- Botero esculturas (1998)
- Salmona (1998)
- El sabor de Colombia (1994)
- Wayuú. Cultura del desierto colombiano (1998)
- Semana Santa en Popayán (1999)
- Cartagena de siempre (1992)
- Palacio de las Garzas (1999)
- Juan Montoya (1998)
- Aves de Colombia. Grabados iluminados del Siglo XVIII (1993)
- Alta Colombia. El esplendor de la montaña (1996)
- Artefactos. Objetos artesanales de Colombia (1992)
- Carros. El automovil en Colombia (1995)
- Espacios Comerciales. Colombia (1994)
- Cerros de Bogotá (2000)
- El Terremoto de San Salvador. Narración de un superviviente (2001)
- Manolo Valdés. La intemporalidad del arte (1999)
- Casa de Hacienda. Arquitectura en el campo colombiano (1997)
- Fiestas. Celebraciones y Ritos de Colombia (1995)
- Costa Rica. Pura Vida (2001)
- Luis Restrepo. Arquitectura (2001)
- Ana Mercedes Hoyos. Palenque (2001)
- La Moneda en Colombia (2001)
- Jardines de Colombia (1996)
- Una jornada en Macondo (1995)
- Retratos (1993)
- Atavíos. Raíces de la moda colombiana (1996)
- La ruta de Humboldt. Colombia - Venezuela (1994)
- Trópico. Visiones de la naturaleza colombiana (1997)
- Herederos de los Incas (1996)
- Casa Moderna. Medio siglo de arquitectura doméstica colombiana (1996)
- Bogotá desde el aire (1994)
- La vida en Colombia (1994)
- Casa Republicana. La bella época en Colombia (1995)
- Selva húmeda de Colombia (1990)
- Richter (1997)
- Por nuestros niños. Programas para su Proteccion y Desarrollo en Colombia (1990)
- Mariposas de Colombia (1991)
- Colombia tierra de flores (1990)
- Los países andinos desde el satélite (1995)
- Deliciosas frutas tropicales (1990)
- Arrecifes del Caribe (1988)
- Casa campesina. Arquitectura vernácula de Colombia (1993)
- Páramos (1988)
- Manglares (1989)
- Señor Ladrillo (1988)
- La última muerte de Wozzeck (2000)
- Historia del Café de Guatemala (2001)
- Casa Guatemalteca (1999)
- Silvia Tcherassi (2002)
- Ana Mercedes Hoyos. Retrospectiva (2002)
- Francisco Mejía Guinand (2002)
- Aves del Llano (1992)
- El año que viene vuelvo (1989)
- Museos de Bogotá (1989)
- El arte de la cocina japonesa (1996)
- Botero Dibujos (1999)
- Colombia Campesina (1989)
- Conflicto amazónico. 1932-1934 (1994)
- Débora Arango. Museo de Arte Moderno de Medellín (1986)
- La Sabana de Bogotá (1988)
- Casas de Embajada en Washington D.C. (2004)
- XVI Bienal colombiana de Arquitectura 1998 (1998)
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- Historia de la Fotografía en Colombia. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1983)
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- Ramírez Villamizar. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1984)
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- Las fronteras azules de Colombia (1985)
- Botero en el Museo Nacional de Colombia. Nueva donación 2004 (2004)
- Gonzalo Ariza. Pinturas (1978)
- Grau. El pequeño viaje del Barón Von Humboldt (1977)
- Bogotá Viva (2004)
- Albergues del Libertador en Colombia. Banco de la República (1980)
- El Rey triste (1980)
- Gregorio Vásquez (1985)
- Ciclovías. Bogotá para el ciudadano (1983)
- Negret escultor. Homenaje (2004)
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- Suramericana. 60 Años de compromiso con la cultura (2004)
- Rostros de Colombia (1985)
- Flora de Los Andes. Cien especies del Altiplano Cundi-Boyacense (1984)
- Casa de Nariño (1985)
- Periodismo gráfico. Círculo de Periodistas de Bogotá (1984)
- Cien años de arte colombiano. 1886 - 1986 (1985)
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- Palacio de San Carlos (1986)
- Veinte años del Sena en Colombia. 1957-1977 (1978)
- Bogotá. Estructura y principales servicios públicos (1978)
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- Armando Villegas. Homenaje (2008)
- Manuel Hernández (2008)
- Alicia Viteri. Memoria digital (2009)
- Clemencia Echeverri. Sin respuesta (2009)
- Museo de Arte Moderno de Cartagena de Indias (2009)
- Agua. Riqueza de Colombia (2009)
- Volando Colombia. Paisajes (2009)
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- Medellín 360º. Cordial, Pujante y Bella (2009)
- Arte Internacional. Colección del Banco de la República (2009)
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- Grabados Antiguos de la Pontificia Universidad Javeriana. Colección Eduardo Ospina S. J. (2010)
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- Cundinamarca. Corazón de Colombia (2011)
- El hundimiento de los Partidos Políticos Tradicionales venezolanos: El caso Copei (2014)
- Artistas por la paz (1986)
- Reglamento de uniformes, insignias, condecoraciones y distintivos para el personal de la Policía Nacional (2009)
- Historia de Bogotá. Tomo I - Conquista y Colonia (2007)
- Historia de Bogotá. Tomo II - Siglo XIX (2007)
- Academia Colombiana de Jurisprudencia. 125 Años (2019)
- Duque, su presidencia (2022)
El Arrecife como Reserva del Futuro

El coral negro, Antipathes, se encuentra generalmente a partir de los 30 metros de profundidad. Su esqueleto tiene para el hombre un alto valor utilitario ya que es muy apreciado en joyería como material semiprecioso. Los pólipos tienen seis tentáculos simples, no retráctiles. En algunas zonas del Caribe está vedada su recolección. Aldo Brando.

Aldo Brando.

Esta demospongia masiva, Ircinia campana, hallada en Punta Betín, Bahía de Santa Marta, a 12 metros de profundidad, se caracteriza por emitir un fétido olor a azufre. Esta estrategia química de defensa aleja a los peces y otros organismos que comen esponjas. Harry Erhardt.

Sometidas a drásticos procesos selectivos, las diferentes especies de coral se fueron “repartiendo” diferentes zonas del arrecife. Así, algunas se adaptan para vivir en las rompientes, mientras que otras habitan las aguas profundas, siendo pocas las que han logrado vivir en sustratos arenosos. Una excepción es Meandrina meandrites un coral que puede vivir suelto sobre la arena gracias a su esqueleto cónico. Harry Erhardt.

Una de las adaptaciones más interesantes del arrecife es la que logra el camarón limpiador, Periclimenes pedersoni, siempre asociado con anémonas. Se hace inmune, después de períodos de aclimatación a las descargas de cnidiocitos de la anémona. Desde este refugio. hace señales a los peces parasitados para que se acerquen. Harry Erhardt.
Texto de: Henry von Prahl
A pesar de los impresionantes adelantos técnicos y científicos logrados por el hombre en las últimas décadas del siglo XX, el conocimiento que tenemos de los ecosistemas marinos evidentemente es muy limitado. Pero si consideramos las zonas tropicales, donde se encuentran comunidades tan complejas como los arrecifes coralinos, tenemos que reconocer forzosamente la extensión de nuestra ignorancia. Consecuencia inmediata de ella es la ausencia total de políticas efectivas para el manejo valorativo de nuestros recursos naturales, especialmente aquellas que se refieren a la conservación de nuestros mares. Se hace indispensable, entonces, crear una fuerte corriente de opinión que argumente persuasivamente en su favor, acerca del buen manejo y conservación de un rico legado natural.
Se trata de comunidades extremadamente complejas, con delicadas interacciones, en donde su comprensión no debe ser simplificada. Echar una mirada superficial sobre estos ecosistemas, no sería más que restarles toda su fuerza y la importancia de su dinámica. Aquella que nos lleva a reconocer en esta zona del planeta un lugar privilegiado por los prodigios de la naturaleza.
Los arrecifes al igual que otros ecosistemas están conformados por dos grandes componentes vivos los organismos autótrofos y los heterótrofos. Los primeros los integran especialmente las algas, pastos marinos y algunas bacterias. Son aquellos que tienen la capacidad de capturar energía solar y manufacturar con esta energía, y otros elementos del medio, su propio alimento. Por su parte los organismos heterotróficos, compuestos por los llamados animales, hongos y bacterias, en su proceso vital, dependen de moléculas orgánicas sintetizadas por los organismos autótrofos. Su energía proviene de aquellos productores primarios. Pero he aquí que las dos formas de producción natural se integran en un hecho sorprendente los corales complementan maravillosamente los dos sistemas, comportándose, entonces, como verdaderos organismos autótrofos, ya que las algas prisioneras en su interior les permite fabricar sus propios nutrientes, utilizando la energía solar. Por otra parte, también son organismos heterótrofos ya que capturan, por medio de sus pólipos, pequeños animales del zoopiancton, que a su vez se alimenta de algas microscópicas fitopianctónicas autótrofas. En todo este proceso simbiótico el arrecife coralino resulta ser un ecosistema realmente prodigioso.
A través de este libro, nos hemos centrado casi exclusivamente en los animales que conforman parte del ecosistema arrecifal y muy probablemente esto ha dejado una impresión unilateral que el arrecife está formado por estos organismos, y que tan solo los corales fabrican aquel andamio de carbonato de calcio. Recordemos una vez más que las algas juegan un papel fundamental en el ecosistema arrecifal. Incluso las algas calcáreas, que son capaces de formar esqueletos de carbonato de calcio, superan a los corales como componentes formadores del andamio arrecifal, especialmente en aquella cresta expuesta a fuerte oleaje en donde los corales no pueden crecer. Y es que estas algas pueden proliferar aún entre restos esqueléticos calcáreos sueltos y, cementándolos, pueden llegar a formar un conjunto rígido, estabilizando de esta manera el conjunto de la estructura arrecifal. Ahí están las algas calcáreas verdes, como Halimeda, que aportan más arena calcárea que los mismos corales, sobre todo en la zona de la laguna arrecifal. También están presentes aquí las algas filamentosas que, perforando el esqueleto coralino, lo llegan a erosionar. Aún más, las algas se constituyen en componentes esenciales en la red alimenticia del arrecife. Hemos reconocido a las algas verde azuladas formando densos tapetes sobre lo que podemos considerar cementerios del esqueleto coralino. Son algas carnosas que tienen la capacidad de fijar nitrógeno atmosférico y transformarlo en nitrógeno orgánico, indispensable en la síntesis de proteínas. Es de vital importancia, ya que los arrecifes, generalmente, se encuentran rodeados por aguas oceánicas pobres en nutrientes.
Por su parte el nitrógeno fijado y la materia orgánica formada por las algas, pasan a integrar el sistema alimenticio del arrecife, pues aquellas son devoradas por los peces herbívoros. Tras digerir las algas, los peces liberan nitrógeno orgánico con sus deshechos metabólicos, el cual es capturado de inmediato por otras algas, reciclado por ellas y convertido en nueva biomasa. Entonces estas algas serán una vez más consumidas. De esta manera se perpetúa el flujo de nutrientes, que no se pierden del todo, porque pueden ser almacenados en vivo. Otra característica importante en las algas es que pueden llegar a fragmentarse por la acción del oleaje o las corrientes. En su fragmentación y dispersión llegan a ser significativos donadores de materia orgánica, especialmente cuando los fragmentos o partículas de detrítus son colonizados por bacterias heterótrofas, constituyendo así una rica fuente de proteína, especialmente para las esponjas. Incluso los mismos corales pueden alimentarse de este detrítus orgánico. Retenido con una película mucosa que recubre al pólipo es empujando hasta la boca por las cilias. Las algas son vitales para el reciciaje de nutrientes en el arrecife, e incluso este proceso se lleva a cabo a nivel microscópico dentro de los corales, en donde las algas asociadas o simbióticas, toman los deshechos metabólicos del coral para reciclarlos en moléculas orgánicas fundamentales para el pólipo coralino. Puede decirse, entonces, que las algas constituyen la gran reserva de nutrientes del arrecife ellas los almacenan en épocas favorables, como es el caso de aquellos períodos de afloramiento, cuando los nutrientes suben con las corrientes ascendentes de los fondos marinos, para allí ser posteriormente retenidos e incorporados por las algas, incrementándose de esta manera su propia biomasa. Las algas cuando son consumidas por los peces, o bien descompuestas por bacterias, dejan libres los nutrientes gradualmente, que circularan por el arrecife, creando una nueva posibilidad para que sea utilizada por una infinidad de organismos, incluyendo los mismos corales. En este proceso surge la importancia de la presencia de los herbívoros, peces y erizos de mar, especialmente ya que ellos son fundamentales para mantener en contínuo movimiento éste reciclaje de nutrientes. Precisamente la actividad de estos herbívoros, hace figurarnos que en el arrecife hay una ausencia total de algas. Ya sabemos que no es así. Ellas están presentes, pero sucede que son continuamete podadas. Los densos tapetes de algas con filamentos carnosos actúan también como estabilizadores significativos de sedimentos. Contribuyen, a su manera, a mantener limpias las aguas del arrecife. Sin embargo, no todas las algas son consumidas por herbívoros. Algunas son capaces de sintetizar defensas químicas, especialmente diterpenos tóxicos, con lo que evitan el excesivo pastoreo, como sucede con el alga calcárea Halimeda, que fabrica una sustancia venenosa, de estructura química desconocida hasta ahora, llamada Halimedatrial, que resulta letal para peces herbívoros del arrecife. Es, además, un potente bactericida. Todo indica que por sus propiedades, estas algas sean un poblador tan numeroso en el arrecife. Si retenemos los aspectos anteriormente considerados, y especialmente la relación simbiótica de las microalgas con los corales y otros organismos, veremos como el arrecife existe en su conjunto gracias a los procesos fotosintéticos de los productores primarios.
El arrecife con su delicada subdivisión del espacio y su gran variedad de recursos alimenticios, cultiva una alta diversidad de organismos. Tiene una productividad promedio de 10 toneladas de biomasa por km² año. Esto determina que, en gran medida, sea un ecosistema esencial para el hombre. Al respecto se ha calculado para un pescador unos 5.000 kg de peces por año. Todo lleva a suponer que en el arrecife el factor limitante es el espacio y no tanto la oferta de nutrientes. Es un hecho que puede explicar la razón por la cual los peces ocupan el arrecife prácticamente en dos turnos. Mientras los peces nocturnos permanecen en sus refugios durante el día, en la noche salen a buscar su alimento. De esta forma se utiliza al máximo, tanto el espacio de alimentación como los refugios disponibles.
Es de tal naturaleza la implacable competencia que por el espacio establecen los diferentes organismos, especialmente los sésiles, que ella ha seleccionado una serie de complejas interacciones. Por ejemplo, los corales se caracterizan por desarrollar tentáculos especiales, llamados barredores, armados con potentes nidiocitos, con los que eliminan a los competidores vecinos. Los filamentos mesentéricos que sacan por la boca, con los que digieren los tejidos de sus competidores, incluyendo entre ellos a otros corales, son otros tantos mecanismos vitales para aquellos, pues al poseer algas asociadas, necesitan encontrar y preservar un espacio iluminado. Juega un papel de primer orden el lugar elegido, ya que en cuanto esté expuesto a corrientes, asegura mayores posibilidades para que puedan filtrar alimento.
Bajo las implacables leyes de la competencia se presenta un hecho crucial allí están presentes otros organismos que requieren estos espacios. Con razón los corales han desarrollado semejantes estrategias de defensa, mucho más inexorables en los corales masivos de crecimiento lento. En cuanto más ardua la lucha, los mecanismos de competencia llegan a ser más elaborados. Uno de estos se encuentra asociado a los octocorales, corales blandos, anémonas y algunas esponjas. Su estrategia particular es la antibiosis, o sea la síntesis y producción de sustancias tóxicas o repulsivas. Son toxinas que les sirve eficazmente en la posesión de un espacio vital, ya que con la liberación de tales productos pueden retardar el desarrollo o incluso lograr la extinción de especies vecinas peligrosamente competidoras. Es la interacción que se conoce con el nombre de alelopatia. Sin embargo, como toda acción tiene su reacción, es así como algunos organismos han desarrollado defensas que consolidan con la secreción de una cobertura protectora de moco, que los hace inmunes a los fuertes y permanentes ataques. Aquí hay que anotar que la mayor parte de los organismos marinos que sintetizan productos tóxicos, lo hacen básicamente para defenderse del ataque de posibles predadores o para proteger su descendencia. Por esto muchos productos gonadales, óvulos especialmente, son impregnados con toxinas para que con su protección se reduzca considerablemente la depredación. Aún así, algunos organismos han aprendido, después de un largo proceso selectivo, a neutralizar esas toxinas, lo que les permite obtener una nueva fuente de recursos alimenticios, libre de molestos competidores. A esta nueva relación que se forma se le llama coevolución.
Encontramos una derivación significativa de estos procesos químicos cuando, tras semejantes combates, surge una diversidad de productos resultantes como inagotable fuente de sustancias con un incalculable valor que es utilizada por el hombre. Esta utilización está especialmente relacionada con la síntesis de drogas que ofrecen numerosas posibilidades de aplicación en investigaciones científicas y médicas, especialmente aquellas relacionadas con el tratamiento del cáncer, la síntesis de productos antivirales, la producción de nuevos antibióticos y una sorprendente variedad de nuevos compuestos. Es, en realidad, un campo inexplorado que se abre paso promisoriamente, señalando su potencial como una veta de grandes posibilidades futuras. Una buena cantidad de los productos naturales que se han obtenido de la investigación en las selvas y que poseen una diversidad y un tipo de estrategias de competencia semejantes a las del arrecife, es un buen indicativo del futuro de estas nuevas exploraciones marinas. Ejemplo inmediato son las biotoxinas de plantas, utilizadas por el hombre como arma o como veneno para la caza, por ejemplo el curare, del que se extraen productos activos de gran valor farmacéutico. Y son en la naturaleza sustancias utilizadas por las propias plantas en su afán de protección ante la presencia de insectos dañinos o bien, de los herbívoros.
Si en el arrecife la estrategia es semejante, podemos concluir que el uso potencial de las biotoxinas con fines farmacéuticos e investigativos abre un campo muy extenso. Se comprende, entonces, hasta donde llegan a ser imperativos todos los esfuerzos desplegados en busca de la conservación de semejantes riquezas naturales. El futuro de su verdadera utilización racional apenas está comenzando.
Si de estas eternas batallas de las diferentes especies el hombre ha sabido aprovechar sus productos, hay que enfatizar aquí que en el arrecife no todo es guerra. También se realizan curiosas alianzas, como las que se llevan a cabo entre aquellos organismos limpiadores, especializados en retirar parásitos de peces.
Aparte de tan curiosas y elaboradas interacciones, tenemos que destacar la vital importancia que tiene el arrecife para el hombre. Por una parte ofrece una importante fuente de alimentación. Posee un enorme potencial en la acuicultura, ya que en sus aguas protegidas se da la cría de peces y langostas en jaulas, lo mismo que caracoles en corrales. En forma racionalmente controlada pueden extraerse corales negros, apreciados para uso en joyería. También es fructífera la cría de ostras perleras, para solo citar aspectos someros y utilitarios inmediatamente, ya que en realidad el potencial del arrecife es gigantesco. A su riqueza biológica es necesario agregar su valor estético que es ya una importante fuente de atracción, para quienes sensibles al encanto de la naturaleza lo visitan, o para aquellos otros, más osados, que provistos de sus equipos de buceo se sumergen bajo su superficie, en donde les aguardan no pocas y hermosas sorpresas.
Razón tras razón, prodigio tras prodigio, se impone como un imperativo proteger este importante y complejo ecosistema que depende de factores biológicos equilibrantes como la simbiosis, el mantenimiento de sustratos libres de algas por parte de peces, interacciones competitivas, predación, limpiadores, bioerosión, etc. La alteración de cualquiera de estos factores, por ejemplo la sobrepesca de organismos herbívoros, tiene un efecto devastador sobre la supervivencia de los corales ya que las algas crecerán sin control y atacarán a los corales. La complejidad de estas interacciones, en donde la alteración de un factor llega a provocar una reacción en cadena, nos muestra la necesidad inaplazable de la investigación científica. Solo a través de su actividad llegaremos a comprender cabalmente la importancia de la conservación del arrecife, tantas veces maltratado y expoliado, pero que afortunadamente aún conserva su gran potencial de riqueza. El arrecife tiene un gran valor solo si está vivo. Es necesario, entonces, evitar el peligro que significan las acciones irracionales y el reprochable saqueo. Uno de los aspectos más importantes del control en el arrecife coralino está relacionado con la sedimentación. Los sedimentos suspendidos en el agua reducen la actividad fotosintética de los organismos arrecifales, especialmente de los corales. Si el agua se enturbia, se reduce la capacidad de algunos procesos vitales, como por ejemplo la tasa de calcificación. Cuando los sedimentos se precipitan sobre el arrecife, cubren los organismos sésiles taponando los conductos de las esponjas y cubriendo los pólipos coralinos impidiendo de esta forma que la luz solar los penetre. También resultan catastróficos porque hacen que se pierda la superficie de fijación estable para las larvas y plánulas y perecen los densos tapetes de algas, incluyendo las fijadoras de nitrógeno. Aquí está la razón por la cual los arrecifes muy pocas veces se encuentran próximos a la desembocadura o zona de influencia de los ríos cargados de sedimentos. En estos casos, los manglares realizan una acción fundamental; actúan como grandes trampas que retienen el sedimento, como sucede en el río Sinú. Surgirá siempre el peligro, si estos filtros se alteran o si se abren canales, como es el caso del canal del Dique, cuyas aguas arrastran sedimentos hacia las Islas del Rosario desde el interior del país, en donde se produce una acelerada erosión por la acentuada deforestación y prácticas agrícolas inadecuadas, llegando finalmente a las zonas arrecifales y llevándolas a su gradual destrucción.
La polución crónica es otro fenómeno cotidiano en los arrecifes continentales, resulta especialmente peligrosa con la presencia de herbicidas, insecticidas y abonos inorgánicos, arrastrados por las lluvias y desagües desde los campos de cultivo hasta el mar. Todo indica que los residuos de herbicidas afectan el plancton y las algas simbióticas de los corales, mientras que los abonos favorecen el desarrollo de las algas filamentosas, que empiezan a desarrollarse sin el control de peces herbívoros, invadiendo los corales. Además, si se incrementa la productividad fitoplanctónica en las aguas arrecifales, éstas impiden la penetración de luz suficiente, afectando los corales. Tal efecto también se presenta por causa de los desagües de materia orgánica y aguas negras de las ciudades, como sucede actualmente en Cartagena. Aún hay otras poluciones crónicas como son las de los hidrocarburos y sus derivados, que estimulan la expulsión de las algas asociadas al coral llegando a alterar severamente sus mecanismos de reproducción. Efecto inmediato de esto es la disminución de la tasa de calcificación, ya que a partir de entonces el coral debe canalizar parte de sus recursos energéticos para defenderse, por ejemplo, secretando un moco protector, con el cual pueda aislar el material irritante. Otros efectos son aquellos causados por los contaminantes térmicos, como son los derivados de volcar sobre este medio delicado el agua de refrigeración de plantas eléctricas, cuyos efecto son ya alarmantes en las islas de San Andrés y Providencia. La elevación de la temperatura, por encima de los niveles normales tolerables, estimula la pérdida de las algas asociadas al coral, que a partir de entonces va a adquirir una coloración blanquecina. Así queda sin protección y pronto muere. Pero si estos procedimientos son tan censurables, no hay duda que una de las prácticas más destructivas y comunes en las zonas arrecifales del Caribe y especialmente en Colombia, es la pesca con dinamita que altera sensiblemente al coral, afectando a todos los organismos acompañantes y arrasa en un segundo todo este elaborado mundo. Aún hay otras actividades de pesca, como la de arrastre, que han agotado zonas cercanas a los arrecifes, especialmente en las islas coralinas de San Bernardo, en el Golfo de Morrosquillo y en las islas del Rosario.
Es cierto que los recursos pueden y deben ser explotados por el hombre, pero si no llegamos a desarrollar técnicas inteligentes y apropiadas lo que vamos perdiendo es ya irrecuperable. Una técnica propicia para la conservación racional está en la acuicultura que permite una explotación sostenida y altamente controlada en el medio arrecifal. Para lograr esto debemos mantener ante todo las condiciones óptimas del arrecife. Contradictoriamente, tantas veces los mismos apasionados por el arrecife, que lo conocen y lo aprecian, llegan a causarle daños de consideración, pues al posarse involuntariamente sobre los corales suelen romperlos. Este daño es irreparable si se piensa que el coral emplea unos 1 .000 años, en formar estructuras de 1 a 5 m de espesor. Recolectar organismos como recuerdos, volver rocas coralinas para conocer su lado oculto y no volverlas a su posición original, con exigente cuidado , son actividades que deben evitarse a toda costa, a menos que correspondan a programas serios de investigación científica. Estas actividades, en su inocente apariencia, causan de todas maneras, alteraciones a largo plazo. Por esto una política en la regulación del número de visitantes, así como la determinación de realizar rutas ecológicas, con lugares apropiados de observación, es una estrategia no solo deseable sino desde ya necesaria en estos lugares. Las embarcaciones también ofrecen peligros pueden alterar el arrecife, pues si dejan caer sus anclas en espacios coralinos, inevitablemente arrasarán con grandes franjas de ellos. Se ha indicado la necesidad de localizar en determinados lugares boyas con amarras.
Ese arrecife es un gigante vulnerable que responde a la menor perturbación. Si es importante la conservación del arrecife en sí mismo, también se hace indispensable la conservación de los ecosistemas que interactúan con él, como las praderas submarinas y los manglares, pues son comunidades que actúan como verdaderos retenedores de sedimentos. Las nuevas generaciones podrán hacer algo constructivo por estos ecosistemas tan valiosos, si toman conciencia de la importancia del problema, se arman de las herramientas mínimas para afrontarlo y, especialmente, si se proponen utilizar todos los recursos orientados a evitar el segundo diluvio universal la contaminación.
#AmorPorColombia
El Arrecife como Reserva del Futuro

El coral negro, Antipathes, se encuentra generalmente a partir de los 30 metros de profundidad. Su esqueleto tiene para el hombre un alto valor utilitario ya que es muy apreciado en joyería como material semiprecioso. Los pólipos tienen seis tentáculos simples, no retráctiles. En algunas zonas del Caribe está vedada su recolección. Aldo Brando.

Aldo Brando.

Esta demospongia masiva, Ircinia campana, hallada en Punta Betín, Bahía de Santa Marta, a 12 metros de profundidad, se caracteriza por emitir un fétido olor a azufre. Esta estrategia química de defensa aleja a los peces y otros organismos que comen esponjas. Harry Erhardt.

Sometidas a drásticos procesos selectivos, las diferentes especies de coral se fueron “repartiendo” diferentes zonas del arrecife. Así, algunas se adaptan para vivir en las rompientes, mientras que otras habitan las aguas profundas, siendo pocas las que han logrado vivir en sustratos arenosos. Una excepción es Meandrina meandrites un coral que puede vivir suelto sobre la arena gracias a su esqueleto cónico. Harry Erhardt.

Una de las adaptaciones más interesantes del arrecife es la que logra el camarón limpiador, Periclimenes pedersoni, siempre asociado con anémonas. Se hace inmune, después de períodos de aclimatación a las descargas de cnidiocitos de la anémona. Desde este refugio. hace señales a los peces parasitados para que se acerquen. Harry Erhardt.
Texto de: Henry von Prahl
A pesar de los impresionantes adelantos técnicos y científicos logrados por el hombre en las últimas décadas del siglo XX, el conocimiento que tenemos de los ecosistemas marinos evidentemente es muy limitado. Pero si consideramos las zonas tropicales, donde se encuentran comunidades tan complejas como los arrecifes coralinos, tenemos que reconocer forzosamente la extensión de nuestra ignorancia. Consecuencia inmediata de ella es la ausencia total de políticas efectivas para el manejo valorativo de nuestros recursos naturales, especialmente aquellas que se refieren a la conservación de nuestros mares. Se hace indispensable, entonces, crear una fuerte corriente de opinión que argumente persuasivamente en su favor, acerca del buen manejo y conservación de un rico legado natural.
Se trata de comunidades extremadamente complejas, con delicadas interacciones, en donde su comprensión no debe ser simplificada. Echar una mirada superficial sobre estos ecosistemas, no sería más que restarles toda su fuerza y la importancia de su dinámica. Aquella que nos lleva a reconocer en esta zona del planeta un lugar privilegiado por los prodigios de la naturaleza.
Los arrecifes al igual que otros ecosistemas están conformados por dos grandes componentes vivos los organismos autótrofos y los heterótrofos. Los primeros los integran especialmente las algas, pastos marinos y algunas bacterias. Son aquellos que tienen la capacidad de capturar energía solar y manufacturar con esta energía, y otros elementos del medio, su propio alimento. Por su parte los organismos heterotróficos, compuestos por los llamados animales, hongos y bacterias, en su proceso vital, dependen de moléculas orgánicas sintetizadas por los organismos autótrofos. Su energía proviene de aquellos productores primarios. Pero he aquí que las dos formas de producción natural se integran en un hecho sorprendente los corales complementan maravillosamente los dos sistemas, comportándose, entonces, como verdaderos organismos autótrofos, ya que las algas prisioneras en su interior les permite fabricar sus propios nutrientes, utilizando la energía solar. Por otra parte, también son organismos heterótrofos ya que capturan, por medio de sus pólipos, pequeños animales del zoopiancton, que a su vez se alimenta de algas microscópicas fitopianctónicas autótrofas. En todo este proceso simbiótico el arrecife coralino resulta ser un ecosistema realmente prodigioso.
A través de este libro, nos hemos centrado casi exclusivamente en los animales que conforman parte del ecosistema arrecifal y muy probablemente esto ha dejado una impresión unilateral que el arrecife está formado por estos organismos, y que tan solo los corales fabrican aquel andamio de carbonato de calcio. Recordemos una vez más que las algas juegan un papel fundamental en el ecosistema arrecifal. Incluso las algas calcáreas, que son capaces de formar esqueletos de carbonato de calcio, superan a los corales como componentes formadores del andamio arrecifal, especialmente en aquella cresta expuesta a fuerte oleaje en donde los corales no pueden crecer. Y es que estas algas pueden proliferar aún entre restos esqueléticos calcáreos sueltos y, cementándolos, pueden llegar a formar un conjunto rígido, estabilizando de esta manera el conjunto de la estructura arrecifal. Ahí están las algas calcáreas verdes, como Halimeda, que aportan más arena calcárea que los mismos corales, sobre todo en la zona de la laguna arrecifal. También están presentes aquí las algas filamentosas que, perforando el esqueleto coralino, lo llegan a erosionar. Aún más, las algas se constituyen en componentes esenciales en la red alimenticia del arrecife. Hemos reconocido a las algas verde azuladas formando densos tapetes sobre lo que podemos considerar cementerios del esqueleto coralino. Son algas carnosas que tienen la capacidad de fijar nitrógeno atmosférico y transformarlo en nitrógeno orgánico, indispensable en la síntesis de proteínas. Es de vital importancia, ya que los arrecifes, generalmente, se encuentran rodeados por aguas oceánicas pobres en nutrientes.
Por su parte el nitrógeno fijado y la materia orgánica formada por las algas, pasan a integrar el sistema alimenticio del arrecife, pues aquellas son devoradas por los peces herbívoros. Tras digerir las algas, los peces liberan nitrógeno orgánico con sus deshechos metabólicos, el cual es capturado de inmediato por otras algas, reciclado por ellas y convertido en nueva biomasa. Entonces estas algas serán una vez más consumidas. De esta manera se perpetúa el flujo de nutrientes, que no se pierden del todo, porque pueden ser almacenados en vivo. Otra característica importante en las algas es que pueden llegar a fragmentarse por la acción del oleaje o las corrientes. En su fragmentación y dispersión llegan a ser significativos donadores de materia orgánica, especialmente cuando los fragmentos o partículas de detrítus son colonizados por bacterias heterótrofas, constituyendo así una rica fuente de proteína, especialmente para las esponjas. Incluso los mismos corales pueden alimentarse de este detrítus orgánico. Retenido con una película mucosa que recubre al pólipo es empujando hasta la boca por las cilias. Las algas son vitales para el reciciaje de nutrientes en el arrecife, e incluso este proceso se lleva a cabo a nivel microscópico dentro de los corales, en donde las algas asociadas o simbióticas, toman los deshechos metabólicos del coral para reciclarlos en moléculas orgánicas fundamentales para el pólipo coralino. Puede decirse, entonces, que las algas constituyen la gran reserva de nutrientes del arrecife ellas los almacenan en épocas favorables, como es el caso de aquellos períodos de afloramiento, cuando los nutrientes suben con las corrientes ascendentes de los fondos marinos, para allí ser posteriormente retenidos e incorporados por las algas, incrementándose de esta manera su propia biomasa. Las algas cuando son consumidas por los peces, o bien descompuestas por bacterias, dejan libres los nutrientes gradualmente, que circularan por el arrecife, creando una nueva posibilidad para que sea utilizada por una infinidad de organismos, incluyendo los mismos corales. En este proceso surge la importancia de la presencia de los herbívoros, peces y erizos de mar, especialmente ya que ellos son fundamentales para mantener en contínuo movimiento éste reciclaje de nutrientes. Precisamente la actividad de estos herbívoros, hace figurarnos que en el arrecife hay una ausencia total de algas. Ya sabemos que no es así. Ellas están presentes, pero sucede que son continuamete podadas. Los densos tapetes de algas con filamentos carnosos actúan también como estabilizadores significativos de sedimentos. Contribuyen, a su manera, a mantener limpias las aguas del arrecife. Sin embargo, no todas las algas son consumidas por herbívoros. Algunas son capaces de sintetizar defensas químicas, especialmente diterpenos tóxicos, con lo que evitan el excesivo pastoreo, como sucede con el alga calcárea Halimeda, que fabrica una sustancia venenosa, de estructura química desconocida hasta ahora, llamada Halimedatrial, que resulta letal para peces herbívoros del arrecife. Es, además, un potente bactericida. Todo indica que por sus propiedades, estas algas sean un poblador tan numeroso en el arrecife. Si retenemos los aspectos anteriormente considerados, y especialmente la relación simbiótica de las microalgas con los corales y otros organismos, veremos como el arrecife existe en su conjunto gracias a los procesos fotosintéticos de los productores primarios.
El arrecife con su delicada subdivisión del espacio y su gran variedad de recursos alimenticios, cultiva una alta diversidad de organismos. Tiene una productividad promedio de 10 toneladas de biomasa por km² año. Esto determina que, en gran medida, sea un ecosistema esencial para el hombre. Al respecto se ha calculado para un pescador unos 5.000 kg de peces por año. Todo lleva a suponer que en el arrecife el factor limitante es el espacio y no tanto la oferta de nutrientes. Es un hecho que puede explicar la razón por la cual los peces ocupan el arrecife prácticamente en dos turnos. Mientras los peces nocturnos permanecen en sus refugios durante el día, en la noche salen a buscar su alimento. De esta forma se utiliza al máximo, tanto el espacio de alimentación como los refugios disponibles.
Es de tal naturaleza la implacable competencia que por el espacio establecen los diferentes organismos, especialmente los sésiles, que ella ha seleccionado una serie de complejas interacciones. Por ejemplo, los corales se caracterizan por desarrollar tentáculos especiales, llamados barredores, armados con potentes nidiocitos, con los que eliminan a los competidores vecinos. Los filamentos mesentéricos que sacan por la boca, con los que digieren los tejidos de sus competidores, incluyendo entre ellos a otros corales, son otros tantos mecanismos vitales para aquellos, pues al poseer algas asociadas, necesitan encontrar y preservar un espacio iluminado. Juega un papel de primer orden el lugar elegido, ya que en cuanto esté expuesto a corrientes, asegura mayores posibilidades para que puedan filtrar alimento.
Bajo las implacables leyes de la competencia se presenta un hecho crucial allí están presentes otros organismos que requieren estos espacios. Con razón los corales han desarrollado semejantes estrategias de defensa, mucho más inexorables en los corales masivos de crecimiento lento. En cuanto más ardua la lucha, los mecanismos de competencia llegan a ser más elaborados. Uno de estos se encuentra asociado a los octocorales, corales blandos, anémonas y algunas esponjas. Su estrategia particular es la antibiosis, o sea la síntesis y producción de sustancias tóxicas o repulsivas. Son toxinas que les sirve eficazmente en la posesión de un espacio vital, ya que con la liberación de tales productos pueden retardar el desarrollo o incluso lograr la extinción de especies vecinas peligrosamente competidoras. Es la interacción que se conoce con el nombre de alelopatia. Sin embargo, como toda acción tiene su reacción, es así como algunos organismos han desarrollado defensas que consolidan con la secreción de una cobertura protectora de moco, que los hace inmunes a los fuertes y permanentes ataques. Aquí hay que anotar que la mayor parte de los organismos marinos que sintetizan productos tóxicos, lo hacen básicamente para defenderse del ataque de posibles predadores o para proteger su descendencia. Por esto muchos productos gonadales, óvulos especialmente, son impregnados con toxinas para que con su protección se reduzca considerablemente la depredación. Aún así, algunos organismos han aprendido, después de un largo proceso selectivo, a neutralizar esas toxinas, lo que les permite obtener una nueva fuente de recursos alimenticios, libre de molestos competidores. A esta nueva relación que se forma se le llama coevolución.
Encontramos una derivación significativa de estos procesos químicos cuando, tras semejantes combates, surge una diversidad de productos resultantes como inagotable fuente de sustancias con un incalculable valor que es utilizada por el hombre. Esta utilización está especialmente relacionada con la síntesis de drogas que ofrecen numerosas posibilidades de aplicación en investigaciones científicas y médicas, especialmente aquellas relacionadas con el tratamiento del cáncer, la síntesis de productos antivirales, la producción de nuevos antibióticos y una sorprendente variedad de nuevos compuestos. Es, en realidad, un campo inexplorado que se abre paso promisoriamente, señalando su potencial como una veta de grandes posibilidades futuras. Una buena cantidad de los productos naturales que se han obtenido de la investigación en las selvas y que poseen una diversidad y un tipo de estrategias de competencia semejantes a las del arrecife, es un buen indicativo del futuro de estas nuevas exploraciones marinas. Ejemplo inmediato son las biotoxinas de plantas, utilizadas por el hombre como arma o como veneno para la caza, por ejemplo el curare, del que se extraen productos activos de gran valor farmacéutico. Y son en la naturaleza sustancias utilizadas por las propias plantas en su afán de protección ante la presencia de insectos dañinos o bien, de los herbívoros.
Si en el arrecife la estrategia es semejante, podemos concluir que el uso potencial de las biotoxinas con fines farmacéuticos e investigativos abre un campo muy extenso. Se comprende, entonces, hasta donde llegan a ser imperativos todos los esfuerzos desplegados en busca de la conservación de semejantes riquezas naturales. El futuro de su verdadera utilización racional apenas está comenzando.
Si de estas eternas batallas de las diferentes especies el hombre ha sabido aprovechar sus productos, hay que enfatizar aquí que en el arrecife no todo es guerra. También se realizan curiosas alianzas, como las que se llevan a cabo entre aquellos organismos limpiadores, especializados en retirar parásitos de peces.
Aparte de tan curiosas y elaboradas interacciones, tenemos que destacar la vital importancia que tiene el arrecife para el hombre. Por una parte ofrece una importante fuente de alimentación. Posee un enorme potencial en la acuicultura, ya que en sus aguas protegidas se da la cría de peces y langostas en jaulas, lo mismo que caracoles en corrales. En forma racionalmente controlada pueden extraerse corales negros, apreciados para uso en joyería. También es fructífera la cría de ostras perleras, para solo citar aspectos someros y utilitarios inmediatamente, ya que en realidad el potencial del arrecife es gigantesco. A su riqueza biológica es necesario agregar su valor estético que es ya una importante fuente de atracción, para quienes sensibles al encanto de la naturaleza lo visitan, o para aquellos otros, más osados, que provistos de sus equipos de buceo se sumergen bajo su superficie, en donde les aguardan no pocas y hermosas sorpresas.
Razón tras razón, prodigio tras prodigio, se impone como un imperativo proteger este importante y complejo ecosistema que depende de factores biológicos equilibrantes como la simbiosis, el mantenimiento de sustratos libres de algas por parte de peces, interacciones competitivas, predación, limpiadores, bioerosión, etc. La alteración de cualquiera de estos factores, por ejemplo la sobrepesca de organismos herbívoros, tiene un efecto devastador sobre la supervivencia de los corales ya que las algas crecerán sin control y atacarán a los corales. La complejidad de estas interacciones, en donde la alteración de un factor llega a provocar una reacción en cadena, nos muestra la necesidad inaplazable de la investigación científica. Solo a través de su actividad llegaremos a comprender cabalmente la importancia de la conservación del arrecife, tantas veces maltratado y expoliado, pero que afortunadamente aún conserva su gran potencial de riqueza. El arrecife tiene un gran valor solo si está vivo. Es necesario, entonces, evitar el peligro que significan las acciones irracionales y el reprochable saqueo. Uno de los aspectos más importantes del control en el arrecife coralino está relacionado con la sedimentación. Los sedimentos suspendidos en el agua reducen la actividad fotosintética de los organismos arrecifales, especialmente de los corales. Si el agua se enturbia, se reduce la capacidad de algunos procesos vitales, como por ejemplo la tasa de calcificación. Cuando los sedimentos se precipitan sobre el arrecife, cubren los organismos sésiles taponando los conductos de las esponjas y cubriendo los pólipos coralinos impidiendo de esta forma que la luz solar los penetre. También resultan catastróficos porque hacen que se pierda la superficie de fijación estable para las larvas y plánulas y perecen los densos tapetes de algas, incluyendo las fijadoras de nitrógeno. Aquí está la razón por la cual los arrecifes muy pocas veces se encuentran próximos a la desembocadura o zona de influencia de los ríos cargados de sedimentos. En estos casos, los manglares realizan una acción fundamental; actúan como grandes trampas que retienen el sedimento, como sucede en el río Sinú. Surgirá siempre el peligro, si estos filtros se alteran o si se abren canales, como es el caso del canal del Dique, cuyas aguas arrastran sedimentos hacia las Islas del Rosario desde el interior del país, en donde se produce una acelerada erosión por la acentuada deforestación y prácticas agrícolas inadecuadas, llegando finalmente a las zonas arrecifales y llevándolas a su gradual destrucción.
La polución crónica es otro fenómeno cotidiano en los arrecifes continentales, resulta especialmente peligrosa con la presencia de herbicidas, insecticidas y abonos inorgánicos, arrastrados por las lluvias y desagües desde los campos de cultivo hasta el mar. Todo indica que los residuos de herbicidas afectan el plancton y las algas simbióticas de los corales, mientras que los abonos favorecen el desarrollo de las algas filamentosas, que empiezan a desarrollarse sin el control de peces herbívoros, invadiendo los corales. Además, si se incrementa la productividad fitoplanctónica en las aguas arrecifales, éstas impiden la penetración de luz suficiente, afectando los corales. Tal efecto también se presenta por causa de los desagües de materia orgánica y aguas negras de las ciudades, como sucede actualmente en Cartagena. Aún hay otras poluciones crónicas como son las de los hidrocarburos y sus derivados, que estimulan la expulsión de las algas asociadas al coral llegando a alterar severamente sus mecanismos de reproducción. Efecto inmediato de esto es la disminución de la tasa de calcificación, ya que a partir de entonces el coral debe canalizar parte de sus recursos energéticos para defenderse, por ejemplo, secretando un moco protector, con el cual pueda aislar el material irritante. Otros efectos son aquellos causados por los contaminantes térmicos, como son los derivados de volcar sobre este medio delicado el agua de refrigeración de plantas eléctricas, cuyos efecto son ya alarmantes en las islas de San Andrés y Providencia. La elevación de la temperatura, por encima de los niveles normales tolerables, estimula la pérdida de las algas asociadas al coral, que a partir de entonces va a adquirir una coloración blanquecina. Así queda sin protección y pronto muere. Pero si estos procedimientos son tan censurables, no hay duda que una de las prácticas más destructivas y comunes en las zonas arrecifales del Caribe y especialmente en Colombia, es la pesca con dinamita que altera sensiblemente al coral, afectando a todos los organismos acompañantes y arrasa en un segundo todo este elaborado mundo. Aún hay otras actividades de pesca, como la de arrastre, que han agotado zonas cercanas a los arrecifes, especialmente en las islas coralinas de San Bernardo, en el Golfo de Morrosquillo y en las islas del Rosario.
Es cierto que los recursos pueden y deben ser explotados por el hombre, pero si no llegamos a desarrollar técnicas inteligentes y apropiadas lo que vamos perdiendo es ya irrecuperable. Una técnica propicia para la conservación racional está en la acuicultura que permite una explotación sostenida y altamente controlada en el medio arrecifal. Para lograr esto debemos mantener ante todo las condiciones óptimas del arrecife. Contradictoriamente, tantas veces los mismos apasionados por el arrecife, que lo conocen y lo aprecian, llegan a causarle daños de consideración, pues al posarse involuntariamente sobre los corales suelen romperlos. Este daño es irreparable si se piensa que el coral emplea unos 1 .000 años, en formar estructuras de 1 a 5 m de espesor. Recolectar organismos como recuerdos, volver rocas coralinas para conocer su lado oculto y no volverlas a su posición original, con exigente cuidado , son actividades que deben evitarse a toda costa, a menos que correspondan a programas serios de investigación científica. Estas actividades, en su inocente apariencia, causan de todas maneras, alteraciones a largo plazo. Por esto una política en la regulación del número de visitantes, así como la determinación de realizar rutas ecológicas, con lugares apropiados de observación, es una estrategia no solo deseable sino desde ya necesaria en estos lugares. Las embarcaciones también ofrecen peligros pueden alterar el arrecife, pues si dejan caer sus anclas en espacios coralinos, inevitablemente arrasarán con grandes franjas de ellos. Se ha indicado la necesidad de localizar en determinados lugares boyas con amarras.
Ese arrecife es un gigante vulnerable que responde a la menor perturbación. Si es importante la conservación del arrecife en sí mismo, también se hace indispensable la conservación de los ecosistemas que interactúan con él, como las praderas submarinas y los manglares, pues son comunidades que actúan como verdaderos retenedores de sedimentos. Las nuevas generaciones podrán hacer algo constructivo por estos ecosistemas tan valiosos, si toman conciencia de la importancia del problema, se arman de las herramientas mínimas para afrontarlo y, especialmente, si se proponen utilizar todos los recursos orientados a evitar el segundo diluvio universal la contaminación.