- Botero esculturas (1998)
- Salmona (1998)
- El sabor de Colombia (1994)
- Wayuú. Cultura del desierto colombiano (1998)
- Semana Santa en Popayán (1999)
- Cartagena de siempre (1992)
- Palacio de las Garzas (1999)
- Juan Montoya (1998)
- Aves de Colombia. Grabados iluminados del Siglo XVIII (1993)
- Alta Colombia. El esplendor de la montaña (1996)
- Artefactos. Objetos artesanales de Colombia (1992)
- Carros. El automovil en Colombia (1995)
- Espacios Comerciales. Colombia (1994)
- Cerros de Bogotá (2000)
- El Terremoto de San Salvador. Narración de un superviviente (2001)
- Manolo Valdés. La intemporalidad del arte (1999)
- Casa de Hacienda. Arquitectura en el campo colombiano (1997)
- Fiestas. Celebraciones y Ritos de Colombia (1995)
- Costa Rica. Pura Vida (2001)
- Luis Restrepo. Arquitectura (2001)
- Ana Mercedes Hoyos. Palenque (2001)
- La Moneda en Colombia (2001)
- Jardines de Colombia (1996)
- Una jornada en Macondo (1995)
- Retratos (1993)
- Atavíos. Raíces de la moda colombiana (1996)
- La ruta de Humboldt. Colombia - Venezuela (1994)
- Trópico. Visiones de la naturaleza colombiana (1997)
- Herederos de los Incas (1996)
- Casa Moderna. Medio siglo de arquitectura doméstica colombiana (1996)
- Bogotá desde el aire (1994)
- La vida en Colombia (1994)
- Casa Republicana. La bella época en Colombia (1995)
- Selva húmeda de Colombia (1990)
- Richter (1997)
- Por nuestros niños. Programas para su Proteccion y Desarrollo en Colombia (1990)
- Mariposas de Colombia (1991)
- Colombia tierra de flores (1990)
- Los países andinos desde el satélite (1995)
- Deliciosas frutas tropicales (1990)
- Arrecifes del Caribe (1988)
- Casa campesina. Arquitectura vernácula de Colombia (1993)
- Páramos (1988)
- Manglares (1989)
- Señor Ladrillo (1988)
- La última muerte de Wozzeck (2000)
- Historia del Café de Guatemala (2001)
- Casa Guatemalteca (1999)
- Silvia Tcherassi (2002)
- Ana Mercedes Hoyos. Retrospectiva (2002)
- Francisco Mejía Guinand (2002)
- Aves del Llano (1992)
- El año que viene vuelvo (1989)
- Museos de Bogotá (1989)
- El arte de la cocina japonesa (1996)
- Botero Dibujos (1999)
- Colombia Campesina (1989)
- Conflicto amazónico. 1932-1934 (1994)
- Débora Arango. Museo de Arte Moderno de Medellín (1986)
- La Sabana de Bogotá (1988)
- Casas de Embajada en Washington D.C. (2004)
- XVI Bienal colombiana de Arquitectura 1998 (1998)
- Visiones del Siglo XX colombiano. A través de sus protagonistas ya muertos (2003)
- Río Bogotá (1985)
- Jacanamijoy (2003)
- Álvaro Barrera. Arquitectura y Restauración (2003)
- Campos de Golf en Colombia (2003)
- Cartagena de Indias. Visión panorámica desde el aire (2003)
- Guadua. Arquitectura y Diseño (2003)
- Enrique Grau. Homenaje (2003)
- Mauricio Gómez. Con la mano izquierda (2003)
- Ignacio Gómez Jaramillo (2003)
- Tesoros del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. 350 años (2003)
- Manos en el arte colombiano (2003)
- Historia de la Fotografía en Colombia. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1983)
- Arenas Betancourt. Un realista más allá del tiempo (1986)
- Los Figueroa. Aproximación a su época y a su pintura (1986)
- Andrés de Santa María (1985)
- Ricardo Gómez Campuzano (1987)
- El encanto de Bogotá (1987)
- Manizales de ayer. Album de fotografías (1987)
- Ramírez Villamizar. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1984)
- La transformación de Bogotá (1982)
- Las fronteras azules de Colombia (1985)
- Botero en el Museo Nacional de Colombia. Nueva donación 2004 (2004)
- Gonzalo Ariza. Pinturas (1978)
- Grau. El pequeño viaje del Barón Von Humboldt (1977)
- Bogotá Viva (2004)
- Albergues del Libertador en Colombia. Banco de la República (1980)
- El Rey triste (1980)
- Gregorio Vásquez (1985)
- Ciclovías. Bogotá para el ciudadano (1983)
- Negret escultor. Homenaje (2004)
- Mefisto. Alberto Iriarte (2004)
- Suramericana. 60 Años de compromiso con la cultura (2004)
- Rostros de Colombia (1985)
- Flora de Los Andes. Cien especies del Altiplano Cundi-Boyacense (1984)
- Casa de Nariño (1985)
- Periodismo gráfico. Círculo de Periodistas de Bogotá (1984)
- Cien años de arte colombiano. 1886 - 1986 (1985)
- Pedro Nel Gómez (1981)
- Colombia amazónica (1988)
- Palacio de San Carlos (1986)
- Veinte años del Sena en Colombia. 1957-1977 (1978)
- Bogotá. Estructura y principales servicios públicos (1978)
- Colombia Parques Naturales (2006)
- Érase una vez Colombia (2005)
- Colombia 360°. Ciudades y pueblos (2006)
- Bogotá 360°. La ciudad interior (2006)
- Guatemala inédita (2006)
- Casa de Recreo en Colombia (2005)
- Manzur. Homenaje (2005)
- Gerardo Aragón (2009)
- Santiago Cárdenas (2006)
- Omar Rayo. Homenaje (2006)
- Beatriz González (2005)
- Casa de Campo en Colombia (2007)
- Luis Restrepo. construcciones (2007)
- Juan Cárdenas (2007)
- Luis Caballero. Homenaje (2007)
- Fútbol en Colombia (2007)
- Cafés de Colombia (2008)
- Colombia es Color (2008)
- Armando Villegas. Homenaje (2008)
- Manuel Hernández (2008)
- Alicia Viteri. Memoria digital (2009)
- Clemencia Echeverri. Sin respuesta (2009)
- Museo de Arte Moderno de Cartagena de Indias (2009)
- Agua. Riqueza de Colombia (2009)
- Volando Colombia. Paisajes (2009)
- Colombia en flor (2009)
- Medellín 360º. Cordial, Pujante y Bella (2009)
- Arte Internacional. Colección del Banco de la República (2009)
- Hugo Zapata (2009)
- Apalaanchi. Pescadores Wayuu (2009)
- Bogotá vuelo al pasado (2010)
- Grabados Antiguos de la Pontificia Universidad Javeriana. Colección Eduardo Ospina S. J. (2010)
- Orquídeas. Especies de Colombia (2010)
- Apartamentos. Bogotá (2010)
- Luis Caballero. Erótico (2010)
- Luis Fernando Peláez (2010)
- Aves en Colombia (2011)
- Pedro Ruiz (2011)
- El mundo del arte en San Agustín (2011)
- Cundinamarca. Corazón de Colombia (2011)
- El hundimiento de los Partidos Políticos Tradicionales venezolanos: El caso Copei (2014)
- Artistas por la paz (1986)
- Reglamento de uniformes, insignias, condecoraciones y distintivos para el personal de la Policía Nacional (2009)
- Historia de Bogotá. Tomo I - Conquista y Colonia (2007)
- Historia de Bogotá. Tomo II - Siglo XIX (2007)
- Academia Colombiana de Jurisprudencia. 125 Años (2019)
- Duque, su presidencia (2022)
La Casa Guatemalteca

Exterior del jardín de una casa antigüeña restaurada, que conserva los muros originales de piedra.

Talla colonial en madera de cedro.

Salón que conjuga acertadamente muebles de diverso tipo con objetos y pinturas coloniales.

Corredor de una casa actual en Antigua, donde se incorporaron arcos mixtilíneos, tan usados en Guatemala durante la última etapa del barroco, baldosa de barro y puertas con barrotes de madera torneada.

Pequeño patio interior de piedra en una casa restaurada de Antigua, con vista a la vieja cocina de chimenea en forma de cúpula y acceso desde una puerta de bolillos de madera.

Dormitorio de casa en Antigua, con cama contemporánea de hierro forjado y baldaquín.

Salón principal de casa en Antigua, incorporado al espacio original abovedado, con paredes en ladrillo y piedra a la vista, decorado con muebles contemporáneos y pinturas y tallas coloniales.

Pila contemporánea con búcaro, que incorpora formas barrocas tradicionales.

Zaguán empedrado y vista parcial del patio de lo que fue el colegio Tridentino, en Santiago de Guatemala, hoy Antigua, diseñado por el Maestro Mayor Bernardo Ramírez, alrededor de 1750, con arcos mixtilíneos.

Vieja pila antigüeña en el patio posterior de una casa restaurada. La pila era utilizada originalmente para el lavado de ropa.

Detalle del lavabo de un baño de una casa en el lago de Amatitlán, decorado con azulejos, y un tragaluz en el que se observan rústicas vigas de madera. El piso, de baldosa de barro, está incrustado de azulejos.

Comedor de casa contemporánea en ciudad de Guatemala, con piezas de mayólica antigüeña sobre el muro; al fondo, en el corredor, una escultura de vestir colonial.

Salón integrado al patio con piscina, amueblado con equipales mexicanos.

Detalle del corredor de una casa antigüeña actual adornado con máscaras indígenas, maracas y grandes recipientes de barro.


Galería abierta frente al patio de la pila, en la segunda planta de una casa antigüeña, con suelo de duela de madera y una combinación de elementos y textiles guatemaltecos e indonesios.

Parte de la antigua cocina de la casa, en la que se aprecia el arco rebajado de la chimenea adornada con platos de mayólica, una mesa antigua en primer plano y, al fondo, sobre la vieja estufa, un conjunto de objetos y figuras de santos a manera de altar popular.

Comedor con máscaras indígenas y pinturas de Miguel García Luque, en ciudad de Guatemala. Muebles variados, columna salomónica, esculturas coloniales y cuadros antiguos y modernos.

Interior de una casa contemporánea en ciudad de Guatemala. A través del arco se relacionan el salón y el comedor, donde se combinan figuras coloniales, cerámicas indígenas y adornos modernos de distinta procedencia

Corredor de una casa contemporánea de la capital, con grandes ventanales al fondo. Sobre la mesa y la pared imágenes coloniales, talladas y policromadas.

Gran salón, dominado por una chimenea con relieve tallado sobrepuesto, varios muebles antiguos e imágenes que resaltan los muros rústicos con su encalado tradicional.

Ventana colonial con su marco encalado blanco sobre el muro rojo profundo, un óleo de la pintora Deborah Duflon, a la izquierda, y otras piezas de mobiliario rústico.

Dormitorio de una casa restaurada en Antigua, donde se unen colores y formas: el blanco del muro, el rojo terroso de la chimenea con máscaras de coco sobrepuestas, el textil indígena en que domina el rojo y el café del “cuyuscate” (algodón), y un sombrero chamula chiapaneco.

Una escultura de Dios Padre domina el ambiente de esta sala en una casa restaurada de Antigua, cuyo arco rebajado con los ladrillos vistos integra los dos espacios, decorados con mobiliario rústico y moderno, tallas coloniales y piezas de plata.

Cocina tradicional con el típico poyo, los fogones, la chimenea y la leña, que contrastan con el azul de los trastos de peltre.

En esta sala antigüeña, que observamos a través del arco rebajado de ladrillo visto, se aprecian varias esculturas y piezas coloniales. La primera, una Virgen con corona de plata sobre gran capitel de madera; al fondo, donde se combina el revoque con una parte de la pared antigua, otras esculturas; sobre la chimenea, en cuya repisa hay varias piezas de plata, la pintura de un arcángel; y a la derecha un armario tradicional. Los sofás modernos en tapicería blanca tienen varios cojines recubiertos con telas indígenas en los que predominan el rojo y el morado.

Azotea convertida en área social, con vista a las cubiertas en teja de barro y otras edificaciones de Antigua.

Antiguo patio transformado en jardín. La vegetación protege del sol y la lluvia, al tiempo que da nuevo sentido a la vida en la casa tradicional.

Sala de una casa de campo en San Pedro, en la que se combinan elementos folclóricos y mobiliario antiguo, dentro de una construcción contemporánea.

Dormitorio en casa restaurada de Antigua, con cama y mosquitero sobrepuesto.

Comedor-cocina pintoresco y ecléctico, en una pequeña casa contemporánea de ciudad de Guatemala. Encima del comedor gran cuadro del pintor José Antonio Fernández.

Escalera circular sobre piso cuadriculado de mármol negro y blanco en casa contemporánea de ciudad de Guatemala.

Dormitorio de una casa antigüeña restaurada, con los muros originales, sin revoque y cama de hierro forjado.

Sala contemporánea de una casa capitalina; sobre la chimenea un cuadro del pintor nicaragüense Armando Morales.

Casa patronal de una finca de café en los alrededores de la ciudad de Antigua. Se trata de un tipo de casa similar al de otras fincas de la región: una sola planta, jardín central enclaustrado, techo de teja de barro, largas galerías con corredores abiertos al espacio interior, en este caso un bonito jardín con césped y flores. Las habitaciones abren sus ventanas hacia las plantaciones.

Fachada principal de una mansión contemporánea en la ciudad de Guatemala, diseñada por el arquitecto Carlos Ramírez.

Vestíbulo de una casa contemporánea, con escalera circular, baranda de hierro forjado y araña de bronce.

Casa de recreo diseñada por el arquitecto José Asturias en una empinada ladera cercana a Santa Catarina Pinula, con vista al valle de la ciudad de Guatemala. Es un octaedro que se abre y cierra eléctricamente con grandes triángulos.

Vista del octaedro cerrado, una vez que se acciona el mecanismo eléctrico.

Interior de la segunda planta de una casa de recreo a orillas de río Tatín, Izabal, diseñada por John Heaton, a la manera de un ranchón de palma de corozo, común en la zona.

Exterior de la misma casa de recreo, construida dentro del estilo indígena local, utilizando procedimientos y materiales tradicionales.

Casa de la ciudad de Guatemala construida después de los sismos de l917-1918, con cemento armado, lo cual permitió unas delgadas pilastras que, unidas a los altos techos, le dan un sentido airoso.

Patio de la misma casa, con una escultura de mármol, similar a las que se importaron en 1897 para ornamentar el Paseo de La Reforma. Tanto el piso de cemento como las balaustradas hacia el patio, que adornan el techo, estuvieron muy de moda en la primera mitad de este siglo.

Amplia área social de una residencia contemporánea de la ciudad de Guatemala, diseñada por el arquitecto Peter Giesemann, en varios niveles y ambientes conectados. El suelo es de laja negra de Sudáfrica. Predomina la línea recta y el diseño sencillo, con techos y muros blancos, en que se destacan numerosas pinturas: a la izquierda, pintura abstracta del artista guatemalteco Moisés Barrios; al centro, sobre la chimenea, cuadro del pintor ecuatoriano Hernán Cogollo; a la derecha, pintura del artista mexicano Roberto Cortázar.

Sala de una casa de recreo en el lago de Atitlán, con piso de baldosa y a la derecha cuadro de María Dolores Castellanos.

Entrada a una casa de recreo contemporánea a orillas del lago de Amatitlán, con puertas antiguas incorporadas.

Vista sobre la ciudad colonial, desde la azotea de una casa antigüeña restaurada.

Jardín que embellece y da color a las ruinas de piedra que se incorporaron a una casa restaurada en Antigua. La pila y los muros que se aprecian están en su estado original, bastante destruidos, probablemente a causa del terremoto de 1917.

Fachada antigua de piedra sobre el jardín que rodea una casa restaurada en la ciudad de Antigua.

Corredor de acceso principal a la misma casa, en el que se aprecian las columnas y elementos coloniales originales aprovechados en la restauración realizada por el ingeniero Amerigo Giracca, así como una pila y el área de habitación al fondo.

Detalles de la misma casa de Antigua, en los que se aprecia el uso de la baldosa de barro, los muebles de estilo colonial, los ornamentos variados y los muros originales que conservan su pátina y la huella del tiempo. Al fondo, la escalera contemporánea con baranda de hierro forjado.

A la derecha, la escalera, vista desde otro ángulo, comunica las diferentes áreas de la casa, dentro de un espacio abovedado. En primer plano varios candeleros artesanales en madera con patina plateada; al fondo pequeño rincón de estar, cubierto con cojines de textiles típicos.

Dormitorio de la misma casa, restaurada en Antigua por el ingeniero Amerigo Giracca, adaptado a un espacio interior abovedado, con amoblado sencillo.

Otro dormitorio de la casa, con camas de hierro forjado, fabricadas por artesanos locales, en Antigua. Toda la construcción es nueva, pero se le ha incorporado el repello en cierta áreas, como alrededor del arco, para dar un ambiente antiguo.

Fuente circular en el patio de entrada a un casa restaurada dentro de ruinas de piedra, en la ciudad de Antigua.

El volcán de Agua, elemento dominante del paisaje antigüeño, trasmite su elegancia y serenidad al jardín interior de esta casa tradicional.

Pórtico de entrada al patio-jardín interior de una casa tradicional antigüeña.

Corredor en baldosa de barro, flanqueado por columnas de madera sobre piedra martelinada, visto a través de un arco colonial de adobe y piedra.

Dormitorio antigüeño de casa restaurada, con chimenea contemporánea adaptada, que se comunica con un pequeño salón a través de una puerta sobre grueso muro colonial. La cruz que se observa al fondo, sobre el bastidor de madera roja, también es colonial.

Sala de una casa antigüeña en la que se combinan muebles tradicionales, una chimenea restaurada, con una escultura de Santiago a caballo y dos pinturas europeas a los lados, un gran coromandel chino y, a la izquierda, un cuadro colonial religioso sobre una cómoda veneciana.

Antigua cocina colonial transformada en comedor, decorado con diversos objetos de hierro, máscaras de madera, ollas de bronce, lámparas con base de figura de santo, y muebles tradicionales.

Acceso a casa contemporánea de Antigua y vista lateral a través del jardín. Se combinan aquí la arquitectura tradicional y una amplia zona verde que aprovecha, entre la vegetación, vestigios coloniales de piedra procedentes de antiguas edificaciones destruidas en el terremoto de 1773. Al lado de la casa, una amplia entrada empedrada para carruajes y una pila rodeada de buganvillas.

Acceso a casa contemporánea de Antigua y vista lateral a través del jardín. Se combinan aquí la arquitectura tradicional y una amplia zona verde que aprovecha, entre la vegetación, vestigios coloniales de piedra procedentes de antiguas edificaciones destruidas en el terremoto de 1773. Al lado de la casa, una amplia entrada empedrada para carruajes y una pila rodeada de buganvillas.

Salón principal de una casa contemporánea de Antigua, con muros pintados en amarillo claro, una chimenea moderna, sobre la cual cuelga un óleo del pintor guatemalteco contemporáneo José Luis Álvarez, y a los lados dos pinturas de autores desconocidos: una de Santa Rosa de Lima venerando a la Virgen y otra de un personaje con el torso desnudo, entre dos relieves barrocos.

Pequeña sala contemporánea donde se aprecia,sobre la pared de la izquierda, el espacio diseñado para exhibir la colección de hachas prehispánicas de piedra, pertenecientes a la cultura maya. Sobre la chimenea, piezas de mayólica antigüeña y vasijas también de origen maya.

Al final de un largo corredor abierto hacia el jardín, este pequeño ambiente decorado con un dhurry de la India en tonos suaves. Un conjunto de sillas rústicas, que forman un área de estar, y dos tallas de madera del siglo XVIII complementan el rincón. Al fondo la pared antigua sin repello, compuesta de diferentes tipos de piedra y un gran retablo tallado de madera.

Dormitorio tradicional de una casa de Antigua, decorado con puertas talladas sobrepuestas y columnas coloniales a los costados de las camas.

Detalle de puertas talladas en cedro, de tradición guatemalteca, colocadas sobre la mesa antigua que exhibe adornos de cerámica mexicanos.

Gran jardín, diseñado alrededor de los restos de construcciones coloniales destruidas por el terremoto del siglo XVIII, en Antigua.

Fuente colonial de piedra repellada, con búcaro de estilo primitivo, en Antigua. Detrás, cúpula de la cocina colonial de la casa original.

Sala de una casa antigüeña abierta a un patio interior, con piso de baldosa salpicado de azulejos. Sobre la chimenea, una escultura primitiva de un ángel en madera y dos platos de mayólica local; sobre la pared, a ambos lados, candeleros modernos de hierro forjado, adelante un baúl de madera incrustada de diseño geométrico, trabajo tradicional de la Antigua.

Dormitorio de casa antigüeña en el que se combinan muebles de diferentes épocas, objetos de cerámica popular, una pintura de Antigua y seis serigrafías del artista David Ordóñez, colgadas entre las puertas de espejo. Domina el ambiente la fuerza cromática de los textiles mayas contemporáneos, en forma de cojines y cubrecamas.

Otro dormitorio de la misma casa, con similar concepto decorativo, donde abundan, tanto en la pared como sobre los muebles, pequeñas esculturas coloniales, populares y cultas, entre las que hay varios crucifijos y máscaras de este siglo. El cubrecama y los cojines son de textiles guatemaltecos indígenas.

Dos vistas del mismo ambiente en una casa de Antigua, restaurada por el ingeniero guatemalteco Amerigo Giracca. Se trata de una vieja cocina que conserva su chimenea acupulada en ladrillo. En la restauración se conservó incluso el ahumado y se adaptó a su nuevo uso como sala, con muebles tradicionales y modernos, una repisa con frascos de farmacia antigua y, en la parte inferior, un huipil maya de vivo color rojo, enmarcado.

Dos vistas del mismo ambiente en una casa de Antigua, restaurada por el ingeniero guatemalteco Amerigo Giracca. Se trata de una vieja cocina que conserva su chimenea acupulada en ladrillo. En la restauración se conservó incluso el ahumado y se adaptó a su nuevo uso como sala, con muebles tradicionales y modernos, una repisa con frascos de farmacia antigua y, en la parte inferior, un huipil maya de vivo color rojo, enmarcado.

En este estudio-biblioteca de casa contemporánea en Antigua, se combinan las estanterías del fondo, con un escritorio antiguo y un aparador tallado. Bajo el gran arco rebajado de ladrillo expuesto, que contrasta con la baldosa en barro cocido del piso, una escultura colonial en madera de cedro encerada.

Patio interior empedrado de la misma casa, con escalones en piedra que contrastan con la baldosa de barro. Al fondo, una puerta antigua da acceso a la sala. A la derecha, una hornacina con escultura colonial estofada, bajo la cual se encuentra una rústica mesa de pino de Nahualá (Sololá) con varias piezas de plata; a la izquierda, una silla de estilo español, y al lado un cuadro del artista guatemalteco Marco Augusto Quiroa, bajo del cual hay un cofre antiguo tallado.

Casa antigüeña reconstruida. En primer plano, una galería con baldosa tradicional y plantas. A la izquierda del patio engramado, un corredor con cruces de hierro forjado en el muro. Al costado derecho, así como al fondo, se han reproducido las típicas ventanas coloniales lobuladas.

Pasillo de una casa contemporánea en Antigua, donde se logra un ambiente interesante gracias a la bóveda con el ladrillo visto. En el muro izquierdo, ocho máscaras indígenas de danzas tradicionales; a la derecha, sobre el banco, un arcángel policromado, escultura popular.

Perspectiva del claustro principal del antiguo Colegio o Seminario Tridentino, diseñado por el Maestro Mayor Bernardo Ramírez, a mediados del siglo XVIII, hoy día casa particular, que recuerda el patio de los colegios menores de Salamanca, con las gruesas columnas de arcos mixtilíneos.

La elaborada portada principal del mismo edificio, en la que se combinan elementos típicos del ultrabarroco en Santiago de Guatemala: columnas revestidas de pilastrillas y en medio pilastras almohadilladas; en el entablamento diversos ejemplos de ornamentación de la época; y arriba una hornacina enmarcada por roleos y pilastrillas, en cuyo interior se encuentra la Virgen de la Asunción, en argamasa.

Otra vista del claustro del antiguo Colegio Tridentino, en Antigua, hoy convertido en casa particular. Los arriates con flores son un agregado moderno.

Comedor de estilo español de la casa, donde se ha incorporado una chimenea y decorado con platos de mayólica antigüeña.

Patio antigüeño con fuente en piedra adosada al muro, bajo la sombra de los árboles, frente al desarrollo general de las habitaciones de la casa.

Entrada principal de la casa con reja de diseño contemporáneo. El pasillo, que conduce al patio, está decorado con un gran relieve de madera primitivo sobre una mesa rústica.

Sala decorada por el diseñador John Heaton, con una multicolor variedad de textiles orientales sobrepuestos a los sillones y el sofá. Sobre la chimenea de piedra, varias piezas de cerámica mexicana intercaladas con vasijas mayas y un antiguo arcángel sobre la pared de color anaranjado fuerte. Del techo de madera cuelga una araña veneciana de vidrio soplado. Sobre la pared de la derecha,un cuadro de la pintora mexicana María Ruibalbo.

Dormitorio de la misma casa antigüeña, con chimenea adornada con incrustaciones de azulejo y coronada con un espejo de resplandor dorado. A la izquierda, el armario primitivo de madera se complementa con la alfombra de tejido indígena. De la pared cuelga un textil ikat de Indonesia.

Pasillo abovedado de acceso al comedor de la casa, pintado a mano. El añil del muro sirve de fondo a dos vasijas de cerámica popular con flores, dos columnas de madera y una escultura mariana sin estofado en el centro.

El comedor de la casa, de color naranja fuerte, decorado con un crucifijo popular y una pilastra de retablo que ya perdió su dorado; la ventana y la puerta resaltan por sus marcos en añil, lo mismo que la escultura popular de madera por su hornacina blanca. La mesa fue originalmente una puerta antigua tallada, adaptada al nuevo uso.

Vista de un área en proceso de reconstrucción, parcialmente jardinizada, que forma parte de una casa antigüeña del siglo XVIII, destruida por el terremoto. Se aprecian los muros originales de acceso a una habitación.

Piscina desarrollada entre la ruina, conectada con el jardín lateral a través de un muro colonial en piedra. Al fondo las cúpulas de la ciudad colonial.

En Antigua, pequeño estar, bajo una cúpula, con paredes policromadas, asientos fundidos en concreto y cojines sobrepuestos, al que se accede a través de un arco romano, desde la sala de la casa, de diseño contemporáneo en medio de una estructura antigua.

Acceso al comedor de una casa en Antigua, precedido por un nicho sobre muro de piedra y ladrillo a la vista, con chimenea contemporánea policromada a mano y boca en arco de piedra. El piso es de baldosa de barro salpicado de azulejos.

En Antigua, comedor dentro de espacio restaurado, con paredes de esquinas redondeadas, estucadas, mesa contemporánea de vidrio y sillas de estilo español. A la derecha, pintura colonial y columna salomónica en madera tallada. Al fondo, aparador con relieves en pan de oro que sostiene dos monaguillos coloniales de madera policromada. Al centro, reproducción de espejo redondo colonial.

Parte de casa antigüeña, restaurada en forma de capilla, con techo abovedado, altar en madera tallada policromada y acondicionamiento de las bases de las columnas para iluminación indirecta.

Casa antigüeña restaurada a comienzos del siglo XX, con piso en adoquín de cemento, clásicas columnas circulares de madera sobre pilastras de piedra y muebles pueblerinos.

Dormitorio con cama de espaldar tallado en madera policromada. Alfombra contemporánea hecha a mano con motivos de jaspe y cubrecama de textil indígena. Ventana de postigo, con base acondicionada como asiento.

Casa contemporánea en estilo colonial en Antigua, con elementos arquitectónicos antiguos originales, como el arco de piedra tallada incorporado a la entrada del comedor y las bases de las ventanas.

Corredor interior en forma de “U” que rodea el patio y da acceso a todas las habitaciones, amueblado con ánforas de barro y muebles coloniales.

Comedor de la casa anterior. Al centro, sobre una mesa contemporánea, pende una araña de madera y hierro forjado.Al fondo, dos hornacinas con imágenes de madera tallada y a la izquierda una casulla colonial colgada del muro sobre un trinchante. Piso de baldosa de terracota y puertas antiguas talladas, incorporadas a la estructura.

Sala de la casa, con un baúl colonial y un gran espejo rococó, al fondo. Tras el marco incorporado del vano, en piedra antigua, una escultura barroca guatemalteca estofada de la Virgen sobre una peana dorada, y a la derecha, dentro del salón, otra escultura mariana en madera policromada con el niño. De la techumbre cuelga una lámpara de plata colonial. En la mesa, unos candeleros y un incensario también de plata.

Dormitorio principal con cama de columnas en madera tallada. Se destacan el baúl colonial incrustado con motivos geométricos, tres óleos coloniales, un atril de plata martillada y, a la derecha de la chimenea, con elementos de piedra originales incorporados, una lámpara italiana de madera tallada, que representa a dos niños.

Cocina contemporánea forrada de azulejos de tipo colonial, con mobiliario rústico en madera y cerámicas de la época colonial, de la casa Montiel de Antigua, sobre la pared del fondo.

Entrada al escritorio, que posee una hermosa biblioteca en madera tallada, a través de un arco de piedra colonial incorporado. En primer plano, una Virgen de Concepción en madera tallada y policromada, con resplandor de plata, sobre un bargueño colonial.

Rincón comedor integrado a un patio en una casa restaurada de Antigua, con mesa de hierro forjado y sillas equipales mexicanas en cuero de cerdo.A la derecha, mesa primitiva de Nahualá con candeleros de bronce. El piso es de baldosa de barro de la zona y en él reposan diferentes animales en madera de talla popular guatemalteca.

Al fondo de este patio, una pila contemporánea al estilo tradicional forrada en azulejos, rodeada de un jardín al que se abren los corredores de la casa. A la derecha, nicho decorado en yeso con forma de resplandor, que contiene un pequeño arcángel de madera tallada y policromada.

Salón principal de una casa restaurada antigüeña, centrado en la chimenea, con espejo contemporáneo de estilo barroco. Al fondo, una estantería de madera tallada en la que se exhiben piezas de cerámica precolombina maya.

Dormitorio principal con cama cubierta y espaldar tapizado, y cojines forrados con textiles típicos guatemaltecos. Al fondo, huipiles antiguos enmarcados y espejo de estaño labrado. Al lado pinturas primitivas y lámparas fabricadas utilizando ángeles de madera como soporte.

Casa de Antigua convertida en posada, diseño de Mary Sue Morris, con ventanas de barrotes en hierro forjado sobre el patio empedrado del acceso. Al lado de la puerta, faroles de latón.

Puerta antigua de acceso a la casa, desde la calle.

Alcoba de la casa; los dos catres de hierro forjado tienen cobertores de tela tradicional guatemalteca, cuyos fragmentos se unen bordados a mano, lámparas de cerámica mexicana y estera de sibaque en el piso.

Habitación de la misma casa con piso de baldosa de barro y chimenea contemporánea en la esquina. Las camas con espaldar de hierro forjado están cubiertas con textiles guatemaltecos con motivos de jaspe.

Pequeño salón abierto a un corredor flanqueado por una piscina longitudinal, paralela al muro del fondo, con bocas de agua y jardín en los nichos. Los muebles son equipales cubiertos por cojines tejidos y mesas auxiliares en forma de tambor. La imagen de arriba muestra la longitud de la piscina, las columnas tradicionales en madera rolliza y el rústico muro de piedra al fondo.

Pequeño salón abierto a un corredor flanqueado por una piscina longitudinal, paralela al muro del fondo, con bocas de agua y jardín en los nichos. Los muebles son equipales cubiertos por cojines tejidos y mesas auxiliares en forma de tambor. La imagen de arriba muestra la longitud de la piscina, las columnas tradicionales en madera rolliza y el rústico muro de piedra al fondo.

Vista de una auténtica casa colonial, colindante con el Monasterio de Monjas Capuchinas (detrás de la cabecera del templo), en Antigua, que muy probablemente fue construida al mismo tiempo que el edificio monástico, con destino al capellán y confesor de las monjas.

Ángulo del patio que muestra el mismo tipo de columnas cilíndricas que los claustros del convento y los arcos de medio punto. Al fondo del corredor, el arco que comunica este espacio con otras habitaciones de la casa.

Patio interior de la misma casa colonial en Antigua, recientemente restaurada por John Heaton, que conserva la pila original. Esta parte de la casa tiene espacios reconstruidos, pero se ha conservado lo esencial de la arquitectura original guatemalteca de la época.

Zaguán empedrado de entrada a casa de Antigua, a través de un arco. Se aprecia el patio jardinizado, el escalón que sube al corredor, las columnas cilíndricas y las zapatas tradicionales.

Comedor de la misma casa restaurada, con chimenea incorporada, piso de baldosa de barro y muebles de principios de siglo. A la izquierda, un armario grande de madera y varios candelabros de hierro forjado; al fondo, un trinchante con espejo dorado; sobre la mesa, arreglada con piezas de mayólica antigüeña, dos candelabros de cerámica; del techo pende una araña de madera y hierro con velas.

Dormitorio de una casa en Antigua. Domina el blanco de los muros, de la alfombra y del cubrecama; los toques de color los proporcionan las telas indígenas, una enmarcada y otra en el tapizado de un sillón, así como un cofre y candeleros pintados en forma de ángeles. Completan el mobiliario dos sillitas tradicionales de la localidad y una mesa rústica con un florero de mayólica de Totonicapán. Las repisas de las ventanas están acabadas con azulejos antigüeños.

Salón y biblioteca de la misma casa en Antigua. El mobiliario y la decoración son muy variados y conforman un conjunto agradable. A la izquierda, sobre el aparador, un monumental espejo tallado y dorado, flanqueado por candelabros de hierro forjado contemporáneos. Al fondo, una biblioteca con vitrina central, que contiene piezas mayas y tallas coloniales, y a la derecha un gran óleo colonial.

Amplio jardín de una casa contemporánea en Antigua Guatemala, que complementa una estructura colonial y utiliza elementos tradicionales de construcción, como el techo de teja de barro, los soportales y los tipos de ventanas. El jardín es un amplio muestrario vegetal, que aprovecha el clima y las posibilidades que en ese sentido da el valle de Panchoy.

Casa contemporánea en el marco de la ciudad de Antigua. En un amplio sitio se ha combinado un hermoso jardín con arquitectura contemporánea que incorpora ruinas de piedra colonial. Una pequeña fuente contemporánea decorada con un sol en relieve, un búcaro en mayólica local y restos respetados de construcción antigua, cubiertos en parte por una buganvilla.

Sala de la misma casa, que se abre al jardín a través de una amplia ventana de vidrio; el interior, de tonos claros, es de gran luminosidad. Las libreras con piezas mayas, la baldosa de barro y los muebles contemporáneos complementan el ambiente.

Muro del gran salón de la casa antigüeña anterior. Predomina la línea recta, el color blanco y los espacios cuadrados. En los nichos, donde el color zapote combina con la baldosa, se exhiben objetos prehispánicos y una escultura colonial en madera policromada. En primer plano, una mesa hecha de una puerta antigua, con un interesante candelabro de estaño de diez brazos. Sobre la chimenea, dos obras del pintor guatemalteco Roberto González Goyri.

Amplio salón en tonos blancos y terracotas. Se observan piezas coloniales de madera, como el baúl tallado junto al sofá blanco, la mesa rectangular que divide los ambientes, la esquinera con el atril colonial de plata y las dos puertas talladas sobre el fondo, que enmarcan un cuadro del pintor de origen cubano Óscar Magnan. A la izquierda, dos témperas del guatemalteco Carlos Mérida y al lado de la ventana un óleo de la pintora Irma Luján, también guatemalteca.

Desayunador y cocina de la misma casa. Sigue la predilección por la línea recta y los colores claros, que también se dan en el mantel de tela típica de la mesa, con vajilla de cerámica mexicana. En el muro de la izquierda, un arreglo de frutas de cerámica pintada antigüeña.

Comedor de la misma casa. Se continúa el juego de planos en los nichos cuadrados, esta vez con fondo amarillo, en los que también se exhiben piezas artísticas (platos de mayólica antigüeña y española y una escultura popular) además de una chimenea igual a la del salón. En el centro, la mesa con mantel típico claro y platos de vidrio y mayólica, así como servilleteros de colibríes pintados, ejemplos de la nueva artesanía popular local. La alfombra de fibras de pita y algodón fue elaborada en Antigua.

Casa en Cobán, Alta Verapaz. Un dormitorio en el que predomina el blanco, tanto en las paredes, como en las cortinas, los muebles, la alfombra y la cama. Esta última, con baldaquino, tiene un cubrecama bordado con flores de colores, al igual que la cortina.

Una vista del corredor de una casa cobanera, con el típico piso de ladrillo de cemento de inicios del siglo XX, que combina con el color naranja claro del muro, los muebles de mimbre y otros de madera, que han sido muy usados para galerías abiertas. Los cuadros en la pared son pinturas populares, en especial del pueblo de Comalapa, que se intercalan con estribos de bronce.

Comedor de la misma casa en Cobán, con ambiente europeo y una pequeña sala de estar al fondo. Tanto la mesa como el aparador fueron fabricados por carpinteros locales, la araña es de cristal de roca y el piso de madera está cubierto por una gran alfombra persa antigua.

Dormitorio principal de la casa en Cobán, con la cabecera de la cama tapizada y una talla de madera barroca sobrepuesta al fondo verde del muro.

Casa cobanera, convertida hoy en el Hotel La Posada. A la izquierda, el largo corredor frente al jardín, con piso en grandes baldosas de terracota, columnas apoyadas en bases octogonales de cemento pintado, y muebles rústicos sencillos a lo largo del mismo.

En las habitaciones, la decoración combina el color contrastante de las paredes con los cubrecamas y la alfombra, de artesanía en lana realizada en el área de Momostenango, Totonicapán, que se repite en los adornos de la pared roja del fondo; la base de la lámpara de mesa es un caballo artesanal de la región en madera pintada.

Casa restaurada en Antigua, que sigue la distribución y proporciones tradicionales. El corredor acondicionado a los conceptos actuales de galería amueblada, lleva hacia un patio hecho jardín. Los muebles de caña son fabricados en Cobán por artesanos de la región. La puerta es de madera tallada al estilo tradicional. Al fondo, nicho con copete en forma de resplandor.

Pila en piedra tallada, adosada al muro divisorio, a la cual se accede por losas de piedra colocadas en medio del jardín.

Amplio comedor con baldosa de barro y pequeños azulejos intercalados, en la misma casa reconstruida de Antigua. Sus dimensiones, el color blanco de los muros y las vigas del techo le confieren un carácter austero. Al fondo, sobre la chimenea, un gran arcángel en relieve de madera policromada, frente a una pequeña sala de estar. A la derecha, espejo barroco dorado en pan de oro y consola de madera tallada.

Salón principal de la misma casa. Al fondo, un óleo colonial de San José. A la derecha una escribanía antigua en madera, contra la pared un gobelino europeo y una gran talla en madera con aureola de plata. En el piso se aprecian bases coloniales de columnas en piedra utilizadas en forma de mesa. El artesonado le da carácter y calidez al espacio.

A la izquierda, dentro de la misma casa en Antigua, un corredor con el ladrillo expuesto y el vano en arco lleva a la cocina, decorada con azulejos antigüeños y muebles sencillos sobre un piso de cemento coloreado.

Un amplio dormitorio, cuya disposición está dominada por la cama matrimonial, colocada contra un gran arco rehundido decorado en su contorno con roleos de madera tallada al natural. El amarillo pálido de los muros combina con el cubrecama y las alfombras contemporáneas antigüeñas.Delante de la cama, un banco típico sobre el que se han colocado varios frascos de farmacia en vidrio y porcelana.

Esta sala de amplias ventanas se abre a un bonito jardín en una casa de la ciudad de Guatemala. Se mezclan en ella elementos variados: sillones modernos, sillas tradicionales, mesas rústicas de madera, alfombras orientales, vigas de madera y una araña de bronce. Sobre las mesas sigue la variedad: lámparas modernas de madera tallada en forma de fruteros, piezas de plata, ceniceros de cerámica, un Niño Jesús sentado sobre la repisa de la chimenea, un candelero de plata, y un cuadro del artista español Miguel García Luque.

Dormitorio de la misma casa en ciudad de Guatemala. La cama, con cobertor guatemalteco y cojines de kilims, tiene un respaldar semicircular de madera, flanqueado por dos relieves tallados. A la derecha, un retrato realizado por el pintor guatemalteco Ramón Banus y arriba de la cama, dos óleos del español Miguel García Luque. Del techo pende una araña de estaño, y el piso de duela de madera está cubierto por alfombras orientales.

Vestíbulo de entrada al comedor, con santos de vestir coloniales, espejo de marco calado y roleos coloniales en madera tallada. Al fondo, en el comedor, se aprecian las bases de piedra de la mesa, una columna salomónica, pinturas de Miguel García Luque y varias imágenes del Niño Jesús.

Amplio jardín de una casa en Antigua con fuente en estilo colonial.

Patio principal de una casa restaurada en Antigua, que respeta la arquitectura tradicional. Se destaca la baldosa de barro encerada, las columnas y zapatas de madera, las colas de quetzal que cuelgan en la forma tradicional y la fuente de piedra del patio.

Patio interior empedrado. Las tradicionales técnicas constructivas, uso de la teja y terraza española, resultan evidentes.

Dos salas de la misma casa, comunicadas por una puerta tallada de doble ala. El suelo en baldosa de barro y el artesonado en madera labrada. Las sillas y las mesas pequeñas son tradicionales de tipo español. A la izquierda, un brasero de bronce. En primer plano, una talla sin policromía de San José con el Niño Jesús. A los lados de la puerta, paisajes al óleo del pintor guatemalteco Humberto Garavito. En la sala del fondo se puede apreciar una alacena empotrada, con varios ejemplos de cerámica prehispánica, algunos son vasos mayas policromados, y a la derecha la pintura de una mujer indígena, del pintor Alfredo Gálvez Suárez, también guatemalteco.

Otro salón de la misma casa, donde se combinan muebles actuales y antiguos; sobre las mesas y en la repisa de la chimenea, varias piezas de plata; en los muros, ejemplos de pintura colonial; y en el centro, una Virgen del Carmen con un extraordinario marco barroco.

Perspectiva más completa de la sala de la página 178. Sobre la derecha puede verse un armario de madera tallada, y sobre la izquierda una consola colonial. En la moderna mesa de centro, en lámina de vidrio sobre bases de madera tallada y dorada, hay unas interesantes muestras de pequeñas esculturas coloniales guatemaltecas. Del artesonado cuelga una lámpara colonial en plata. Sobre la puerta del fondo, una pieza de terciopelo de la época colonial, y sobre el armario un textil antiguo bordado.

Otra perspectiva del salón mostrado en la página 179. Se observan distintos tipos de sillas y sillones republicanos; mesas de madera, de diferente procedencia, con candeleros de plata; así como un cofre español taraceado. En el muro del fondo, varias pinturas coloniales y, en el ángulo del fondo, las hojas cerradas de una ventana o balcón de esquina, una solución arquitectónica común a toda Centroamérica.

En primer plano, dos nichos con fondo de azulejos, en los que se han colocado piezas de mayólica local; en el suelo varios tipos de ánforas y garrafas españolas en barro cocido, utilizadas para la exportación de aceite y vino. A través del arco de la puerta, que tiene un marco trabajado en la técnica de ataurique, se puede ver el comedor.

Gran comedor de carpintería sencilla, mesa, trinchante y sillas forradas en cuero. El piso es de baldosa con azulejos intercalados. Se aprecian las hojas de las ventanas de madera con un interesante trabajo de talla acanalada, el espejo sobre el trinchante y el artesonado. Al fondo, entre las puertas talladas, una casulla colonial enmarcada.

La cocina de la casa integrada, a través de un arco, con el desayunador. En primer plano, una mesa rústica con sillas, sobre la que aparecen dos candeleros de mayólica antigüeña y calabazas de madera dorada sobre un textil oriental. Detrás del arco rebajado, se aprecia la cocina restaurada, con profusión de azulejos y platos de mayólica local, tanto en la pared como en la alacena lateral.

Dormitorio principal que, como toda la casa, tiene sus muros en color blanco y sus techos en artesonado de madera. La cabecera de la cama es un relieve antiguo de madera tallada, sobre el que hay una pintura europea en un marco barroco. Es de destacar la chimenea, con interesante relieve de estuco en su perfil. En la repisa, varios frascos de farmacia en vidrio azul y dos jarrones de mayólica de Antigua; en la pared, el torso en madera de un Cristo.

Detalle del comedor de otro ejemplo de casa patronal, en finca cercana a Antigua. En el centro, una mesa sencilla y larga, con sillas rústicas, mantel típico de varias piezas unidas y una parte bordada en el centro. A la izquierda, alacena de madera de la segunda mitad del siglo XIX. Sobre la chimenea en piedra tallada, dos platos de cerámica de tipo chino y arriba el escudo familiar tallado en madera con dorado y policromía. Puede verse parte de las vigas de madera de la techumbre de dos aguas, así como una lámpara eléctrica que imita una araña con velas.

Vista del corredor de la misma casa, con terraza española sostenida por pilares de madera, sin muebles, adornado sólo con macetas de plantas. El piso del acceso es en baldosas de barro, y su prolongación en voladizo es en duela de madera, con baranda del mismo material.

En el rincón del estudio de la casa, con mampostería pintada que sostiene una hermosa colección de pomos y recipientes de vidrio y cerámica de farmacia antigua, un gran textil guatemalteco enmarcado y una banca colonial en madera, con cojines en tela típica del país.

Casa campestre contemporánea de recreo en un pueblo cercano a la ciudad de Guatemala, construida incorporando elementos antiguos, tales como columnas de madera con bases de piedra, piedras en los arcos de las puertas y barrotes en las ventanas.

Vestíbulo de la casa de campo anterior, desde el cual se accede al comedor y a la sala principal a través de un arco de piedra empotrado. Sobre la mesa, una talla de San José. En el corredor, a la derecha, una figura colonial de un ánima del purgatorio, debajo de la cual hay un caballo en madera de carrusel de pueblo. A la derecha, una pintura del artista salvadoreño Roberto Hueso.

Vista del comedor de la misma casa. En el centro, una mesa rústica encerada; a la izquierda, un trinchante sobre el que reposa una buena selección de vasijas maya, y sobre la pared, una colección de platos de mayólica tradicional de Antigua. Al fondo, una pintura del artista mexicano Rafael Coronel, debajo de la cual hay otro trinchante tallado mexicano con dos floreros antiguos de latón. Complementan el ambiente un kilim turco de vivos colores en el piso, la techumbre de madera, un colocho antiguo en pan de oro al lado de la ventana y la lámpara eléctrica de quinqués.

Gran salón, de la misma casa, compuesto por variados elementos, distribuidos en dos ambientes unidos. En el centro, los dos sofás enfrentados sobre un kilim, con una sencilla mesa antigua, que tiene varias piezas pequeñas de plata. Al fondo, un cuadro peruano que representa la muerte del Inca Atahualpa, de autor desconocido, flanqueado por dos relieves tallados; debajo una mesa rústica de Nahualá; a la izquierda un armario colonial y otros muebles y objetos, como el ánfora y el pedazo de una columna salomónica, completando la decoración. En el espacio detrás del marco de madera con columnas, un gran óleo colonial. La techumbre es en madera a dos aguas.

Casa de campo contemporánea en las afueras de la capital. La sala en color rosa está organizada alrededor de dos sofás con tapicería de cuero y textil sobrepuesto, cojines de tela típica y una mesa de centro, decorada con diferentes tallas de animales en madera, de creación popular, y otros objetos. Una gran chimenea, en cuya repisa de madera decorada con jarras de cerámica vidriada, pende una rústica talla de un águila bicéfala. Complementan el salón diversos muebles, con pequeñas esculturas y piezas de arte.

Estar del dormitorio de una de las casas que forman este complejo campestre. La distribución es similar: dos sillones y una mesa frente a la chimenea, también decorada con alfarería popular. En las paredes dos grabados y una cruz de hierro forjado.

Comedor y cocina integrados de la misma casa de campo. En este amplio espacio se resume el criterio decorativo del propietario, que disfruta rodeándose de diversas piezas de arte popular de la rica variedad que producen los artesanos de las distintas regiones de Guatemala.

Casa de recreo ubicada en la parte alta del norte del lago de Atitlán, con una excelente vista de los volcanes Tolimán y Atitlán. Alrededor de este lago se han construido numerosas casas de recreo de muy diversos estilos. A la izquierda se ve el área de acceso a la casa, con terraplenes empedrados y muros de colores azul y amarillo.

Comedores de la casa. En primer plano, el desayunador informal, en una terraza bajo un toldo de cañas y una enredadera; las mesas rústicas están pintadas de alegres colores y la vajilla es en cerámica de Antigua, pintada a mano. Al fondo se aprecia el comedor formal, con muros de color añil.

Ambiente interior de otra casa de recreo contemporánea a orillas del lago de Atitlán, con pared en piedra rústica, piso en adoquín de cemento pintado, decorado con alfombra de la zona de Momostenango, y textiles, de procedencia indígena, sobrepuestos en el sofá. A la derecha, un mortero de madera y, sobre el muro, un conjunto de garrafas de barro populares y una pintura de David Ordóñez. El cielo raso es en cañas de la región.

Comedor de la misma casa con mesa que utiliza una vieja puerta tallada en madera, rodeada de sillas de mimbre pintado. Las lámparas son de calabazo, y el cuadro sobre el muro rústico de piedra es de David Ordóñez. A la derecha, sobre el aparador, ángeles de cerámica tradicionales de la región de Chinautla; y al fondo un caballo rústico de madera, artesanía de la región de Nahualá.

Sala y comedor de una casa campestre de troncos en las afueras de Antigua. El color natural de las paredes contrasta con el verde oscuro de las estanterías pintadas y la tela del sillón y los cojines. En la decoración llama la atención la colección de aves de cerámica y madera, especialmente gallos y gallinas, algunos de arte popular de diversos países y otros de creación contemporánea, inspirada en tradiciones guatemaltecas.

Sala de la casa de un artista, en ciudad de Guatemala. Con exuberancia de color y de textura, en este conjunto sobresalen juguetes de madera pintados y piezas de mayólica. En la pared amarilla del fondo, un cuadro de Magda Eunica Sánchez; y al lado izquierdo de éste, un óleo abstracto de José Antonio Fernández. Sillones de estilo Art Deco, detrás de una mesa de madera típica cubierta por fajas coloridas regionales. Al fondo, al lado de la ventana, un nicho donde encontramos varios santos tallados en madera, con miembros articulados (de goznes), de diferentes tamaños.

Dormitorio de la misma casa del artista, en ciudad de Guatemala. La cama tiene una colcha de tela indígena guatemalteca, cubierta por un textil oriental, y delante un baúl de madera sencillo. Al fondo, silla de tijera, tejida en fibra de agave, y a la derecha, chimenea con nicho que contiene un santo primitivo.

Otro tipo de casa de recreo, en la región ganadera de El Progreso, con un clima caluroso y seco. Se trata de un ranchón con techo de palma, fabricado en el sistema tradicional de la región. Se destaca un corredor empedrado con piedra de bola o de río, las paredes pintadas de amarillo ocre, y lo que puede verse como única decoración, un crucifijo popular.

Jardín dentro de la misma finca, que en la margen opuesta muestra un atractivo juego de estanques con el área de habitación al fondo, rodeado de la vegetación tropical característica del área.

Del mismo rancho anterior, una terraza cubierta, con típico techo de manaco, amueblada con sillones tapizados en azul y blanco.

Sala con mostrador que sirve de bar. Los muebles en madera rolliza, equivalente a la estructura del ranchón, fueron fabricados en la zona y se complementan con el lugar. En el muro amarillo del fondo, se puede ver un cuadro de la primera época de Erwin Guillermo, y dos de Salvador Gálvez, ambos guatemaltecos.

Pequeño estar entre los dormitorios. También de madera rolliza, los muebles se destacan por sus tejidos guatemaltecos típicos. Al fondo, tres candeleros en forma de ángel, del pueblo de Chinautla, en las afueras de la capital. A la izquierda, sobre el muro, cuatro cuadros del pintor guatemalteco César Fortuny.

Dormitorio principal del ranchón ganadero. Sobre el piso de duela de madera, una alfombra tejida de fibra y sobre los muebles de troncos, tapicería de telas típicas guatemaltecas, realizadas por la diseñadora Geraldine de Caraman.

El mismo tipo de ranchón sobre el Tatín, cerca al golfete del río Dulce. Arquitectura típica de la región, que se integra bien con el entorno.

Otra casa de recreo tipo ranchón con techo de palma de corozo en Izabal, sobre la ribera del río Tatín, realizada por el decorador John Heaton. La sala, de gran luminosidad y ventilación con ventanas de delgados troncos entrelazados, se estructura alrededor de muebles de mampostería, recubiertos por cojines tapizados con textiles típicos guatemaltecos. El piso es de cemento teñido de amarillo con azulejos azules incrustados. Los cuadros son de la artista mexicana María Ruibalbo.

Área abierta con techo de palma del que se han colocado hamacas tejidas en Antigua.

Otras dos vistas del ranchón en el área del río Tatín, bien adaptado a la región, gracias a la interpretación personal de las prácticas locales tradicionales. Al dormitorio, en el segundo piso, con vista al río, se accede por la escalera del centro. Como único amueblamiento una cama con mosquitero, un sillón, una mesita de troncos y una pequeña alfombra indígena tejida. El piso es de duela de madera encerada con color.

Otras dos vistas del ranchón en el área del río Tatín, bien adaptado a la región, gracias a la interpretación personal de las prácticas locales tradicionales. Al dormitorio, en el segundo piso, con vista al río, se accede por la escalera del centro. Como único amueblamiento una cama con mosquitero, un sillón, una mesita de troncos y una pequeña alfombra indígena tejida. El piso es de duela de madera encerada con color.

Área de terraza con vista al río Tatín, del mismo ranchón. De nuevo, los sillones están incorporados en la arquitectura, cubiertos por tapicería que utiliza textiles guatemaltecos. El piso es de cemento con pintura amarilla y azulejos, la baranda es en madera de tronco pelado, en estructura cruzada.

Detalle de una escalera con arriates de piedra a sus lados, en medio de un cuidado jardín con la exuberante vegetación de la región. Se combina la baldosa de barro con escalones de cemento y azulejos.

Detalles de una casa contemporánea en ciudad de Guatemala, en la que se usan elementos e ideas de la arquitectura tradicional del país. Una galería exterior con techo de teja y baldosa de piedra; el muro con revoque blanco, sin decoración, salvo la moldura, debajo de la cual hay nichos para luz indirecta, y la chimenea de boca semicircular. Al fondo, una pequeña sala de mampostería, empotrada a la arquitectura. Sobre el piso entre las columnas, un mortero tallado de madera con su mazo, una batea y una olla de barro, todo de origen indígena.

Espacio abierto con vegetación y piso de piedra, con arriates y flores, que da acceso a una sala interior.

Sala principal de la misma residencia de la ciudad de Guatemala, que se abre al patio jardinizado exterior con amplios ventanales. Sobre varias alfombras orientales se combinan sencillos muebles contemporáneos con otros de tipo tradicional, todos de sobria tapicería blanca, con cojines sobrepuestos fabricados con kilims, que dan el toque de color. En la mesa central de diseño contemporáneo, varias vasijas mayas originales.

Otra sala de la misma casa, con características similares, piso de piedra rústica de granito y muebles contemporáneos de madera rolliza, tapizados en tela cruda blanca, y mesa de centro con superficie de mármol redondeado. A la izquierda, un molde de hacer panela, utilizado para colocar velas. El espacio se ilumina por el techo a través de un enrejado de madera. El muro rojo y la vegetación le confieren carácter.

En la misma residencia en ciudad de Guatemala, un pasillo o corredor para circulación entre las salas y los ventanales, en fino parqué de madera, recubierto por alfombras orientales. En primer plano, una banca de madera con petatillo cubierta con cojines de kilim, frente a un santo de madera y un cofre rústico.

Perspectiva del salón principal, dividido en dos espacios por una chimenea contemporánea central. En la pared del fondo, dos pinturas del pintor nicaragüense Hugo Palma. Debajo, al lado de las velas, una escultura en terracota de la artista guatemalteca María Dolores Castellanos. En el piso una alfombra persa.

Sala de una casa contemporánea de la ciudad de Guatemala, en la que llaman la atención los objetos decorativos que forman un ambiente de variedad barroca. A la izquierda, un gran cuadro del pintor yugoslavo Kristian Krékovic, en el que aparecen unos indígenas peruanos; al lado, un pequeño óleo colonial con marco barroco dorado, y en la esquina una columna salomónica en negro y oro con una escultura antigua articulada sentada encima. La pared del fondo está dividida en dos por una chimenea, sobre la que hay un gran espejo artesanal en pan de oro y a ambos lados estanterías con piezas de cerámica azul y blanca, intercaladas con figurillas prehispánicas. El amueblado destaca cojines multicolores. En las distintas mesas, multitud de pequeños objetos: esculturas, orfebrería, y en la mesa central varios libros.

Otros detalles de la misma residencia. El muro blanco con una gran multitud de máscaras de diferentes danzas del altiplano guatemalteco, en las que puede apreciarse la amplia tipología que requieren los diversos bailes folclóricos: el de la Conquista, el de moros y cristianos, el del torito. Debajo, banca rústica tallada en madera con cabezas de jaguar doradas.

Dormitorio con estar, cuyo elemento dominante es la tapicería de los muebles y los cortinajes, que contrastan con el amarillo de los muros. El piso es de adoquines en granito gris, con alfombras dhurry de la India. Sobre la chimenea, una pintura del artista guatemalteco Miguel Ángel Pérez y dos platos de mayólica del país.

Comedor pintado de rojo profundo, que no impide exhibir en todo su valor la abundante colección de mayólica antigüeña y las pinturas coloniales. A la izquierda, la chimenea, a cuyos lados cuelgan dos espejos republicanos en pan de oro con sus correspondientes consolas de madera tallada debajo. Las dos mesas contemporáneas de vidrio se apoyan en morteros de madera rústica que descansan sobre una alfombra oriental también de tonos rojos. Sobre las mesas, unos candelabros de plata colonial guatemalteca.

Otro ángulo del mismo comedor. Estanterías de concreto fundido bordean la puerta de acceso a la cocina, talladas a la manera tradicional y doradas. La colección de piezas de mayólica antigüeña demuestra la riqueza de esta artesanía nacional.

Dormitorio de una casa contemporánea a orillas del lago en Amatitlán, cerca de la ciudad de Guatemala, en el que se combinan la sencillez del piso de baldosa de barro, las camas de hierro forjado con mimbre, las vigas de madera del techo y los muros blancos, sobriamente decorados.

Escalera de la misma casa en Amatitlán, de elegante curvatura, asentada sobre grandes piedras, que conforman una pila. La balaustrada de la escalera es en hierro forjado con motivo vegetal. Se destacan los tragaluces, uno longitudinal y otro circular, que emplea una antigua rueda de carreta.

Aspecto de una casa contemporánea en las afueras de la ciudad de Guatemala. Una chimenea suspendida con un arcángel barroco policromado divide el corredor de una de las salas que se ilumina por amplios ventanales cenitales. El arquitecto de la casa es el guatemalteco Peter Giesemann.

Amplia sala de la misma casa, en dos niveles, con piso de parqué de madera recubierto de alfombras orientales. Sobre la chimenea, un relieve colonial en madera tallada, que representa a la Virgen con los apóstoles, en Pentecostés. El mobiliario es diverso: piano de cola con figuras talladas, biombo y mesitas orientales, mesa de centro en vidrio, con base colonial dorada, y adornos de distinta procedencia.

Estar de la misma casa. Se aprecia mejor la amplitud y forma de los ventanales y la vista a los árboles del exterior, así como la excelente alfombra persa y la mesa central sobre la que se exhibe una talla colonial en madera policromada. Detrás, sobre el armario, una figura en terracota, de María Dolores Castellanos, y una pintura del artista guatemalteco Erwin Guillermo. Se aprecia también, sobre una mesa rústica, un antiguo caballo de carrusel de madera encerada.

Área de terraza abierta a la piscina debajo de una cúpula, con un amueblado de bambú y un armario antiguo con dos esculturas.

Casa contemporánea en la ciudad de Guatemala. Una elevada techumbre con tragaluz, debajo del cual hay un jardín, que sirve de sector central de distribución y conexión entre los varios ambientes del área social. Todo ello permite exhibir las pinturas y objetos de los muros, así como una vitrina, con vista de ambos lados, en la que hay algunas piezas prehispánicas mesoamericanas.

En la escalera volada de caracol se correlacionan la madera del piso, la de los escalones y la del techo, en un ambiente contemporáneo. Arquitectos Solares y Lara.

Casa de recreo contemporánea diseñada por al arquitecto José Asturias con vista al valle de Guatemala. El ingenioso sistema de abrir y cerrar triángulos permite adaptarse a las circunstancias de la luz y a los deseos de los ocupantes. Arriba, una pequeña sala con una chimenea en el centro y un lavabo y la cocina a la derecha, que sólo se aprecian cuando la casa se encuentra totalmente abierta. La chimenea y su base se pueden retractar a gusto.

Aquí se aprecia la audaz colocación de la casa sobre la ladera, con una extraordinaria vista del valle de la ciudad de Guatemala. Cuatro hojas se abren hacia arriba para formar las ventanas, e igual número hacia abajo, como terrazas voladizas. La casa cerrada tiene forma de octaedro y consta de dos niveles, sala, cocina y comedor en el piso superior, dos habitaciones, baño y escritorio en el inferior. Cerrada mide 36mt.2, abierta alcanza 112 mt.2.

Otro ángulo que permite apreciar las hojas de cerramiento o terraza de la casa sostenida por templetes.

Jardín construido alrededor de las ruinas de edificaciones destruidas por el terremoto de 1773 en la ciudad de Antigua.

Calle colonial empedrada en la ciudad de Antigua. Al fondo los volcanes de Acatenango y Fuego.
Texto de: Jorge Luján Muñoz
Pocos elementos culturales reflejan mejor los valores y la manera de ser de una sociedad que su casa de habitación y el proceso de su modificación. La casa enseña las tradiciones, los orígenes, el espíritu, los gustos, las dependencias y las preferencias, según los distintos estratos.
Se ha dicho que lo que mejor retrata a un pueblo son sus actividades productivas: la agricultura, la industria, el comercio. Sin embargo, pienso que uno de los medios más ilustrativos para entender a una sociedad es el estudio de los procesos evolutivos de su arquitectura doméstica y la forma en que arregla esos espacios.
La casa ha sido definida como “edificio para habitar”, vivienda, residencia, hogar. La manera como viven las personas expresa sus carencias y lujos, sus objetos amados y su manera de ordenar la vida íntima. Ella muestra el peso de la historia, pero también las nuevas influencias, las diferencias –económicas, ideológicas, sociales o culturales– de sus clases o estratos, y la penetración de elementos foráneos.
En la arquitectura habitacional se aprecia con claridad la permanente superposición de pasado y futuro. Las casas de épocas pretéritas siguen allí, así las gentes que ahora las habiten sean muy diferentes, en todo sentido, de aquellas que las construyeron. Por ejemplo, hoy se habla de la casa colonial como algo actual, pero no debe olvidarse que la sociedad que la produjo ya desapareció y que quienes en este momento habitan esas casas son personas con costumbres, actitudes y necesidades diferentes. La casa colonial guatemalteca y su derivada, la casa republicana, siguen, en muchos casos, sirviendo de vivienda, pero transformadas para adaptarse a una época distinta en la cual se vive en forma diferente.
La casa de nuestro país tiene doble origen, español e indígena. El primero corresponde a las construcciones coloniales urbanas y rurales, destinadas inicialmente a la población española y más tarde a la criolla y mestiza. El otro está representado en la continuidad de la casa prehispánica en los pueblos coloniales de indios y en sus parcelas de cultivo, arquitectura que se ha mantenido con algunas modificaciones hasta la actualidad. No podemos olvidar, desde luego, que en muchos poblados indígenas se incorporaron elementos arquitectónicos españoles, que en el caso de la arquitectura doméstica pasaron a ser parte de la tradición de la casa local.
El texto que acompaña este libro tiene el propósito de servir como introducción histórica general, complementaria de la selección fotográfica que ejemplifica cómo es el exterior y, sobre todo, el interior de una muestra de casas guatemaltecas actuales. Para entender mejor el continente y el contenido de las casas era necesario hacer, así fuese someramente, un análisis del origen y la evolución de la arquitectura doméstica guatemalteca y la forma de amueblarla. Hay que advertir sobre la dificultad que hay en nuestro país para diferenciar las corrientes o movimientos arquitectónicos, por lo que, en lo posible, he evitado ser muy específico en este aspecto.
La evolución histórica es una permanente tensión y comunicación entre el espíritu y el sentido de la época anterior y lo nuevo que se va abriendo paso. Este proceso deja su huella en los espacios arquitectónicos. Allí quedan plasmados el origen de las influencias, los modelos o arquetipos, la evolución de los gustos y las inseguridades, las preferencias y los rechazos, las búsquedas y los encuentros.
La casa colonial
La arquitectura doméstica urbana de Guatemala, como en la mayoría de los países hispanoamericanos, proviene del modelo español predominante en Andalucía –el cual a su vez tuvo un origen romano con algunas modificaciones de procedencia árabe–, aunque con proporciones diferentes, puesto que, en general, la casa en Hispanoamérica gozó de más amplitud, con patios y habitaciones de mayor superficie.
La distribución más común era la de una puerta principal con un zaguán que daba al patio central o primer patio, de forma rectangular y con cuatro corredores iguales, uno en cada lado. En las casas menores el patio era más reducido y sólo contaba con dos corredores. La sala o salón de recibir daba a la calle y se encontraba al costado más conveniente del zaguán. Sobre los dos corredores laterales se ubicaban los dormitorios y otros ambientes de la vida familiar, como despacho o estudio, cuarto de costura y otros. En el lado opuesto a la entrada principal se encontraba el comedor. Al fondo de los dos corredores laterales se pasaba a los patios de servicio, donde se hallaban la cocina, la despensa, las áreas de lavado y las habitaciones de la servidumbre. La casas mayores tenían en la parte trasera un área llamada “corral”, donde había un gallinero y una huerta, así como un lugar para guardar los carruajes y los caballos. A esta área se podía acceder también por una entrada independiente o de servicio, desde la misma calle de la entrada principal o desde una calle lateral.
Debido a la acción de los terremotos la casa guatemalteca fue, por lo general, de un solo nivel, dos a lo sumo, con muros muy anchos. No se conocen ejemplos de casas coloniales con más de dos pisos.
Una parte importante de la casa urbana guatemalteca era la portada, ubicada al centro de la fachada. Los ejemplos que se conservan, casi todos de los siglos XVII y XVIII, pero en especial de este último, muestran su realce en altura sobre el perfil del resto del conjunto. Las mejores tenían jambas y dinteles de piedra y su anchura permitía el paso de un carruaje.
En la portada de la llamada Casa de los Leones, en la Antigua Guatemala, se superponen elementos de diversa época, lo cual resulta bien ilustrativo. Las jambas o pilastras de piedra tienen un entrelazado vegetal, que puede provenir de finales del siglo XVI o principios del siguiente. El dintel que, por otro lado, es muy sobrio, tiene encima un frontón partido, probablemente del siglo XVII. Las columnas salomónicas, muy de finales del siglo XVII o principios del XVIII, parecen incluso ajenas y pueden haber pertenecido a otra construcción. Verle Annis supuso que podrían ser del cercano monasterio de Santa Catalina. En cuanto a los leones, que ahora se encuentran encima de las columnas salomónicas, es probable que hubieran estado en una segunda planta, ya que a todas luces son figuras heráldicas.
Los patios estaban flanqueados por corredores con cubiertas apenas inclinadas, llamadas terrazas españolas, para la caída de agua a través de gárgolas. Lo usual era que estas terrazas descansaran sobre columnas de madera apoyadas en bases de piedra, aunque también las hubo de ladrillo. El ancho de los corredores era de tres, cuatro o hasta cinco varas.
Cuando en las casas había oficinas o tiendas anexas del propietario, éstas tenían entradas propias desde la calle aunque internamente se comunicaban con la casa. Todas las habitaciones tenían puerta a los corredores, pero también se comunicaban internamente de manera que, de ser necesario, se podía pasar de un dormitorio o ambiente a otro, sin necesidad de salir al corredor. En las casas de esquina la sala o salón principal estaba ubicado sobre ésta, donde era corriente encontrar una ventana en escuadra, con una columna o pilastra en el ángulo. En los patios, que no tenían jardín como se acostumbra ahora, y en ciertas partes de los corredores o zonas de mucha circulación el piso era generalmente de baldosas de piedra; en las habitaciones era de ladrillo de diversas formas. En las áreas más importantes, como los oratorios, el ladrillo se complementaba con azulejos, usados también en las repisas de las ventanas, en algunas fuentes y búcaros, y en los baños ubicados no lejos del patio principal.
En algunas pocas casas hubo miradores para uso de las señoras y otros miembros de la familia propietaria.
Elementos importantes en la casa urbana colonial guatemalteca fueron el uso de la teja en la cubierta de par y nudillo sobre las habitaciones, y la ya mencionada terraza de ladrillo o española sobre los corredores. En algunas habitaciones se usaban linternas y en las cocinas la chimenea, con parecido tratamiento volumétrico y de albañilería. En el área de la cocina no era extraño encontrar hornos para la elaboración del pan en la propia casa.
La construcción de fuentes fue una práctica característica de las casas guatemaltecas, aparentemente desde época muy temprana. Aquéllas se ubicaban en el centro del primer patio, con recipientes o tazones de estuco o cantera. En los patios menores se adosaban al muro, modalidad de probable origen renacentista o manierista, pues se encuentran con frecuencia en la arquitectura italiana de entonces, de donde tal vez se tomaron los modelos originales. En Santiago de Guatemala hubo muchas de estas fuentes, que consistían en medio tazón de cantera o mampostería sobre el que caía el chorro de agua que brotaba de la boca de diversos rostros o figuras, a veces de santos como Santiago. Estas fuentes ornamentales se conocían ya con el nombre de búcaros, con el que todavía se les denomina. En el segundo o tercer patio se encontraban las pilas para el lavado, con área disponible para tender y secar.
Las ventanas hacia el exterior tenían en general la proporción vertical de un ancho por dos alturas, con repisas sobre las que, en un principio, fue común el uso de rejas de madera para cerrar y proteger los vanos y, posteriormente, el de rejas de hierro.
Si bien la planta de las casas no se modificó para reflejar los nuevos criterios artísticos predominantes entre la segunda mitad del siglo XVII y los primeros setenta años del XVIII, que actualmente se llaman barrocos, sí se dio la innovación en diversos detalles de importancia. Las portadas, de las que no carecía residencia señorial alguna y las que en ocasiones fueron de piedra, recibieron variados detalles decorativos y hasta figuras. Se mantuvieron las ventanas de esquina, en cuya columna de ángulo se incorporó a veces la forma salomónica, mientras en las puertas de esquina se usaron siempre pilastras muy sencillas. Las ventanas, sobre todo las que abrían a los patios interiores, fueron modificadas con la introducción de nuevos perfiles en su parte alta de tipo lobulado hexagonal y octagonal. Se incrementó el uso de azulejos, tanto en fuentes como en búcaros, zócalos, cocinas, repisas de ventanas y otros. Los arcos, en los zaguanes y en los pasos al área de servicio, se hicieron lobulados, mixtilíneos y hasta conopiales. También se amplió la altura de algunas viviendas y se incluyeron detalles decorativos en las chimeneas de cocina, las linternas o tragaluces y los coronamientos de las escaleras de caracol. No hay que olvidar los llamados “patios de placer”, que tenían arriates ondulantes. En todas partes se hizo notable el gusto por lo curvo, predominante durante el barroco.
En la Nueva Guatemala, donde estuvo de moda el neoclásico, no hubo transformaciones fundamentales en la tradicional distribución de los ambientes de las casas de primera categoría, ubicadas en las manzanas cercanas a la plaza mayor. Los cambios se limitaron a detalles en la portada y algunos aspectos, como columnas y pilastras, en los que se incorporó el repertorio de los órdenes clásicos y el uso de la piedra. Las casas se siguieron construyendo de un solo piso por temor a los sismos, lo cual limitó las posibilidades arquitectónicas, en contraste con las casas señoriales de México o Puebla donde, en el siglo XVIII, se aumentó el número de plantas y se hicieron amplios y audaces arcos en los cajones de las escaleras. En Santiago de Guatemala, hoy conocida como La Antigua, hubo escasas excepciones a este patrón, entre ellas se destaca la llamada Casa de Chamorro o de Llerena, atribuida a Luis Díez Navarro, que tiene dos plantas con escalera sencilla.
Durante el siglo XIX la casa colonial sufrió pocos cambios, manteniendo más o menos la misma distribución, aunque la subdivisión de la propiedad, a causa de su alto valor, disminuyó el tamaño de las casas y, por tanto, de sus dependencias. El modelo más común fue el que subdividió la amplia casa de gran patio y cuatro corredores en casas de dos corredores y un patio central cada vez más pequeño.
La arquitectura doméstica mencionada hasta ahora corresponde a la parte central de las ciudades españolas y criollas, donde vivían las familias más importantes, que, con la debida segregación, por supuesto, compartían sus viviendas con parientes, sirvientes de varias etnias y algunos esclavos negros o mulatos. Los miembros de la familia y sus parientes vivían alrededor del primer patio, mientras los sirvientes indígenas y mestizos y los esclavos negros tenían sus dormitorios en el fondo de la vivienda. Las casas urbanas de los grupos medios eran menores, con patios más pequeños y menos corredores, como ya se ha hecho mención. Poco se sabe, en cambio, acerca de cómo vivían los sectores bajos de la población urbana. Por ejemplo, lo que hoy se conserva de la Antigua Guatemala es, casi exclusivamente, el casco central, donde se hallaban las residencias de las familias más pudientes. Sólo en los alrededores de La Merced y de lo que era la parroquia de San Sebastián subsisten unas cuantas casas coloniales pequeñas, algunas de las cuales recogió Verle L. Annis en su libro, La arquitectura de la Antigua Guatemala, 1543-1773. De cualquier manera, ya no existen los barrios populares aledaños a Santiago, donde se encontraban las viviendas de las clases menos favorecidas.
Es dable suponer que en otros centros urbanos del Reino de Guatemala se construyeron casas de diversos tipos, probablemente sin tanto contraste, ya que las principales no eran tan grandes como las de la capital, pero sí con dos patios y un patrón similar de distribución.
Christopher H. Lutz supone que, en los poblados indios donde se presentó cierta diferenciación socioeconómica entre los propios habitantes nativos, también se levantaron casas de varias habitaciones y dependencias, propiedad de indígenas acomodados. El autor menciona varios pueblos de indios en los que hubo algunas familias españolas y ladinas que debieron introducir su arquitectura doméstica, entre ellos Quetzaltenango, Chimaltenango, Almolonga (Ciudad Vieja), San Martín Jilotepeque, Sololá, Santa Cruz del Quiché, Huehuetenango, San Marcos, Escuintla, Petapa, Amatitlán, Mixco, Zacapa y Guazacapán, pudiéndose agregar, más tardíamente, a Totonicapán, San Cristóbal Totonicapán, Patzicía, Patzún, San Juan Sacatepéquez, Sacapulas, Cobán, San Pedro Carchá y algunos otros nombres.
En casi todos estos poblados probablemente vivieron familias indígenas acomodadas, que pudieron tener casas por lo menos similares a las de los españoles o ladinos de mediana posición económica, aunque no tan grandes ni de una construcción tan refinada como las de Santiago de Guatemala. No hay que olvidar que en estas casas la composición étnica de quienes habitaban era homogénea ya que todos eran indígenas de la misma familia.
Lutz no está de acuerdo con la creencia general que simplifica en exceso la vivienda indígena durante la Colonia, presentándola como muy rústica, de una sola habitación, es decir, como lo que hoy se denomina “rancho” –en la época colonial se empleaba la palabra náhuatl jacal–, construido con cuatro horcones, techo de paja o palma, paredes de caña, varas de madera, bajareque o, a veces, adobe. En su opinión, las casas indígenas mostraban variantes de tamaño, forma y estilos, igual que sucedía entre los españoles, criollos y ladinos. Es evidente que, por razones tanto de clima como de materiales y tradición local, hubo diferencias por regiones. En algunos casos, al menos para ciertas dependencias, se adoptó el uso de teja, ventanas y puertas de madera, portales, hornos y demás. En otras palabras, no fueron infrecuentes los casos en que la vivienda indígena incorporó elementos españoles y tuvo la distribución interna de varias dependencias alrededor de un patio de tierra, al tiempo que mantuvo motivos y soluciones de índole prehispánica, entre las que se destaca, en el altiplano, el uso del baño de vapor o temascal.
Se conservan también algunas casas de haciendas antiguas. Se trata de un tipo de vivienda de ladrillo, con cubierta de teja y un corredor o portal sostenido por pilares de madera. Las casas sencillas tenían dos o tres pilares; las más grandes ampliaban el corredor, frente al cual se distribuían los dormitorios y demás dependencias domésticas. En algunos grabados del siglo XIX se aprecian hamacas en dichos corredores.
Como ya se dijo en la introducción, parte importante de la casa de habitación es el mobiliario y, sin duda, éste se diferenciaba según el estrato social de los habitantes. De hecho, los muebles distinguían a un grupo social o familiar tanto o más que la misma arquitectura. Ya se vio que las casas de la elite eran más grandes y complejas, con sala de recibir, habitaciones separadas para los miembros de la familia, lugares de trabajo y entretención, comedor, cocina y demás. Cada una de estas dependencias tenía bien establecido el mobiliario, que se iba renovando a fin de incorporar las novedades que llegaban de España. Sillas, sillones, mesas, alfombras o esteras, cuadros y demás en el salón de recibir; camas, cofres, arcones, cómodas, algún armario, mesas, sillas y otros en los dormitorios. Se acostumbraba, asimismo, empotrar alacenas en el muro, con puertas o sin ellas. En los dormitorios era usual tener pinturas o esculturas de los santos de la devoción personal. Sin embargo, en las casas de mayor “distinción” no era extraño encontrar un oratorio o capilla doméstica, con un altar principal al fondo y alguno menor a los lados, reclinatorios, piezas de orfebrería y demás. No hay que olvidar tampoco los elementos para iluminación: candelabros de mesa o de pie, lámparas de colgar y otros, así como cortinajes, bargueños e instrumentos musicales. El clavicordio fue muy popular en un momento, más tarde el piano. Conforme las casas eran más modestas las habitaciones se reducían en tamaño y número, hasta limitarse a una o dos, que cumplían todas las funciones. Los muebles eran menos ostentosos y no se renovaban con tanta frecuencia. En lugar de alfombras usaban esteras de sibaque, y no había pinturas de calidad u originales, sino, a lo sumo, grabados o estampas iluminadas.
La casa republicana
Después de la emancipación la arquitectura doméstica urbana no sufrió cambios, salvo la acentuación de las tendencias clasicistas, en particular de origen francés, sobre todo, en el repertorio de los elementos decorativos. En la ciudad de Guatemala se mantuvo la tendencia a ubicar las principales residencias cerca a la plaza mayor y a los principales conventos.
En su libro de memorias, el escritor guatemalteco Antonio Batres Jáuregui (1847-1929) incluye una descripción de la casa de la ciudad de Guatemala a finales del siglo XIX, que vale la pena reproducir:
“…Las casas eran de un piso… /…Todas las viviendas tenían grandes patios, para el caso de temblores de tierra, y se hallaban blanqueadas con cal, por dentro y por fuera, lo que era higiénico, aunque poco estético. Nada de colores suaves, ni pinturas al óleo. No había alfombras en las salas, sino esteras o petates. Los cielos rasos eran de manta, encalados y movibles por el viento. El mueblaje lo constituían: una mesa redonda, en medio de la sala, un gran sofá, varias sillas de junco o forradas de cerdas, algunos cuadros místicos y los retratos de los antepasados del dueño de la vivienda; unas cortinas blancas de punto barato para cubrir las ventanas; un braserito con fuego para encender los cigarros; algunas antiguas esculturas de santos, o bien una bomba de cristal, cubriendo el Misterio. […] El piso de los corredores y los cuartos era de ladrillos toscos, de puro barro. […] El espacioso zaguán lo adornaban con tabitas de res en el suelo, formando labores primitivas, y en el centro dibujaban, con tales huesos, la fecha en que la casa se había concluido de edificar; al contorno del espacioso zaguán había poyos de mezcla para sentarse los que llegaban, y en uno de los ángulos se percibía el mingitorio, maloliente, dispuesto a evitar que, en caso de apuro, tuviese alguno de la casa o de los visitantes que correr larga distancia hasta llegar al lejano interior. Las puertas de calle eran monumentales, claveteadas con rosetas de bronce; el voluminoso llamador, en forma de león o de perro, estaba pendiente del portón. Por la noche, se iluminaba tristemente la entrada con una vela de sebo encendida dentro de un farol. En las salas ya hubo después quinqués de petróleo al que llamaban gas, a pesar de ser líquido. El patio, harto grande, estaba rústicamente empedrado…”
Por otra parte, José Milla (1822-1882) incluyó en uno de sus cuadros de costumbres, publicado en 1881, un precioso y revelador párrafo sobre las ventanas a la calle, especialmente las de la sala, y el papel que éstas jugaban en la vida social de hace más de un siglo, que nos revela cómo han cambiado las costumbres y cómo ha desaparecido la función de esas ventanas, desde donde se iniciaron tantos romances y se fundaron tantas familias:
“¡Las ventanas! He ahí la parte más interesante de una casa por muchos conceptos. Prescindo de que ellas sirven para ayudar a proveerse de una buena parte de los diez metros cúbicos de aire que, según los fisiólogos, necesita cada hora un hombre adulto encerrado en su habitación. Me fijo solamente en el papel importante que esa abertura cuadrilonga, hecha en la pared exterior de la casa, guarnecida de una reja de hierro y de unos cuantos cristales, está llamada a representar en la vida de las que habitan aquel predio urbano. Las niñas prefieren la ventana a las demás partes de la casa. ¿Qué harían sin ellas? Nuestros cautos abuelos guarnecían las ventanas con espesas celosías, palabra que está denunciando el ingrato origen de aquellos aparatos que las chicas de la generación presente declararían abominables. Hoy las ventanas están francas. De las cinco de la tarde en adelante (especialmente los domingos y fiestas de guardar), se apodera de ellas la parte femenina y joven de la familia y les sirven de medio de comunicación con el mundo exterior. Después las ventanas suelen hacer también un papel importante por las noches. ¡Oh, si hablaran esas rejas que las guarnecen! Pero no he de ser yo menos discreto que el rudo metal de que están formadas”.
Las casas descritas en los textos anteriores se refieren, como queda claro, a las casas de la capital y de personas con recursos.
Por otras fuentes resulta factible hacerse a una idea de cómo eran las casas de algunas zonas rurales. El viajero inglés Henry Dunn, quien estuvo en Guatemala de 1827-1828, se refiere a la arquitectura doméstica en Gualán, Zacapa, donde la mayoría de las casas tenía sólo dos cuartos, separados por una ligera división de madera.
En uno de estos cuartos, refiere Dunn, comió y durmió todo el grupo de transeúntes del que él formaba parte. Había allí cinco pequeñas camas, una mesa grande de madera, unas cuantas sillas del mismo material, dos hamacas que colgaban de manera permanente de un extremo a otro de la habitación, y tres o cuatro espadas y varios mosquetes con que estaba “adornada” la pared. Poco después de la llegada de los viajeros se acercaron a la casa, siempre abierta, varios vecinos, uno se ubicó en una de las hamacas, mientras otros se sentaron en la mesa o en las camas y comenzaron a preguntar por las novedades y a discutir vehementemente sobre política, mientras fumaban y escupían profusamente en el suelo.
El viajero estadounidense George Washington Montgomery, que visitó Centroamérica en 1838, ofrece también datos interesantes en la narración de su visita. Describe la casa del Comandante del puerto de Trujillo, en Honduras, ubicada en el fuerte. Era un solo cuarto grande, compuesto por cuatro paredes sin división alguna, sin cielo raso, con las vigas del techo a la vista. En uno de los lados había una puerta que daba a la calle y al lado contrario una puerta menor que daba hacia el patio del fuerte. El piso era de ladrillo con algunas esteras de palma. Este cuarto servía para todo, menos para cocinar: era sala, dormitorio, comedor y oficina. Tenía un sofá confortable, una buena mesa de cedro para comer, una cama y un escritorio. La cama era de metal, colocada en una plataforma que la elevaba unos sesenta centímetros del suelo y con el imprescindible mosquitero encima.
El mismo Montgomery describe la casa del párroco de Zacapa, cercana a la iglesia. Tenía un portal y un patio en el interior, y aunque era de buenas dimensiones no la consideró cómoda. Además de la sala tenía otras dos habitaciones, una de las cuales era el dormitorio del sacerdote. Consideró el amueblaje de una “simplicidad clásica”. En la sala, puesta contra la pared, había una banca de madera con respaldo y brazos y una gran mesa de caoba, todo dispuesto como si fuera un tribunal. Contra las paredes había una docena de sillas con asientos y respaldos de cuero sostenidos por clavos. Frente a una pintura de Cristo había otra de la Virgen María.
El mismo Dunn se refiere someramente a los muebles que vio en una casa “elegante” de la ciudad de Guatemala. Había en la sala de diez a doce sillas antiguas, un canapé pasado de moda con una estera al pie que hacía las veces de alfombra, dos pequeñas mesas de tocador, muy lejos una de la otra, cada una con la imagen de un santo en un fanal o bomba de cristal, tres o cuatro pinturas en las paredes encaladas y dos lámparas de plata que colgaban del techo. En otros cuartos menciona haber visto un armario de caoba y un aparador con puertas de vidrio en cuyo interior se exhibían piezas de China y porcelana. En el comedor había sólo una gran mesa de roble y siete u ocho sillas de madera. Cerca estaba la cocina, en donde le llamó la atención el poyo de tres o cuatro pies de alto, con seis o siete orificios para fogones y un horno ovalado en una de las esquinas. Próximo a la cocina se encontraba el patio con la pila, los establos y una pila adicional para uso de los animales.
A lo largo del siglo XIX se dieron algunos procesos urbanos y estilísticos que se vieron reflejados en las casas de habitación. Por un lado, las tendencias renacentistas y románticas produjeron la incorporación de detalles ornamentales. Penetró en las casas un gusto general por la hechura de jardines, que se expresó en la conversión de las plazas urbanas empedradas en espacios con vegetación diversa, incluyendo árboles, y el cambio de su nombre por “parques”, siendo el más importante el “parque central”, en la antigua plaza mayor. En las casas se tradujo en la construcción de arriates de mampostería en los patios, donde se sembraron plantas ornamentales, aunque manteniendo todavía las fuentes y los empedrados. Otra transformación fue la supresión de los aleros, sustituidos por cornisas o parapetos. También llegó el cemento, que poco a poco fue pasando de los edificios públicos a la arquitectura doméstica, haciéndola más segura y acelerando su construcción. Se incorporó igualmente la cubierta de vidrio, bien en tragaluces o en partes de los patios y terrazas.
Por otra parte, hubo algunos ejemplos de casas prefabricadas traídas del extranjero, en especial de Estados Unidos, y particularmente de California, que en ese entonces tenía la comunicación más cómoda por vapores y ferrocarril. Según escribió el viajero y naturalista francés Arturo Morelet, hacia 1846, “de algunos años a esta parte” se había incrementado la llegada de “muebles y objetos de lujo” de Europa, sin duda por parte de las familias capitalinas de mayor solvencia económica. Tras la prosperidad del café en el último cuarto del siglo, este proceso se acentuó, llegándose a importar buena parte del mobiliario doméstico, en particular juegos de sala, comedor y cocina. Hubo casos, producto del afrancesamiento, en que los principales elementos del ambiente interior de la casa –los amueblados de las salas, los cortinajes, las alfombras, los pianos, las pinturas, las vajillas y otros enseres– provenían de Francia.
Algunos finqueros extranjeros tomaron la iniciativa de hacer construir las casas patronales de sus fincas, siguiendo los modelos de la arquitectura rural de sus respectivos países de origen. A veces emplearon casas prefabricadas, a veces casas construidas en el país, pero siempre tratando de repetir los modelos de la respectiva “madre patria”. Hubo familias alemanas que no sólo importaron el o la consorte para sus hijos, según el caso, sino todo el ajuar y los enseres hogareños y, por supuesto, la ropa elegante para las ocasiones especiales. En fotografías tomadas por Eadweard Muybridge en 1875, se encuentran ya ejemplos al respecto, casi todos propiedad de extranjeros de primera generación. Esto permite pensar que el proceso se inició en realidad unas décadas antes, acentuándose posteriormente y proyectándose también en la arquitectura urbana. En general, hubo, pues, un proceso de pérdida de elementos tradicionales y una “desnacionalización” de la casa, que se tornó extranjerizante. Se importaron incluso pinturas, paisajes y naturalezas muertas que nada tenían que ver con el país. No era tampoco raro que en alguno de sus viajes al exterior, estos prósperos empresarios se mandaran hacer retratos al óleo con algún pintor europeo.
Mención aparte requiere la arquitectura de las últimas dos décadas del siglo XIX y las dos primeras del XX en Quetzaltenango, donde se desarrolló una arquitectura de raíz europea, basada sobre todo en modelos clásicos, y realizada en piedra, que se manifestó tanto en edificios públicos como en ostentosas viviendas familiares. La influencia irradió de allí a otros poblados occidentales y la tradición perduró hasta bien entrado el siglo XX.
La nueva arquitectura doméstica
Como en otros casos de la historia guatemalteca, especialmente en arquitectura, se pueden señalar como hito histórico unos terremotos, los de diciembre de 1917 y enero de 1918. En las construcciones y reconstrucciones posteriores se afirmaron en la capital expresiones arquitectónicas que habían empezado a abrirse paso previamente, por ejemplo, la construcción de casas tipo chalet, la importación de casas prefabricadas, especialmente de madera, el uso de la lámina de zinc y otras. Para la construcción de los chalets se adoptaron diversos modelos importados, y se afirmó la “extranjerización” de la arquitectura.
Muchas de las nuevas casas construidas en el centro histórico de la ciudad se levantaron subdividiendo la propiedad. Ello produjo un estrechamiento de los zaguanes, más o menos a la mitad de su dimensión original, y una reducción del tamaño de los patios. Al mismo tiempo, con la popularización de los automotores, se produjo no sólo el mejoramiento del empedrado de las calles sino la necesidad de incorporar garajes a las casas, tanto a las que se encontraban en las afueras de la ciudad como a las que quedaban dentro del centro histórico, ya fuera utilizando el zaguán para este fin, o construyendo accesos específicos e independientes para los automóviles.
Por esos años aparecieron algunas casas con elementos del estilo art nouveau, tendencia que se limitó a detalles en fachadas, entablamentos o rejas de ventanas, sin llegar a transformar la distribución de los espacios interiores de las viviendas.
La reconstrucción de la ciudad de Guatemala fue lenta, agravada en parte por los problemas políticos internos pero, sobre todo, por los efectos de la crisis mundial de 1929-1930. En esos años se construyeron los primeros edificios destinados a vivienda, con “apartamentos” tomados de ejemplos estadounidenses. Ya en la década de 1930, aproximadamente, se inició la moda del “neocolonial”, tanto en edificios públicos como en casas de habitación, aunque esta corriente, que algún autor ha llamado “neovernacular”, predominó ante todo en la arquitectura doméstica. Se tomaron ideas de modelos mexicanos y californianos recientes, y su manifestación se dio ante todo en chalets. Esta corriente se caracterizó por el uso de cubiertas de teja española, la proliferación de arcos, las ventanas tipo claraboya, la decoración con columnas helicoidales y otros elementos tomados de la arquitectura colonial. Al mismo tiempo llegaron los estilos art deco y el llamado “internacional”, en su primera etapa, los cuales se expresaron en edificios y casas de habitación. A partir de 1920 se produjo en el país un hecho nuevo arquitectónicamente: la convivencia de corrientes muy diversas, tanto en características como en orígenes. El arquitecto Roberto Hoegg, que se había formado en Alemania, se mantuvo aparte de lo neocolonial y construyó edificios y casas de líneas rectas, con gran horizontalidad, buen funcionalismo y nada de ornamentación.
A pesar de las manifestaciones neocoloniales, no se puede hablar en la arquitectura general o en la doméstica en particular de una corriente “nacionalista”, que buscara expresiones de raíz local y carácter propio. Ello fue probablemente resultado de las ideologías de las clases dominantes, pero también de la ausencia de arquitectos guatemaltecos. La mayoría de los constructores del país carecían de entrenamiento profesional en arquitectura, y los pocos que había, con muy pocas excepciones, eran de reciente origen familiar extranjero, como en el caso de Juan Domergue, Roberto Hoegg, Francisco Cirici, Manuel Moreno. Una excepción fue Enrique Pérez de León, formado como arquitecto en Francia, quien en sus obras personales, no así en las gubernamentales, se orientó a las corrientes internacionales.
Por estos años ocurrían en México y Brasil interesantes experimentos arquitectónicos que no tuvieron eco en el país. Además, la arquitectura gubernamental del período de Jorge Ubico recibió el influjo del gusto del dictador por los estilos anacrónicos, lo cual detuvo la penetración del art deco y las corrientes internacionales. Tampoco en el interior de las casas hubo una manifestación nacionalista. De un lado, se mantuvieron las tendencias al menosprecio por los artistas nacionales contemporáneos y por las artes populares locales. Salvo una que otra excepción, las familias acomodadas no adquirían obras de artistas guatemaltecos, menos aún las colocaban en lugares destacados de sus casas u oficinas y tampoco coleccionaban piezas arqueológicas o históricas. De ahí que el interior de sus viviendas tuviera un sabor indefinido, sin “personalidad” ni carácter nacional. Los pintores y escultores guatemaltecos encontraban difícil vender sus obras. Además, el gusto artístico del sector acomodado padecía de un evidente rezago y prefería las obras de corte realista, muy alejadas ya de las vanguardias europeas o americanas. Las corrientes de la plástica mexicana de esos años permearon los círculos artísticos en alguna medida, pero no la población educada. Todos estos factores contribuyeron a conformar por estos años una casa guatemalteca que carecía de sabor propio y que más bien calcaba los gustos extranjeros o europeos con un retraso notorio.
La casa guatemalteca del
último medio siglo
A partir de 1945 se produjeron en Guatemala importantes transformaciones políticas, sociales, económicas y culturales, que tuvieron efectos en la arquitectura en general y sobre la vivienda en particular. De una parte, se inició una apertura hacia las corrientes artísticas de vanguardia, lo cual produjo una “actualización” del gusto estético general. Al mismo tiempo, regresaron al país arquitectos profesionales formados en el exterior, principalmente en Estados Unidos y México, que no sólo asumieron un nuevo papel en lo constructivo sino que contribuyeron a la fundación de la primera facultad de arquitectura, en la Universidad de San Carlos, en 1960. Los egresados de esta facultad desempeñaron un papel preponderante en la búsqueda tanto de una arquitectura acorde con las corrientes mundiales predominantes como de soluciones adecuadas a la tradición cultural propia y a las condiciones ambientales del país.
Las etapas de prosperidad económica y el surgimiento de nuevos estratos educados y acomodados produjeron una proliferación en la construcción de casas de habitación, a la vez que impulsaron la realización de proyectos habitacionales para los sectores populares. En una primera etapa no se construyeron casi edificios de apartamentos, sino casas independientes, en las nuevas zonas suburbanas, especialmente de la capital. Se mantuvo el gusto por el llamado estilo neocolonial, pero al mismo tiempo comenzaron a aparecer casas inspiradas en la corriente “internacional” más reciente, así como tendencias “eclécticas” de tipo menos definido. Asimismo, hay que mencionar que en la arquitectura doméstica guatemalteca también se manifestó el esfuerzo de integración plástica que se dio en la arquitectura pública desde mediados de la década de los cincuenta. Por supuesto, los ensayos fueron en una escala menor. Pero, en unas cuantas casas se incorporaron relieves, mosaicos, murales y demás de artistas nacionales tanto en exteriores como en interiores.
Un aspecto importante en la transformación de la casa guatemalteca acomodada fue también el surgimiento de los decoradores profesionales de interiores, la valoración de la plástica nacional contemporánea y las artesanías populares, y el “descubrimiento” de las artes prehispánicas y coloniales como elementos de carácter y elegancia en la ornamentación de las casas. En pocos años se valoró, económica y estéticamente, a los artistas guatemaltecos, se elevó su cotización, y sus obras fueron incorporadas a los ambientes importantes de las casas y oficinas de la burguesía.
Todo lo dicho sobre la evolución de la casa en Guatemala, corresponde casi de manera exclusiva a la capital y a sus áreas aledañas. Sin embargo, ello se proyectó también en la casa de descanso, en su mayoría propiedad de capitalinos, así como en algunas viviendas patronales de fincas. En los últimos cincuenta o sesenta años comenzaron a aparecer las casas o chalets para fines de semana y vacaciones, primero en el lago de Amatitlán y después en otros lugares, como las playas del Pacífico, Antigua Guatemala, el lago de Atitlán, río Dulce, fincas, parcelamientos y otros sitios. Estas casas de descanso mostraron tendencias semejantes a las de la arquitectura doméstica capitalina y el decorado interior. En los lagos y playas se adecuaban los grandes ventanales para disfrutar el paisaje dentro del refugio provisto por los espacios interiores. Según el clima, las condiciones de la vivienda y los gustos personales, se buscó lo rústico, lo típico, lo elaborado, lo moderno u otras posibilidades. En algunos casos los aciertos logrados son evidentes e indiscutibles.
Un caso aparte lo constituyen las casas en el casco histórico de la Antigua Guatemala. El “descubrimiento” de esta ciudad como posible lugar de recreo y descanso correspondió a algunos estadounidenses, que restauraron o reconstruyeron casas adquiridas en diferentes grados de abandono o deterioro para convertirlas en viviendas confortables y bien ambientadas. Tal vez el primer ejemplo, a finales de los veinte, fue el de la casa del doctor Wilson Popenoe, una amplia residencia de esquina, restaurada con buen gusto y dedicación. Otros ejemplos son el de la señora Mildred Palmer (de 1936 a 1940), quien con acierto restauró una pequeña casa de esquina detrás de la antigua catedral, que ella llamó la “Casa de las Campanas”, para usar el nombre colonial de dicha calle; y el de la señora Matilda G. Gray, otra gran casa de esquina que luego amplió con espacios de propiedades vecinas para usarlos como jardines. A partir de estos casos surgieron otros propietarios ajenos a Antigua, guatemaltecos y extranjeros, que siguieron el mismo patrón: comprar casas tradicionales y restaurarlas después, con variable acierto y fidelidad a la arquitectura colonial, según las regulaciones arquitectónicas vigentes para la conservación de la ciudad, declarada Monumento de América y Patrimonio de la Humanidad. El ejemplo lo siguieron también algunos antigüeños acomodados, que se interesaron en convertir sus casas del casco histórico en espacios domésticos agradables y respetuosos del conjunto urbano. En la búsqueda de un sabor de época y un entorno grato en la ambientación, se propuso darles a estas casas un “sello” colonial, tanto en lo arquitectónico como en lo decorativo.
Conclusiones
La muestra de casas guatemaltecas escogida para este libro es resultado de la feliz combinación de una serie de factores que han contribuido, en las últimas tres o cuatro décadas, al mejoramiento de su calidad exterior e interior. Por un lado, las varias generaciones de arquitectos que cuentan con un buen nivel profesional, una actualización real en su trabajo y un interés por hallar soluciones adecuadas tanto al país como a sus tradiciones. Además, quienes pueden pagar la mejor arquitectura, ya sea urbana o de descanso, se pusieron también al día en sus gustos artísticos generales, desarrollaron un interés verdaderamente genuino tanto por las artes nacionales, ya sean éstas cultas o populares, como por la posibilidad de coleccionar piezas antiguas –desde las arqueológicas hasta las coloniales y republicanas–, que saben incorporar con gracia a los ambientes de sus viviendas. Finalmente, no se puede dejar de lado el aporte de la larga y destacada tradición de artistas y artesanos con que cuenta Guatemala, los cuales con sus obras, productos o trabajos de construcción completan la combinación de arquitectura y decoración, que en mezclas afortunadas y audaces conforman las casas aquí seleccionadas.
Se ha alcanzado variedad y calidad dentro de una amplia manifestación de corrientes estilísticas. Es un buen signo que hoy se valoren los arquitectos y artistas guatemaltecos de las más diversas corrientes, que se aprecie tanto el arte culto como el popular, junto con nuestro patrimonio histórico-cultural.
La casa moderna guatemalteca es muy diferente de la tradicional, de ahí que hoy hayan desaparecido casi por completo del vocabulario diario elementos tradicionales tan importantes como el zaguán y los corredores, y que las ventanas exteriores, que tan graciosamente describió Pepe Milla, ya no cumplan aquella importante función social, al menos en las casas suburbanas de la capital. La vida cotidiana familiar actual es distinta y lo mismo sucede con sus soluciones arquitectónicas.
Para terminar se debe señalar un interesante elemento de contraste. Mientras proliferan en el país ambientes que son copias o imitaciones importadas, sin carácter local ni originalidad, resulta reconfortante comprobar que existen casas guatemaltecas en las que se conjugan la tradición y la modernidad, en ambientes gratos y con sabor propio.
#AmorPorColombia
La Casa Guatemalteca

Exterior del jardín de una casa antigüeña restaurada, que conserva los muros originales de piedra.

Talla colonial en madera de cedro.

Salón que conjuga acertadamente muebles de diverso tipo con objetos y pinturas coloniales.

Corredor de una casa actual en Antigua, donde se incorporaron arcos mixtilíneos, tan usados en Guatemala durante la última etapa del barroco, baldosa de barro y puertas con barrotes de madera torneada.

Pequeño patio interior de piedra en una casa restaurada de Antigua, con vista a la vieja cocina de chimenea en forma de cúpula y acceso desde una puerta de bolillos de madera.

Dormitorio de casa en Antigua, con cama contemporánea de hierro forjado y baldaquín.

Salón principal de casa en Antigua, incorporado al espacio original abovedado, con paredes en ladrillo y piedra a la vista, decorado con muebles contemporáneos y pinturas y tallas coloniales.

Pila contemporánea con búcaro, que incorpora formas barrocas tradicionales.

Zaguán empedrado y vista parcial del patio de lo que fue el colegio Tridentino, en Santiago de Guatemala, hoy Antigua, diseñado por el Maestro Mayor Bernardo Ramírez, alrededor de 1750, con arcos mixtilíneos.

Vieja pila antigüeña en el patio posterior de una casa restaurada. La pila era utilizada originalmente para el lavado de ropa.

Detalle del lavabo de un baño de una casa en el lago de Amatitlán, decorado con azulejos, y un tragaluz en el que se observan rústicas vigas de madera. El piso, de baldosa de barro, está incrustado de azulejos.

Comedor de casa contemporánea en ciudad de Guatemala, con piezas de mayólica antigüeña sobre el muro; al fondo, en el corredor, una escultura de vestir colonial.

Salón integrado al patio con piscina, amueblado con equipales mexicanos.

Detalle del corredor de una casa antigüeña actual adornado con máscaras indígenas, maracas y grandes recipientes de barro.


Galería abierta frente al patio de la pila, en la segunda planta de una casa antigüeña, con suelo de duela de madera y una combinación de elementos y textiles guatemaltecos e indonesios.

Parte de la antigua cocina de la casa, en la que se aprecia el arco rebajado de la chimenea adornada con platos de mayólica, una mesa antigua en primer plano y, al fondo, sobre la vieja estufa, un conjunto de objetos y figuras de santos a manera de altar popular.

Comedor con máscaras indígenas y pinturas de Miguel García Luque, en ciudad de Guatemala. Muebles variados, columna salomónica, esculturas coloniales y cuadros antiguos y modernos.

Interior de una casa contemporánea en ciudad de Guatemala. A través del arco se relacionan el salón y el comedor, donde se combinan figuras coloniales, cerámicas indígenas y adornos modernos de distinta procedencia

Corredor de una casa contemporánea de la capital, con grandes ventanales al fondo. Sobre la mesa y la pared imágenes coloniales, talladas y policromadas.

Gran salón, dominado por una chimenea con relieve tallado sobrepuesto, varios muebles antiguos e imágenes que resaltan los muros rústicos con su encalado tradicional.

Ventana colonial con su marco encalado blanco sobre el muro rojo profundo, un óleo de la pintora Deborah Duflon, a la izquierda, y otras piezas de mobiliario rústico.

Dormitorio de una casa restaurada en Antigua, donde se unen colores y formas: el blanco del muro, el rojo terroso de la chimenea con máscaras de coco sobrepuestas, el textil indígena en que domina el rojo y el café del “cuyuscate” (algodón), y un sombrero chamula chiapaneco.

Una escultura de Dios Padre domina el ambiente de esta sala en una casa restaurada de Antigua, cuyo arco rebajado con los ladrillos vistos integra los dos espacios, decorados con mobiliario rústico y moderno, tallas coloniales y piezas de plata.

Cocina tradicional con el típico poyo, los fogones, la chimenea y la leña, que contrastan con el azul de los trastos de peltre.

En esta sala antigüeña, que observamos a través del arco rebajado de ladrillo visto, se aprecian varias esculturas y piezas coloniales. La primera, una Virgen con corona de plata sobre gran capitel de madera; al fondo, donde se combina el revoque con una parte de la pared antigua, otras esculturas; sobre la chimenea, en cuya repisa hay varias piezas de plata, la pintura de un arcángel; y a la derecha un armario tradicional. Los sofás modernos en tapicería blanca tienen varios cojines recubiertos con telas indígenas en los que predominan el rojo y el morado.

Azotea convertida en área social, con vista a las cubiertas en teja de barro y otras edificaciones de Antigua.

Antiguo patio transformado en jardín. La vegetación protege del sol y la lluvia, al tiempo que da nuevo sentido a la vida en la casa tradicional.

Sala de una casa de campo en San Pedro, en la que se combinan elementos folclóricos y mobiliario antiguo, dentro de una construcción contemporánea.

Dormitorio en casa restaurada de Antigua, con cama y mosquitero sobrepuesto.

Comedor-cocina pintoresco y ecléctico, en una pequeña casa contemporánea de ciudad de Guatemala. Encima del comedor gran cuadro del pintor José Antonio Fernández.

Escalera circular sobre piso cuadriculado de mármol negro y blanco en casa contemporánea de ciudad de Guatemala.

Dormitorio de una casa antigüeña restaurada, con los muros originales, sin revoque y cama de hierro forjado.

Sala contemporánea de una casa capitalina; sobre la chimenea un cuadro del pintor nicaragüense Armando Morales.

Casa patronal de una finca de café en los alrededores de la ciudad de Antigua. Se trata de un tipo de casa similar al de otras fincas de la región: una sola planta, jardín central enclaustrado, techo de teja de barro, largas galerías con corredores abiertos al espacio interior, en este caso un bonito jardín con césped y flores. Las habitaciones abren sus ventanas hacia las plantaciones.

Fachada principal de una mansión contemporánea en la ciudad de Guatemala, diseñada por el arquitecto Carlos Ramírez.

Vestíbulo de una casa contemporánea, con escalera circular, baranda de hierro forjado y araña de bronce.

Casa de recreo diseñada por el arquitecto José Asturias en una empinada ladera cercana a Santa Catarina Pinula, con vista al valle de la ciudad de Guatemala. Es un octaedro que se abre y cierra eléctricamente con grandes triángulos.

Vista del octaedro cerrado, una vez que se acciona el mecanismo eléctrico.

Interior de la segunda planta de una casa de recreo a orillas de río Tatín, Izabal, diseñada por John Heaton, a la manera de un ranchón de palma de corozo, común en la zona.

Exterior de la misma casa de recreo, construida dentro del estilo indígena local, utilizando procedimientos y materiales tradicionales.

Casa de la ciudad de Guatemala construida después de los sismos de l917-1918, con cemento armado, lo cual permitió unas delgadas pilastras que, unidas a los altos techos, le dan un sentido airoso.

Patio de la misma casa, con una escultura de mármol, similar a las que se importaron en 1897 para ornamentar el Paseo de La Reforma. Tanto el piso de cemento como las balaustradas hacia el patio, que adornan el techo, estuvieron muy de moda en la primera mitad de este siglo.

Amplia área social de una residencia contemporánea de la ciudad de Guatemala, diseñada por el arquitecto Peter Giesemann, en varios niveles y ambientes conectados. El suelo es de laja negra de Sudáfrica. Predomina la línea recta y el diseño sencillo, con techos y muros blancos, en que se destacan numerosas pinturas: a la izquierda, pintura abstracta del artista guatemalteco Moisés Barrios; al centro, sobre la chimenea, cuadro del pintor ecuatoriano Hernán Cogollo; a la derecha, pintura del artista mexicano Roberto Cortázar.

Sala de una casa de recreo en el lago de Atitlán, con piso de baldosa y a la derecha cuadro de María Dolores Castellanos.

Entrada a una casa de recreo contemporánea a orillas del lago de Amatitlán, con puertas antiguas incorporadas.

Vista sobre la ciudad colonial, desde la azotea de una casa antigüeña restaurada.

Jardín que embellece y da color a las ruinas de piedra que se incorporaron a una casa restaurada en Antigua. La pila y los muros que se aprecian están en su estado original, bastante destruidos, probablemente a causa del terremoto de 1917.

Fachada antigua de piedra sobre el jardín que rodea una casa restaurada en la ciudad de Antigua.

Corredor de acceso principal a la misma casa, en el que se aprecian las columnas y elementos coloniales originales aprovechados en la restauración realizada por el ingeniero Amerigo Giracca, así como una pila y el área de habitación al fondo.

Detalles de la misma casa de Antigua, en los que se aprecia el uso de la baldosa de barro, los muebles de estilo colonial, los ornamentos variados y los muros originales que conservan su pátina y la huella del tiempo. Al fondo, la escalera contemporánea con baranda de hierro forjado.

A la derecha, la escalera, vista desde otro ángulo, comunica las diferentes áreas de la casa, dentro de un espacio abovedado. En primer plano varios candeleros artesanales en madera con patina plateada; al fondo pequeño rincón de estar, cubierto con cojines de textiles típicos.

Dormitorio de la misma casa, restaurada en Antigua por el ingeniero Amerigo Giracca, adaptado a un espacio interior abovedado, con amoblado sencillo.

Otro dormitorio de la casa, con camas de hierro forjado, fabricadas por artesanos locales, en Antigua. Toda la construcción es nueva, pero se le ha incorporado el repello en cierta áreas, como alrededor del arco, para dar un ambiente antiguo.

Fuente circular en el patio de entrada a un casa restaurada dentro de ruinas de piedra, en la ciudad de Antigua.

El volcán de Agua, elemento dominante del paisaje antigüeño, trasmite su elegancia y serenidad al jardín interior de esta casa tradicional.

Pórtico de entrada al patio-jardín interior de una casa tradicional antigüeña.

Corredor en baldosa de barro, flanqueado por columnas de madera sobre piedra martelinada, visto a través de un arco colonial de adobe y piedra.

Dormitorio antigüeño de casa restaurada, con chimenea contemporánea adaptada, que se comunica con un pequeño salón a través de una puerta sobre grueso muro colonial. La cruz que se observa al fondo, sobre el bastidor de madera roja, también es colonial.

Sala de una casa antigüeña en la que se combinan muebles tradicionales, una chimenea restaurada, con una escultura de Santiago a caballo y dos pinturas europeas a los lados, un gran coromandel chino y, a la izquierda, un cuadro colonial religioso sobre una cómoda veneciana.

Antigua cocina colonial transformada en comedor, decorado con diversos objetos de hierro, máscaras de madera, ollas de bronce, lámparas con base de figura de santo, y muebles tradicionales.

Acceso a casa contemporánea de Antigua y vista lateral a través del jardín. Se combinan aquí la arquitectura tradicional y una amplia zona verde que aprovecha, entre la vegetación, vestigios coloniales de piedra procedentes de antiguas edificaciones destruidas en el terremoto de 1773. Al lado de la casa, una amplia entrada empedrada para carruajes y una pila rodeada de buganvillas.

Acceso a casa contemporánea de Antigua y vista lateral a través del jardín. Se combinan aquí la arquitectura tradicional y una amplia zona verde que aprovecha, entre la vegetación, vestigios coloniales de piedra procedentes de antiguas edificaciones destruidas en el terremoto de 1773. Al lado de la casa, una amplia entrada empedrada para carruajes y una pila rodeada de buganvillas.

Salón principal de una casa contemporánea de Antigua, con muros pintados en amarillo claro, una chimenea moderna, sobre la cual cuelga un óleo del pintor guatemalteco contemporáneo José Luis Álvarez, y a los lados dos pinturas de autores desconocidos: una de Santa Rosa de Lima venerando a la Virgen y otra de un personaje con el torso desnudo, entre dos relieves barrocos.

Pequeña sala contemporánea donde se aprecia,sobre la pared de la izquierda, el espacio diseñado para exhibir la colección de hachas prehispánicas de piedra, pertenecientes a la cultura maya. Sobre la chimenea, piezas de mayólica antigüeña y vasijas también de origen maya.

Al final de un largo corredor abierto hacia el jardín, este pequeño ambiente decorado con un dhurry de la India en tonos suaves. Un conjunto de sillas rústicas, que forman un área de estar, y dos tallas de madera del siglo XVIII complementan el rincón. Al fondo la pared antigua sin repello, compuesta de diferentes tipos de piedra y un gran retablo tallado de madera.

Dormitorio tradicional de una casa de Antigua, decorado con puertas talladas sobrepuestas y columnas coloniales a los costados de las camas.

Detalle de puertas talladas en cedro, de tradición guatemalteca, colocadas sobre la mesa antigua que exhibe adornos de cerámica mexicanos.

Gran jardín, diseñado alrededor de los restos de construcciones coloniales destruidas por el terremoto del siglo XVIII, en Antigua.

Fuente colonial de piedra repellada, con búcaro de estilo primitivo, en Antigua. Detrás, cúpula de la cocina colonial de la casa original.

Sala de una casa antigüeña abierta a un patio interior, con piso de baldosa salpicado de azulejos. Sobre la chimenea, una escultura primitiva de un ángel en madera y dos platos de mayólica local; sobre la pared, a ambos lados, candeleros modernos de hierro forjado, adelante un baúl de madera incrustada de diseño geométrico, trabajo tradicional de la Antigua.

Dormitorio de casa antigüeña en el que se combinan muebles de diferentes épocas, objetos de cerámica popular, una pintura de Antigua y seis serigrafías del artista David Ordóñez, colgadas entre las puertas de espejo. Domina el ambiente la fuerza cromática de los textiles mayas contemporáneos, en forma de cojines y cubrecamas.

Otro dormitorio de la misma casa, con similar concepto decorativo, donde abundan, tanto en la pared como sobre los muebles, pequeñas esculturas coloniales, populares y cultas, entre las que hay varios crucifijos y máscaras de este siglo. El cubrecama y los cojines son de textiles guatemaltecos indígenas.

Dos vistas del mismo ambiente en una casa de Antigua, restaurada por el ingeniero guatemalteco Amerigo Giracca. Se trata de una vieja cocina que conserva su chimenea acupulada en ladrillo. En la restauración se conservó incluso el ahumado y se adaptó a su nuevo uso como sala, con muebles tradicionales y modernos, una repisa con frascos de farmacia antigua y, en la parte inferior, un huipil maya de vivo color rojo, enmarcado.

Dos vistas del mismo ambiente en una casa de Antigua, restaurada por el ingeniero guatemalteco Amerigo Giracca. Se trata de una vieja cocina que conserva su chimenea acupulada en ladrillo. En la restauración se conservó incluso el ahumado y se adaptó a su nuevo uso como sala, con muebles tradicionales y modernos, una repisa con frascos de farmacia antigua y, en la parte inferior, un huipil maya de vivo color rojo, enmarcado.

En este estudio-biblioteca de casa contemporánea en Antigua, se combinan las estanterías del fondo, con un escritorio antiguo y un aparador tallado. Bajo el gran arco rebajado de ladrillo expuesto, que contrasta con la baldosa en barro cocido del piso, una escultura colonial en madera de cedro encerada.

Patio interior empedrado de la misma casa, con escalones en piedra que contrastan con la baldosa de barro. Al fondo, una puerta antigua da acceso a la sala. A la derecha, una hornacina con escultura colonial estofada, bajo la cual se encuentra una rústica mesa de pino de Nahualá (Sololá) con varias piezas de plata; a la izquierda, una silla de estilo español, y al lado un cuadro del artista guatemalteco Marco Augusto Quiroa, bajo del cual hay un cofre antiguo tallado.

Casa antigüeña reconstruida. En primer plano, una galería con baldosa tradicional y plantas. A la izquierda del patio engramado, un corredor con cruces de hierro forjado en el muro. Al costado derecho, así como al fondo, se han reproducido las típicas ventanas coloniales lobuladas.

Pasillo de una casa contemporánea en Antigua, donde se logra un ambiente interesante gracias a la bóveda con el ladrillo visto. En el muro izquierdo, ocho máscaras indígenas de danzas tradicionales; a la derecha, sobre el banco, un arcángel policromado, escultura popular.

Perspectiva del claustro principal del antiguo Colegio o Seminario Tridentino, diseñado por el Maestro Mayor Bernardo Ramírez, a mediados del siglo XVIII, hoy día casa particular, que recuerda el patio de los colegios menores de Salamanca, con las gruesas columnas de arcos mixtilíneos.

La elaborada portada principal del mismo edificio, en la que se combinan elementos típicos del ultrabarroco en Santiago de Guatemala: columnas revestidas de pilastrillas y en medio pilastras almohadilladas; en el entablamento diversos ejemplos de ornamentación de la época; y arriba una hornacina enmarcada por roleos y pilastrillas, en cuyo interior se encuentra la Virgen de la Asunción, en argamasa.

Otra vista del claustro del antiguo Colegio Tridentino, en Antigua, hoy convertido en casa particular. Los arriates con flores son un agregado moderno.

Comedor de estilo español de la casa, donde se ha incorporado una chimenea y decorado con platos de mayólica antigüeña.

Patio antigüeño con fuente en piedra adosada al muro, bajo la sombra de los árboles, frente al desarrollo general de las habitaciones de la casa.

Entrada principal de la casa con reja de diseño contemporáneo. El pasillo, que conduce al patio, está decorado con un gran relieve de madera primitivo sobre una mesa rústica.

Sala decorada por el diseñador John Heaton, con una multicolor variedad de textiles orientales sobrepuestos a los sillones y el sofá. Sobre la chimenea de piedra, varias piezas de cerámica mexicana intercaladas con vasijas mayas y un antiguo arcángel sobre la pared de color anaranjado fuerte. Del techo de madera cuelga una araña veneciana de vidrio soplado. Sobre la pared de la derecha,un cuadro de la pintora mexicana María Ruibalbo.

Dormitorio de la misma casa antigüeña, con chimenea adornada con incrustaciones de azulejo y coronada con un espejo de resplandor dorado. A la izquierda, el armario primitivo de madera se complementa con la alfombra de tejido indígena. De la pared cuelga un textil ikat de Indonesia.

Pasillo abovedado de acceso al comedor de la casa, pintado a mano. El añil del muro sirve de fondo a dos vasijas de cerámica popular con flores, dos columnas de madera y una escultura mariana sin estofado en el centro.

El comedor de la casa, de color naranja fuerte, decorado con un crucifijo popular y una pilastra de retablo que ya perdió su dorado; la ventana y la puerta resaltan por sus marcos en añil, lo mismo que la escultura popular de madera por su hornacina blanca. La mesa fue originalmente una puerta antigua tallada, adaptada al nuevo uso.

Vista de un área en proceso de reconstrucción, parcialmente jardinizada, que forma parte de una casa antigüeña del siglo XVIII, destruida por el terremoto. Se aprecian los muros originales de acceso a una habitación.

Piscina desarrollada entre la ruina, conectada con el jardín lateral a través de un muro colonial en piedra. Al fondo las cúpulas de la ciudad colonial.

En Antigua, pequeño estar, bajo una cúpula, con paredes policromadas, asientos fundidos en concreto y cojines sobrepuestos, al que se accede a través de un arco romano, desde la sala de la casa, de diseño contemporáneo en medio de una estructura antigua.

Acceso al comedor de una casa en Antigua, precedido por un nicho sobre muro de piedra y ladrillo a la vista, con chimenea contemporánea policromada a mano y boca en arco de piedra. El piso es de baldosa de barro salpicado de azulejos.

En Antigua, comedor dentro de espacio restaurado, con paredes de esquinas redondeadas, estucadas, mesa contemporánea de vidrio y sillas de estilo español. A la derecha, pintura colonial y columna salomónica en madera tallada. Al fondo, aparador con relieves en pan de oro que sostiene dos monaguillos coloniales de madera policromada. Al centro, reproducción de espejo redondo colonial.

Parte de casa antigüeña, restaurada en forma de capilla, con techo abovedado, altar en madera tallada policromada y acondicionamiento de las bases de las columnas para iluminación indirecta.

Casa antigüeña restaurada a comienzos del siglo XX, con piso en adoquín de cemento, clásicas columnas circulares de madera sobre pilastras de piedra y muebles pueblerinos.

Dormitorio con cama de espaldar tallado en madera policromada. Alfombra contemporánea hecha a mano con motivos de jaspe y cubrecama de textil indígena. Ventana de postigo, con base acondicionada como asiento.

Casa contemporánea en estilo colonial en Antigua, con elementos arquitectónicos antiguos originales, como el arco de piedra tallada incorporado a la entrada del comedor y las bases de las ventanas.

Corredor interior en forma de “U” que rodea el patio y da acceso a todas las habitaciones, amueblado con ánforas de barro y muebles coloniales.

Comedor de la casa anterior. Al centro, sobre una mesa contemporánea, pende una araña de madera y hierro forjado.Al fondo, dos hornacinas con imágenes de madera tallada y a la izquierda una casulla colonial colgada del muro sobre un trinchante. Piso de baldosa de terracota y puertas antiguas talladas, incorporadas a la estructura.

Sala de la casa, con un baúl colonial y un gran espejo rococó, al fondo. Tras el marco incorporado del vano, en piedra antigua, una escultura barroca guatemalteca estofada de la Virgen sobre una peana dorada, y a la derecha, dentro del salón, otra escultura mariana en madera policromada con el niño. De la techumbre cuelga una lámpara de plata colonial. En la mesa, unos candeleros y un incensario también de plata.

Dormitorio principal con cama de columnas en madera tallada. Se destacan el baúl colonial incrustado con motivos geométricos, tres óleos coloniales, un atril de plata martillada y, a la derecha de la chimenea, con elementos de piedra originales incorporados, una lámpara italiana de madera tallada, que representa a dos niños.

Cocina contemporánea forrada de azulejos de tipo colonial, con mobiliario rústico en madera y cerámicas de la época colonial, de la casa Montiel de Antigua, sobre la pared del fondo.

Entrada al escritorio, que posee una hermosa biblioteca en madera tallada, a través de un arco de piedra colonial incorporado. En primer plano, una Virgen de Concepción en madera tallada y policromada, con resplandor de plata, sobre un bargueño colonial.

Rincón comedor integrado a un patio en una casa restaurada de Antigua, con mesa de hierro forjado y sillas equipales mexicanas en cuero de cerdo.A la derecha, mesa primitiva de Nahualá con candeleros de bronce. El piso es de baldosa de barro de la zona y en él reposan diferentes animales en madera de talla popular guatemalteca.

Al fondo de este patio, una pila contemporánea al estilo tradicional forrada en azulejos, rodeada de un jardín al que se abren los corredores de la casa. A la derecha, nicho decorado en yeso con forma de resplandor, que contiene un pequeño arcángel de madera tallada y policromada.

Salón principal de una casa restaurada antigüeña, centrado en la chimenea, con espejo contemporáneo de estilo barroco. Al fondo, una estantería de madera tallada en la que se exhiben piezas de cerámica precolombina maya.

Dormitorio principal con cama cubierta y espaldar tapizado, y cojines forrados con textiles típicos guatemaltecos. Al fondo, huipiles antiguos enmarcados y espejo de estaño labrado. Al lado pinturas primitivas y lámparas fabricadas utilizando ángeles de madera como soporte.

Casa de Antigua convertida en posada, diseño de Mary Sue Morris, con ventanas de barrotes en hierro forjado sobre el patio empedrado del acceso. Al lado de la puerta, faroles de latón.

Puerta antigua de acceso a la casa, desde la calle.

Alcoba de la casa; los dos catres de hierro forjado tienen cobertores de tela tradicional guatemalteca, cuyos fragmentos se unen bordados a mano, lámparas de cerámica mexicana y estera de sibaque en el piso.

Habitación de la misma casa con piso de baldosa de barro y chimenea contemporánea en la esquina. Las camas con espaldar de hierro forjado están cubiertas con textiles guatemaltecos con motivos de jaspe.

Pequeño salón abierto a un corredor flanqueado por una piscina longitudinal, paralela al muro del fondo, con bocas de agua y jardín en los nichos. Los muebles son equipales cubiertos por cojines tejidos y mesas auxiliares en forma de tambor. La imagen de arriba muestra la longitud de la piscina, las columnas tradicionales en madera rolliza y el rústico muro de piedra al fondo.

Pequeño salón abierto a un corredor flanqueado por una piscina longitudinal, paralela al muro del fondo, con bocas de agua y jardín en los nichos. Los muebles son equipales cubiertos por cojines tejidos y mesas auxiliares en forma de tambor. La imagen de arriba muestra la longitud de la piscina, las columnas tradicionales en madera rolliza y el rústico muro de piedra al fondo.

Vista de una auténtica casa colonial, colindante con el Monasterio de Monjas Capuchinas (detrás de la cabecera del templo), en Antigua, que muy probablemente fue construida al mismo tiempo que el edificio monástico, con destino al capellán y confesor de las monjas.

Ángulo del patio que muestra el mismo tipo de columnas cilíndricas que los claustros del convento y los arcos de medio punto. Al fondo del corredor, el arco que comunica este espacio con otras habitaciones de la casa.

Patio interior de la misma casa colonial en Antigua, recientemente restaurada por John Heaton, que conserva la pila original. Esta parte de la casa tiene espacios reconstruidos, pero se ha conservado lo esencial de la arquitectura original guatemalteca de la época.

Zaguán empedrado de entrada a casa de Antigua, a través de un arco. Se aprecia el patio jardinizado, el escalón que sube al corredor, las columnas cilíndricas y las zapatas tradicionales.

Comedor de la misma casa restaurada, con chimenea incorporada, piso de baldosa de barro y muebles de principios de siglo. A la izquierda, un armario grande de madera y varios candelabros de hierro forjado; al fondo, un trinchante con espejo dorado; sobre la mesa, arreglada con piezas de mayólica antigüeña, dos candelabros de cerámica; del techo pende una araña de madera y hierro con velas.

Dormitorio de una casa en Antigua. Domina el blanco de los muros, de la alfombra y del cubrecama; los toques de color los proporcionan las telas indígenas, una enmarcada y otra en el tapizado de un sillón, así como un cofre y candeleros pintados en forma de ángeles. Completan el mobiliario dos sillitas tradicionales de la localidad y una mesa rústica con un florero de mayólica de Totonicapán. Las repisas de las ventanas están acabadas con azulejos antigüeños.

Salón y biblioteca de la misma casa en Antigua. El mobiliario y la decoración son muy variados y conforman un conjunto agradable. A la izquierda, sobre el aparador, un monumental espejo tallado y dorado, flanqueado por candelabros de hierro forjado contemporáneos. Al fondo, una biblioteca con vitrina central, que contiene piezas mayas y tallas coloniales, y a la derecha un gran óleo colonial.

Amplio jardín de una casa contemporánea en Antigua Guatemala, que complementa una estructura colonial y utiliza elementos tradicionales de construcción, como el techo de teja de barro, los soportales y los tipos de ventanas. El jardín es un amplio muestrario vegetal, que aprovecha el clima y las posibilidades que en ese sentido da el valle de Panchoy.

Casa contemporánea en el marco de la ciudad de Antigua. En un amplio sitio se ha combinado un hermoso jardín con arquitectura contemporánea que incorpora ruinas de piedra colonial. Una pequeña fuente contemporánea decorada con un sol en relieve, un búcaro en mayólica local y restos respetados de construcción antigua, cubiertos en parte por una buganvilla.

Sala de la misma casa, que se abre al jardín a través de una amplia ventana de vidrio; el interior, de tonos claros, es de gran luminosidad. Las libreras con piezas mayas, la baldosa de barro y los muebles contemporáneos complementan el ambiente.

Muro del gran salón de la casa antigüeña anterior. Predomina la línea recta, el color blanco y los espacios cuadrados. En los nichos, donde el color zapote combina con la baldosa, se exhiben objetos prehispánicos y una escultura colonial en madera policromada. En primer plano, una mesa hecha de una puerta antigua, con un interesante candelabro de estaño de diez brazos. Sobre la chimenea, dos obras del pintor guatemalteco Roberto González Goyri.

Amplio salón en tonos blancos y terracotas. Se observan piezas coloniales de madera, como el baúl tallado junto al sofá blanco, la mesa rectangular que divide los ambientes, la esquinera con el atril colonial de plata y las dos puertas talladas sobre el fondo, que enmarcan un cuadro del pintor de origen cubano Óscar Magnan. A la izquierda, dos témperas del guatemalteco Carlos Mérida y al lado de la ventana un óleo de la pintora Irma Luján, también guatemalteca.

Desayunador y cocina de la misma casa. Sigue la predilección por la línea recta y los colores claros, que también se dan en el mantel de tela típica de la mesa, con vajilla de cerámica mexicana. En el muro de la izquierda, un arreglo de frutas de cerámica pintada antigüeña.

Comedor de la misma casa. Se continúa el juego de planos en los nichos cuadrados, esta vez con fondo amarillo, en los que también se exhiben piezas artísticas (platos de mayólica antigüeña y española y una escultura popular) además de una chimenea igual a la del salón. En el centro, la mesa con mantel típico claro y platos de vidrio y mayólica, así como servilleteros de colibríes pintados, ejemplos de la nueva artesanía popular local. La alfombra de fibras de pita y algodón fue elaborada en Antigua.

Casa en Cobán, Alta Verapaz. Un dormitorio en el que predomina el blanco, tanto en las paredes, como en las cortinas, los muebles, la alfombra y la cama. Esta última, con baldaquino, tiene un cubrecama bordado con flores de colores, al igual que la cortina.

Una vista del corredor de una casa cobanera, con el típico piso de ladrillo de cemento de inicios del siglo XX, que combina con el color naranja claro del muro, los muebles de mimbre y otros de madera, que han sido muy usados para galerías abiertas. Los cuadros en la pared son pinturas populares, en especial del pueblo de Comalapa, que se intercalan con estribos de bronce.

Comedor de la misma casa en Cobán, con ambiente europeo y una pequeña sala de estar al fondo. Tanto la mesa como el aparador fueron fabricados por carpinteros locales, la araña es de cristal de roca y el piso de madera está cubierto por una gran alfombra persa antigua.

Dormitorio principal de la casa en Cobán, con la cabecera de la cama tapizada y una talla de madera barroca sobrepuesta al fondo verde del muro.

Casa cobanera, convertida hoy en el Hotel La Posada. A la izquierda, el largo corredor frente al jardín, con piso en grandes baldosas de terracota, columnas apoyadas en bases octogonales de cemento pintado, y muebles rústicos sencillos a lo largo del mismo.

En las habitaciones, la decoración combina el color contrastante de las paredes con los cubrecamas y la alfombra, de artesanía en lana realizada en el área de Momostenango, Totonicapán, que se repite en los adornos de la pared roja del fondo; la base de la lámpara de mesa es un caballo artesanal de la región en madera pintada.

Casa restaurada en Antigua, que sigue la distribución y proporciones tradicionales. El corredor acondicionado a los conceptos actuales de galería amueblada, lleva hacia un patio hecho jardín. Los muebles de caña son fabricados en Cobán por artesanos de la región. La puerta es de madera tallada al estilo tradicional. Al fondo, nicho con copete en forma de resplandor.

Pila en piedra tallada, adosada al muro divisorio, a la cual se accede por losas de piedra colocadas en medio del jardín.

Amplio comedor con baldosa de barro y pequeños azulejos intercalados, en la misma casa reconstruida de Antigua. Sus dimensiones, el color blanco de los muros y las vigas del techo le confieren un carácter austero. Al fondo, sobre la chimenea, un gran arcángel en relieve de madera policromada, frente a una pequeña sala de estar. A la derecha, espejo barroco dorado en pan de oro y consola de madera tallada.

Salón principal de la misma casa. Al fondo, un óleo colonial de San José. A la derecha una escribanía antigua en madera, contra la pared un gobelino europeo y una gran talla en madera con aureola de plata. En el piso se aprecian bases coloniales de columnas en piedra utilizadas en forma de mesa. El artesonado le da carácter y calidez al espacio.

A la izquierda, dentro de la misma casa en Antigua, un corredor con el ladrillo expuesto y el vano en arco lleva a la cocina, decorada con azulejos antigüeños y muebles sencillos sobre un piso de cemento coloreado.

Un amplio dormitorio, cuya disposición está dominada por la cama matrimonial, colocada contra un gran arco rehundido decorado en su contorno con roleos de madera tallada al natural. El amarillo pálido de los muros combina con el cubrecama y las alfombras contemporáneas antigüeñas.Delante de la cama, un banco típico sobre el que se han colocado varios frascos de farmacia en vidrio y porcelana.

Esta sala de amplias ventanas se abre a un bonito jardín en una casa de la ciudad de Guatemala. Se mezclan en ella elementos variados: sillones modernos, sillas tradicionales, mesas rústicas de madera, alfombras orientales, vigas de madera y una araña de bronce. Sobre las mesas sigue la variedad: lámparas modernas de madera tallada en forma de fruteros, piezas de plata, ceniceros de cerámica, un Niño Jesús sentado sobre la repisa de la chimenea, un candelero de plata, y un cuadro del artista español Miguel García Luque.

Dormitorio de la misma casa en ciudad de Guatemala. La cama, con cobertor guatemalteco y cojines de kilims, tiene un respaldar semicircular de madera, flanqueado por dos relieves tallados. A la derecha, un retrato realizado por el pintor guatemalteco Ramón Banus y arriba de la cama, dos óleos del español Miguel García Luque. Del techo pende una araña de estaño, y el piso de duela de madera está cubierto por alfombras orientales.

Vestíbulo de entrada al comedor, con santos de vestir coloniales, espejo de marco calado y roleos coloniales en madera tallada. Al fondo, en el comedor, se aprecian las bases de piedra de la mesa, una columna salomónica, pinturas de Miguel García Luque y varias imágenes del Niño Jesús.

Amplio jardín de una casa en Antigua con fuente en estilo colonial.

Patio principal de una casa restaurada en Antigua, que respeta la arquitectura tradicional. Se destaca la baldosa de barro encerada, las columnas y zapatas de madera, las colas de quetzal que cuelgan en la forma tradicional y la fuente de piedra del patio.

Patio interior empedrado. Las tradicionales técnicas constructivas, uso de la teja y terraza española, resultan evidentes.

Dos salas de la misma casa, comunicadas por una puerta tallada de doble ala. El suelo en baldosa de barro y el artesonado en madera labrada. Las sillas y las mesas pequeñas son tradicionales de tipo español. A la izquierda, un brasero de bronce. En primer plano, una talla sin policromía de San José con el Niño Jesús. A los lados de la puerta, paisajes al óleo del pintor guatemalteco Humberto Garavito. En la sala del fondo se puede apreciar una alacena empotrada, con varios ejemplos de cerámica prehispánica, algunos son vasos mayas policromados, y a la derecha la pintura de una mujer indígena, del pintor Alfredo Gálvez Suárez, también guatemalteco.

Otro salón de la misma casa, donde se combinan muebles actuales y antiguos; sobre las mesas y en la repisa de la chimenea, varias piezas de plata; en los muros, ejemplos de pintura colonial; y en el centro, una Virgen del Carmen con un extraordinario marco barroco.

Perspectiva más completa de la sala de la página 178. Sobre la derecha puede verse un armario de madera tallada, y sobre la izquierda una consola colonial. En la moderna mesa de centro, en lámina de vidrio sobre bases de madera tallada y dorada, hay unas interesantes muestras de pequeñas esculturas coloniales guatemaltecas. Del artesonado cuelga una lámpara colonial en plata. Sobre la puerta del fondo, una pieza de terciopelo de la época colonial, y sobre el armario un textil antiguo bordado.

Otra perspectiva del salón mostrado en la página 179. Se observan distintos tipos de sillas y sillones republicanos; mesas de madera, de diferente procedencia, con candeleros de plata; así como un cofre español taraceado. En el muro del fondo, varias pinturas coloniales y, en el ángulo del fondo, las hojas cerradas de una ventana o balcón de esquina, una solución arquitectónica común a toda Centroamérica.

En primer plano, dos nichos con fondo de azulejos, en los que se han colocado piezas de mayólica local; en el suelo varios tipos de ánforas y garrafas españolas en barro cocido, utilizadas para la exportación de aceite y vino. A través del arco de la puerta, que tiene un marco trabajado en la técnica de ataurique, se puede ver el comedor.

Gran comedor de carpintería sencilla, mesa, trinchante y sillas forradas en cuero. El piso es de baldosa con azulejos intercalados. Se aprecian las hojas de las ventanas de madera con un interesante trabajo de talla acanalada, el espejo sobre el trinchante y el artesonado. Al fondo, entre las puertas talladas, una casulla colonial enmarcada.

La cocina de la casa integrada, a través de un arco, con el desayunador. En primer plano, una mesa rústica con sillas, sobre la que aparecen dos candeleros de mayólica antigüeña y calabazas de madera dorada sobre un textil oriental. Detrás del arco rebajado, se aprecia la cocina restaurada, con profusión de azulejos y platos de mayólica local, tanto en la pared como en la alacena lateral.

Dormitorio principal que, como toda la casa, tiene sus muros en color blanco y sus techos en artesonado de madera. La cabecera de la cama es un relieve antiguo de madera tallada, sobre el que hay una pintura europea en un marco barroco. Es de destacar la chimenea, con interesante relieve de estuco en su perfil. En la repisa, varios frascos de farmacia en vidrio azul y dos jarrones de mayólica de Antigua; en la pared, el torso en madera de un Cristo.

Detalle del comedor de otro ejemplo de casa patronal, en finca cercana a Antigua. En el centro, una mesa sencilla y larga, con sillas rústicas, mantel típico de varias piezas unidas y una parte bordada en el centro. A la izquierda, alacena de madera de la segunda mitad del siglo XIX. Sobre la chimenea en piedra tallada, dos platos de cerámica de tipo chino y arriba el escudo familiar tallado en madera con dorado y policromía. Puede verse parte de las vigas de madera de la techumbre de dos aguas, así como una lámpara eléctrica que imita una araña con velas.

Vista del corredor de la misma casa, con terraza española sostenida por pilares de madera, sin muebles, adornado sólo con macetas de plantas. El piso del acceso es en baldosas de barro, y su prolongación en voladizo es en duela de madera, con baranda del mismo material.

En el rincón del estudio de la casa, con mampostería pintada que sostiene una hermosa colección de pomos y recipientes de vidrio y cerámica de farmacia antigua, un gran textil guatemalteco enmarcado y una banca colonial en madera, con cojines en tela típica del país.

Casa campestre contemporánea de recreo en un pueblo cercano a la ciudad de Guatemala, construida incorporando elementos antiguos, tales como columnas de madera con bases de piedra, piedras en los arcos de las puertas y barrotes en las ventanas.

Vestíbulo de la casa de campo anterior, desde el cual se accede al comedor y a la sala principal a través de un arco de piedra empotrado. Sobre la mesa, una talla de San José. En el corredor, a la derecha, una figura colonial de un ánima del purgatorio, debajo de la cual hay un caballo en madera de carrusel de pueblo. A la derecha, una pintura del artista salvadoreño Roberto Hueso.

Vista del comedor de la misma casa. En el centro, una mesa rústica encerada; a la izquierda, un trinchante sobre el que reposa una buena selección de vasijas maya, y sobre la pared, una colección de platos de mayólica tradicional de Antigua. Al fondo, una pintura del artista mexicano Rafael Coronel, debajo de la cual hay otro trinchante tallado mexicano con dos floreros antiguos de latón. Complementan el ambiente un kilim turco de vivos colores en el piso, la techumbre de madera, un colocho antiguo en pan de oro al lado de la ventana y la lámpara eléctrica de quinqués.

Gran salón, de la misma casa, compuesto por variados elementos, distribuidos en dos ambientes unidos. En el centro, los dos sofás enfrentados sobre un kilim, con una sencilla mesa antigua, que tiene varias piezas pequeñas de plata. Al fondo, un cuadro peruano que representa la muerte del Inca Atahualpa, de autor desconocido, flanqueado por dos relieves tallados; debajo una mesa rústica de Nahualá; a la izquierda un armario colonial y otros muebles y objetos, como el ánfora y el pedazo de una columna salomónica, completando la decoración. En el espacio detrás del marco de madera con columnas, un gran óleo colonial. La techumbre es en madera a dos aguas.

Casa de campo contemporánea en las afueras de la capital. La sala en color rosa está organizada alrededor de dos sofás con tapicería de cuero y textil sobrepuesto, cojines de tela típica y una mesa de centro, decorada con diferentes tallas de animales en madera, de creación popular, y otros objetos. Una gran chimenea, en cuya repisa de madera decorada con jarras de cerámica vidriada, pende una rústica talla de un águila bicéfala. Complementan el salón diversos muebles, con pequeñas esculturas y piezas de arte.

Estar del dormitorio de una de las casas que forman este complejo campestre. La distribución es similar: dos sillones y una mesa frente a la chimenea, también decorada con alfarería popular. En las paredes dos grabados y una cruz de hierro forjado.

Comedor y cocina integrados de la misma casa de campo. En este amplio espacio se resume el criterio decorativo del propietario, que disfruta rodeándose de diversas piezas de arte popular de la rica variedad que producen los artesanos de las distintas regiones de Guatemala.

Casa de recreo ubicada en la parte alta del norte del lago de Atitlán, con una excelente vista de los volcanes Tolimán y Atitlán. Alrededor de este lago se han construido numerosas casas de recreo de muy diversos estilos. A la izquierda se ve el área de acceso a la casa, con terraplenes empedrados y muros de colores azul y amarillo.

Comedores de la casa. En primer plano, el desayunador informal, en una terraza bajo un toldo de cañas y una enredadera; las mesas rústicas están pintadas de alegres colores y la vajilla es en cerámica de Antigua, pintada a mano. Al fondo se aprecia el comedor formal, con muros de color añil.

Ambiente interior de otra casa de recreo contemporánea a orillas del lago de Atitlán, con pared en piedra rústica, piso en adoquín de cemento pintado, decorado con alfombra de la zona de Momostenango, y textiles, de procedencia indígena, sobrepuestos en el sofá. A la derecha, un mortero de madera y, sobre el muro, un conjunto de garrafas de barro populares y una pintura de David Ordóñez. El cielo raso es en cañas de la región.

Comedor de la misma casa con mesa que utiliza una vieja puerta tallada en madera, rodeada de sillas de mimbre pintado. Las lámparas son de calabazo, y el cuadro sobre el muro rústico de piedra es de David Ordóñez. A la derecha, sobre el aparador, ángeles de cerámica tradicionales de la región de Chinautla; y al fondo un caballo rústico de madera, artesanía de la región de Nahualá.

Sala y comedor de una casa campestre de troncos en las afueras de Antigua. El color natural de las paredes contrasta con el verde oscuro de las estanterías pintadas y la tela del sillón y los cojines. En la decoración llama la atención la colección de aves de cerámica y madera, especialmente gallos y gallinas, algunos de arte popular de diversos países y otros de creación contemporánea, inspirada en tradiciones guatemaltecas.

Sala de la casa de un artista, en ciudad de Guatemala. Con exuberancia de color y de textura, en este conjunto sobresalen juguetes de madera pintados y piezas de mayólica. En la pared amarilla del fondo, un cuadro de Magda Eunica Sánchez; y al lado izquierdo de éste, un óleo abstracto de José Antonio Fernández. Sillones de estilo Art Deco, detrás de una mesa de madera típica cubierta por fajas coloridas regionales. Al fondo, al lado de la ventana, un nicho donde encontramos varios santos tallados en madera, con miembros articulados (de goznes), de diferentes tamaños.

Dormitorio de la misma casa del artista, en ciudad de Guatemala. La cama tiene una colcha de tela indígena guatemalteca, cubierta por un textil oriental, y delante un baúl de madera sencillo. Al fondo, silla de tijera, tejida en fibra de agave, y a la derecha, chimenea con nicho que contiene un santo primitivo.

Otro tipo de casa de recreo, en la región ganadera de El Progreso, con un clima caluroso y seco. Se trata de un ranchón con techo de palma, fabricado en el sistema tradicional de la región. Se destaca un corredor empedrado con piedra de bola o de río, las paredes pintadas de amarillo ocre, y lo que puede verse como única decoración, un crucifijo popular.

Jardín dentro de la misma finca, que en la margen opuesta muestra un atractivo juego de estanques con el área de habitación al fondo, rodeado de la vegetación tropical característica del área.

Del mismo rancho anterior, una terraza cubierta, con típico techo de manaco, amueblada con sillones tapizados en azul y blanco.

Sala con mostrador que sirve de bar. Los muebles en madera rolliza, equivalente a la estructura del ranchón, fueron fabricados en la zona y se complementan con el lugar. En el muro amarillo del fondo, se puede ver un cuadro de la primera época de Erwin Guillermo, y dos de Salvador Gálvez, ambos guatemaltecos.

Pequeño estar entre los dormitorios. También de madera rolliza, los muebles se destacan por sus tejidos guatemaltecos típicos. Al fondo, tres candeleros en forma de ángel, del pueblo de Chinautla, en las afueras de la capital. A la izquierda, sobre el muro, cuatro cuadros del pintor guatemalteco César Fortuny.

Dormitorio principal del ranchón ganadero. Sobre el piso de duela de madera, una alfombra tejida de fibra y sobre los muebles de troncos, tapicería de telas típicas guatemaltecas, realizadas por la diseñadora Geraldine de Caraman.

El mismo tipo de ranchón sobre el Tatín, cerca al golfete del río Dulce. Arquitectura típica de la región, que se integra bien con el entorno.

Otra casa de recreo tipo ranchón con techo de palma de corozo en Izabal, sobre la ribera del río Tatín, realizada por el decorador John Heaton. La sala, de gran luminosidad y ventilación con ventanas de delgados troncos entrelazados, se estructura alrededor de muebles de mampostería, recubiertos por cojines tapizados con textiles típicos guatemaltecos. El piso es de cemento teñido de amarillo con azulejos azules incrustados. Los cuadros son de la artista mexicana María Ruibalbo.

Área abierta con techo de palma del que se han colocado hamacas tejidas en Antigua.

Otras dos vistas del ranchón en el área del río Tatín, bien adaptado a la región, gracias a la interpretación personal de las prácticas locales tradicionales. Al dormitorio, en el segundo piso, con vista al río, se accede por la escalera del centro. Como único amueblamiento una cama con mosquitero, un sillón, una mesita de troncos y una pequeña alfombra indígena tejida. El piso es de duela de madera encerada con color.

Otras dos vistas del ranchón en el área del río Tatín, bien adaptado a la región, gracias a la interpretación personal de las prácticas locales tradicionales. Al dormitorio, en el segundo piso, con vista al río, se accede por la escalera del centro. Como único amueblamiento una cama con mosquitero, un sillón, una mesita de troncos y una pequeña alfombra indígena tejida. El piso es de duela de madera encerada con color.

Área de terraza con vista al río Tatín, del mismo ranchón. De nuevo, los sillones están incorporados en la arquitectura, cubiertos por tapicería que utiliza textiles guatemaltecos. El piso es de cemento con pintura amarilla y azulejos, la baranda es en madera de tronco pelado, en estructura cruzada.

Detalle de una escalera con arriates de piedra a sus lados, en medio de un cuidado jardín con la exuberante vegetación de la región. Se combina la baldosa de barro con escalones de cemento y azulejos.

Detalles de una casa contemporánea en ciudad de Guatemala, en la que se usan elementos e ideas de la arquitectura tradicional del país. Una galería exterior con techo de teja y baldosa de piedra; el muro con revoque blanco, sin decoración, salvo la moldura, debajo de la cual hay nichos para luz indirecta, y la chimenea de boca semicircular. Al fondo, una pequeña sala de mampostería, empotrada a la arquitectura. Sobre el piso entre las columnas, un mortero tallado de madera con su mazo, una batea y una olla de barro, todo de origen indígena.

Espacio abierto con vegetación y piso de piedra, con arriates y flores, que da acceso a una sala interior.

Sala principal de la misma residencia de la ciudad de Guatemala, que se abre al patio jardinizado exterior con amplios ventanales. Sobre varias alfombras orientales se combinan sencillos muebles contemporáneos con otros de tipo tradicional, todos de sobria tapicería blanca, con cojines sobrepuestos fabricados con kilims, que dan el toque de color. En la mesa central de diseño contemporáneo, varias vasijas mayas originales.

Otra sala de la misma casa, con características similares, piso de piedra rústica de granito y muebles contemporáneos de madera rolliza, tapizados en tela cruda blanca, y mesa de centro con superficie de mármol redondeado. A la izquierda, un molde de hacer panela, utilizado para colocar velas. El espacio se ilumina por el techo a través de un enrejado de madera. El muro rojo y la vegetación le confieren carácter.

En la misma residencia en ciudad de Guatemala, un pasillo o corredor para circulación entre las salas y los ventanales, en fino parqué de madera, recubierto por alfombras orientales. En primer plano, una banca de madera con petatillo cubierta con cojines de kilim, frente a un santo de madera y un cofre rústico.

Perspectiva del salón principal, dividido en dos espacios por una chimenea contemporánea central. En la pared del fondo, dos pinturas del pintor nicaragüense Hugo Palma. Debajo, al lado de las velas, una escultura en terracota de la artista guatemalteca María Dolores Castellanos. En el piso una alfombra persa.

Sala de una casa contemporánea de la ciudad de Guatemala, en la que llaman la atención los objetos decorativos que forman un ambiente de variedad barroca. A la izquierda, un gran cuadro del pintor yugoslavo Kristian Krékovic, en el que aparecen unos indígenas peruanos; al lado, un pequeño óleo colonial con marco barroco dorado, y en la esquina una columna salomónica en negro y oro con una escultura antigua articulada sentada encima. La pared del fondo está dividida en dos por una chimenea, sobre la que hay un gran espejo artesanal en pan de oro y a ambos lados estanterías con piezas de cerámica azul y blanca, intercaladas con figurillas prehispánicas. El amueblado destaca cojines multicolores. En las distintas mesas, multitud de pequeños objetos: esculturas, orfebrería, y en la mesa central varios libros.

Otros detalles de la misma residencia. El muro blanco con una gran multitud de máscaras de diferentes danzas del altiplano guatemalteco, en las que puede apreciarse la amplia tipología que requieren los diversos bailes folclóricos: el de la Conquista, el de moros y cristianos, el del torito. Debajo, banca rústica tallada en madera con cabezas de jaguar doradas.

Dormitorio con estar, cuyo elemento dominante es la tapicería de los muebles y los cortinajes, que contrastan con el amarillo de los muros. El piso es de adoquines en granito gris, con alfombras dhurry de la India. Sobre la chimenea, una pintura del artista guatemalteco Miguel Ángel Pérez y dos platos de mayólica del país.

Comedor pintado de rojo profundo, que no impide exhibir en todo su valor la abundante colección de mayólica antigüeña y las pinturas coloniales. A la izquierda, la chimenea, a cuyos lados cuelgan dos espejos republicanos en pan de oro con sus correspondientes consolas de madera tallada debajo. Las dos mesas contemporáneas de vidrio se apoyan en morteros de madera rústica que descansan sobre una alfombra oriental también de tonos rojos. Sobre las mesas, unos candelabros de plata colonial guatemalteca.

Otro ángulo del mismo comedor. Estanterías de concreto fundido bordean la puerta de acceso a la cocina, talladas a la manera tradicional y doradas. La colección de piezas de mayólica antigüeña demuestra la riqueza de esta artesanía nacional.

Dormitorio de una casa contemporánea a orillas del lago en Amatitlán, cerca de la ciudad de Guatemala, en el que se combinan la sencillez del piso de baldosa de barro, las camas de hierro forjado con mimbre, las vigas de madera del techo y los muros blancos, sobriamente decorados.

Escalera de la misma casa en Amatitlán, de elegante curvatura, asentada sobre grandes piedras, que conforman una pila. La balaustrada de la escalera es en hierro forjado con motivo vegetal. Se destacan los tragaluces, uno longitudinal y otro circular, que emplea una antigua rueda de carreta.

Aspecto de una casa contemporánea en las afueras de la ciudad de Guatemala. Una chimenea suspendida con un arcángel barroco policromado divide el corredor de una de las salas que se ilumina por amplios ventanales cenitales. El arquitecto de la casa es el guatemalteco Peter Giesemann.

Amplia sala de la misma casa, en dos niveles, con piso de parqué de madera recubierto de alfombras orientales. Sobre la chimenea, un relieve colonial en madera tallada, que representa a la Virgen con los apóstoles, en Pentecostés. El mobiliario es diverso: piano de cola con figuras talladas, biombo y mesitas orientales, mesa de centro en vidrio, con base colonial dorada, y adornos de distinta procedencia.

Estar de la misma casa. Se aprecia mejor la amplitud y forma de los ventanales y la vista a los árboles del exterior, así como la excelente alfombra persa y la mesa central sobre la que se exhibe una talla colonial en madera policromada. Detrás, sobre el armario, una figura en terracota, de María Dolores Castellanos, y una pintura del artista guatemalteco Erwin Guillermo. Se aprecia también, sobre una mesa rústica, un antiguo caballo de carrusel de madera encerada.

Área de terraza abierta a la piscina debajo de una cúpula, con un amueblado de bambú y un armario antiguo con dos esculturas.

Casa contemporánea en la ciudad de Guatemala. Una elevada techumbre con tragaluz, debajo del cual hay un jardín, que sirve de sector central de distribución y conexión entre los varios ambientes del área social. Todo ello permite exhibir las pinturas y objetos de los muros, así como una vitrina, con vista de ambos lados, en la que hay algunas piezas prehispánicas mesoamericanas.

En la escalera volada de caracol se correlacionan la madera del piso, la de los escalones y la del techo, en un ambiente contemporáneo. Arquitectos Solares y Lara.

Casa de recreo contemporánea diseñada por al arquitecto José Asturias con vista al valle de Guatemala. El ingenioso sistema de abrir y cerrar triángulos permite adaptarse a las circunstancias de la luz y a los deseos de los ocupantes. Arriba, una pequeña sala con una chimenea en el centro y un lavabo y la cocina a la derecha, que sólo se aprecian cuando la casa se encuentra totalmente abierta. La chimenea y su base se pueden retractar a gusto.

Aquí se aprecia la audaz colocación de la casa sobre la ladera, con una extraordinaria vista del valle de la ciudad de Guatemala. Cuatro hojas se abren hacia arriba para formar las ventanas, e igual número hacia abajo, como terrazas voladizas. La casa cerrada tiene forma de octaedro y consta de dos niveles, sala, cocina y comedor en el piso superior, dos habitaciones, baño y escritorio en el inferior. Cerrada mide 36mt.2, abierta alcanza 112 mt.2.

Otro ángulo que permite apreciar las hojas de cerramiento o terraza de la casa sostenida por templetes.

Jardín construido alrededor de las ruinas de edificaciones destruidas por el terremoto de 1773 en la ciudad de Antigua.

Calle colonial empedrada en la ciudad de Antigua. Al fondo los volcanes de Acatenango y Fuego.
Texto de: Jorge Luján Muñoz
Pocos elementos culturales reflejan mejor los valores y la manera de ser de una sociedad que su casa de habitación y el proceso de su modificación. La casa enseña las tradiciones, los orígenes, el espíritu, los gustos, las dependencias y las preferencias, según los distintos estratos.
Se ha dicho que lo que mejor retrata a un pueblo son sus actividades productivas: la agricultura, la industria, el comercio. Sin embargo, pienso que uno de los medios más ilustrativos para entender a una sociedad es el estudio de los procesos evolutivos de su arquitectura doméstica y la forma en que arregla esos espacios.
La casa ha sido definida como “edificio para habitar”, vivienda, residencia, hogar. La manera como viven las personas expresa sus carencias y lujos, sus objetos amados y su manera de ordenar la vida íntima. Ella muestra el peso de la historia, pero también las nuevas influencias, las diferencias –económicas, ideológicas, sociales o culturales– de sus clases o estratos, y la penetración de elementos foráneos.
En la arquitectura habitacional se aprecia con claridad la permanente superposición de pasado y futuro. Las casas de épocas pretéritas siguen allí, así las gentes que ahora las habiten sean muy diferentes, en todo sentido, de aquellas que las construyeron. Por ejemplo, hoy se habla de la casa colonial como algo actual, pero no debe olvidarse que la sociedad que la produjo ya desapareció y que quienes en este momento habitan esas casas son personas con costumbres, actitudes y necesidades diferentes. La casa colonial guatemalteca y su derivada, la casa republicana, siguen, en muchos casos, sirviendo de vivienda, pero transformadas para adaptarse a una época distinta en la cual se vive en forma diferente.
La casa de nuestro país tiene doble origen, español e indígena. El primero corresponde a las construcciones coloniales urbanas y rurales, destinadas inicialmente a la población española y más tarde a la criolla y mestiza. El otro está representado en la continuidad de la casa prehispánica en los pueblos coloniales de indios y en sus parcelas de cultivo, arquitectura que se ha mantenido con algunas modificaciones hasta la actualidad. No podemos olvidar, desde luego, que en muchos poblados indígenas se incorporaron elementos arquitectónicos españoles, que en el caso de la arquitectura doméstica pasaron a ser parte de la tradición de la casa local.
El texto que acompaña este libro tiene el propósito de servir como introducción histórica general, complementaria de la selección fotográfica que ejemplifica cómo es el exterior y, sobre todo, el interior de una muestra de casas guatemaltecas actuales. Para entender mejor el continente y el contenido de las casas era necesario hacer, así fuese someramente, un análisis del origen y la evolución de la arquitectura doméstica guatemalteca y la forma de amueblarla. Hay que advertir sobre la dificultad que hay en nuestro país para diferenciar las corrientes o movimientos arquitectónicos, por lo que, en lo posible, he evitado ser muy específico en este aspecto.
La evolución histórica es una permanente tensión y comunicación entre el espíritu y el sentido de la época anterior y lo nuevo que se va abriendo paso. Este proceso deja su huella en los espacios arquitectónicos. Allí quedan plasmados el origen de las influencias, los modelos o arquetipos, la evolución de los gustos y las inseguridades, las preferencias y los rechazos, las búsquedas y los encuentros.
La casa colonial
La arquitectura doméstica urbana de Guatemala, como en la mayoría de los países hispanoamericanos, proviene del modelo español predominante en Andalucía –el cual a su vez tuvo un origen romano con algunas modificaciones de procedencia árabe–, aunque con proporciones diferentes, puesto que, en general, la casa en Hispanoamérica gozó de más amplitud, con patios y habitaciones de mayor superficie.
La distribución más común era la de una puerta principal con un zaguán que daba al patio central o primer patio, de forma rectangular y con cuatro corredores iguales, uno en cada lado. En las casas menores el patio era más reducido y sólo contaba con dos corredores. La sala o salón de recibir daba a la calle y se encontraba al costado más conveniente del zaguán. Sobre los dos corredores laterales se ubicaban los dormitorios y otros ambientes de la vida familiar, como despacho o estudio, cuarto de costura y otros. En el lado opuesto a la entrada principal se encontraba el comedor. Al fondo de los dos corredores laterales se pasaba a los patios de servicio, donde se hallaban la cocina, la despensa, las áreas de lavado y las habitaciones de la servidumbre. La casas mayores tenían en la parte trasera un área llamada “corral”, donde había un gallinero y una huerta, así como un lugar para guardar los carruajes y los caballos. A esta área se podía acceder también por una entrada independiente o de servicio, desde la misma calle de la entrada principal o desde una calle lateral.
Debido a la acción de los terremotos la casa guatemalteca fue, por lo general, de un solo nivel, dos a lo sumo, con muros muy anchos. No se conocen ejemplos de casas coloniales con más de dos pisos.
Una parte importante de la casa urbana guatemalteca era la portada, ubicada al centro de la fachada. Los ejemplos que se conservan, casi todos de los siglos XVII y XVIII, pero en especial de este último, muestran su realce en altura sobre el perfil del resto del conjunto. Las mejores tenían jambas y dinteles de piedra y su anchura permitía el paso de un carruaje.
En la portada de la llamada Casa de los Leones, en la Antigua Guatemala, se superponen elementos de diversa época, lo cual resulta bien ilustrativo. Las jambas o pilastras de piedra tienen un entrelazado vegetal, que puede provenir de finales del siglo XVI o principios del siguiente. El dintel que, por otro lado, es muy sobrio, tiene encima un frontón partido, probablemente del siglo XVII. Las columnas salomónicas, muy de finales del siglo XVII o principios del XVIII, parecen incluso ajenas y pueden haber pertenecido a otra construcción. Verle Annis supuso que podrían ser del cercano monasterio de Santa Catalina. En cuanto a los leones, que ahora se encuentran encima de las columnas salomónicas, es probable que hubieran estado en una segunda planta, ya que a todas luces son figuras heráldicas.
Los patios estaban flanqueados por corredores con cubiertas apenas inclinadas, llamadas terrazas españolas, para la caída de agua a través de gárgolas. Lo usual era que estas terrazas descansaran sobre columnas de madera apoyadas en bases de piedra, aunque también las hubo de ladrillo. El ancho de los corredores era de tres, cuatro o hasta cinco varas.
Cuando en las casas había oficinas o tiendas anexas del propietario, éstas tenían entradas propias desde la calle aunque internamente se comunicaban con la casa. Todas las habitaciones tenían puerta a los corredores, pero también se comunicaban internamente de manera que, de ser necesario, se podía pasar de un dormitorio o ambiente a otro, sin necesidad de salir al corredor. En las casas de esquina la sala o salón principal estaba ubicado sobre ésta, donde era corriente encontrar una ventana en escuadra, con una columna o pilastra en el ángulo. En los patios, que no tenían jardín como se acostumbra ahora, y en ciertas partes de los corredores o zonas de mucha circulación el piso era generalmente de baldosas de piedra; en las habitaciones era de ladrillo de diversas formas. En las áreas más importantes, como los oratorios, el ladrillo se complementaba con azulejos, usados también en las repisas de las ventanas, en algunas fuentes y búcaros, y en los baños ubicados no lejos del patio principal.
En algunas pocas casas hubo miradores para uso de las señoras y otros miembros de la familia propietaria.
Elementos importantes en la casa urbana colonial guatemalteca fueron el uso de la teja en la cubierta de par y nudillo sobre las habitaciones, y la ya mencionada terraza de ladrillo o española sobre los corredores. En algunas habitaciones se usaban linternas y en las cocinas la chimenea, con parecido tratamiento volumétrico y de albañilería. En el área de la cocina no era extraño encontrar hornos para la elaboración del pan en la propia casa.
La construcción de fuentes fue una práctica característica de las casas guatemaltecas, aparentemente desde época muy temprana. Aquéllas se ubicaban en el centro del primer patio, con recipientes o tazones de estuco o cantera. En los patios menores se adosaban al muro, modalidad de probable origen renacentista o manierista, pues se encuentran con frecuencia en la arquitectura italiana de entonces, de donde tal vez se tomaron los modelos originales. En Santiago de Guatemala hubo muchas de estas fuentes, que consistían en medio tazón de cantera o mampostería sobre el que caía el chorro de agua que brotaba de la boca de diversos rostros o figuras, a veces de santos como Santiago. Estas fuentes ornamentales se conocían ya con el nombre de búcaros, con el que todavía se les denomina. En el segundo o tercer patio se encontraban las pilas para el lavado, con área disponible para tender y secar.
Las ventanas hacia el exterior tenían en general la proporción vertical de un ancho por dos alturas, con repisas sobre las que, en un principio, fue común el uso de rejas de madera para cerrar y proteger los vanos y, posteriormente, el de rejas de hierro.
Si bien la planta de las casas no se modificó para reflejar los nuevos criterios artísticos predominantes entre la segunda mitad del siglo XVII y los primeros setenta años del XVIII, que actualmente se llaman barrocos, sí se dio la innovación en diversos detalles de importancia. Las portadas, de las que no carecía residencia señorial alguna y las que en ocasiones fueron de piedra, recibieron variados detalles decorativos y hasta figuras. Se mantuvieron las ventanas de esquina, en cuya columna de ángulo se incorporó a veces la forma salomónica, mientras en las puertas de esquina se usaron siempre pilastras muy sencillas. Las ventanas, sobre todo las que abrían a los patios interiores, fueron modificadas con la introducción de nuevos perfiles en su parte alta de tipo lobulado hexagonal y octagonal. Se incrementó el uso de azulejos, tanto en fuentes como en búcaros, zócalos, cocinas, repisas de ventanas y otros. Los arcos, en los zaguanes y en los pasos al área de servicio, se hicieron lobulados, mixtilíneos y hasta conopiales. También se amplió la altura de algunas viviendas y se incluyeron detalles decorativos en las chimeneas de cocina, las linternas o tragaluces y los coronamientos de las escaleras de caracol. No hay que olvidar los llamados “patios de placer”, que tenían arriates ondulantes. En todas partes se hizo notable el gusto por lo curvo, predominante durante el barroco.
En la Nueva Guatemala, donde estuvo de moda el neoclásico, no hubo transformaciones fundamentales en la tradicional distribución de los ambientes de las casas de primera categoría, ubicadas en las manzanas cercanas a la plaza mayor. Los cambios se limitaron a detalles en la portada y algunos aspectos, como columnas y pilastras, en los que se incorporó el repertorio de los órdenes clásicos y el uso de la piedra. Las casas se siguieron construyendo de un solo piso por temor a los sismos, lo cual limitó las posibilidades arquitectónicas, en contraste con las casas señoriales de México o Puebla donde, en el siglo XVIII, se aumentó el número de plantas y se hicieron amplios y audaces arcos en los cajones de las escaleras. En Santiago de Guatemala, hoy conocida como La Antigua, hubo escasas excepciones a este patrón, entre ellas se destaca la llamada Casa de Chamorro o de Llerena, atribuida a Luis Díez Navarro, que tiene dos plantas con escalera sencilla.
Durante el siglo XIX la casa colonial sufrió pocos cambios, manteniendo más o menos la misma distribución, aunque la subdivisión de la propiedad, a causa de su alto valor, disminuyó el tamaño de las casas y, por tanto, de sus dependencias. El modelo más común fue el que subdividió la amplia casa de gran patio y cuatro corredores en casas de dos corredores y un patio central cada vez más pequeño.
La arquitectura doméstica mencionada hasta ahora corresponde a la parte central de las ciudades españolas y criollas, donde vivían las familias más importantes, que, con la debida segregación, por supuesto, compartían sus viviendas con parientes, sirvientes de varias etnias y algunos esclavos negros o mulatos. Los miembros de la familia y sus parientes vivían alrededor del primer patio, mientras los sirvientes indígenas y mestizos y los esclavos negros tenían sus dormitorios en el fondo de la vivienda. Las casas urbanas de los grupos medios eran menores, con patios más pequeños y menos corredores, como ya se ha hecho mención. Poco se sabe, en cambio, acerca de cómo vivían los sectores bajos de la población urbana. Por ejemplo, lo que hoy se conserva de la Antigua Guatemala es, casi exclusivamente, el casco central, donde se hallaban las residencias de las familias más pudientes. Sólo en los alrededores de La Merced y de lo que era la parroquia de San Sebastián subsisten unas cuantas casas coloniales pequeñas, algunas de las cuales recogió Verle L. Annis en su libro, La arquitectura de la Antigua Guatemala, 1543-1773. De cualquier manera, ya no existen los barrios populares aledaños a Santiago, donde se encontraban las viviendas de las clases menos favorecidas.
Es dable suponer que en otros centros urbanos del Reino de Guatemala se construyeron casas de diversos tipos, probablemente sin tanto contraste, ya que las principales no eran tan grandes como las de la capital, pero sí con dos patios y un patrón similar de distribución.
Christopher H. Lutz supone que, en los poblados indios donde se presentó cierta diferenciación socioeconómica entre los propios habitantes nativos, también se levantaron casas de varias habitaciones y dependencias, propiedad de indígenas acomodados. El autor menciona varios pueblos de indios en los que hubo algunas familias españolas y ladinas que debieron introducir su arquitectura doméstica, entre ellos Quetzaltenango, Chimaltenango, Almolonga (Ciudad Vieja), San Martín Jilotepeque, Sololá, Santa Cruz del Quiché, Huehuetenango, San Marcos, Escuintla, Petapa, Amatitlán, Mixco, Zacapa y Guazacapán, pudiéndose agregar, más tardíamente, a Totonicapán, San Cristóbal Totonicapán, Patzicía, Patzún, San Juan Sacatepéquez, Sacapulas, Cobán, San Pedro Carchá y algunos otros nombres.
En casi todos estos poblados probablemente vivieron familias indígenas acomodadas, que pudieron tener casas por lo menos similares a las de los españoles o ladinos de mediana posición económica, aunque no tan grandes ni de una construcción tan refinada como las de Santiago de Guatemala. No hay que olvidar que en estas casas la composición étnica de quienes habitaban era homogénea ya que todos eran indígenas de la misma familia.
Lutz no está de acuerdo con la creencia general que simplifica en exceso la vivienda indígena durante la Colonia, presentándola como muy rústica, de una sola habitación, es decir, como lo que hoy se denomina “rancho” –en la época colonial se empleaba la palabra náhuatl jacal–, construido con cuatro horcones, techo de paja o palma, paredes de caña, varas de madera, bajareque o, a veces, adobe. En su opinión, las casas indígenas mostraban variantes de tamaño, forma y estilos, igual que sucedía entre los españoles, criollos y ladinos. Es evidente que, por razones tanto de clima como de materiales y tradición local, hubo diferencias por regiones. En algunos casos, al menos para ciertas dependencias, se adoptó el uso de teja, ventanas y puertas de madera, portales, hornos y demás. En otras palabras, no fueron infrecuentes los casos en que la vivienda indígena incorporó elementos españoles y tuvo la distribución interna de varias dependencias alrededor de un patio de tierra, al tiempo que mantuvo motivos y soluciones de índole prehispánica, entre las que se destaca, en el altiplano, el uso del baño de vapor o temascal.
Se conservan también algunas casas de haciendas antiguas. Se trata de un tipo de vivienda de ladrillo, con cubierta de teja y un corredor o portal sostenido por pilares de madera. Las casas sencillas tenían dos o tres pilares; las más grandes ampliaban el corredor, frente al cual se distribuían los dormitorios y demás dependencias domésticas. En algunos grabados del siglo XIX se aprecian hamacas en dichos corredores.
Como ya se dijo en la introducción, parte importante de la casa de habitación es el mobiliario y, sin duda, éste se diferenciaba según el estrato social de los habitantes. De hecho, los muebles distinguían a un grupo social o familiar tanto o más que la misma arquitectura. Ya se vio que las casas de la elite eran más grandes y complejas, con sala de recibir, habitaciones separadas para los miembros de la familia, lugares de trabajo y entretención, comedor, cocina y demás. Cada una de estas dependencias tenía bien establecido el mobiliario, que se iba renovando a fin de incorporar las novedades que llegaban de España. Sillas, sillones, mesas, alfombras o esteras, cuadros y demás en el salón de recibir; camas, cofres, arcones, cómodas, algún armario, mesas, sillas y otros en los dormitorios. Se acostumbraba, asimismo, empotrar alacenas en el muro, con puertas o sin ellas. En los dormitorios era usual tener pinturas o esculturas de los santos de la devoción personal. Sin embargo, en las casas de mayor “distinción” no era extraño encontrar un oratorio o capilla doméstica, con un altar principal al fondo y alguno menor a los lados, reclinatorios, piezas de orfebrería y demás. No hay que olvidar tampoco los elementos para iluminación: candelabros de mesa o de pie, lámparas de colgar y otros, así como cortinajes, bargueños e instrumentos musicales. El clavicordio fue muy popular en un momento, más tarde el piano. Conforme las casas eran más modestas las habitaciones se reducían en tamaño y número, hasta limitarse a una o dos, que cumplían todas las funciones. Los muebles eran menos ostentosos y no se renovaban con tanta frecuencia. En lugar de alfombras usaban esteras de sibaque, y no había pinturas de calidad u originales, sino, a lo sumo, grabados o estampas iluminadas.
La casa republicana
Después de la emancipación la arquitectura doméstica urbana no sufrió cambios, salvo la acentuación de las tendencias clasicistas, en particular de origen francés, sobre todo, en el repertorio de los elementos decorativos. En la ciudad de Guatemala se mantuvo la tendencia a ubicar las principales residencias cerca a la plaza mayor y a los principales conventos.
En su libro de memorias, el escritor guatemalteco Antonio Batres Jáuregui (1847-1929) incluye una descripción de la casa de la ciudad de Guatemala a finales del siglo XIX, que vale la pena reproducir:
“…Las casas eran de un piso… /…Todas las viviendas tenían grandes patios, para el caso de temblores de tierra, y se hallaban blanqueadas con cal, por dentro y por fuera, lo que era higiénico, aunque poco estético. Nada de colores suaves, ni pinturas al óleo. No había alfombras en las salas, sino esteras o petates. Los cielos rasos eran de manta, encalados y movibles por el viento. El mueblaje lo constituían: una mesa redonda, en medio de la sala, un gran sofá, varias sillas de junco o forradas de cerdas, algunos cuadros místicos y los retratos de los antepasados del dueño de la vivienda; unas cortinas blancas de punto barato para cubrir las ventanas; un braserito con fuego para encender los cigarros; algunas antiguas esculturas de santos, o bien una bomba de cristal, cubriendo el Misterio. […] El piso de los corredores y los cuartos era de ladrillos toscos, de puro barro. […] El espacioso zaguán lo adornaban con tabitas de res en el suelo, formando labores primitivas, y en el centro dibujaban, con tales huesos, la fecha en que la casa se había concluido de edificar; al contorno del espacioso zaguán había poyos de mezcla para sentarse los que llegaban, y en uno de los ángulos se percibía el mingitorio, maloliente, dispuesto a evitar que, en caso de apuro, tuviese alguno de la casa o de los visitantes que correr larga distancia hasta llegar al lejano interior. Las puertas de calle eran monumentales, claveteadas con rosetas de bronce; el voluminoso llamador, en forma de león o de perro, estaba pendiente del portón. Por la noche, se iluminaba tristemente la entrada con una vela de sebo encendida dentro de un farol. En las salas ya hubo después quinqués de petróleo al que llamaban gas, a pesar de ser líquido. El patio, harto grande, estaba rústicamente empedrado…”
Por otra parte, José Milla (1822-1882) incluyó en uno de sus cuadros de costumbres, publicado en 1881, un precioso y revelador párrafo sobre las ventanas a la calle, especialmente las de la sala, y el papel que éstas jugaban en la vida social de hace más de un siglo, que nos revela cómo han cambiado las costumbres y cómo ha desaparecido la función de esas ventanas, desde donde se iniciaron tantos romances y se fundaron tantas familias:
“¡Las ventanas! He ahí la parte más interesante de una casa por muchos conceptos. Prescindo de que ellas sirven para ayudar a proveerse de una buena parte de los diez metros cúbicos de aire que, según los fisiólogos, necesita cada hora un hombre adulto encerrado en su habitación. Me fijo solamente en el papel importante que esa abertura cuadrilonga, hecha en la pared exterior de la casa, guarnecida de una reja de hierro y de unos cuantos cristales, está llamada a representar en la vida de las que habitan aquel predio urbano. Las niñas prefieren la ventana a las demás partes de la casa. ¿Qué harían sin ellas? Nuestros cautos abuelos guarnecían las ventanas con espesas celosías, palabra que está denunciando el ingrato origen de aquellos aparatos que las chicas de la generación presente declararían abominables. Hoy las ventanas están francas. De las cinco de la tarde en adelante (especialmente los domingos y fiestas de guardar), se apodera de ellas la parte femenina y joven de la familia y les sirven de medio de comunicación con el mundo exterior. Después las ventanas suelen hacer también un papel importante por las noches. ¡Oh, si hablaran esas rejas que las guarnecen! Pero no he de ser yo menos discreto que el rudo metal de que están formadas”.
Las casas descritas en los textos anteriores se refieren, como queda claro, a las casas de la capital y de personas con recursos.
Por otras fuentes resulta factible hacerse a una idea de cómo eran las casas de algunas zonas rurales. El viajero inglés Henry Dunn, quien estuvo en Guatemala de 1827-1828, se refiere a la arquitectura doméstica en Gualán, Zacapa, donde la mayoría de las casas tenía sólo dos cuartos, separados por una ligera división de madera.
En uno de estos cuartos, refiere Dunn, comió y durmió todo el grupo de transeúntes del que él formaba parte. Había allí cinco pequeñas camas, una mesa grande de madera, unas cuantas sillas del mismo material, dos hamacas que colgaban de manera permanente de un extremo a otro de la habitación, y tres o cuatro espadas y varios mosquetes con que estaba “adornada” la pared. Poco después de la llegada de los viajeros se acercaron a la casa, siempre abierta, varios vecinos, uno se ubicó en una de las hamacas, mientras otros se sentaron en la mesa o en las camas y comenzaron a preguntar por las novedades y a discutir vehementemente sobre política, mientras fumaban y escupían profusamente en el suelo.
El viajero estadounidense George Washington Montgomery, que visitó Centroamérica en 1838, ofrece también datos interesantes en la narración de su visita. Describe la casa del Comandante del puerto de Trujillo, en Honduras, ubicada en el fuerte. Era un solo cuarto grande, compuesto por cuatro paredes sin división alguna, sin cielo raso, con las vigas del techo a la vista. En uno de los lados había una puerta que daba a la calle y al lado contrario una puerta menor que daba hacia el patio del fuerte. El piso era de ladrillo con algunas esteras de palma. Este cuarto servía para todo, menos para cocinar: era sala, dormitorio, comedor y oficina. Tenía un sofá confortable, una buena mesa de cedro para comer, una cama y un escritorio. La cama era de metal, colocada en una plataforma que la elevaba unos sesenta centímetros del suelo y con el imprescindible mosquitero encima.
El mismo Montgomery describe la casa del párroco de Zacapa, cercana a la iglesia. Tenía un portal y un patio en el interior, y aunque era de buenas dimensiones no la consideró cómoda. Además de la sala tenía otras dos habitaciones, una de las cuales era el dormitorio del sacerdote. Consideró el amueblaje de una “simplicidad clásica”. En la sala, puesta contra la pared, había una banca de madera con respaldo y brazos y una gran mesa de caoba, todo dispuesto como si fuera un tribunal. Contra las paredes había una docena de sillas con asientos y respaldos de cuero sostenidos por clavos. Frente a una pintura de Cristo había otra de la Virgen María.
El mismo Dunn se refiere someramente a los muebles que vio en una casa “elegante” de la ciudad de Guatemala. Había en la sala de diez a doce sillas antiguas, un canapé pasado de moda con una estera al pie que hacía las veces de alfombra, dos pequeñas mesas de tocador, muy lejos una de la otra, cada una con la imagen de un santo en un fanal o bomba de cristal, tres o cuatro pinturas en las paredes encaladas y dos lámparas de plata que colgaban del techo. En otros cuartos menciona haber visto un armario de caoba y un aparador con puertas de vidrio en cuyo interior se exhibían piezas de China y porcelana. En el comedor había sólo una gran mesa de roble y siete u ocho sillas de madera. Cerca estaba la cocina, en donde le llamó la atención el poyo de tres o cuatro pies de alto, con seis o siete orificios para fogones y un horno ovalado en una de las esquinas. Próximo a la cocina se encontraba el patio con la pila, los establos y una pila adicional para uso de los animales.
A lo largo del siglo XIX se dieron algunos procesos urbanos y estilísticos que se vieron reflejados en las casas de habitación. Por un lado, las tendencias renacentistas y románticas produjeron la incorporación de detalles ornamentales. Penetró en las casas un gusto general por la hechura de jardines, que se expresó en la conversión de las plazas urbanas empedradas en espacios con vegetación diversa, incluyendo árboles, y el cambio de su nombre por “parques”, siendo el más importante el “parque central”, en la antigua plaza mayor. En las casas se tradujo en la construcción de arriates de mampostería en los patios, donde se sembraron plantas ornamentales, aunque manteniendo todavía las fuentes y los empedrados. Otra transformación fue la supresión de los aleros, sustituidos por cornisas o parapetos. También llegó el cemento, que poco a poco fue pasando de los edificios públicos a la arquitectura doméstica, haciéndola más segura y acelerando su construcción. Se incorporó igualmente la cubierta de vidrio, bien en tragaluces o en partes de los patios y terrazas.
Por otra parte, hubo algunos ejemplos de casas prefabricadas traídas del extranjero, en especial de Estados Unidos, y particularmente de California, que en ese entonces tenía la comunicación más cómoda por vapores y ferrocarril. Según escribió el viajero y naturalista francés Arturo Morelet, hacia 1846, “de algunos años a esta parte” se había incrementado la llegada de “muebles y objetos de lujo” de Europa, sin duda por parte de las familias capitalinas de mayor solvencia económica. Tras la prosperidad del café en el último cuarto del siglo, este proceso se acentuó, llegándose a importar buena parte del mobiliario doméstico, en particular juegos de sala, comedor y cocina. Hubo casos, producto del afrancesamiento, en que los principales elementos del ambiente interior de la casa –los amueblados de las salas, los cortinajes, las alfombras, los pianos, las pinturas, las vajillas y otros enseres– provenían de Francia.
Algunos finqueros extranjeros tomaron la iniciativa de hacer construir las casas patronales de sus fincas, siguiendo los modelos de la arquitectura rural de sus respectivos países de origen. A veces emplearon casas prefabricadas, a veces casas construidas en el país, pero siempre tratando de repetir los modelos de la respectiva “madre patria”. Hubo familias alemanas que no sólo importaron el o la consorte para sus hijos, según el caso, sino todo el ajuar y los enseres hogareños y, por supuesto, la ropa elegante para las ocasiones especiales. En fotografías tomadas por Eadweard Muybridge en 1875, se encuentran ya ejemplos al respecto, casi todos propiedad de extranjeros de primera generación. Esto permite pensar que el proceso se inició en realidad unas décadas antes, acentuándose posteriormente y proyectándose también en la arquitectura urbana. En general, hubo, pues, un proceso de pérdida de elementos tradicionales y una “desnacionalización” de la casa, que se tornó extranjerizante. Se importaron incluso pinturas, paisajes y naturalezas muertas que nada tenían que ver con el país. No era tampoco raro que en alguno de sus viajes al exterior, estos prósperos empresarios se mandaran hacer retratos al óleo con algún pintor europeo.
Mención aparte requiere la arquitectura de las últimas dos décadas del siglo XIX y las dos primeras del XX en Quetzaltenango, donde se desarrolló una arquitectura de raíz europea, basada sobre todo en modelos clásicos, y realizada en piedra, que se manifestó tanto en edificios públicos como en ostentosas viviendas familiares. La influencia irradió de allí a otros poblados occidentales y la tradición perduró hasta bien entrado el siglo XX.
La nueva arquitectura doméstica
Como en otros casos de la historia guatemalteca, especialmente en arquitectura, se pueden señalar como hito histórico unos terremotos, los de diciembre de 1917 y enero de 1918. En las construcciones y reconstrucciones posteriores se afirmaron en la capital expresiones arquitectónicas que habían empezado a abrirse paso previamente, por ejemplo, la construcción de casas tipo chalet, la importación de casas prefabricadas, especialmente de madera, el uso de la lámina de zinc y otras. Para la construcción de los chalets se adoptaron diversos modelos importados, y se afirmó la “extranjerización” de la arquitectura.
Muchas de las nuevas casas construidas en el centro histórico de la ciudad se levantaron subdividiendo la propiedad. Ello produjo un estrechamiento de los zaguanes, más o menos a la mitad de su dimensión original, y una reducción del tamaño de los patios. Al mismo tiempo, con la popularización de los automotores, se produjo no sólo el mejoramiento del empedrado de las calles sino la necesidad de incorporar garajes a las casas, tanto a las que se encontraban en las afueras de la ciudad como a las que quedaban dentro del centro histórico, ya fuera utilizando el zaguán para este fin, o construyendo accesos específicos e independientes para los automóviles.
Por esos años aparecieron algunas casas con elementos del estilo art nouveau, tendencia que se limitó a detalles en fachadas, entablamentos o rejas de ventanas, sin llegar a transformar la distribución de los espacios interiores de las viviendas.
La reconstrucción de la ciudad de Guatemala fue lenta, agravada en parte por los problemas políticos internos pero, sobre todo, por los efectos de la crisis mundial de 1929-1930. En esos años se construyeron los primeros edificios destinados a vivienda, con “apartamentos” tomados de ejemplos estadounidenses. Ya en la década de 1930, aproximadamente, se inició la moda del “neocolonial”, tanto en edificios públicos como en casas de habitación, aunque esta corriente, que algún autor ha llamado “neovernacular”, predominó ante todo en la arquitectura doméstica. Se tomaron ideas de modelos mexicanos y californianos recientes, y su manifestación se dio ante todo en chalets. Esta corriente se caracterizó por el uso de cubiertas de teja española, la proliferación de arcos, las ventanas tipo claraboya, la decoración con columnas helicoidales y otros elementos tomados de la arquitectura colonial. Al mismo tiempo llegaron los estilos art deco y el llamado “internacional”, en su primera etapa, los cuales se expresaron en edificios y casas de habitación. A partir de 1920 se produjo en el país un hecho nuevo arquitectónicamente: la convivencia de corrientes muy diversas, tanto en características como en orígenes. El arquitecto Roberto Hoegg, que se había formado en Alemania, se mantuvo aparte de lo neocolonial y construyó edificios y casas de líneas rectas, con gran horizontalidad, buen funcionalismo y nada de ornamentación.
A pesar de las manifestaciones neocoloniales, no se puede hablar en la arquitectura general o en la doméstica en particular de una corriente “nacionalista”, que buscara expresiones de raíz local y carácter propio. Ello fue probablemente resultado de las ideologías de las clases dominantes, pero también de la ausencia de arquitectos guatemaltecos. La mayoría de los constructores del país carecían de entrenamiento profesional en arquitectura, y los pocos que había, con muy pocas excepciones, eran de reciente origen familiar extranjero, como en el caso de Juan Domergue, Roberto Hoegg, Francisco Cirici, Manuel Moreno. Una excepción fue Enrique Pérez de León, formado como arquitecto en Francia, quien en sus obras personales, no así en las gubernamentales, se orientó a las corrientes internacionales.
Por estos años ocurrían en México y Brasil interesantes experimentos arquitectónicos que no tuvieron eco en el país. Además, la arquitectura gubernamental del período de Jorge Ubico recibió el influjo del gusto del dictador por los estilos anacrónicos, lo cual detuvo la penetración del art deco y las corrientes internacionales. Tampoco en el interior de las casas hubo una manifestación nacionalista. De un lado, se mantuvieron las tendencias al menosprecio por los artistas nacionales contemporáneos y por las artes populares locales. Salvo una que otra excepción, las familias acomodadas no adquirían obras de artistas guatemaltecos, menos aún las colocaban en lugares destacados de sus casas u oficinas y tampoco coleccionaban piezas arqueológicas o históricas. De ahí que el interior de sus viviendas tuviera un sabor indefinido, sin “personalidad” ni carácter nacional. Los pintores y escultores guatemaltecos encontraban difícil vender sus obras. Además, el gusto artístico del sector acomodado padecía de un evidente rezago y prefería las obras de corte realista, muy alejadas ya de las vanguardias europeas o americanas. Las corrientes de la plástica mexicana de esos años permearon los círculos artísticos en alguna medida, pero no la población educada. Todos estos factores contribuyeron a conformar por estos años una casa guatemalteca que carecía de sabor propio y que más bien calcaba los gustos extranjeros o europeos con un retraso notorio.
La casa guatemalteca del
último medio siglo
A partir de 1945 se produjeron en Guatemala importantes transformaciones políticas, sociales, económicas y culturales, que tuvieron efectos en la arquitectura en general y sobre la vivienda en particular. De una parte, se inició una apertura hacia las corrientes artísticas de vanguardia, lo cual produjo una “actualización” del gusto estético general. Al mismo tiempo, regresaron al país arquitectos profesionales formados en el exterior, principalmente en Estados Unidos y México, que no sólo asumieron un nuevo papel en lo constructivo sino que contribuyeron a la fundación de la primera facultad de arquitectura, en la Universidad de San Carlos, en 1960. Los egresados de esta facultad desempeñaron un papel preponderante en la búsqueda tanto de una arquitectura acorde con las corrientes mundiales predominantes como de soluciones adecuadas a la tradición cultural propia y a las condiciones ambientales del país.
Las etapas de prosperidad económica y el surgimiento de nuevos estratos educados y acomodados produjeron una proliferación en la construcción de casas de habitación, a la vez que impulsaron la realización de proyectos habitacionales para los sectores populares. En una primera etapa no se construyeron casi edificios de apartamentos, sino casas independientes, en las nuevas zonas suburbanas, especialmente de la capital. Se mantuvo el gusto por el llamado estilo neocolonial, pero al mismo tiempo comenzaron a aparecer casas inspiradas en la corriente “internacional” más reciente, así como tendencias “eclécticas” de tipo menos definido. Asimismo, hay que mencionar que en la arquitectura doméstica guatemalteca también se manifestó el esfuerzo de integración plástica que se dio en la arquitectura pública desde mediados de la década de los cincuenta. Por supuesto, los ensayos fueron en una escala menor. Pero, en unas cuantas casas se incorporaron relieves, mosaicos, murales y demás de artistas nacionales tanto en exteriores como en interiores.
Un aspecto importante en la transformación de la casa guatemalteca acomodada fue también el surgimiento de los decoradores profesionales de interiores, la valoración de la plástica nacional contemporánea y las artesanías populares, y el “descubrimiento” de las artes prehispánicas y coloniales como elementos de carácter y elegancia en la ornamentación de las casas. En pocos años se valoró, económica y estéticamente, a los artistas guatemaltecos, se elevó su cotización, y sus obras fueron incorporadas a los ambientes importantes de las casas y oficinas de la burguesía.
Todo lo dicho sobre la evolución de la casa en Guatemala, corresponde casi de manera exclusiva a la capital y a sus áreas aledañas. Sin embargo, ello se proyectó también en la casa de descanso, en su mayoría propiedad de capitalinos, así como en algunas viviendas patronales de fincas. En los últimos cincuenta o sesenta años comenzaron a aparecer las casas o chalets para fines de semana y vacaciones, primero en el lago de Amatitlán y después en otros lugares, como las playas del Pacífico, Antigua Guatemala, el lago de Atitlán, río Dulce, fincas, parcelamientos y otros sitios. Estas casas de descanso mostraron tendencias semejantes a las de la arquitectura doméstica capitalina y el decorado interior. En los lagos y playas se adecuaban los grandes ventanales para disfrutar el paisaje dentro del refugio provisto por los espacios interiores. Según el clima, las condiciones de la vivienda y los gustos personales, se buscó lo rústico, lo típico, lo elaborado, lo moderno u otras posibilidades. En algunos casos los aciertos logrados son evidentes e indiscutibles.
Un caso aparte lo constituyen las casas en el casco histórico de la Antigua Guatemala. El “descubrimiento” de esta ciudad como posible lugar de recreo y descanso correspondió a algunos estadounidenses, que restauraron o reconstruyeron casas adquiridas en diferentes grados de abandono o deterioro para convertirlas en viviendas confortables y bien ambientadas. Tal vez el primer ejemplo, a finales de los veinte, fue el de la casa del doctor Wilson Popenoe, una amplia residencia de esquina, restaurada con buen gusto y dedicación. Otros ejemplos son el de la señora Mildred Palmer (de 1936 a 1940), quien con acierto restauró una pequeña casa de esquina detrás de la antigua catedral, que ella llamó la “Casa de las Campanas”, para usar el nombre colonial de dicha calle; y el de la señora Matilda G. Gray, otra gran casa de esquina que luego amplió con espacios de propiedades vecinas para usarlos como jardines. A partir de estos casos surgieron otros propietarios ajenos a Antigua, guatemaltecos y extranjeros, que siguieron el mismo patrón: comprar casas tradicionales y restaurarlas después, con variable acierto y fidelidad a la arquitectura colonial, según las regulaciones arquitectónicas vigentes para la conservación de la ciudad, declarada Monumento de América y Patrimonio de la Humanidad. El ejemplo lo siguieron también algunos antigüeños acomodados, que se interesaron en convertir sus casas del casco histórico en espacios domésticos agradables y respetuosos del conjunto urbano. En la búsqueda de un sabor de época y un entorno grato en la ambientación, se propuso darles a estas casas un “sello” colonial, tanto en lo arquitectónico como en lo decorativo.
Conclusiones
La muestra de casas guatemaltecas escogida para este libro es resultado de la feliz combinación de una serie de factores que han contribuido, en las últimas tres o cuatro décadas, al mejoramiento de su calidad exterior e interior. Por un lado, las varias generaciones de arquitectos que cuentan con un buen nivel profesional, una actualización real en su trabajo y un interés por hallar soluciones adecuadas tanto al país como a sus tradiciones. Además, quienes pueden pagar la mejor arquitectura, ya sea urbana o de descanso, se pusieron también al día en sus gustos artísticos generales, desarrollaron un interés verdaderamente genuino tanto por las artes nacionales, ya sean éstas cultas o populares, como por la posibilidad de coleccionar piezas antiguas –desde las arqueológicas hasta las coloniales y republicanas–, que saben incorporar con gracia a los ambientes de sus viviendas. Finalmente, no se puede dejar de lado el aporte de la larga y destacada tradición de artistas y artesanos con que cuenta Guatemala, los cuales con sus obras, productos o trabajos de construcción completan la combinación de arquitectura y decoración, que en mezclas afortunadas y audaces conforman las casas aquí seleccionadas.
Se ha alcanzado variedad y calidad dentro de una amplia manifestación de corrientes estilísticas. Es un buen signo que hoy se valoren los arquitectos y artistas guatemaltecos de las más diversas corrientes, que se aprecie tanto el arte culto como el popular, junto con nuestro patrimonio histórico-cultural.
La casa moderna guatemalteca es muy diferente de la tradicional, de ahí que hoy hayan desaparecido casi por completo del vocabulario diario elementos tradicionales tan importantes como el zaguán y los corredores, y que las ventanas exteriores, que tan graciosamente describió Pepe Milla, ya no cumplan aquella importante función social, al menos en las casas suburbanas de la capital. La vida cotidiana familiar actual es distinta y lo mismo sucede con sus soluciones arquitectónicas.
Para terminar se debe señalar un interesante elemento de contraste. Mientras proliferan en el país ambientes que son copias o imitaciones importadas, sin carácter local ni originalidad, resulta reconfortante comprobar que existen casas guatemaltecas en las que se conjugan la tradición y la modernidad, en ambientes gratos y con sabor propio.