600 m.s.n.m.). Durante esta época, la parte plana se comenzó a hundir, formando una cuenca que recibía las aguas del río Bogotá y sus afluentes, que, al acumularse, formaron la gran Laguna de la sabana, cuyo nivel de agua llegaba aproximadamente hasta la cota de 2.600 m.s.n.m. Los sedimentos lacustres que se formaron entonces son conocidos como formaciones Subachoque y Sabana. Hace 50.000 años las lluvias disminuyeron y una gran cantidad de agua comenzó a salir por el Salto del Tequendama. Entonces, la laguna comenzó a secarse hasta desaparecer hace unos 30.000 años. Con su desaparición se formaron los valles del río Bogotá y sus afluentes, que constituyen la actual sabana de Bogotá.
En esta sabana se encuentran dos grandes estructuras morfológicas, relacionadas con los procesos de formación del sistema orográfico: una zona plana u ondulada, donde hace 50.000 años existió la laguna; y una montañosa, producto de los plegamientos y movimientos tectónicos.
La zona montañosa del costado suroriental se divide, a su vez, en tres bloques morfoestructurales: el bloque oriental, que corresponde a lo que llamamos “cerros orientales”; el bloque central hundido, que corresponde a la depresión de Usme y el valle del río Tunjuelo; y el bloque occidental, que corresponde a los cerros del suroccidente, meseta de Pasquilla.(4)
El bloque oriental o “cerros orientales” está compuesto por rocas sedimentarias del Cretáceo y el Terciario. Las más antiguas son las de la formación Chipaque, que constituyen el núcleo, sobre las cuales se sobreponen formaciones como Guadalupe, Guaduas, Cacho, Bogotá, Regadera y Usme. Las rocas sedimentarias que conforman las formaciones son utilizadas como material de extracción: arena, recebo, piedra, arcilla. En los últimos años, estas explotaciones han transformado de manera considerable grandes zonas del norte y sur de los cerros orientales. Esto no sólo implica la transformación de su morfología, sino la aparición de zonas de riesgo por deslizamiento e inestabilidad del terreno.
Otro aspecto de los cerros es su topografía. Las pendientes varían a todo su largo, dividiendo el costado occidental en tres zonas: la del norte, desde Usaquén hasta Torca, con pendientes ligeras y onduladas, de una inclinación entre el 12 y el 50%; la central, desde Guadalupe hasta Usaquén, con las pendientes mayores, superiores al 50%; la del sur, desde el Boquerón de Chipaque hasta Guadalupe, también con pendientes fuertes, aunque menores que las del centro. La topografía de las altas pendientes es decisiva para limitar el crecimiento urbano.
Los tipos de suelo son también resultado de la interacción entre formación geológica, cobertura vegetal y clima. En los cerros el lento proceso de degradación de la materia orgánica y la conformación geológica producen suelos muy ácidos y poco fértiles. La clasificación física de los suelos abarca cuatro asociaciones desarrolladas a partir de materiales del Cretáceo: asociación Monserrate, que ocupa un 75% del área y se distribuye entre los 2.750 y 3.200 m.s.n.m.; asociación Cabrera-Cruz Verde, que ocupa un 8% y se distribuye entre los 2.800 y 3.100 m.s.n.m.; Serie Coluvios, que ocupa un 2% y se distribuye en las localidades de Chapinero y Santa Fe; y Asociación Páramo Usme-Guasca, que ocupa un 13% aproximadamente y se distribuye sobre una altitud superior a los 3.100 m.s.n.m. Existe también una clasificación agrológica que determina la vocación agraria. Los estudios al respecto indican que gran parte del área no es apta para este tipo de actividad.
Considerando el papel que juegan los cerros en la ciudad y la sabana, como reserva natural y paisaje cultural, resulta esencial “entender que los cerros son el único patrimonio y recurso natural proporcional a las dimensiones y crecimiento de Santa Fe de Bogotá, si no lo recuperamos y lo preservamos estaremos abocados a un futuro de contaminación y polución irreversible…”(5).
A esta observación vale la pena añadir que los procesos de contaminación son resultado de los procesos de artificialización inducidos por el hombre. Con la recuperación de los cerros como pulmón verde de la ciudad se logrará, en cierta medida, mitigar estos impactos. La mayoría de estudios recomienda dar prioridad a la recuperación de aquellas áreas más degradadas –como Usaquén–, congelar el avance de urbanizaciones en áreas de riesgo y en rondas hídricas, recuperar morfológicamente las áreas de canteras y reservar las áreas rurales de los cerros como parques contemplativos o recreativos.
Cobertura vegetal, flora y fauna
La cobertura vegetal de la sabana y de los cerros ha atravesado por diversas etapas y procesos de transformación.
El origen de la flora actual se remonta a los comienzos del período Cuaternario, hace 2,5 millones de años, cuando la sabana todavía estaba cubierta de agua. En esa época se produjeron grandes cambios climáticos, denominados glaciales e interglaciales, consistentes en el periódico enfriamiento y calentamiento de la atmósfera. Con el enfriamiento de la sabana surgió en los alrededores de la laguna una vegetación que es característica del actual páramo y subpáramo, y las partes más altas se cubrieron de nieves perpetuas y glaciares. Los páramos estaban poblados por animales como mastodontes, caballos americanos, venados y otros.
Al comenzar el siguiente interglacial (Holoceno), unos 13.000 a 10.000 años atrás, la temperatura se elevó y la sabana adquirió un clima similar al actual. El altiplano y los cerros cambiaron su vegetación, predominó el bosque andino alto, con especies como corono (Bellucia axinanthera), espino (Duranta mutisii), raque (Vallea stipularis), mano de oso (Oreopanax floribundum), gomo (Cordia dentata) y encenillo (Weinmannia tomentosa). En las zonas planas y el piedemonte se formaron bosques de palo blanco y raque. El occidente y el sur de la sabana se caracterizaron como zonas secas, con predominio del matorral adaptado a este medio. La sabana estaba entonces poblada por animales como el venado, el oso de anteojos y otros mamíferos pequeños, que permanecieron hasta la llegada de los conquistadores.
Durante el período prehispánico esta vegetación prevaleció, especialmente en los cerros y los páramos. Las zonas planas, desde entonces, fueron transformadas y adaptadas para cultivos y vivienda. No obstante, se conservaban todavía grandes zonas de bosques y algunas especies de fauna nativa, alrededor de los pantanos y lagunas. Los mamíferos grandes, como el mastodonte y el caballo americano, habían sido exterminados por las primeras tribus nómadas que habitaron la sabana hace aproximadamente 12.000 años. A la llegada de los conquistadores en los cerros sólo había venados, conejos y otros animales de menor tamaño(6).
Con la llegada de los conquistadores comenzó la deforestación de las laderas. La leña, utilizada para cocinar, así como la madera empleada para la construcción de viviendas, iglesias y muebles, y toda otra variedad de usos, se extrajeron de los subpáramos. Más tarde, en especial en este siglo, se han utilizado grandes áreas de los cerros para la extracción de arenas, arcillas y gravilla, acabando por completo con la vegetación primaria de esas zonas. A estos procesos se suma la expansión urbana, que poco a poco ha invadido el piedemonte.
El resultado de estas intervenciones es el deterioro casi total del bosque natural primario y de su fauna. Como consecuencia de estas transformaciones y la construcción de vías, el ramal de los cerros orientales, que originalmente hacía parte del sistema ecológico Sumapaz-Chingaza, es ahora un subsistema débil, aislado, en proceso de degradación.
Los pisos térmicos de los cerros han dado origen a los siguientes ecosistemas:
Páramo. “Se refiere a regiones montañosas de los Andes Ecuatoriales Húmedos por encima del límite superior del bosque. Se distingue por sus condiciones ambientales extremas, una gran influencia biológica y física, suelos ácidos, alta nubosidad y baja temperatura (4°C y 9°C)”.(7) Se encuentra únicamente en Colombia y Ecuador, a una altura entre los 3.300 y 4.200 m.s.n.m. Tiene una precipitación alta y poca evaporación, por lo que es fuente de agua y lugar de origen de ríos y lagunas. “La importancia de los páramos dentro del sistema montañoso radica en su valor ambiental y ecológico, nacimiento y sostenedor de varias redes hidrográficas, es decir, regulador de los ciclos de agua en las cabeceras de los ríos.”(8)
Su vegetación es abierta –especies de poca altura, distanciadas entre sí–, caracterizada por el predominio de frailejones (Espeletia cf. grandiflora), cardosanto (Puya sp.) y paja de páramo (Calamagrostis effusa). Predominan también arbustos y matorrales como el quiche (Tillandsia spp.), la puya (Puya goudotiana), la flor de harina, la uva de anís (Cavendishia cordifolia) y gran cantidad de líquenes y musgos, cuya función es la reserva de agua. En los páramos se pueden encontrar “lagunas de origen glacial con vegetación acuática y semiacuática”(9)?. La mayoría de esta vegetación es secundaria, sólo en algunas partes más altas hay todavía vegetación primaria.
La fauna del páramo es escasa, sólo se encuentran mamíferos pequeños como curíes (Cavia porcellus) y conejos (Sylvilagus brasiliensis). Los antiguos mamíferos de mayor tamaño han ido desapareciendo. La población de aves es mayor; se encuentran tiranidos terrestres (Muscisaxicola alpina) y furnaridos (Leptasternura andicola y Sillaxis spp.), además de aves de pantanos y lagunas, como caucas (Gallinago sp) y patos (Anas flavirostris).(10)
En el extremo suroriental de los cerros se encuentran los páramos de Cruz Verde y el Verjón. Más al norte hay otros páramos menores (subpáramos o paramillos), como los de Usaquén, La Cumbrera, Monserrate y Guadalupe. Como toda la vegetación de los cerros, la de los páramos también se encuentra en grave peligro de extinción, debido a la expansión de la ganadería y los cultivos de papa, actividades para las cuales se realizan quemas y talas de bosque en amplias zonas(11). Sólo pequeñas porciones de estos páramos están protegidas por parques naturales privados como el Parque Natural el Verjón, en el páramo del mismo nombre, y el Parque Museo del Páramo, en el páramo de La Cumbrera. El costado occidental de Cruz Verde y el Verjón se encuentran en alto grado de deterioro y su vegetación natural ha sido sustituida por bosques de pinos, que afectan la vegetación natural sobreviviente. El costado oriental, más pendiente, está cubierto casi por completo por bosques primarios y secundarios.
Bosque andino alto: Está ubicado entre los 2.750 y 3.200 m.s.n.m., con una temperatura entre 9°C y 12°C. Se caracteriza por una vegetación alta y cerrada, con bosques de encenillo (Weinmannia tomentosa) y otras especies como pegamoscos (Befaria), gaque (Clusia), canelo (Drymis), espino (Duranta), arrayán (Eugenia) y uva (Macleania), entre otros. Tiene un alto nivel de humedad (entre 900 y 1.500 mm anuales) y posee una gran variedad de especies.
Sobre los cerros orientales hay algunos reductos (secundarios) de este bosque en la zona de Torca y en las cuencas altas de los ríos San Francisco y San Cristóbal. Este bosque también ha sido afectado por cultivos, quemas, tala y plantación de especies foráneas, como pinos y eucaliptos. Aunque en este tipo de bosque ha desaparecido la mayoría de la fauna que lo poblaba, en los reductos secundarios se encuentran mamíferos pequeños, como ratones forestales, murciélagos nectarívoros, marsupiales, comadrejas y zorros, y unas 58 especies de aves.
Bosque andino bajo: Aparece en las laderas bajas de los cerros, entre los 2.550 y 2.750 m.s.n.m. Como el Bosque Andino Alto, está formado por gran diversidad de especies (de 50 a 70 especies por 500 m2). En los cerros orientales, entre Chapinero y Monserrate y en la zona de Torca, se encuentra el bosque de mano de oso (Oreopanax floribundum) y gomo (Cordia dentata). También hay trompeto (Bocconia frutescens), espino (Barnadesia spinosa), cedrillo (Phyllantus salviaefolius), raque (Vallea stipularis) y helechos (Jamesonia imbricata), entre otros. En los potreros que quedan luego de la tala, la fauna es muy pobre, sólo existen algunas comadrejas, runchos y cánidos en los lugares donde hay cercas vivas o reductos cercanos de bosque. En cuanto a las aves, hay mirla negra (Turdus fuscater gigas), golondrina (Stretoproche zonaris albicincta), cernícalo y chirlobirlo (Sturnella magda meridionalis).
La desaparición de estos bosques es muy perjudicial para todo el sistema de la sabana y afecta directamente todo el régimen hídrico. “La destrucción de los bosques naturales de los cerros tiene relación directa con la desaparición de aguas superficiales (quebradas), la disminución de la infiltración de aguas hacia el agua subterránea y la erosión y degradación de suelos.”(12)
Otro peligro que corren los cerros es la siembra de especies foráneas. Un ejemplo muy común son los bosques de pino, que evitan el crecimiento de cualquier especie nativa en sus alrededores, acabando con la fauna y la flora originales. La siembra de pinos es contraria a la naturaleza de los páramos, y el proceso de acumulación de agua se ve interrumpido de inmediato.
Teniendo en cuenta que Colombia es uno de los únicos cinco países del mundo que tienen páramos, hay que pensar en mecanismos y medidas tendientes a su protección y recuperación, pues “su dedicación única debe ser la producción de agua y la conservación de flora y fauna”.(13)
Hidrología
El agua juega un papel fundamental en el clima y condiciona, por ende, la existencia de vida. De ahí que resulte imperativo analizar y comparar sus procesos –calidad, cantidad, localización y contaminación– para determinar su capacidad potencial y los efectos negativos que ciertas acciones puedan tener sobre su disponibilidad futura.
El sistema hídrico es uno de los componentes más importantes de los cerros orientales. Desde las épocas prehispánicas, el agua –lagunas, ríos y quebradas– ha sido esencial para el proceso de desarrollo de los pobladores de la sabana.
La mayoría de los ríos y quebradas nacen en los páramos y subpáramos de Cruz Verde y el Verjón y de allí descienden hacia la planicie, conformando diferentes cuencas y subcuencas. De acuerdo con la localización y distribución de las fuentes hídricas, los cerros presentan cuatro zonas.
Valle del río Teusacá. Localizado al oriente de los cerros, detrás de Bogotá, este río nace en el páramo el Verjón, desarrolla su cuenca a lo largo del valle que ostenta su nombre y continúa su recorrido hacia el valle del Sopó. Esta cuenca es de gran importancia para la ciudad por ser una de las fuentes que alimentan el Embalse de San Rafael, en el municipio de La Calera.
Debido a su cercanía a la ciudad, esta zona sufre una alta presión por parte de los desarrollos suburbanos. Un gran porcentaje de ella ha sido predializado y desarrollado con vivienda, sin respetar las rondas del río y sus quebradas afluentes ni tener en cuenta su importancia para la estabilidad de la corriente hídrica. Estos procesos, así como aquellos de deforestación, deben ser vistos con sumo cuidado, pues debido a los desarrollos constructivos, situados muchas veces en nacimientos de agua que alimentan el río, el caudal de éste se ha disminuido en no menos del 20 %. Como resulta evidente, el costo ambiental de esto para la ciudad es, desde luego, muy alto.
Zona sur. La parte del sur de los cerros –páramo de Cruz Verde hasta Monserrate– es una de las zonas con más fuentes hídricas del país. Entre ellas vale la pena mencionar: la cuenca del río San Cristóbal, que nace en el páramo de Cruz Verde, se convierte luego en el río Fucha y continúa su paso a través de la ciudad, hasta desembocar en el río Bogotá. Durante su recorrido recibe una gran cantidad de afluentes –el San Francisco y el San Agustín, entre otros–, que aumentan considerablemente su caudal. En su cuenca alta se conserva todavía una gran zona con reductos de bosque secundario, mantenida en muy buen estado gracias a la protección de la Empresa de Acueducto.
La subcuenca del río San Agustín. Este río nace en el cerro de Guadalupe y desciende hasta la ciudad a la altura de la actual calle sexta, donde ha sido canalizado hasta su desembocadura en el río Fucha. Originalmente llamado Manzanares, cambió su nombre cuando a sus orillas se construyó hace muchos años el convento de San Agustín. Durante la época colonial jugó un papel muy importante por ser una de las primeras fuentes de agua del acueducto de la ciudad.
La subcuenca del río San Francisco, que también nace en el páramo de Cruz Verde, desciende por el Boquerón del San Francisco, entre Monserrate y Guadalupe, y llega a la ciudad por las cercanías del Chorro de Padilla, donde es canalizado hasta su desembocadura en el río Fucha. Algunas de estas quebradas afluentes de este río son: la Cabana, la Osa, Plazuela, Laureles, San Bruno, San Blas y Ramajal, muchas de las cuales ya han perdido su caudal original. Este río fue también muy importante históricamente, pues marcó el límite septentrional de la ciudad en sus orígenes y, junto con el río San Agustín, contribuyó al desarrollo del acueducto bogotano. Su nombre prehispánico era “Vichacá”, que también fue cambiado cuando la comunidad de los franciscanos construyó un convento sobre sus orillas.
Zona central. Del Parque Nacional hasta lo que se conoce como Santana Oriental, a la altura de la calle 106. Esta zona cuenta también con numerosas fuentes hídricas, aunque en este caso de menor tamaño, entre ellas vale la pena mencionar la quebrada Arzobispo, que nace por detrás del Alto del Cable, desciende hacia el altiplano por el Boquerón del Arzobispo y entra a la ciudad por el Parque Nacional, donde forma la hermosa cascada de La Ninfa. Al llegar a la carrera quinta es canalizada, formando el canal de la calle 39, y sigue su camino por entre la ciudad, hasta desembocar en el río Juan Amarillo, afluente a su vez del río Bogotá. Durante la época de la Colonia sus aguas fueron utilizadas para los acueductos de San Victorino y Las Nieves.
También se encuentran en esta zona las quebradas de Las Delicias, La Vieja, Los Rosales, Chicó y Los Molinos. Al llegar a la ciudad todas son canalizadas y se convierten en receptores de aguas negras, perdiendo con ello todas sus cualidades ambientales. Quebradas como Las Delicias y La Vieja fueron utilizadas a comienzos de este siglo para la operación del acueducto de Chapinero.
Zona norte. De Santana Oriental hasta la urbanización Floresta de la Sabana, en el sector de Torca, donde las quebradas disminuyen en cantidad y en tamaño por los cambios que se presentan en la pendiente del terreno y la lejanía de los páramos. En esta zona sólo se encuentran pequeñas quebradas, algunas gravemente afectadas por los intensos desarrollos urbanos, la pérdida de vegetación y la contaminación. Entre ellas: Bárbara o Trujillo, Delicias del Carmen, El Cóndor, El Cedro, San Cristóbal, La Cita, La Floresta y Torca.
La contaminación del agua es un factor altamente negativo para todos los ecosistemas de la sabana. Ríos como el San Cristóbal o Fucha y el Juan Amarillo reciben aguas negras durante la mayor parte de su recorrido por la ciudad, convirtiéndose en alcantarillas abiertas y afectando la vegetación que los rodea, los asentamientos humanos vecinos y el sistema hidrológico del que hacen parte.
Asimismo, la tala de bosques en la parte alta de los cerros, donde se originan estos ríos y quebradas, así como la disminución de sus rondas, han conducido a la reducción de sus caudales y, en algunos casos, a su desaparición.
Clima
La sabana de Bogotá tiene clima de montaña tropical, subhúmedo, de lluvias cenitales. La posición de los cerros orientales y la presencia de corrientes cálidas y frías influyen en la creación de microclimas. Los cerros sirven de barrera a los vientos provenientes de los Llanos y del valle del Magdalena, que afectan tanto el régimen de lluvias como la temperatura promedio de las zonas. La temperatura varía, según la altura, entre los 6ºC y los 13ºC. En algunos puntos, la presencia de boquerones crea microclimas, por lo general más húmedos. Se pueden diferenciar claramente tres microclimas en la sabana.
Subhúmedo-húmedo. Localizado en los alrededores de Bosa, tiene un ciclo bianual de lluvias, una precipitación menor a los 600 mm, árido, poco fértil y con poca vegetación. Es la zona donde las corrientes cálidas de los Llanos y el Magdalena ejercen mayor influencia. Allí habitó la mayoría de las comunidades prehispánicas, tal vez por ser la más sana y cálida de la sabana.
Húmedo. Localizado hacia el oriente y norte de la sabana –mayoría de los cerros orientales–, tiene un ciclo bianual de lluvias, una precipitación que oscila entre los 600 mm y los 1.200 mm y una vegetación herbácea. La presencia de boquerones a lo largo de los cerros propicia la existencia de zonas de mayor humedad o con mayor influencia de los vientos y corrientes.
Prehúmedo. Localizado al suroriente de la sabana –páramo de Cruz Verde y alrededores–, es la zona más húmeda de la misma, con un ciclo anual de lluvias, una precipitación superior a los 1.200 mm y abundante vegetación.
En general los meses más lluviosos tienden a ser abril, mayo, junio, octubre y noviembre, y los más secos enero, febrero, julio, agosto y septiembre. La temperatura varía de acuerdo con la altura entre los 6ºC y los 13ºC.
Los sistemas y ecosistemas de la sabana están íntimamente relacionados entre sí, de manera que si alguno reduce su capacidad o desaparece, lleva a la gradual desaparición o transformación de los otros.
“La conservación de la biodiversidad y el medio ambiente requiere el desarrollo de un plan amplio de reforestación de los cerros, en el que el Bosque Andino Alto cubrirá buena parte de todos los cerros, y el Bosque Andino Bajo fajas amplias que conecten la zona de Bosque Andino Alto con la planicie de la sabana. Formarán estos bosques así parte de una ‘Estructura Ecológica Principal’… Las áreas que todavía presentan bosques naturales necesitan urgentemente protección como reserva o parque natural.”(14)
Así como la protección de los bosques de los cerros es indispensable para mantener el equilibrio en el resto de la sabana, el control de la contaminación y de la extracción de aguas subterráneas en la parte plana es urgente para la conservación del sistema hídrico de los cerros y, por tanto, de la fauna y flora.
La extracción de las aguas subterráneas en las partes planas de la sabana reduce el nivel freático superior, que se encuentra en los cerros, disminuyendo entonces su capacidad de alimentar los ríos y quebradas que nacen en ellos, puesto que los cerros actúan en realidad como zonas de recarga de los acuíferos de la sabana y los riachuelos como recolectores de los excedentes.
“Al explotar el agua subterránea, el nivel freático desciende, cada vez menos agua sale superficialmente por los ríos: lo que sacamos en los pozos de agua ya no sale por los ríos”.(15)?
Notas
- Van der Hammen, Thomas, “Plan ambiental de la Cuenca alta del río Bogotá”, Bogotá, 1998.
- El Macizo de Sumapaz, que hace parte del Distrito Capital, es de gran valor ambiental por ser una de las principales fuentes de agua de la ciudad, junto con el Macizo de Chingaza. Por su valor ecológico hace parte de las reservas naturales del país. Guhl, Ernesto, “Los páramos circundantes de la Sabana de Bogotá”, Jardín Botánico José Celestino Mutis, 1982, pág 37.
- El grupo Guadalupe, conformado por las formaciones Arenisca Dura, Plaeners, Arenisca Labor y Arenisca Tierna, abarca un 53% del área de los cerros orientales. Además, estas formaciones están compuestas por diferentes arcillas, arenas y rocas, utilizadas como materiales de construcción y origen de numerosas canteras. CADSA-DAPD, “Estrategias de Ordenamiento para las zonas rurales de las localidades de Usaquén, Chapinero, Santafé y San Cristóbal”, Bogotá, 1998. Sin publicar, pág. 47.
- Cubillos-DAPD, “Criterios de Ordenamiento de los Cerros Orientales” 1998, sin publicar, pág. 15.
- DAMA. “Los Cerros de Santa Fe de Bogotá”, Bogotá, 1992.
- Karl Langebaek, antropólogo director del CESO, Centro de Estudios Socio Culturales e Internacionales, conferencia realizada en la Universidad Javeriana, Santa Fe de Bogotá, 1999.
- DAPD, Cartilla del Espacio Público, Bogotá, 1993. Op. pág. 70.
- DAPD, Op. cit., pág. 172.
- Van der Hammen, Thomas. Op. cit., pág. 27.
- Tomado de CADSA-DAPD. Op. cit., pág. 93.
- Los cultivos de papa causan un fuerte proceso de degradación en los suelos. Por lo tanto, una vez utilizado el terreno en un cultivo de papa, éste queda inutilizado para cualquier uso agrícola por períodos hasta de 5 años. Esto implica que para el desarrollo de estos cultivos es necesario habilitar constantemente nuevas zonas. Por otra parte, estas actividades agrícolas se han visto forzadas a desplazarse a las zonas más altas debido a la presión de los desarrollos suburbanos que se han generado en los últimos años. Van der Hammen, Op. cit.
- Van der Hammen, Thomas. Op. cit., pág. 53.
- Van der Hammen, Thomas. Op. cit. 1, pág. 128.
- Van der Hammen, Thomas. Op. cit. 1, pág. 61.
- Van der Hammen, Thomas. Op. cit. 1, pág. 88.
#AmorPorColombia
Entorno Geográfico

Páramo de Sumapaz visto desde La Regadera: testigos mudos de la evolución urbana. El macizo de Sumapaz se comunica con la sabana a través del valle del río Tunjuelo.

Páramo de Sumapaz: espejo de aguas y paisajes silenciosos.

Páramo de La Cumbrera. Localizados entre 3.600 y 4.200 m.s.n.m, los páramos exhiben condiciones ambientales extremas.

El levantamiento final de la cordillera oriental sucedió hace tres millones de años, cuando alcanzó su altura actual (2.600 m.s.n.m.). En la sabana se formó la gran laguna de la sabana. A su desaparición se formaron los valles del río Bogotá y sus afluentes.

Los cerros orientales vistos desde la sabana. Hace 10 millones de años hubo el primer levantamiento de la cordillera oriental; la sabana quedó aislada de los llanos y el valle del Magdalena.

Helechos bajos y hojarasca.

En el páramo del Verjón, las inflorescencias del cardosanto (Puya) se elevan como altivos ejes verticales.

Piojito de flor blanca (Arcythophyllum muticum)- Rubiaceae.

Trompo (Ternstroemia meridionalis)- Theaceae.

Liquen arborescente.

Musgos esponjosos y líquenes plateados.

Ericáceae, uva (Macleania rupestris) con flor, musgos, epífitas y helechos en bosque de encenillo de Torca.

Pegamoscos (Befaria resinosa)- Ericaceae.

Melodiosas cortinas de agua en la caída de la quebrada del cerro de Guadalupe.

Lechos texturados del río Tunjuelito, a su paso por Usme.

Constelación de bosques.

Rayos alargados del sol al amanecer sobre el relieve de los cerros.

Imágenes dulces y sencillas como las que forma el paragüitas de sapo (Hydrocotile ranunculoides) en el valle del río Tunjuelo.

Sorprendentes geometrías de helecho macho (Dryopteris sp.)

Flores de sorprendentes texturas de la Eriocaulaceae (Paepalanthus sp.)-Chupalla, en el páramo del Verjón. Este tipo de vegetación se extiende por encima de los 3.100 msnm, sobre suelos con buena retención de agua.

Un díptero (tábano) se posa sobre las flores de Compuestas o Espeletia.

Geranio (Geranium sp.)-Geraniaceae.

Ericaceae.

Frutos de pegamoscos.

Helecho (Blechnum loxense) en primer plano y líquenes al fondo.

Larvas (Homoptera-Afidos).

Saltamontes o grillos.

Grillo (Ortoptera-Acrididae Melenoplinae), posando sobre hojas de gaque (Clusia multiflora).

Coleoptera-Tenebrionidae.

Escarabajo resorte (Coleoptera-Elateridae Semiotus sp.), en ápice de una hoja de frailejón.

Contornos suaves y aterciopelados de especies arrosetadas. Páramo de Guadalupe.

Habitáculos de escarabajos afelpados (Coleoptera-Melyridae Astylux sp.), en líquenes plateados. Páramo de Sumapaz.

Agua viva y chispeante en la quebrada de Torca.

Araña tejedora (Aranae-Araneidae) sobre hoja.

Escarabajo resorte (Coleoptera Elateridae). La perturbación de algunas áreas ha ocasionado pérdidas de fauna.

Reflejos del firmamento sobre el río Tunjuelo.

Hongos Polyporaceae.


Laboriosas arañas (Aranae Tetragnathidae Tetragnatha sp.), en la calma maravillosa del páramo del Verjón.

Bosques secundarios presentes en La Floresta.

Silenciosas y cristalinas abluciones de agua en la quebrada del páramo de Cruz Verde.

Los quiches dan una tonalidad de fábula eterna a los bosques.

Silueta de eucaliptos y aleteo de colibríes (chillonas) en el cerro de Monserrate.

Siluetas de mirla negra (Turdus fuscater)

Largas modulaciones de color de flores de guargüerones (Digitalis purpurea).

Río Tunjuelo. Paisajes por reincorporar a la vida urbana; hoy día altamente contaminados por vertimientos de tipo doméstico e industrial.

Frailejones y rocas.

Detrás de las nubes, una luz intensa se vierte sobre La Floresta.

Los laguitos: espejos de los cerros y magia del color. La topografía de los cerros varía en todo su territorio. En el área de La Floresta presenta ligeras ondulaciones.

Cucharo con botones (Geissanthus andinus), Myrsinaceae.

Angelito (Bucquetia glutinosa).

Contrastes de musgos y helechos.

Tagua (Gaiadendron punctatum)-

Tominejero (Psychotria sp.)- Rubiaceae.

Chupahuevos (Echeveria bicolor)- Crassulaceae.

Lagunas de Siecha en el páramo de Chingaza. El paisaje de los páramos estaría incompleto sin sus lagunas.

Humedad y frescura en los depósitos de agua que forma el río San Francisco.

Los líquenes tiñen las rocas de la cascada de La Ninfa.

En su caída, el agua toma lecciones de las piedras.

La topografía de los cerros conforma diversos telones y escenarios. Vista al sur desde La Floresta.

Sauco en floración sobre las aguas en movimiento del río Teusacá: placer de los sentidos. Al llegar a la ciudad muchas de sus quebradas han sido canalizadas y enterradas.

La oscilación de la vida entre los polos de la naturaleza y el espíritu, debe resultar tan alegre, y perfecta como la distensión de un arco iris.

La sensación de reposo que comunican los reflejos de los bosques de pino candelabro (Pinus radiata) sobre el agua de La Regadera. Ejemplo de plantaciones exóticas en áreas de los cerros.

Cyperaceae: líneas y reflejos vegetales en las aguas del páramo de Cruz Verde.

Fabulosas fuentes de aguas mansas en el páramo de Cruz Verde. Las plantas acuáticas y arraigadas son comunes en los ecosistemas de lagunas de los páramos.

Senecio madagascariensis-Asteraceae.

Chicoria de flor amarilla (Hippochoeris)-Asteraceae y una Apiaceae de flor blanca.

Uvas en floración-Ericaceae.

Fronde de helecho en formación.

Ramitas de chusque (Chusquea sp.) con gotas de rocío.

Helecho arbóreo o palma boba con cicatrices de hojas y yemas en forma de cola de alacrán.

La penumbra del anochecer iluminada por los restos de luz tras la barrera de montañas. Reflejos de bosque y luna en los Laguitos de La Floresta.

Las aguas mansas y silenciosas de La Regadera.

Caudales de agua. La defensa y protección de las fuentes hídricas provenientes de los cerros debe ser empeño común de todos los habitantes de la ciudad.

Las formas ondulantes de las lomas verdes en el valle del río Teusacá.

Nubes livianas a ras de suelo, en la vía a Mundo Nuevo.

Las áreas de fuertes pendientes y escarpadas formaciones montañosas han sido decisivas para controlar el crecimiento urbano.

Hojas en formación del helecho de potrero (Pteridium aquilinum). La vegetación de bosque andino que se ve en algunas partes de los cerros, se inició hace 8.000 años, cuando la temperatura se elevó a un clima similar al actual.

Vista del tejido que forman la sabana y sus trazados agrarios. Los suelos de la sabana tienen vocación agraria, a diferencia de los suelos ácidos y poco fértiles de la mayoría de las áreas de los cerros, especialmente en sus partes más inclinadas. Hileras de sauces bordean los riachuelos.

Líquenes texturados verdes y grises.

Lagarto (Phenacosaurus heterodermus). No deja de asombrar su ventajosa capacidad natural de mimetizarse en el medio.

Araña tejedora (Aranae-Araneidae) sobre hoja.

Insecto (Homoptera-Delphacidae).

Grillo (Ortoptera-Acrididae Romaleinae phaeoparini).

Avispa (Hymenoptera-Pelecinidae).

Larvas de mariposa.

Mariposa (Lepidoptera-Nymphalinae Marpesia sp.)

Caracol.

Gallito (Epidendrum sp.)- Orchidaceae.

Coralito.(Nertera sp.)- Rubiaceae.

Hongos (Amanita sp.)- Amanitaceae.

Hongos (Coprinus sp.)- Coprinaceae.

Hongos o yescas- Polyporaceae.

Hongos (Paneolus sp.)-Coprinaceae.

Hongos (Russula sp.)-Russulaceae.

Oreja de ratón (Ranunculus sp.)-Ranunculaceae. Musgo amarillo.

Líquenes de diversas texturas.

Contornos de luz sobre las nubes en el cerro de El Zuque.

Rastro serpenteante de un carreteable por entre un frailejonal, en el páramo de Cruz Verde.

Bosques de niebla, una constante en el camino a Ubaque, al bajar del páramo de Choachí.

Líquenes texturados verdes y grises.

Vista al oriente desde los cerros, a la altura de la calle 200. Sobre los suaves y ondulados cerros, el cielo otoñal aparece convulsionado por destellos de colores.

Hongos. (Lycoperdon sp.)- Lycoperdaceae.

Flores de frailejón. (Espeletiopsis corymbosa).

Bosque andino bajo en inmediaciones de San Rafael.

Imagen satelital de Bogotá y los cerros: la ciudad se reconoce por su color azul, los cerros y la sabana se visualizan por el color rojo.

Myriophyllum.

Derecha, Rocío de la mañana en las ramitas de Chusque. Cerro del Cable.

En la calma del amanecer un pescador prueba suerte con su caña, en las aguas de La Regadera.
Texto de: Centro de Investigacions de la Facultad de Arquitectura, CIFA.
Universidad de los Andes
Sistema montañoso
Los cerros orientales hacen parte del sistema montañoso colombiano. Este sistema orográfico está ubicado en el extremo norte de la cordillera de los Andes, que atraviesa Suramérica desde Chile hasta Venezuela, bordeando la costa pacífica. Al entrar a Colombia, el sistema se divide en tres ramales: occidental, central y oriental. El oriental, que nace en el macizo colombiano, se divide en dos al llegar al norte: la cordillera de Mérida, que termina en Venezuela, y un ramal que concluye en la península de La Guajira. La cordillera oriental se caracteriza por ser la más ancha de las tres, formando en su parte central una serie de altiplanos y terrazas de acarreo, que llegan a tener hasta 250 km de ancho. Los mayores altiplanos son los de la sabana de Bogotá, Fúquene y Sogamoso, todos de origen fluvio-lacustre.(1)?
La sabana de Bogotá, con una extensión de 4.270 hectáreas, es el más grande de estos altiplanos. Junto con los cerros y páramos que la rodean y la cuenca alta del río Bogotá, hasta la salida del río del altiplano, conforma una unidad geológica y geográfica. Algunos de los cerros más importantes de esta unidad son los cerros de Guacamayas, Juan Rey, Doña Juana y la cuchilla del Gavilán, al sur, que limitan con la parte norte del Macizo de Sumapaz, comunicado con la sabana a través del valle del río Tunjuelo(2). En los costados oriental y occidental aparecen dos ramales cordilleranos paralelos a su eje, donde se localizan, entre otros, los páramos de Cruz Verde, Siecha (que pertenece al Macizo de Chingaza), Guerrero y El Tablazo. Hacia el noroccidente se encuentran los cerros de Suba. En su límite suroccidental otro elemento geográfico importante de la sabana es el Salto del Tequendama, por donde sale del altiplano el río Bogotá.
En el costado oriental de la sabana, en una continuación del Macizo de Sumapaz, se encuentran los cerros orientales, con alturas que varían entre los 2.800 y los 3.600 m.s.n.m. Estos cerros comienzan en el Boquerón de Chipaque, al suroriente de la sabana, y conforman en primera instancia los páramos de Cruz Verde, Choachí y Verjón; continúan hacia el norte, formando boquerones, picos y páramos de menor altura, como el cerro de La Teta, la cuchilla del Zuque, los cerros de Monserrate y Guadalupe, el Alto de los Cazadores, el cerro del Cable, el páramo de La Cumbrera y los boquerones de San Francisco y San Cristóbal, y se dilatan en la planicie a la altura de La Caro. Durante su recorrido forman, en su costado oriental, los valles de Teusacá y de Sopó, que limitan con el Macizo de Chingaza.
Geomorfología, geología, topografía y tipos de suelos
El conocimiento de las variables relacionadas con la tierra es fundamental para comprender los usos del suelo, sus influencias y repercusiones. Se busca entender con ello los procesos naturales ocurridos en el tiempo.
Hace cien millones de años, durante el período Cretáceo, toda la sabana de Bogotá y sus alrededores estaban cubiertos por el mar. Su profundidad fue disminuyendo poco a poco durante la etapa final del período, formando en las partes menos profundas depósitos de arena y sal. Estas formaciones son las que se conocen como Grupo Guadalupe(3)?. Hace unos 65 millones de años el mar desapareció de la sabana. La zona se convirtió, entonces, en una planicie costera cubierta de pantanos y desembocaduras de ríos, donde se acumularon arenas, arcillas y restos de vegetación, que actualmente pertenecen a la formación Guaduas. Estos restos formaron mantos de carbón o turbas, explotados hoy en varios lugares de la sabana.
A finales del Cretáceo y comienzos del Terciario, la sabana se encontraba en la zona tropical, al nivel del mar, con afluencia de ríos que depositaban arcillas, arenas y gravilla, formaciones denominadas hoy Bogotá, Regadera y Usme. Por ese entonces, algunos movimientos contribuyeron a conformar pequeños cerros. Sin embargo, la mayoría de la actual cordillera se hallaba en zonas bajas y planas, conectadas con los valles del Magdalena y los Llanos.
La historia de la sabana corresponde entonces al período Cuaternario, durante el cual ocurrieron las glaciaciones que forman el paisaje actual, aunque formaciones como las zonas de acumulación fluviolacustre comenzaron en el Terciario.
Hace unos 10 millones de años sucedió un primer levantamiento de la cordillera oriental con lo que la sabana quedó aislada de los Llanos y del valle del Magdalena. Los movimientos tectónicos siguieron provocando deslizamientos de lodo, que dieron origen a la formación Marichuela.
Hace 3 millones de años ocurrió el levantamiento final de la cordillera oriental y la sabana alcanzó su altura actual (2.600 m.s.n.m.). Durante esta época, la parte plana se comenzó a hundir, formando una cuenca que recibía las aguas del río Bogotá y sus afluentes, que, al acumularse, formaron la gran Laguna de la sabana, cuyo nivel de agua llegaba aproximadamente hasta la cota de 2.600 m.s.n.m. Los sedimentos lacustres que se formaron entonces son conocidos como formaciones Subachoque y Sabana. Hace 50.000 años las lluvias disminuyeron y una gran cantidad de agua comenzó a salir por el Salto del Tequendama. Entonces, la laguna comenzó a secarse hasta desaparecer hace unos 30.000 años. Con su desaparición se formaron los valles del río Bogotá y sus afluentes, que constituyen la actual sabana de Bogotá.
En esta sabana se encuentran dos grandes estructuras morfológicas, relacionadas con los procesos de formación del sistema orográfico: una zona plana u ondulada, donde hace 50.000 años existió la laguna; y una montañosa, producto de los plegamientos y movimientos tectónicos.
La zona montañosa del costado suroriental se divide, a su vez, en tres bloques morfoestructurales: el bloque oriental, que corresponde a lo que llamamos “cerros orientales”; el bloque central hundido, que corresponde a la depresión de Usme y el valle del río Tunjuelo; y el bloque occidental, que corresponde a los cerros del suroccidente, meseta de Pasquilla.(4)
El bloque oriental o “cerros orientales” está compuesto por rocas sedimentarias del Cretáceo y el Terciario. Las más antiguas son las de la formación Chipaque, que constituyen el núcleo, sobre las cuales se sobreponen formaciones como Guadalupe, Guaduas, Cacho, Bogotá, Regadera y Usme. Las rocas sedimentarias que conforman las formaciones son utilizadas como material de extracción: arena, recebo, piedra, arcilla. En los últimos años, estas explotaciones han transformado de manera considerable grandes zonas del norte y sur de los cerros orientales. Esto no sólo implica la transformación de su morfología, sino la aparición de zonas de riesgo por deslizamiento e inestabilidad del terreno.
Otro aspecto de los cerros es su topografía. Las pendientes varían a todo su largo, dividiendo el costado occidental en tres zonas: la del norte, desde Usaquén hasta Torca, con pendientes ligeras y onduladas, de una inclinación entre el 12 y el 50%; la central, desde Guadalupe hasta Usaquén, con las pendientes mayores, superiores al 50%; la del sur, desde el Boquerón de Chipaque hasta Guadalupe, también con pendientes fuertes, aunque menores que las del centro. La topografía de las altas pendientes es decisiva para limitar el crecimiento urbano.
Los tipos de suelo son también resultado de la interacción entre formación geológica, cobertura vegetal y clima. En los cerros el lento proceso de degradación de la materia orgánica y la conformación geológica producen suelos muy ácidos y poco fértiles. La clasificación física de los suelos abarca cuatro asociaciones desarrolladas a partir de materiales del Cretáceo: asociación Monserrate, que ocupa un 75% del área y se distribuye entre los 2.750 y 3.200 m.s.n.m.; asociación Cabrera-Cruz Verde, que ocupa un 8% y se distribuye entre los 2.800 y 3.100 m.s.n.m.; Serie Coluvios, que ocupa un 2% y se distribuye en las localidades de Chapinero y Santa Fe; y Asociación Páramo Usme-Guasca, que ocupa un 13% aproximadamente y se distribuye sobre una altitud superior a los 3.100 m.s.n.m. Existe también una clasificación agrológica que determina la vocación agraria. Los estudios al respecto indican que gran parte del área no es apta para este tipo de actividad.
Considerando el papel que juegan los cerros en la ciudad y la sabana, como reserva natural y paisaje cultural, resulta esencial “entender que los cerros son el único patrimonio y recurso natural proporcional a las dimensiones y crecimiento de Santa Fe de Bogotá, si no lo recuperamos y lo preservamos estaremos abocados a un futuro de contaminación y polución irreversible…”(5).
A esta observación vale la pena añadir que los procesos de contaminación son resultado de los procesos de artificialización inducidos por el hombre. Con la recuperación de los cerros como pulmón verde de la ciudad se logrará, en cierta medida, mitigar estos impactos. La mayoría de estudios recomienda dar prioridad a la recuperación de aquellas áreas más degradadas –como Usaquén–, congelar el avance de urbanizaciones en áreas de riesgo y en rondas hídricas, recuperar morfológicamente las áreas de canteras y reservar las áreas rurales de los cerros como parques contemplativos o recreativos.
Cobertura vegetal, flora y fauna
La cobertura vegetal de la sabana y de los cerros ha atravesado por diversas etapas y procesos de transformación.
El origen de la flora actual se remonta a los comienzos del período Cuaternario, hace 2,5 millones de años, cuando la sabana todavía estaba cubierta de agua. En esa época se produjeron grandes cambios climáticos, denominados glaciales e interglaciales, consistentes en el periódico enfriamiento y calentamiento de la atmósfera. Con el enfriamiento de la sabana surgió en los alrededores de la laguna una vegetación que es característica del actual páramo y subpáramo, y las partes más altas se cubrieron de nieves perpetuas y glaciares. Los páramos estaban poblados por animales como mastodontes, caballos americanos, venados y otros.
Al comenzar el siguiente interglacial (Holoceno), unos 13.000 a 10.000 años atrás, la temperatura se elevó y la sabana adquirió un clima similar al actual. El altiplano y los cerros cambiaron su vegetación, predominó el bosque andino alto, con especies como corono (Bellucia axinanthera), espino (Duranta mutisii), raque (Vallea stipularis), mano de oso (Oreopanax floribundum), gomo (Cordia dentata) y encenillo (Weinmannia tomentosa). En las zonas planas y el piedemonte se formaron bosques de palo blanco y raque. El occidente y el sur de la sabana se caracterizaron como zonas secas, con predominio del matorral adaptado a este medio. La sabana estaba entonces poblada por animales como el venado, el oso de anteojos y otros mamíferos pequeños, que permanecieron hasta la llegada de los conquistadores.
Durante el período prehispánico esta vegetación prevaleció, especialmente en los cerros y los páramos. Las zonas planas, desde entonces, fueron transformadas y adaptadas para cultivos y vivienda. No obstante, se conservaban todavía grandes zonas de bosques y algunas especies de fauna nativa, alrededor de los pantanos y lagunas. Los mamíferos grandes, como el mastodonte y el caballo americano, habían sido exterminados por las primeras tribus nómadas que habitaron la sabana hace aproximadamente 12.000 años. A la llegada de los conquistadores en los cerros sólo había venados, conejos y otros animales de menor tamaño(6).
Con la llegada de los conquistadores comenzó la deforestación de las laderas. La leña, utilizada para cocinar, así como la madera empleada para la construcción de viviendas, iglesias y muebles, y toda otra variedad de usos, se extrajeron de los subpáramos. Más tarde, en especial en este siglo, se han utilizado grandes áreas de los cerros para la extracción de arenas, arcillas y gravilla, acabando por completo con la vegetación primaria de esas zonas. A estos procesos se suma la expansión urbana, que poco a poco ha invadido el piedemonte.
El resultado de estas intervenciones es el deterioro casi total del bosque natural primario y de su fauna. Como consecuencia de estas transformaciones y la construcción de vías, el ramal de los cerros orientales, que originalmente hacía parte del sistema ecológico Sumapaz-Chingaza, es ahora un subsistema débil, aislado, en proceso de degradación.
Los pisos térmicos de los cerros han dado origen a los siguientes ecosistemas:
Páramo. “Se refiere a regiones montañosas de los Andes Ecuatoriales Húmedos por encima del límite superior del bosque. Se distingue por sus condiciones ambientales extremas, una gran influencia biológica y física, suelos ácidos, alta nubosidad y baja temperatura (4°C y 9°C)”.(7) Se encuentra únicamente en Colombia y Ecuador, a una altura entre los 3.300 y 4.200 m.s.n.m. Tiene una precipitación alta y poca evaporación, por lo que es fuente de agua y lugar de origen de ríos y lagunas. “La importancia de los páramos dentro del sistema montañoso radica en su valor ambiental y ecológico, nacimiento y sostenedor de varias redes hidrográficas, es decir, regulador de los ciclos de agua en las cabeceras de los ríos.”(8)
Su vegetación es abierta –especies de poca altura, distanciadas entre sí–, caracterizada por el predominio de frailejones (Espeletia cf. grandiflora), cardosanto (Puya sp.) y paja de páramo (Calamagrostis effusa). Predominan también arbustos y matorrales como el quiche (Tillandsia spp.), la puya (Puya goudotiana), la flor de harina, la uva de anís (Cavendishia cordifolia) y gran cantidad de líquenes y musgos, cuya función es la reserva de agua. En los páramos se pueden encontrar “lagunas de origen glacial con vegetación acuática y semiacuática”(9)?. La mayoría de esta vegetación es secundaria, sólo en algunas partes más altas hay todavía vegetación primaria.
La fauna del páramo es escasa, sólo se encuentran mamíferos pequeños como curíes (Cavia porcellus) y conejos (Sylvilagus brasiliensis). Los antiguos mamíferos de mayor tamaño han ido desapareciendo. La población de aves es mayor; se encuentran tiranidos terrestres (Muscisaxicola alpina) y furnaridos (Leptasternura andicola y Sillaxis spp.), además de aves de pantanos y lagunas, como caucas (Gallinago sp) y patos (Anas flavirostris).(10)
En el extremo suroriental de los cerros se encuentran los páramos de Cruz Verde y el Verjón. Más al norte hay otros páramos menores (subpáramos o paramillos), como los de Usaquén, La Cumbrera, Monserrate y Guadalupe. Como toda la vegetación de los cerros, la de los páramos también se encuentra en grave peligro de extinción, debido a la expansión de la ganadería y los cultivos de papa, actividades para las cuales se realizan quemas y talas de bosque en amplias zonas(11). Sólo pequeñas porciones de estos páramos están protegidas por parques naturales privados como el Parque Natural el Verjón, en el páramo del mismo nombre, y el Parque Museo del Páramo, en el páramo de La Cumbrera. El costado occidental de Cruz Verde y el Verjón se encuentran en alto grado de deterioro y su vegetación natural ha sido sustituida por bosques de pinos, que afectan la vegetación natural sobreviviente. El costado oriental, más pendiente, está cubierto casi por completo por bosques primarios y secundarios.
Bosque andino alto: Está ubicado entre los 2.750 y 3.200 m.s.n.m., con una temperatura entre 9°C y 12°C. Se caracteriza por una vegetación alta y cerrada, con bosques de encenillo (Weinmannia tomentosa) y otras especies como pegamoscos (Befaria), gaque (Clusia), canelo (Drymis), espino (Duranta), arrayán (Eugenia) y uva (Macleania), entre otros. Tiene un alto nivel de humedad (entre 900 y 1.500 mm anuales) y posee una gran variedad de especies.
Sobre los cerros orientales hay algunos reductos (secundarios) de este bosque en la zona de Torca y en las cuencas altas de los ríos San Francisco y San Cristóbal. Este bosque también ha sido afectado por cultivos, quemas, tala y plantación de especies foráneas, como pinos y eucaliptos. Aunque en este tipo de bosque ha desaparecido la mayoría de la fauna que lo poblaba, en los reductos secundarios se encuentran mamíferos pequeños, como ratones forestales, murciélagos nectarívoros, marsupiales, comadrejas y zorros, y unas 58 especies de aves.
Bosque andino bajo: Aparece en las laderas bajas de los cerros, entre los 2.550 y 2.750 m.s.n.m. Como el Bosque Andino Alto, está formado por gran diversidad de especies (de 50 a 70 especies por 500 m2). En los cerros orientales, entre Chapinero y Monserrate y en la zona de Torca, se encuentra el bosque de mano de oso (Oreopanax floribundum) y gomo (Cordia dentata). También hay trompeto (Bocconia frutescens), espino (Barnadesia spinosa), cedrillo (Phyllantus salviaefolius), raque (Vallea stipularis) y helechos (Jamesonia imbricata), entre otros. En los potreros que quedan luego de la tala, la fauna es muy pobre, sólo existen algunas comadrejas, runchos y cánidos en los lugares donde hay cercas vivas o reductos cercanos de bosque. En cuanto a las aves, hay mirla negra (Turdus fuscater gigas), golondrina (Stretoproche zonaris albicincta), cernícalo y chirlobirlo (Sturnella magda meridionalis).
La desaparición de estos bosques es muy perjudicial para todo el sistema de la sabana y afecta directamente todo el régimen hídrico. “La destrucción de los bosques naturales de los cerros tiene relación directa con la desaparición de aguas superficiales (quebradas), la disminución de la infiltración de aguas hacia el agua subterránea y la erosión y degradación de suelos.”(12)
Otro peligro que corren los cerros es la siembra de especies foráneas. Un ejemplo muy común son los bosques de pino, que evitan el crecimiento de cualquier especie nativa en sus alrededores, acabando con la fauna y la flora originales. La siembra de pinos es contraria a la naturaleza de los páramos, y el proceso de acumulación de agua se ve interrumpido de inmediato.
Teniendo en cuenta que Colombia es uno de los únicos cinco países del mundo que tienen páramos, hay que pensar en mecanismos y medidas tendientes a su protección y recuperación, pues “su dedicación única debe ser la producción de agua y la conservación de flora y fauna”.(13)
Hidrología
El agua juega un papel fundamental en el clima y condiciona, por ende, la existencia de vida. De ahí que resulte imperativo analizar y comparar sus procesos –calidad, cantidad, localización y contaminación– para determinar su capacidad potencial y los efectos negativos que ciertas acciones puedan tener sobre su disponibilidad futura.
El sistema hídrico es uno de los componentes más importantes de los cerros orientales. Desde las épocas prehispánicas, el agua –lagunas, ríos y quebradas– ha sido esencial para el proceso de desarrollo de los pobladores de la sabana.
La mayoría de los ríos y quebradas nacen en los páramos y subpáramos de Cruz Verde y el Verjón y de allí descienden hacia la planicie, conformando diferentes cuencas y subcuencas. De acuerdo con la localización y distribución de las fuentes hídricas, los cerros presentan cuatro zonas.
Valle del río Teusacá. Localizado al oriente de los cerros, detrás de Bogotá, este río nace en el páramo el Verjón, desarrolla su cuenca a lo largo del valle que ostenta su nombre y continúa su recorrido hacia el valle del Sopó. Esta cuenca es de gran importancia para la ciudad por ser una de las fuentes que alimentan el Embalse de San Rafael, en el municipio de La Calera.
Debido a su cercanía a la ciudad, esta zona sufre una alta presión por parte de los desarrollos suburbanos. Un gran porcentaje de ella ha sido predializado y desarrollado con vivienda, sin respetar las rondas del río y sus quebradas afluentes ni tener en cuenta su importancia para la estabilidad de la corriente hídrica. Estos procesos, así como aquellos de deforestación, deben ser vistos con sumo cuidado, pues debido a los desarrollos constructivos, situados muchas veces en nacimientos de agua que alimentan el río, el caudal de éste se ha disminuido en no menos del 20 %. Como resulta evidente, el costo ambiental de esto para la ciudad es, desde luego, muy alto.
Zona sur. La parte del sur de los cerros –páramo de Cruz Verde hasta Monserrate– es una de las zonas con más fuentes hídricas del país. Entre ellas vale la pena mencionar: la cuenca del río San Cristóbal, que nace en el páramo de Cruz Verde, se convierte luego en el río Fucha y continúa su paso a través de la ciudad, hasta desembocar en el río Bogotá. Durante su recorrido recibe una gran cantidad de afluentes –el San Francisco y el San Agustín, entre otros–, que aumentan considerablemente su caudal. En su cuenca alta se conserva todavía una gran zona con reductos de bosque secundario, mantenida en muy buen estado gracias a la protección de la Empresa de Acueducto.
La subcuenca del río San Agustín. Este río nace en el cerro de Guadalupe y desciende hasta la ciudad a la altura de la actual calle sexta, donde ha sido canalizado hasta su desembocadura en el río Fucha. Originalmente llamado Manzanares, cambió su nombre cuando a sus orillas se construyó hace muchos años el convento de San Agustín. Durante la época colonial jugó un papel muy importante por ser una de las primeras fuentes de agua del acueducto de la ciudad.
La subcuenca del río San Francisco, que también nace en el páramo de Cruz Verde, desciende por el Boquerón del San Francisco, entre Monserrate y Guadalupe, y llega a la ciudad por las cercanías del Chorro de Padilla, donde es canalizado hasta su desembocadura en el río Fucha. Algunas de estas quebradas afluentes de este río son: la Cabana, la Osa, Plazuela, Laureles, San Bruno, San Blas y Ramajal, muchas de las cuales ya han perdido su caudal original. Este río fue también muy importante históricamente, pues marcó el límite septentrional de la ciudad en sus orígenes y, junto con el río San Agustín, contribuyó al desarrollo del acueducto bogotano. Su nombre prehispánico era “Vichacá”, que también fue cambiado cuando la comunidad de los franciscanos construyó un convento sobre sus orillas.
Zona central. Del Parque Nacional hasta lo que se conoce como Santana Oriental, a la altura de la calle 106. Esta zona cuenta también con numerosas fuentes hídricas, aunque en este caso de menor tamaño, entre ellas vale la pena mencionar la quebrada Arzobispo, que nace por detrás del Alto del Cable, desciende hacia el altiplano por el Boquerón del Arzobispo y entra a la ciudad por el Parque Nacional, donde forma la hermosa cascada de La Ninfa. Al llegar a la carrera quinta es canalizada, formando el canal de la calle 39, y sigue su camino por entre la ciudad, hasta desembocar en el río Juan Amarillo, afluente a su vez del río Bogotá. Durante la época de la Colonia sus aguas fueron utilizadas para los acueductos de San Victorino y Las Nieves.
También se encuentran en esta zona las quebradas de Las Delicias, La Vieja, Los Rosales, Chicó y Los Molinos. Al llegar a la ciudad todas son canalizadas y se convierten en receptores de aguas negras, perdiendo con ello todas sus cualidades ambientales. Quebradas como Las Delicias y La Vieja fueron utilizadas a comienzos de este siglo para la operación del acueducto de Chapinero.
Zona norte. De Santana Oriental hasta la urbanización Floresta de la Sabana, en el sector de Torca, donde las quebradas disminuyen en cantidad y en tamaño por los cambios que se presentan en la pendiente del terreno y la lejanía de los páramos. En esta zona sólo se encuentran pequeñas quebradas, algunas gravemente afectadas por los intensos desarrollos urbanos, la pérdida de vegetación y la contaminación. Entre ellas: Bárbara o Trujillo, Delicias del Carmen, El Cóndor, El Cedro, San Cristóbal, La Cita, La Floresta y Torca.
La contaminación del agua es un factor altamente negativo para todos los ecosistemas de la sabana. Ríos como el San Cristóbal o Fucha y el Juan Amarillo reciben aguas negras durante la mayor parte de su recorrido por la ciudad, convirtiéndose en alcantarillas abiertas y afectando la vegetación que los rodea, los asentamientos humanos vecinos y el sistema hidrológico del que hacen parte.
Asimismo, la tala de bosques en la parte alta de los cerros, donde se originan estos ríos y quebradas, así como la disminución de sus rondas, han conducido a la reducción de sus caudales y, en algunos casos, a su desaparición.
Clima
La sabana de Bogotá tiene clima de montaña tropical, subhúmedo, de lluvias cenitales. La posición de los cerros orientales y la presencia de corrientes cálidas y frías influyen en la creación de microclimas. Los cerros sirven de barrera a los vientos provenientes de los Llanos y del valle del Magdalena, que afectan tanto el régimen de lluvias como la temperatura promedio de las zonas. La temperatura varía, según la altura, entre los 6ºC y los 13ºC. En algunos puntos, la presencia de boquerones crea microclimas, por lo general más húmedos. Se pueden diferenciar claramente tres microclimas en la sabana.
Subhúmedo-húmedo. Localizado en los alrededores de Bosa, tiene un ciclo bianual de lluvias, una precipitación menor a los 600 mm, árido, poco fértil y con poca vegetación. Es la zona donde las corrientes cálidas de los Llanos y el Magdalena ejercen mayor influencia. Allí habitó la mayoría de las comunidades prehispánicas, tal vez por ser la más sana y cálida de la sabana.
Húmedo. Localizado hacia el oriente y norte de la sabana –mayoría de los cerros orientales–, tiene un ciclo bianual de lluvias, una precipitación que oscila entre los 600 mm y los 1.200 mm y una vegetación herbácea. La presencia de boquerones a lo largo de los cerros propicia la existencia de zonas de mayor humedad o con mayor influencia de los vientos y corrientes.
Prehúmedo. Localizado al suroriente de la sabana –páramo de Cruz Verde y alrededores–, es la zona más húmeda de la misma, con un ciclo anual de lluvias, una precipitación superior a los 1.200 mm y abundante vegetación.
En general los meses más lluviosos tienden a ser abril, mayo, junio, octubre y noviembre, y los más secos enero, febrero, julio, agosto y septiembre. La temperatura varía de acuerdo con la altura entre los 6ºC y los 13ºC.
Los sistemas y ecosistemas de la sabana están íntimamente relacionados entre sí, de manera que si alguno reduce su capacidad o desaparece, lleva a la gradual desaparición o transformación de los otros.
“La conservación de la biodiversidad y el medio ambiente requiere el desarrollo de un plan amplio de reforestación de los cerros, en el que el Bosque Andino Alto cubrirá buena parte de todos los cerros, y el Bosque Andino Bajo fajas amplias que conecten la zona de Bosque Andino Alto con la planicie de la sabana. Formarán estos bosques así parte de una ‘Estructura Ecológica Principal’… Las áreas que todavía presentan bosques naturales necesitan urgentemente protección como reserva o parque natural.”(14)
Así como la protección de los bosques de los cerros es indispensable para mantener el equilibrio en el resto de la sabana, el control de la contaminación y de la extracción de aguas subterráneas en la parte plana es urgente para la conservación del sistema hídrico de los cerros y, por tanto, de la fauna y flora.
La extracción de las aguas subterráneas en las partes planas de la sabana reduce el nivel freático superior, que se encuentra en los cerros, disminuyendo entonces su capacidad de alimentar los ríos y quebradas que nacen en ellos, puesto que los cerros actúan en realidad como zonas de recarga de los acuíferos de la sabana y los riachuelos como recolectores de los excedentes.
“Al explotar el agua subterránea, el nivel freático desciende, cada vez menos agua sale superficialmente por los ríos: lo que sacamos en los pozos de agua ya no sale por los ríos”.(15)?
Notas
- Van der Hammen, Thomas, “Plan ambiental de la Cuenca alta del río Bogotá”, Bogotá, 1998.
- El Macizo de Sumapaz, que hace parte del Distrito Capital, es de gran valor ambiental por ser una de las principales fuentes de agua de la ciudad, junto con el Macizo de Chingaza. Por su valor ecológico hace parte de las reservas naturales del país. Guhl, Ernesto, “Los páramos circundantes de la Sabana de Bogotá”, Jardín Botánico José Celestino Mutis, 1982, pág 37.
- El grupo Guadalupe, conformado por las formaciones Arenisca Dura, Plaeners, Arenisca Labor y Arenisca Tierna, abarca un 53% del área de los cerros orientales. Además, estas formaciones están compuestas por diferentes arcillas, arenas y rocas, utilizadas como materiales de construcción y origen de numerosas canteras. CADSA-DAPD, “Estrategias de Ordenamiento para las zonas rurales de las localidades de Usaquén, Chapinero, Santafé y San Cristóbal”, Bogotá, 1998. Sin publicar, pág. 47.
- Cubillos-DAPD, “Criterios de Ordenamiento de los Cerros Orientales” 1998, sin publicar, pág. 15.
- DAMA. “Los Cerros de Santa Fe de Bogotá”, Bogotá, 1992.
- Karl Langebaek, antropólogo director del CESO, Centro de Estudios Socio Culturales e Internacionales, conferencia realizada en la Universidad Javeriana, Santa Fe de Bogotá, 1999.
- DAPD, Cartilla del Espacio Público, Bogotá, 1993. Op. pág. 70.
- DAPD, Op. cit., pág. 172.
- Van der Hammen, Thomas. Op. cit., pág. 27.
- Tomado de CADSA-DAPD. Op. cit., pág. 93.
- Los cultivos de papa causan un fuerte proceso de degradación en los suelos. Por lo tanto, una vez utilizado el terreno en un cultivo de papa, éste queda inutilizado para cualquier uso agrícola por períodos hasta de 5 años. Esto implica que para el desarrollo de estos cultivos es necesario habilitar constantemente nuevas zonas. Por otra parte, estas actividades agrícolas se han visto forzadas a desplazarse a las zonas más altas debido a la presión de los desarrollos suburbanos que se han generado en los últimos años. Van der Hammen, Op. cit.
- Van der Hammen, Thomas. Op. cit., pág. 53.
- Van der Hammen, Thomas. Op. cit. 1, pág. 128.
- Van der Hammen, Thomas. Op. cit. 1, pág. 61.
- Van der Hammen, Thomas. Op. cit. 1, pág. 88.