- Botero esculturas (1998)
- Salmona (1998)
- El sabor de Colombia (1994)
- Wayuú. Cultura del desierto colombiano (1998)
- Semana Santa en Popayán (1999)
- Cartagena de siempre (1992)
- Palacio de las Garzas (1999)
- Juan Montoya (1998)
- Aves de Colombia. Grabados iluminados del Siglo XVIII (1993)
- Alta Colombia. El esplendor de la montaña (1996)
- Artefactos. Objetos artesanales de Colombia (1992)
- Carros. El automovil en Colombia (1995)
- Espacios Comerciales. Colombia (1994)
- Cerros de Bogotá (2000)
- El Terremoto de San Salvador. Narración de un superviviente (2001)
- Manolo Valdés. La intemporalidad del arte (1999)
- Casa de Hacienda. Arquitectura en el campo colombiano (1997)
- Fiestas. Celebraciones y Ritos de Colombia (1995)
- Costa Rica. Pura Vida (2001)
- Luis Restrepo. Arquitectura (2001)
- Ana Mercedes Hoyos. Palenque (2001)
- La Moneda en Colombia (2001)
- Jardines de Colombia (1996)
- Una jornada en Macondo (1995)
- Retratos (1993)
- Atavíos. Raíces de la moda colombiana (1996)
- La ruta de Humboldt. Colombia - Venezuela (1994)
- Trópico. Visiones de la naturaleza colombiana (1997)
- Herederos de los Incas (1996)
- Casa Moderna. Medio siglo de arquitectura doméstica colombiana (1996)
- Bogotá desde el aire (1994)
- La vida en Colombia (1994)
- Casa Republicana. La bella época en Colombia (1995)
- Selva húmeda de Colombia (1990)
- Richter (1997)
- Por nuestros niños. Programas para su Proteccion y Desarrollo en Colombia (1990)
- Mariposas de Colombia (1991)
- Colombia tierra de flores (1990)
- Los países andinos desde el satélite (1995)
- Deliciosas frutas tropicales (1990)
- Arrecifes del Caribe (1988)
- Casa campesina. Arquitectura vernácula de Colombia (1993)
- Páramos (1988)
- Manglares (1989)
- Señor Ladrillo (1988)
- La última muerte de Wozzeck (2000)
- Historia del Café de Guatemala (2001)
- Casa Guatemalteca (1999)
- Silvia Tcherassi (2002)
- Ana Mercedes Hoyos. Retrospectiva (2002)
- Francisco Mejía Guinand (2002)
- Aves del Llano (1992)
- El año que viene vuelvo (1989)
- Museos de Bogotá (1989)
- El arte de la cocina japonesa (1996)
- Botero Dibujos (1999)
- Colombia Campesina (1989)
- Conflicto amazónico. 1932-1934 (1994)
- Débora Arango. Museo de Arte Moderno de Medellín (1986)
- La Sabana de Bogotá (1988)
- Casas de Embajada en Washington D.C. (2004)
- XVI Bienal colombiana de Arquitectura 1998 (1998)
- Visiones del Siglo XX colombiano. A través de sus protagonistas ya muertos (2003)
- Río Bogotá (1985)
- Jacanamijoy (2003)
- Álvaro Barrera. Arquitectura y Restauración (2003)
- Campos de Golf en Colombia (2003)
- Cartagena de Indias. Visión panorámica desde el aire (2003)
- Guadua. Arquitectura y Diseño (2003)
- Enrique Grau. Homenaje (2003)
- Mauricio Gómez. Con la mano izquierda (2003)
- Ignacio Gómez Jaramillo (2003)
- Tesoros del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. 350 años (2003)
- Manos en el arte colombiano (2003)
- Historia de la Fotografía en Colombia. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1983)
- Arenas Betancourt. Un realista más allá del tiempo (1986)
- Los Figueroa. Aproximación a su época y a su pintura (1986)
- Andrés de Santa María (1985)
- Ricardo Gómez Campuzano (1987)
- El encanto de Bogotá (1987)
- Manizales de ayer. Album de fotografías (1987)
- Ramírez Villamizar. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1984)
- La transformación de Bogotá (1982)
- Las fronteras azules de Colombia (1985)
- Botero en el Museo Nacional de Colombia. Nueva donación 2004 (2004)
- Gonzalo Ariza. Pinturas (1978)
- Grau. El pequeño viaje del Barón Von Humboldt (1977)
- Bogotá Viva (2004)
- Albergues del Libertador en Colombia. Banco de la República (1980)
- El Rey triste (1980)
- Gregorio Vásquez (1985)
- Ciclovías. Bogotá para el ciudadano (1983)
- Negret escultor. Homenaje (2004)
- Mefisto. Alberto Iriarte (2004)
- Suramericana. 60 Años de compromiso con la cultura (2004)
- Rostros de Colombia (1985)
- Flora de Los Andes. Cien especies del Altiplano Cundi-Boyacense (1984)
- Casa de Nariño (1985)
- Periodismo gráfico. Círculo de Periodistas de Bogotá (1984)
- Cien años de arte colombiano. 1886 - 1986 (1985)
- Pedro Nel Gómez (1981)
- Colombia amazónica (1988)
- Palacio de San Carlos (1986)
- Veinte años del Sena en Colombia. 1957-1977 (1978)
- Bogotá. Estructura y principales servicios públicos (1978)
- Colombia Parques Naturales (2006)
- Érase una vez Colombia (2005)
- Colombia 360°. Ciudades y pueblos (2006)
- Bogotá 360°. La ciudad interior (2006)
- Guatemala inédita (2006)
- Casa de Recreo en Colombia (2005)
- Manzur. Homenaje (2005)
- Gerardo Aragón (2009)
- Santiago Cárdenas (2006)
- Omar Rayo. Homenaje (2006)
- Beatriz González (2005)
- Casa de Campo en Colombia (2007)
- Luis Restrepo. construcciones (2007)
- Juan Cárdenas (2007)
- Luis Caballero. Homenaje (2007)
- Fútbol en Colombia (2007)
- Cafés de Colombia (2008)
- Colombia es Color (2008)
- Armando Villegas. Homenaje (2008)
- Manuel Hernández (2008)
- Alicia Viteri. Memoria digital (2009)
- Clemencia Echeverri. Sin respuesta (2009)
- Museo de Arte Moderno de Cartagena de Indias (2009)
- Agua. Riqueza de Colombia (2009)
- Volando Colombia. Paisajes (2009)
- Colombia en flor (2009)
- Medellín 360º. Cordial, Pujante y Bella (2009)
- Arte Internacional. Colección del Banco de la República (2009)
- Hugo Zapata (2009)
- Apalaanchi. Pescadores Wayuu (2009)
- Bogotá vuelo al pasado (2010)
- Grabados Antiguos de la Pontificia Universidad Javeriana. Colección Eduardo Ospina S. J. (2010)
- Orquídeas. Especies de Colombia (2010)
- Apartamentos. Bogotá (2010)
- Luis Caballero. Erótico (2010)
- Luis Fernando Peláez (2010)
- Aves en Colombia (2011)
- Pedro Ruiz (2011)
- El mundo del arte en San Agustín (2011)
- Cundinamarca. Corazón de Colombia (2011)
- El hundimiento de los Partidos Políticos Tradicionales venezolanos: El caso Copei (2014)
- Artistas por la paz (1986)
- Reglamento de uniformes, insignias, condecoraciones y distintivos para el personal de la Policía Nacional (2009)
- Historia de Bogotá. Tomo I - Conquista y Colonia (2007)
- Historia de Bogotá. Tomo II - Siglo XIX (2007)
- Academia Colombiana de Jurisprudencia. 125 Años (2019)
- Duque, su presidencia (2022)
Pandemia de Covid-19

El presidente Duque visita el Laboratorio de Biología del Instituto Nacional de Salud. Bogotá, 1 de mayo de 2020.
Entrevista para la CNN sobre covid-19. Casa de Nariño, Bogotá, 7 de Abril de 2020.
Programa de tv Prevención y Acción sobre covid-19. Casa de Nariño, Bogotá, 19 de mayo de 2020.
Programa Prevención y Acción con el ministro de Salud, Fernando Ruiz. Casa de Nariño, Bogotá, 4 de mayo de 2020.
Programa Prevención y Acción vía //Facebook Live//. Casa de Nariño, Bogotá, 25 de abril de 2020.
Transmisión del Programa Prevención y Acción en Bahía Solano, Chocó, 15 de enero de 2021.
Llegada de las primeras vacunas. Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá, 15 de febrero de 2021.
Llegada de vacunas AstraZeneca. Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá, 11 de julio de 2021.
Llegada de vacunas Sinovac. Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá, 18 de julio de 2021.
Llegada de vacunas. Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá, 19 de agosto de 2021.
Llegada de vacunas Moderna. Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá, 14 de agosto de 2021.
Llegada de vacunas Pfizer. Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá, 25 de agosto de 2021.
Entrega de ventiladores. Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá, 13 de junio de 2020.
Panel sobre covid-19, Programa Prevención y Acción. Casa de Nariño, Bogotá, 22 de marzo de 2020.
Recepción 217 ventiladores adquiridos por el gobierno nacional. Terminal de carga, Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá, 4 de julio de 2020.
Honras fúnebres del ministro de Defensa Nacional, Carlos Holmes Trujillo. Escuela Militar de Cadetes, Bogotá, 27 de enero de 2021.
El ministro de Salud aplica al presidente el refuerzo de la vacuna contra el covid-19. Hospital Universitario del Caribe, Cartagena, 4 de julio de 2021.
Inauguración del Hospital San Vicente de Paul y jornada de vacunación. Gramalote, Norte de Santander, 15 de abril de 2021.
Primera vacuna. Hospital Universitario de Sincelejo, Sucre, 17 de febrero de 2021.
Vacunación de la persona número dos millones. Hospital Universitario del Caribe, Cartagena, Bolívar, 30 de marzo de 2021.
El presidente y su ministro de Salud en la Inauguración uci E.S.E. Hospital Regional de García Rovira. Málaga, Santander, 30 de octubre de 2020.
Visita al laboratorio de Biología del Instituto Nacional de Salud. Bogotá, 1 de mayo de 2020.
El 31 de diciembre de 2019, pocas horas antes del Año Nuevo, la Comisión Municipal de Salud de Wuhan, China, notificó a las autoridades nacionales de un conglomerado de casos de neumonía que, probablemente, se debía a un coronavirus hasta el momento desconocido. Sus síntomas se parecían a los del resfriado común, pero su comportamiento era muy diferente al de otros virus parecidos. En algunos casos, bastante escasos, evolucionaba hasta producir complicaciones que requerían cuidados intensivos que, muchas veces, tampoco eran suficientes para salvar la vida de los pacientes. Una de las primeras características de la enfermedad que fueron descritas tenía que ver con su mayor virulencia en personas de edad avanzada o con comorbilidades como la diabetes o la hipertensión. Sin embargo, lo que la hacía más peligrosa era su gran capacidad de contagio, que era mucho mayor que la del virus de la influenza, causante del resfriado común.
El elevado ritmo de propagación de este nuevo virus, rápidamente, se convirtió en un problema de salud pública para las autoridades chinas, ya que amenazaba con desbordar los hospitales de Wuhan. Por esta razón, al cabo de semanas de la notificación del brote, las autoridades sanitarias del gigante asiático, conscientes de que su infraestructura hospitalaria era insuficiente para atender la demanda de camas de cuidados intensivos, decretaron la cuarentena más amplia y estricta de su historia, lo que conllevó el cierre total de la provincia de Wuhan, donde habitaban más de 50 millones de personas.
En medio del confinamiento, varios periodistas regionales, o incluso ciudadanos preocupados por la opacidad con la que los medios estatales cubrían la coyuntura, comenzaron a reportar en redes sociales lo que estaba sucediendo en la ciudad. Fang Bin, un empresario de 37 años, comenzó a subir videos a YouTube? para “informar sobre la situación real”, como aseguró en uno de ellos. Por su parte, ya en febrero, Zhang Zhan, otra reportera ciudadana, comenzó a emitir en vivo desde Wuhan y publicar escritos en los que detallaba el día a día de la ciudad encuarentenada. Sin embargo, las autoridades chinas consideraron esto como una situación que amenazaba su credibilidad internacional, por lo que comenzaron a perseguir a quienes estuvieran informando al mundo de lo que sucedía. Así, la justicia de ese país, meses después de que comenzara a transmitir sus videos, condenó a cuatro años de cárcel a Zhang, supuestamente por “buscar altercados y provocar problemas”, un cargo que se le suele imputar a activistas opositores a Pekín. En contraste, Fang fue reportado como desaparecido por sus seguidores de redes sociales, quienes saltaron las alarmas al constatar que el empresario llevaba varios días sin publicar nada. Hasta el momento, no se sabe de su paradero.
Las autoridades sanitarias internacionales, preocupadas por la opacidad con la que China manejaba la información acerca del brote de Wuhan, comenzaron a prestarle atención a la inusual rata de contagio del nuevo virus, cuya secuencia genética fue compartida con el mundo el 12 de enero. Por esta razón, la Organización Mundial de la Salud (OMS) le solicitó a China permiso para realizar una visita de campo a Wuhan, en busca de respuestas con respecto a la nueva amenaza epidemiológica. Sin embargo, el gobierno del país asiático fue reticente a permitir la entrada de expertos internacionales, y solo hasta el 20 de enero permitió que médicos chinos adscritos a la oficina de la OMS en el país realizaran una visita relámpago. Apenas el 16 de febrero, una comisión internacional conformada por expertos de los institutos de salud de China, Estados Unidos, Canadá, Alemania, Japón, Nigeria, Corea y Singapur lograría realizar una visita de campo larga a Pekín, Wuhan y otras dos ciudades. El 13 de enero, Tailandia confirmó el primer caso de covid-19 fuera de China.
La propagación transnacional del Sars-Cov-2, virus causante de la enfermedad covid-19, marcó el inicio de la primera pandemia del siglo XXI, un episodio inédito en la historia que puso a prueba las capacidades científicas, las habilidades políticas y la estabilidad económica y social de todas las naciones de la Tierra. Sin embargo, la pandemia, sobre todo, se convertiría en uno de los mayores desafíos para la templanza, la fortaleza y la solidaridad de toda la humanidad, que padecería, encerrada casi en su totalidad, el embate de una enfermedad desconocida y mortal.
En pocos días, el covid-19 comenzó a propagarse por todo el mundo. En cuestión de semanas, invadió la mayoría de los países asiáticos, para después cebarse con Oceanía, África, Europa y Estados Unidos en cuestión de un mes. El 30 de enero de 2020, la OMS declaró el brote como Emergencia sanitaria de preocupación internacional (ESPII), cuando en 18 países se contaban 98 casos y ninguna víctima mortal y en China se reportaban más de 13 000 contagios y cientos de muertes. El 28 de febrero, en Brasil, se conoció el primer caso de covid-19 en Latinoamérica, mientras que el 7 de marzo, en Argentina, se confirmó la primera muerte de nuestro hemisferio. Un día después, se confirmó el primer caso positivo en Colombia. El 11 de marzo, con los contagios y las muertes disparadas en Europa, la OMS, preocupada por el aumento de las muertes y la propagación del virus por todo el mundo, anunció que el covid-19 podía considerarse como una pandemia. Dos días después, esta misma organización declaró a Europa como su epicentro.
A partir de esa semana, se desató el horror en el viejo continente. Los noticieros de todo el mundo abrieron sus emisiones con imágenes que parecían revivir los peores momentos de la pandemia de Gripe Española, acaecida poco más de un siglo antes. En Bérgamo, norte de Italia, se registraron escenas dantescas: debido a la falta de espacio en las morgues, los cementerios y los crematorios de la ciudad, el Ejército Italiano tuvo que enviar decenas de camiones militares a recoger centenares de féretros y llevarlos a las ciudades cercanas, donde todavía restaba espacio para enterrar personas. En Madrid, España, la Unidad Militar de Emergencias (UME) del Ejército Español tuvo que intervenir en las residencias de ancianos, donde, debido a un brote descontrolado, miles de ellos llevaban días conviviendo con los cadáveres de sus vecinos, que no habían podido ser retirados al momento de su muerte debido a la saturación de los servicios sanitarios. En la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, a causa de la escasez de espacio para sepultar a los muertos, se habilitó, en la pequeña Hart Island, otrora lugar de descanso de los muertos no identificados de la ciudad, una fosa común cuyas imágenes aéreas, registradas por la Associated Press, le dieron la vuelta al mundo.
En este punto, la humanidad, viendo cómo los países más ricos y poderosos del mundo descendían en el caos, entró en pánico. Los titulares de la prensa del momento daban cuenta de la conmoción en la que el mundo se encontraba. A finales de abril, el New York Times hizo un reportaje sobre la fosa común de Hart Island, que tituló, elocuentemente, “cómo el covid-19 nos ha obligado a pensar en lo inimaginable”. Por su parte, la BBC, a comienzos de mayo, refiriéndose al horror que había ocurrido en las residencias de ancianos de la Comunidad Autónoma de Madrid, publicó un artículo sobre las víctimas, titulado ‘Murieron en silencio y solos’: la indignación de los familiares de los fallecidos en residencias para ancianos”. Por su lado, el diario español El Confidencial, a la sazón de la tragedia de Bérgamo, publicó un reportaje acerca de un brote de coronavirus de un enfrentamiento, por la UEFA Europa League, entre el Atalanta de Bérgamo y el Villarreal de Castellón, titulado ‘El partido de fútbol que inició el desastre del coronavirus en Italia’, narrativa que, junto con muchos otros artículos que iban de lo mismo, aumentó la sensación de desprotección, pero también de extrañamiento, de quienes presenciaban lo que sucedía en Europa.
En Colombia, el gobierno había ganado una experiencia muy valiosa en el manejo de epidemias durante el brote de sarampión en la frontera con Venezuela en 2019, que le valió un reconocimiento de la OMS al entonces ministro de Salud, Juan Pablo Uribe. Sin embargo, alertado por los expertos del Ministerio de Salud, el Instituto Nacional de Salud (INS) y la OMS y consciente de la envergadura descomunal de una pandemia en ciernes, Duque decidió tomar precauciones mucho antes que varios gobiernos del globo. A comienzos del año, el presidente lideró varias reuniones del más alto nivel político y científico, con el propósito de construir preventivamente una estrategia coordinada para enfrentar la llegada del virus al país. En ese momento, su preocupación más grande era la precariedad del sistema de salud colombiano, que, al igual que en España, Italia o Estados Unidos, no contaba con las capacidades para hacer frente a la pandemia. En la primera reunión, donde participó la mayoría de los altos directivos de las entidades que conformaban el sistema de salud nacional, se señaló con preocupación la ausencia de un censo real que diera buena cuenta de las capacidades hospitalarias del país. Una vez comenzado el censo, los datos plantearon un panorama alarmante: Colombia contaba con apenas 5400 Unidades de Cuidados Intensivos (UCI); el INS solo tenía la capacidad de practicar mil pruebas al día; el país no contaba con la tecnología para producir las pruebas necesarias para detectar el virus, y sus profesionales de la salud no tenían los conocimientos necesarios para afrontar el desafío de una pandemia. Los primeros cálculos sobre el impacto del coronavirus en Colombia parecían vaticinar una tragedia: según los expertos, se enfermaría el 80 % de la población, principalmente las personas mayores de 60 años. De ellas, el 20 % necesitaría atención médica y el 15 % tendrá que ser atendido en unidades de cuidados intensivos. De las personas con cuadros graves atendidas en UCI, fallecería el 60 %. En números, esto quería decir que, en los primero cuatro meses de la pandemia, más de un millón de colombianos necesitarían una UCI y, al cabo de seis meses, en el país se contarían más de 720 000 muertes.
A lo anterior se sumaron otros problemas. Dado que todos los países del mundo hacían sus propios cálculos y constataban que su capacidad de respuesta era insuficiente, desplegaron una infinidad de estrategias para contener el virus y robustecer sus sistemas de salud. Por esta razón, el acaparamiento de insumos y equipos convirtió a los ventiladores, los guantes y los tapabocas prácticamente en commodities, cuyo precio podía duplicarse o triplicarse en cuestión de días. Del mismo modo, en una especie de lucha comercial sin cuartel, varios gobiernos obligaron a aterrizar a vuelos que llevaban insumos y elementos de bioseguridad para otros países, incluso sus aliados, lo que implicó la pérdida o el daño de millones de dólares en artículos que en ese momento escaseaban en todo el mundo. Mientras esa batalla mundial por los insumos se libraba, en el plano humanitario, a pesar de las críticas contra los intentos de repatriación de ciudadanos y la habilitación del Palacio de los Deportes de Bogotá como edificio de cuarentena, el gobierno colombiano se enfocó en negociaciones diplomáticas para garantizar vuelos humanitarios que repatriaran a los colombianos que, por razones de salud o familiares, necesitaban regresar a territorio nacional. Así mismo, el reto logístico de movilizar miles de toneladas en equipos e insumos obligó, tanto a Colombia como a los otros países, a coordinar despliegues logísticos dignos de las operaciones militares más sofisticadas. En efecto, el Salón Bolívar de la Casa de Nariño, que normalmente se usaba para eventos solemnes y grandes reuniones, se convirtió en una enorme sala de crisis dotada de pantallas digitales que reflejaban el estado de la pandemia en el mundo y en el país.
En ese salón, el gobierno colombiano asumió la mitigación de los estragos de la pandemia como un asunto de seguridad nacional, que implicaba llevar a cabo medidas a veces públicas, a veces secretas. Mediante estas, Duque, el recién nombrado gerente para la atención integral de la pandemia, Luis Guillermo Plata, y su gabinete fueron subsanando poco a poco las falencias estratégicas que sufría el país. Así, bajo el liderazgo del ministro de Salud, Fernando Ruíz, se robusteció el sistema de salud mediante la adquisición de ventiladores, la expansión de la red hospitalaria y el entrenamiento de los profesionales de la salud. En pocos meses, Colombia logró aumentar a más del doble su capacidad de atención en cuidados intensivos, el INS pasó de realizar mil pruebas diarias a más de 13 000, se mantuvo constante el suministro de elementos de protección para el personal de salud y se desplegó, a lo largo y ancho del país, una red de preparación del talento humano en salud. En esto fue fundamental el aporte de la ministra de Transporte, Ana María Orozco, quien estableció el Centro de Logística y Transporte para garantizar que en todos los rincones del país no faltaran insumos médicos, ni elementos de protección, ni bienes de primera necesidad, como otros medicamentos, comida o gasolina. Por su parte, el ministro de Agricultura, Rodolfo Enrique Zea, en estrecha colaboración con pequeños y grandes productores agrícolas, empresarios y campesinos, propició la creación de encadenamientos productivos entre productores, transportadores y comerciantes, medida clave para garantizar el suministro de comida de millones de personas que estaban encerradas en las ciudades.
La tecnología también fue uno de los vectores críticos para afrontar la crisis. Víctor Muñoz, el entonces consejero presidencial para la Innovación y la Transformación Digital, gestionó la creación y puesta en funcionamiento de herramientas como Coronapp, que lograron que la ciudadanía, al informar al Estado de sus síntomas, aportara datos personalizados y detallados que les permitieron a las autoridades monitorear, casi en tiempo real, el comportamiento de los brotes del virus. Esto probó ser vital para la estrategia epidemiológica del país, ya que ayudó a focalizar ayudas y personal donde eran más necesarios, al tiempo que permitió optimizar el uso de los valiosos recursos disponibles. Así mismo, el gobierno complementó el monitoreo epidemiológico al dinamizar la estrategia PRASS (Pruebas, Rastreo y Aislamiento Selectivo Sostenible), gracias a la cual, en poco menos de seis meses, se logró sextuplicar el número de pruebas diarias y, así, mejorar el rastreo de focos de contagio y fortalecer los protocolos de aislamiento. A este respecto, a diferencia de muchos países europeos y latinoamericanos, el gobierno colombiano logró proteger su gasto público de estafadores que, durante esos meses, desfalcaron a decenas de países con ventas de insumos médicos, pruebas PCR y de antígenos, y elementos de bioseguridad en mal estado o adulterados.
Todas estas medidas no se habrían podido llevar a cabo, si el presidente Duque no hubiera entendido que la ciudadanía buscaba seguridad y tranquilidad, lo que hacía necesario un líder que pudiera comunicar, con la mayor claridad posible, todos los esfuerzos que estaba haciendo el gobierno nacional. Y es que, a mediados de marzo, entre el pánico causado por las imágenes que llegaban de Europa, la declaratoria de pandemia por parte de la OMS y los primeros rumores de los cierres, la población ya se encontraba en una situación límite que, para muchos, parecía una película distópica.
El 20 de ese mes, el presidente, Iván Duque, hizo una alocución presidencial para alertar a la nación de la inevitable llegada de la pandemia a Colombia, así como para plantearles a los colombianos las acciones que el gobierno iba a emprender para proteger a la población. Acompañado por el ministro de Salud, Fernando Ruíz, los principales representantes de las asociaciones científicas nacionales y Gina Tambini, representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en Colombia, anunció la entrada en vigor, a partir del 24 de marzo de 2020 y hasta el 13 de abril de ese año, del Aislamiento Preventivo Obligatorio, que buscaba reducir el riesgo de contagio. Teniendo en cuenta las experiencias de países como Francia, España y Estados Unidos, Duque confinó al país cuando apenas se contaban dos muertes por el nuevo coronavirus y todavía se podía mantener la capacidad instalada de UCI. Esta decisión fue la más difícil que su gobierno tuvo que tomar, pues, según los cálculos del momento, cada día de cierre implicaba una disminución del 0.5 % del PIB de Colombia. Sin embargo, también según los cálculos del comité de expertos que lo asesoraba, la decisión de no llevar a cabo un cierre tan estricto habría redundado, probablemente, en la muerte de millones de colombianos. Con lo anterior en mente, durante su discurso, el presidente anunció una serie de medidas de emergencia que buscaban tanto proteger a la población del contagio como brindarle garantías que le permitieran cumplir con el aislamiento.
En primer lugar, Duque dictaminó que, durante la emergencia sanitaria, se debía asegurar la provisión de servicios públicos esenciales para la población, así como conectar o reconectar, sin costo, el servicio de agua potable del que dependían más de un millón de personas. En segundo lugar, anunció giros especiales a los beneficiarios de Familias en Acción, Jóvenes en Acción y del programa Colombia Mayor, con lo que les garantizó ingresos de emergencia a más de 10 millones de personas especialmente vulnerables. En tercer lugar, desplegó un programa de alivios bancarios a personas con hipotecas u otros tipos de crédito que no pudieran cumplir con sus obligaciones, al tiempo que protegió el derecho a la vivienda de millones de colombianos que vivían en arriendo. Así mismo, habilitó créditos bancarios favorables para que las empresas pudieran costear sus gastos de nómina, con el Estado colombiano como garante ante las instituciones financieras. En cuarto lugar, dictaminó que, a partir del 26 de abril de ese año, se realizara devolución del IVA a los sectores más pobres del país. En quinto lugar, anunció una inversión millonaria en el sistema de salud para ampliar su infraestructura y mejorar su capacidad de respuesta ante la pandemia, lo que complementó con una prohibición de exportación de materiales y artículos necesarios para la atención médica, como respiradores, tapabocas, guantes quirúrgicos y medicamentos. Por último, anunció medidas de emergencia para liberar la mayor cantidad posible de plazas de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), pero también de camas de hospital estándar, para atender enfermos de covid-19, así como el levantamiento de un censo de UCI y una convocatoria de todos los prestadores de servicios de salud para coordinar acciones.
Sin embargo, lo más significativo de su discurso no solo fue la puesta en marcha del plan para proteger a la sociedad colombiana de los estragos de la pandemia, sino también la muestra de liderazgo y templanza que dio ante una situación que, en esos momentos, tenía al mundo y al país sumidos en el pánico. Ya terminando su alocución, que duró unos sucintos 13 minutos, Iván Duque interpeló a los colombianos y preparó al país ante el embate de la pandemia:
Colombianos, este es un país al que nadie le ha regalado nada. Somos un país hecho a pulso, una cultura laboriosa. El coronavirus quiere sembrarnos pánico, pero le haremos frente con el contagio más rápido de la solidaridad. El coronavirus quiere sembrarnos el pesimismo y la angustia, pero lo enfrentaremos con el contagio de la colaboración. El coronavirus pretende cabalgar sobre la indiferencia y la falta de conciencia de algunos, pero lo enfrentaremos con el contagio masivo de nuestra disciplina colaborativa.
Contrario a la usanza en ese tipo de situaciones, dicho discurso fue escrito por el presidente de su puño y letra, ya que, como les confesó a sus asesores, estaba seguro de que los colombianos, en esos momentos tan difíciles, necesitaban que su presidente les hablara desde el corazón, con la sinceridad que solo se alcanza sin intermediarios en las palabras. Para Duque, esa era la única manera de asegurar un esfuerzo nacional coordinado ante, probablemente, el desafío más grande de la sociedad colombiana en décadas. Las hojas de ese discurso reposan en un pequeño cuadro, como símbolo del esfuerzo y el tesón de decenas de funcionarios de la Presidencia de la República que, como su presidente, trabajaron incansablemente para proteger a Colombia de los estragos de la pandemia.
A la pandemia del virus se le sumó la pandemia del miedo. Vista la situación desesperada en la que se encontraban todos los países del mundo y la sensación de incertidumbre e inseguridad de millones de colombianos, era necesario combatir el pánico con información y transparencia. Lo que había comenzado con el discurso del 20 de marzo tenía que continuar. Por esta razón, desde principios de ese mes, el presidente Duque, junto con Carlos Cortés, consejero presidencial para la Información y la Prensa, y Alejandro Salas, uno de sus asesores más cercanos y jefe de Discursos y Mensajes, habían estado diseñando una estrategia de comunicaciones encaminada, precisamente, a mitigar los miedos de los colombianos y mantener al país informado de los avances en la protección de personas y empresas. Así, pues, Duque, Salas y Cortés crearon el programa Prevención y Acción, que consistía en una franja de una hora diaria, en prime time, en la que el propio presidente Duque, siempre acompañado por sus ministros, epidemiólogos, expertos o representantes de la OMS y la OPS, anunciaba medidas tanto epidemiológicas como económicas; informaba a los colombianos de las cifras de contagios y muertes; resolvía inquietudes de la población con respecto a cómo cuidarse del virus y cómo retrasar su propagación; y, a menudo, compartía lúcidas reflexiones que mantenían el ánimo de la población. Así mismo, el presidente utilizó este programa para anunciar y explicar todas las decisiones en materia epidemiológica que su comité científico asesor, presidido por el ministro Ruíz y acompañado por Gina Tambini, tomaba. Prevención y Acción, que tuvo vigencia durante más de un año, solo fue posible gracias al trabajo arduo y muchas veces anónimo de decenas de funcionarios de la Presidencia de la República, entre quienes se destacaron la jefe de gabinete, María Paula Correa, el consejero de Comunicaciones Hassan Nassar y el entonces consejero presidencial para la Innovación y la Transformación Digital, Víctor Muñoz.
Al tiempo que se construyó una red para tomar medidas con rigor científico, Duque y su equipo se empeñaron en construir otra red de protección social y económica para las personas y las empresas que, debido a los cierres, se encontraban en dificultades. Así, pues, aparte de las medidas de emergencia emprendidas durante los primeros meses de la pandemia, el gobierno avanzó en varias otras importantes agendas.
En primer lugar, el presidente Duque, junto con su gabinete económico, liderado por el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, creó el Fondo de Mitigación de Emergencias (FOME), cuyo propósito fue centralizar los recursos que el Estado tenía que invertir para mitigar las consecuencias sociales y económicas de la pandemia y los confinamientos. Dicho fondo, en efecto, brindó ventajas importantes, como contar con una administración independiente y controlada de recursos del Presupuesto General de la Nación, lo que implicó una garantía de disponibilidad presupuestal inmediata para atender la emergencia sanitaria bajo criterios de oportunidad y celeridad. Así mismo, el hecho de que el que administrara esos recursos fuera el Tesoro Nacional implicó la ausencia de nuevos costos administrativos.
En segundo lugar, el presidente Duque, consciente de la grave situación económica de millones de familias colombianas, amplió consistentemente, conforme pasaban los meses, las vigencias de los giros extraordinarios a los programas de Familias en Acción, Jóvenes en Acción y Adulto Mayor. Esta medida probó ser tremendamente eficaz, ya que, según el PNUD, dichas ayudas impidieron que más de 4 millones de personas cayeran en la pobreza. De hecho, según cifras del DANE, en mayo de 2021, en las zonas rurales se pudo registrar un leve descenso del número de personas en pobreza extrema, lo que terminó de enfatizar lo oportunas y beneficiosas que fueron las medidas emprendidas por el gobierno.
En tercer lugar, el gobierno del presidente Duque anunció, en mayo de 2020, que subsidiaría hasta el 40 % de la nómina de las empresas cuya facturación hubiera caído mínimo 20 %, con lo que salvó a miles de empresas de la quiebra y les garantizó empleo e ingresos a millones de colombianos. Así mismo, habilitado por la declaración de Emergencia Económica a mediados de marzo de 2020, el gobierno anunció alivios para los sectores productivos más golpeados por los cierres, como los restaurantes, el turismo y algunas empresas de manifactura, los cuales gozaron de la suspensión de impuestos al consumo y del IVA, así como la exención del pago de IVA en el arrendamiento de locales comerciales. Otra de las medidas económicas que demostraron su importancia fue el establecimiento de tres días sin IVA, que significaron un aliciente para los negocios que habían visto reducidas sus ventas.
En cuarto lugar, Iván Duque fortaleció las ayudas a los sectores poblacionales más vulnerables mediante medidas como la financiación, a través de Findeter, de los servicios públicos domiciliarios de estratos 1 y 2, la tasa compensada de servicios públicos domiciliarios para estratos 3 y 4 y el subsidio directo para servicios públicos en las zonas rurales. Así mismo, se priorizaron recursos para transferencias económicas a trabajadores cesantes y apoyos a los ingresos de trabajadores con contratos suspendidos o en licencia no remunerada.
En quinto lugar, el gobierno de Iván Duque invirtió casi 7 billones de pesos en el Programa de Apoyo al Empleo Formal (PAEF), mientras que destinó alrededor de 2.4 billones al subsidio a la comisión de las garantías del Fondo Nacional de Garantías y amplió el cupo de crédito de la banca estatal, lo que significó la apertura de varias líneas de crédito para empresas y emprendedores a tasas favorables. Así mismo, el gobierno colombiano destinó alrededor de 364 000 millones de pesos al Programa de Apoyo al Pago de la Prima de Servicios (PAP), con el que subsidió el primer pago de la prima de servicios de 2020.
Con las medidas de protección social y económico en marcha y dando frutos, Duque y su gabinete también se enfocaron en garantizar la disponibilidad de vacunas apenas fueran patentadas. Con este propósito, en abril de 2020, el gobierno colombiano participó en la fundación del Fondo de Acceso Global para Vacunas covid-19 (COVAX, por sus siglas en inglés), mecanismo que hoy en día cuenta con más de 190 miembros y que se ideó con el objetivo de garantizar una repartición equitativa de vacunas entre países de ingresos bajos y medios. Desde un primer momento, el presidente consideró estratégica la entrada a esta alianza, ya que veía con preocupación que muchos países europeos, asiáticos y norteamericanos monopolizaban la investigación y posterior producción de vacunas. El pánico alrededor de dicho monopolio, aunado a la proliferación de noticias falsas, incluso empujó a una revista muy reputada a poner en su portada una cita de un experto que rezaba “en (sic) Colombia el plan de vacunación llegará hasta 2023” y a algunos comentaristas de radio a sembrar dudas infundadas en la población.
Gracias a su participación en COVAX, el gobierno logró apartar más de 20 millones de dosis, con lo que constituyó el corazón del inventario de vacunas que comenzaron a distribuirse a partir de febrero de 2021, dos años antes de lo que vaticinaba la revista. Así, pues, la estrategia de vacunación masiva comenzó priorizando la inoculación de adultos mayores, personas con comorbilidades peligrosas y trabajadores de la salud. A pesar de las críticas que se suscitaron a causa del hecho de que algunos países del hemisferio habían comenzado sus planes de vacunación dos meses antes, paulatinamente el país avanzó en este propósito, hasta alcanzar, a mediados de julio de 2021, cifras que ponían a Colombia por encima del promedio de vacunación del mundo. Para ese momento, el país ya contaba con alrededor de un cuarto de la población con una dosis y cerca del 14 % con doble esquema de vacunación. En contraste, el promedio mundial de personas con el esquema doble rondaba la mitad del promedio colombiano. El papel protagónico de Colombia en el seno de COVAX y las cifras ejemplares de vacunación que alcanzó en pocos meses se vieron reconocidas, en abril de 2021, con el nombramiento de Fernando Ruíz, nuestro ministro de Salud, como copresidente de COVAX.
A pesar de los consistentes avances en la vacunación, lo que permitió acelerar la entrada en vigor de la reactivación económica del país y comenzar a reducir ostensiblemente los contagios y las muertes, el presidente Duque tuvo que enfrentar un enorme reto epidemiológico que amenazaba con mancillar los avances de su gobierno en esta materia. El 28 de abril de 2021, comenzó un Paro Nacional que duraría tres meses y que obstaculizaría, por dos vertientes, los esfuerzos de vacunación masiva. Por un lado, los constantes bloqueos de vías, la vandalización de edificios gubernamentales y la violencia callejera, en muchas ocasiones, impidieron la distribución de vacunas, sobre todo en las regiones más apartadas del país, que no contaban con la infraestructura hospitalaria de las grandes ciudades. Así mismo, por otro lado, las aglomeraciones de personas, a pesar de que un porcentaje considerable de la población ya tenía algún grado de inmunización, inevitablemente aumentaron el ritmo de contagio. Así, pues, en junio de 2021, el país entró nuevamente en un pico de contagios y muertes que se erigiría en el más grave y virulento de toda la pandemia. El 24 de junio de ese año, por ejemplo, el Ministerio de Salud reportó la muerte, en un solo día, de 689 personas: la cifra más alta de toda la pandemia. Como consecuencia de las aglomeraciones, Colombia experimentó, por primera vez en la pandemia, un desbordamiento de las UCI, que alcanzaron niveles de ocupación de 98 % en la última semana de junio. Afortunadamente, el problema pudo ser solucionado con celeridad gracias a las medidas que el gobierno había tomado un año antes, las cuales le permitieron al país contar con más del doble de su capacidad hospitalaria en 2019.
La determinación del presidente Duque y sus asesores, así como el arduo trabajo de los profesionales de la salud y los empresarios que se habían sumado al esfuerzo nacional de vacunación, derivó en que, para mediados de septiembre de 2021, la mitad de la población colombiana estuviera inmunizada con una dosis y casi el 40 % hubiera alcanzado el esquema completo. En este punto, fue evidente que la vacunación masiva había surtido efecto, ya que, a finales de ese mes, el promedio de contagios diarios se situaba alrededor de los 1500 y el de muertes apenas arriba de las 25.
El contraste de estas cifras con la situación anterior fue impresionante, sobre todo si se tiene en cuenta que, apenas tres meses antes, el país se despertaba todos los días con cifras que rondaban los 30 000 contagios y las 600 muertes. A partir de ese momento, el gobierno del presidente Duque se enfocó en profundizar aún más los esfuerzos para garantizarle el esquema completo a la mayoría de la población, al tiempo que, en noviembre de 2021, ya comenzaban las primeras fases de vacunación con tercera dosis, las cuales priorizaron, nuevamente, a los adultos mayores, la población vulnerable y los profesionales de la salud.
Entre enero y febrero de 2022, el gobierno enfrentó un último pico de contagios, probablemente causado por las aglomeraciones de personas durante las fiestas decembrinas y las vacaciones de fin de año. Sin embargo, esta vez, gracias a que alrededor del 65 % de la población ya contaba con el esquema doble de vacunación, el promedio de muertes diarias rara vez superó la marca de las 200. Lo anterior demostró el éxito rotundo de la estrategia de vacunación masiva emprendida por el presidente Duque y su gobierno, quienes lograron posicionar a Colombia como uno de los países donde más rápido se logró la inmunidad de rebaño, a pesar de no haber acaparado vacunas, como sí lo hicieron casi todos los países del norte global. De hecho, hoy en día, Colombia supera por 16 puntos porcentuales al promedio mundial de vacunación, con el 70 % de la población con esquema completo y el 12 % con una dosis, al tiempo que su tasa de muertes por cada 100 000 habitantes es menor que la de todos los grandes países de Suramérica.
La pandemia del covid-19 ha sido, sin duda, el mayor desafío sociocultural de la humanidad en lo corrido del siglo XXI. Sus consecuencias golpearon la vida de todos los colombianos, sin importar su condición. Prueba de esto es el deceso del ministro de Defensa de Colombia, Carlos Holmes Trujillo, quien era un referente de sabiduría política y humana dentro del gabinete, tanto en su paso por el Ministerio de Defensa como por la Cancillería, acaecido el 12 de enero de 2021. Su fallecimiento simbolizó cómo todos los seres humanos, más allá de su proveniencia, su posición social, su capacidad adquisitiva o su trabajo, eran igualmente vulnerables ante el asesino microscópico. Ese día, otros 330 colombianos también perdieron la vida.
Las acciones de Duque y su gabinete no solo lograron salvar la economía de una profunda crisis económica, sino que, de hecho, sentaron las bases tanto para la reactivación económica como para la catalización del modelo de desarrollo del país, que hoy en día ve su economía acelerada. Prueba de esto es que, a más de dos años de la alocución presidencial del 20 de marzo de 2020, donde el presidente fijó los lineamientos de la emergencia económica, muchas de las medidas que anunció se han incorporado a la batería de políticas públicas nacionales. Ese es el caso de la ampliación de las transferencias de programas sociales como Familias en Acción, Jóvenes en Acción y Adulto Mayor, que hoy en día siguen garantizándoles condiciones de vida dignas a más de 10 millones de personas. Así mismo, los encadenamientos productivos, los estímulos crediticios a las empresas y los días sin IVA han mantenido a la economía dinamizada, hecho que se confirma, por ejemplo, con las cifras de producción industrial de diciembre de 2021, que superaron por más de 4.5 puntos porcentuales los niveles prepandémicos de diciembre de 2019. La enorme inversión en el fortalecimiento del sistema de salud le ha permitido a Colombia mejorar su capacidad hospitalaria y ampliar su red de laboratorios.
#AmorPorColombia
Pandemia de Covid-19

El presidente Duque visita el Laboratorio de Biología del Instituto Nacional de Salud. Bogotá, 1 de mayo de 2020.

Entrevista para la CNN sobre covid-19. Casa de Nariño, Bogotá, 7 de Abril de 2020.

Programa de tv Prevención y Acción sobre covid-19. Casa de Nariño, Bogotá, 19 de mayo de 2020.

Programa Prevención y Acción con el ministro de Salud, Fernando Ruiz. Casa de Nariño, Bogotá, 4 de mayo de 2020.

Programa Prevención y Acción vía //Facebook Live//. Casa de Nariño, Bogotá, 25 de abril de 2020.

Transmisión del Programa Prevención y Acción en Bahía Solano, Chocó, 15 de enero de 2021.

Llegada de las primeras vacunas. Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá, 15 de febrero de 2021.

Llegada de vacunas AstraZeneca. Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá, 11 de julio de 2021.

Llegada de vacunas Sinovac. Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá, 18 de julio de 2021.

Llegada de vacunas. Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá, 19 de agosto de 2021.

Llegada de vacunas Moderna. Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá, 14 de agosto de 2021.

Llegada de vacunas Pfizer. Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá, 25 de agosto de 2021.

Entrega de ventiladores. Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá, 13 de junio de 2020.

Panel sobre covid-19, Programa Prevención y Acción. Casa de Nariño, Bogotá, 22 de marzo de 2020.

Recepción 217 ventiladores adquiridos por el gobierno nacional. Terminal de carga, Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá, 4 de julio de 2020.

Honras fúnebres del ministro de Defensa Nacional, Carlos Holmes Trujillo. Escuela Militar de Cadetes, Bogotá, 27 de enero de 2021.

El ministro de Salud aplica al presidente el refuerzo de la vacuna contra el covid-19. Hospital Universitario del Caribe, Cartagena, 4 de julio de 2021.

Inauguración del Hospital San Vicente de Paul y jornada de vacunación. Gramalote, Norte de Santander, 15 de abril de 2021.

Primera vacuna. Hospital Universitario de Sincelejo, Sucre, 17 de febrero de 2021.

Vacunación de la persona número dos millones. Hospital Universitario del Caribe, Cartagena, Bolívar, 30 de marzo de 2021.

El presidente y su ministro de Salud en la Inauguración uci E.S.E. Hospital Regional de García Rovira. Málaga, Santander, 30 de octubre de 2020.

Visita al laboratorio de Biología del Instituto Nacional de Salud. Bogotá, 1 de mayo de 2020.
El 31 de diciembre de 2019, pocas horas antes del Año Nuevo, la Comisión Municipal de Salud de Wuhan, China, notificó a las autoridades nacionales de un conglomerado de casos de neumonía que, probablemente, se debía a un coronavirus hasta el momento desconocido. Sus síntomas se parecían a los del resfriado común, pero su comportamiento era muy diferente al de otros virus parecidos. En algunos casos, bastante escasos, evolucionaba hasta producir complicaciones que requerían cuidados intensivos que, muchas veces, tampoco eran suficientes para salvar la vida de los pacientes. Una de las primeras características de la enfermedad que fueron descritas tenía que ver con su mayor virulencia en personas de edad avanzada o con comorbilidades como la diabetes o la hipertensión. Sin embargo, lo que la hacía más peligrosa era su gran capacidad de contagio, que era mucho mayor que la del virus de la influenza, causante del resfriado común.
El elevado ritmo de propagación de este nuevo virus, rápidamente, se convirtió en un problema de salud pública para las autoridades chinas, ya que amenazaba con desbordar los hospitales de Wuhan. Por esta razón, al cabo de semanas de la notificación del brote, las autoridades sanitarias del gigante asiático, conscientes de que su infraestructura hospitalaria era insuficiente para atender la demanda de camas de cuidados intensivos, decretaron la cuarentena más amplia y estricta de su historia, lo que conllevó el cierre total de la provincia de Wuhan, donde habitaban más de 50 millones de personas.
En medio del confinamiento, varios periodistas regionales, o incluso ciudadanos preocupados por la opacidad con la que los medios estatales cubrían la coyuntura, comenzaron a reportar en redes sociales lo que estaba sucediendo en la ciudad. Fang Bin, un empresario de 37 años, comenzó a subir videos a YouTube? para “informar sobre la situación real”, como aseguró en uno de ellos. Por su parte, ya en febrero, Zhang Zhan, otra reportera ciudadana, comenzó a emitir en vivo desde Wuhan y publicar escritos en los que detallaba el día a día de la ciudad encuarentenada. Sin embargo, las autoridades chinas consideraron esto como una situación que amenazaba su credibilidad internacional, por lo que comenzaron a perseguir a quienes estuvieran informando al mundo de lo que sucedía. Así, la justicia de ese país, meses después de que comenzara a transmitir sus videos, condenó a cuatro años de cárcel a Zhang, supuestamente por “buscar altercados y provocar problemas”, un cargo que se le suele imputar a activistas opositores a Pekín. En contraste, Fang fue reportado como desaparecido por sus seguidores de redes sociales, quienes saltaron las alarmas al constatar que el empresario llevaba varios días sin publicar nada. Hasta el momento, no se sabe de su paradero.
Las autoridades sanitarias internacionales, preocupadas por la opacidad con la que China manejaba la información acerca del brote de Wuhan, comenzaron a prestarle atención a la inusual rata de contagio del nuevo virus, cuya secuencia genética fue compartida con el mundo el 12 de enero. Por esta razón, la Organización Mundial de la Salud (OMS) le solicitó a China permiso para realizar una visita de campo a Wuhan, en busca de respuestas con respecto a la nueva amenaza epidemiológica. Sin embargo, el gobierno del país asiático fue reticente a permitir la entrada de expertos internacionales, y solo hasta el 20 de enero permitió que médicos chinos adscritos a la oficina de la OMS en el país realizaran una visita relámpago. Apenas el 16 de febrero, una comisión internacional conformada por expertos de los institutos de salud de China, Estados Unidos, Canadá, Alemania, Japón, Nigeria, Corea y Singapur lograría realizar una visita de campo larga a Pekín, Wuhan y otras dos ciudades. El 13 de enero, Tailandia confirmó el primer caso de covid-19 fuera de China.
La propagación transnacional del Sars-Cov-2, virus causante de la enfermedad covid-19, marcó el inicio de la primera pandemia del siglo XXI, un episodio inédito en la historia que puso a prueba las capacidades científicas, las habilidades políticas y la estabilidad económica y social de todas las naciones de la Tierra. Sin embargo, la pandemia, sobre todo, se convertiría en uno de los mayores desafíos para la templanza, la fortaleza y la solidaridad de toda la humanidad, que padecería, encerrada casi en su totalidad, el embate de una enfermedad desconocida y mortal.
En pocos días, el covid-19 comenzó a propagarse por todo el mundo. En cuestión de semanas, invadió la mayoría de los países asiáticos, para después cebarse con Oceanía, África, Europa y Estados Unidos en cuestión de un mes. El 30 de enero de 2020, la OMS declaró el brote como Emergencia sanitaria de preocupación internacional (ESPII), cuando en 18 países se contaban 98 casos y ninguna víctima mortal y en China se reportaban más de 13 000 contagios y cientos de muertes. El 28 de febrero, en Brasil, se conoció el primer caso de covid-19 en Latinoamérica, mientras que el 7 de marzo, en Argentina, se confirmó la primera muerte de nuestro hemisferio. Un día después, se confirmó el primer caso positivo en Colombia. El 11 de marzo, con los contagios y las muertes disparadas en Europa, la OMS, preocupada por el aumento de las muertes y la propagación del virus por todo el mundo, anunció que el covid-19 podía considerarse como una pandemia. Dos días después, esta misma organización declaró a Europa como su epicentro.
A partir de esa semana, se desató el horror en el viejo continente. Los noticieros de todo el mundo abrieron sus emisiones con imágenes que parecían revivir los peores momentos de la pandemia de Gripe Española, acaecida poco más de un siglo antes. En Bérgamo, norte de Italia, se registraron escenas dantescas: debido a la falta de espacio en las morgues, los cementerios y los crematorios de la ciudad, el Ejército Italiano tuvo que enviar decenas de camiones militares a recoger centenares de féretros y llevarlos a las ciudades cercanas, donde todavía restaba espacio para enterrar personas. En Madrid, España, la Unidad Militar de Emergencias (UME) del Ejército Español tuvo que intervenir en las residencias de ancianos, donde, debido a un brote descontrolado, miles de ellos llevaban días conviviendo con los cadáveres de sus vecinos, que no habían podido ser retirados al momento de su muerte debido a la saturación de los servicios sanitarios. En la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, a causa de la escasez de espacio para sepultar a los muertos, se habilitó, en la pequeña Hart Island, otrora lugar de descanso de los muertos no identificados de la ciudad, una fosa común cuyas imágenes aéreas, registradas por la Associated Press, le dieron la vuelta al mundo.
En este punto, la humanidad, viendo cómo los países más ricos y poderosos del mundo descendían en el caos, entró en pánico. Los titulares de la prensa del momento daban cuenta de la conmoción en la que el mundo se encontraba. A finales de abril, el New York Times hizo un reportaje sobre la fosa común de Hart Island, que tituló, elocuentemente, “cómo el covid-19 nos ha obligado a pensar en lo inimaginable”. Por su parte, la BBC, a comienzos de mayo, refiriéndose al horror que había ocurrido en las residencias de ancianos de la Comunidad Autónoma de Madrid, publicó un artículo sobre las víctimas, titulado ‘Murieron en silencio y solos’: la indignación de los familiares de los fallecidos en residencias para ancianos”. Por su lado, el diario español El Confidencial, a la sazón de la tragedia de Bérgamo, publicó un reportaje acerca de un brote de coronavirus de un enfrentamiento, por la UEFA Europa League, entre el Atalanta de Bérgamo y el Villarreal de Castellón, titulado ‘El partido de fútbol que inició el desastre del coronavirus en Italia’, narrativa que, junto con muchos otros artículos que iban de lo mismo, aumentó la sensación de desprotección, pero también de extrañamiento, de quienes presenciaban lo que sucedía en Europa.
En Colombia, el gobierno había ganado una experiencia muy valiosa en el manejo de epidemias durante el brote de sarampión en la frontera con Venezuela en 2019, que le valió un reconocimiento de la OMS al entonces ministro de Salud, Juan Pablo Uribe. Sin embargo, alertado por los expertos del Ministerio de Salud, el Instituto Nacional de Salud (INS) y la OMS y consciente de la envergadura descomunal de una pandemia en ciernes, Duque decidió tomar precauciones mucho antes que varios gobiernos del globo. A comienzos del año, el presidente lideró varias reuniones del más alto nivel político y científico, con el propósito de construir preventivamente una estrategia coordinada para enfrentar la llegada del virus al país. En ese momento, su preocupación más grande era la precariedad del sistema de salud colombiano, que, al igual que en España, Italia o Estados Unidos, no contaba con las capacidades para hacer frente a la pandemia. En la primera reunión, donde participó la mayoría de los altos directivos de las entidades que conformaban el sistema de salud nacional, se señaló con preocupación la ausencia de un censo real que diera buena cuenta de las capacidades hospitalarias del país. Una vez comenzado el censo, los datos plantearon un panorama alarmante: Colombia contaba con apenas 5400 Unidades de Cuidados Intensivos (UCI); el INS solo tenía la capacidad de practicar mil pruebas al día; el país no contaba con la tecnología para producir las pruebas necesarias para detectar el virus, y sus profesionales de la salud no tenían los conocimientos necesarios para afrontar el desafío de una pandemia. Los primeros cálculos sobre el impacto del coronavirus en Colombia parecían vaticinar una tragedia: según los expertos, se enfermaría el 80 % de la población, principalmente las personas mayores de 60 años. De ellas, el 20 % necesitaría atención médica y el 15 % tendrá que ser atendido en unidades de cuidados intensivos. De las personas con cuadros graves atendidas en UCI, fallecería el 60 %. En números, esto quería decir que, en los primero cuatro meses de la pandemia, más de un millón de colombianos necesitarían una UCI y, al cabo de seis meses, en el país se contarían más de 720 000 muertes.
A lo anterior se sumaron otros problemas. Dado que todos los países del mundo hacían sus propios cálculos y constataban que su capacidad de respuesta era insuficiente, desplegaron una infinidad de estrategias para contener el virus y robustecer sus sistemas de salud. Por esta razón, el acaparamiento de insumos y equipos convirtió a los ventiladores, los guantes y los tapabocas prácticamente en commodities, cuyo precio podía duplicarse o triplicarse en cuestión de días. Del mismo modo, en una especie de lucha comercial sin cuartel, varios gobiernos obligaron a aterrizar a vuelos que llevaban insumos y elementos de bioseguridad para otros países, incluso sus aliados, lo que implicó la pérdida o el daño de millones de dólares en artículos que en ese momento escaseaban en todo el mundo. Mientras esa batalla mundial por los insumos se libraba, en el plano humanitario, a pesar de las críticas contra los intentos de repatriación de ciudadanos y la habilitación del Palacio de los Deportes de Bogotá como edificio de cuarentena, el gobierno colombiano se enfocó en negociaciones diplomáticas para garantizar vuelos humanitarios que repatriaran a los colombianos que, por razones de salud o familiares, necesitaban regresar a territorio nacional. Así mismo, el reto logístico de movilizar miles de toneladas en equipos e insumos obligó, tanto a Colombia como a los otros países, a coordinar despliegues logísticos dignos de las operaciones militares más sofisticadas. En efecto, el Salón Bolívar de la Casa de Nariño, que normalmente se usaba para eventos solemnes y grandes reuniones, se convirtió en una enorme sala de crisis dotada de pantallas digitales que reflejaban el estado de la pandemia en el mundo y en el país.
En ese salón, el gobierno colombiano asumió la mitigación de los estragos de la pandemia como un asunto de seguridad nacional, que implicaba llevar a cabo medidas a veces públicas, a veces secretas. Mediante estas, Duque, el recién nombrado gerente para la atención integral de la pandemia, Luis Guillermo Plata, y su gabinete fueron subsanando poco a poco las falencias estratégicas que sufría el país. Así, bajo el liderazgo del ministro de Salud, Fernando Ruíz, se robusteció el sistema de salud mediante la adquisición de ventiladores, la expansión de la red hospitalaria y el entrenamiento de los profesionales de la salud. En pocos meses, Colombia logró aumentar a más del doble su capacidad de atención en cuidados intensivos, el INS pasó de realizar mil pruebas diarias a más de 13 000, se mantuvo constante el suministro de elementos de protección para el personal de salud y se desplegó, a lo largo y ancho del país, una red de preparación del talento humano en salud. En esto fue fundamental el aporte de la ministra de Transporte, Ana María Orozco, quien estableció el Centro de Logística y Transporte para garantizar que en todos los rincones del país no faltaran insumos médicos, ni elementos de protección, ni bienes de primera necesidad, como otros medicamentos, comida o gasolina. Por su parte, el ministro de Agricultura, Rodolfo Enrique Zea, en estrecha colaboración con pequeños y grandes productores agrícolas, empresarios y campesinos, propició la creación de encadenamientos productivos entre productores, transportadores y comerciantes, medida clave para garantizar el suministro de comida de millones de personas que estaban encerradas en las ciudades.
La tecnología también fue uno de los vectores críticos para afrontar la crisis. Víctor Muñoz, el entonces consejero presidencial para la Innovación y la Transformación Digital, gestionó la creación y puesta en funcionamiento de herramientas como Coronapp, que lograron que la ciudadanía, al informar al Estado de sus síntomas, aportara datos personalizados y detallados que les permitieron a las autoridades monitorear, casi en tiempo real, el comportamiento de los brotes del virus. Esto probó ser vital para la estrategia epidemiológica del país, ya que ayudó a focalizar ayudas y personal donde eran más necesarios, al tiempo que permitió optimizar el uso de los valiosos recursos disponibles. Así mismo, el gobierno complementó el monitoreo epidemiológico al dinamizar la estrategia PRASS (Pruebas, Rastreo y Aislamiento Selectivo Sostenible), gracias a la cual, en poco menos de seis meses, se logró sextuplicar el número de pruebas diarias y, así, mejorar el rastreo de focos de contagio y fortalecer los protocolos de aislamiento. A este respecto, a diferencia de muchos países europeos y latinoamericanos, el gobierno colombiano logró proteger su gasto público de estafadores que, durante esos meses, desfalcaron a decenas de países con ventas de insumos médicos, pruebas PCR y de antígenos, y elementos de bioseguridad en mal estado o adulterados.
Todas estas medidas no se habrían podido llevar a cabo, si el presidente Duque no hubiera entendido que la ciudadanía buscaba seguridad y tranquilidad, lo que hacía necesario un líder que pudiera comunicar, con la mayor claridad posible, todos los esfuerzos que estaba haciendo el gobierno nacional. Y es que, a mediados de marzo, entre el pánico causado por las imágenes que llegaban de Europa, la declaratoria de pandemia por parte de la OMS y los primeros rumores de los cierres, la población ya se encontraba en una situación límite que, para muchos, parecía una película distópica.
El 20 de ese mes, el presidente, Iván Duque, hizo una alocución presidencial para alertar a la nación de la inevitable llegada de la pandemia a Colombia, así como para plantearles a los colombianos las acciones que el gobierno iba a emprender para proteger a la población. Acompañado por el ministro de Salud, Fernando Ruíz, los principales representantes de las asociaciones científicas nacionales y Gina Tambini, representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en Colombia, anunció la entrada en vigor, a partir del 24 de marzo de 2020 y hasta el 13 de abril de ese año, del Aislamiento Preventivo Obligatorio, que buscaba reducir el riesgo de contagio. Teniendo en cuenta las experiencias de países como Francia, España y Estados Unidos, Duque confinó al país cuando apenas se contaban dos muertes por el nuevo coronavirus y todavía se podía mantener la capacidad instalada de UCI. Esta decisión fue la más difícil que su gobierno tuvo que tomar, pues, según los cálculos del momento, cada día de cierre implicaba una disminución del 0.5 % del PIB de Colombia. Sin embargo, también según los cálculos del comité de expertos que lo asesoraba, la decisión de no llevar a cabo un cierre tan estricto habría redundado, probablemente, en la muerte de millones de colombianos. Con lo anterior en mente, durante su discurso, el presidente anunció una serie de medidas de emergencia que buscaban tanto proteger a la población del contagio como brindarle garantías que le permitieran cumplir con el aislamiento.
En primer lugar, Duque dictaminó que, durante la emergencia sanitaria, se debía asegurar la provisión de servicios públicos esenciales para la población, así como conectar o reconectar, sin costo, el servicio de agua potable del que dependían más de un millón de personas. En segundo lugar, anunció giros especiales a los beneficiarios de Familias en Acción, Jóvenes en Acción y del programa Colombia Mayor, con lo que les garantizó ingresos de emergencia a más de 10 millones de personas especialmente vulnerables. En tercer lugar, desplegó un programa de alivios bancarios a personas con hipotecas u otros tipos de crédito que no pudieran cumplir con sus obligaciones, al tiempo que protegió el derecho a la vivienda de millones de colombianos que vivían en arriendo. Así mismo, habilitó créditos bancarios favorables para que las empresas pudieran costear sus gastos de nómina, con el Estado colombiano como garante ante las instituciones financieras. En cuarto lugar, dictaminó que, a partir del 26 de abril de ese año, se realizara devolución del IVA a los sectores más pobres del país. En quinto lugar, anunció una inversión millonaria en el sistema de salud para ampliar su infraestructura y mejorar su capacidad de respuesta ante la pandemia, lo que complementó con una prohibición de exportación de materiales y artículos necesarios para la atención médica, como respiradores, tapabocas, guantes quirúrgicos y medicamentos. Por último, anunció medidas de emergencia para liberar la mayor cantidad posible de plazas de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), pero también de camas de hospital estándar, para atender enfermos de covid-19, así como el levantamiento de un censo de UCI y una convocatoria de todos los prestadores de servicios de salud para coordinar acciones.
Sin embargo, lo más significativo de su discurso no solo fue la puesta en marcha del plan para proteger a la sociedad colombiana de los estragos de la pandemia, sino también la muestra de liderazgo y templanza que dio ante una situación que, en esos momentos, tenía al mundo y al país sumidos en el pánico. Ya terminando su alocución, que duró unos sucintos 13 minutos, Iván Duque interpeló a los colombianos y preparó al país ante el embate de la pandemia:
Colombianos, este es un país al que nadie le ha regalado nada. Somos un país hecho a pulso, una cultura laboriosa. El coronavirus quiere sembrarnos pánico, pero le haremos frente con el contagio más rápido de la solidaridad. El coronavirus quiere sembrarnos el pesimismo y la angustia, pero lo enfrentaremos con el contagio de la colaboración. El coronavirus pretende cabalgar sobre la indiferencia y la falta de conciencia de algunos, pero lo enfrentaremos con el contagio masivo de nuestra disciplina colaborativa.
Contrario a la usanza en ese tipo de situaciones, dicho discurso fue escrito por el presidente de su puño y letra, ya que, como les confesó a sus asesores, estaba seguro de que los colombianos, en esos momentos tan difíciles, necesitaban que su presidente les hablara desde el corazón, con la sinceridad que solo se alcanza sin intermediarios en las palabras. Para Duque, esa era la única manera de asegurar un esfuerzo nacional coordinado ante, probablemente, el desafío más grande de la sociedad colombiana en décadas. Las hojas de ese discurso reposan en un pequeño cuadro, como símbolo del esfuerzo y el tesón de decenas de funcionarios de la Presidencia de la República que, como su presidente, trabajaron incansablemente para proteger a Colombia de los estragos de la pandemia.
A la pandemia del virus se le sumó la pandemia del miedo. Vista la situación desesperada en la que se encontraban todos los países del mundo y la sensación de incertidumbre e inseguridad de millones de colombianos, era necesario combatir el pánico con información y transparencia. Lo que había comenzado con el discurso del 20 de marzo tenía que continuar. Por esta razón, desde principios de ese mes, el presidente Duque, junto con Carlos Cortés, consejero presidencial para la Información y la Prensa, y Alejandro Salas, uno de sus asesores más cercanos y jefe de Discursos y Mensajes, habían estado diseñando una estrategia de comunicaciones encaminada, precisamente, a mitigar los miedos de los colombianos y mantener al país informado de los avances en la protección de personas y empresas. Así, pues, Duque, Salas y Cortés crearon el programa Prevención y Acción, que consistía en una franja de una hora diaria, en prime time, en la que el propio presidente Duque, siempre acompañado por sus ministros, epidemiólogos, expertos o representantes de la OMS y la OPS, anunciaba medidas tanto epidemiológicas como económicas; informaba a los colombianos de las cifras de contagios y muertes; resolvía inquietudes de la población con respecto a cómo cuidarse del virus y cómo retrasar su propagación; y, a menudo, compartía lúcidas reflexiones que mantenían el ánimo de la población. Así mismo, el presidente utilizó este programa para anunciar y explicar todas las decisiones en materia epidemiológica que su comité científico asesor, presidido por el ministro Ruíz y acompañado por Gina Tambini, tomaba. Prevención y Acción, que tuvo vigencia durante más de un año, solo fue posible gracias al trabajo arduo y muchas veces anónimo de decenas de funcionarios de la Presidencia de la República, entre quienes se destacaron la jefe de gabinete, María Paula Correa, el consejero de Comunicaciones Hassan Nassar y el entonces consejero presidencial para la Innovación y la Transformación Digital, Víctor Muñoz.
Al tiempo que se construyó una red para tomar medidas con rigor científico, Duque y su equipo se empeñaron en construir otra red de protección social y económica para las personas y las empresas que, debido a los cierres, se encontraban en dificultades. Así, pues, aparte de las medidas de emergencia emprendidas durante los primeros meses de la pandemia, el gobierno avanzó en varias otras importantes agendas.
En primer lugar, el presidente Duque, junto con su gabinete económico, liderado por el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, creó el Fondo de Mitigación de Emergencias (FOME), cuyo propósito fue centralizar los recursos que el Estado tenía que invertir para mitigar las consecuencias sociales y económicas de la pandemia y los confinamientos. Dicho fondo, en efecto, brindó ventajas importantes, como contar con una administración independiente y controlada de recursos del Presupuesto General de la Nación, lo que implicó una garantía de disponibilidad presupuestal inmediata para atender la emergencia sanitaria bajo criterios de oportunidad y celeridad. Así mismo, el hecho de que el que administrara esos recursos fuera el Tesoro Nacional implicó la ausencia de nuevos costos administrativos.
En segundo lugar, el presidente Duque, consciente de la grave situación económica de millones de familias colombianas, amplió consistentemente, conforme pasaban los meses, las vigencias de los giros extraordinarios a los programas de Familias en Acción, Jóvenes en Acción y Adulto Mayor. Esta medida probó ser tremendamente eficaz, ya que, según el PNUD, dichas ayudas impidieron que más de 4 millones de personas cayeran en la pobreza. De hecho, según cifras del DANE, en mayo de 2021, en las zonas rurales se pudo registrar un leve descenso del número de personas en pobreza extrema, lo que terminó de enfatizar lo oportunas y beneficiosas que fueron las medidas emprendidas por el gobierno.
En tercer lugar, el gobierno del presidente Duque anunció, en mayo de 2020, que subsidiaría hasta el 40 % de la nómina de las empresas cuya facturación hubiera caído mínimo 20 %, con lo que salvó a miles de empresas de la quiebra y les garantizó empleo e ingresos a millones de colombianos. Así mismo, habilitado por la declaración de Emergencia Económica a mediados de marzo de 2020, el gobierno anunció alivios para los sectores productivos más golpeados por los cierres, como los restaurantes, el turismo y algunas empresas de manifactura, los cuales gozaron de la suspensión de impuestos al consumo y del IVA, así como la exención del pago de IVA en el arrendamiento de locales comerciales. Otra de las medidas económicas que demostraron su importancia fue el establecimiento de tres días sin IVA, que significaron un aliciente para los negocios que habían visto reducidas sus ventas.
En cuarto lugar, Iván Duque fortaleció las ayudas a los sectores poblacionales más vulnerables mediante medidas como la financiación, a través de Findeter, de los servicios públicos domiciliarios de estratos 1 y 2, la tasa compensada de servicios públicos domiciliarios para estratos 3 y 4 y el subsidio directo para servicios públicos en las zonas rurales. Así mismo, se priorizaron recursos para transferencias económicas a trabajadores cesantes y apoyos a los ingresos de trabajadores con contratos suspendidos o en licencia no remunerada.
En quinto lugar, el gobierno de Iván Duque invirtió casi 7 billones de pesos en el Programa de Apoyo al Empleo Formal (PAEF), mientras que destinó alrededor de 2.4 billones al subsidio a la comisión de las garantías del Fondo Nacional de Garantías y amplió el cupo de crédito de la banca estatal, lo que significó la apertura de varias líneas de crédito para empresas y emprendedores a tasas favorables. Así mismo, el gobierno colombiano destinó alrededor de 364 000 millones de pesos al Programa de Apoyo al Pago de la Prima de Servicios (PAP), con el que subsidió el primer pago de la prima de servicios de 2020.
Con las medidas de protección social y económico en marcha y dando frutos, Duque y su gabinete también se enfocaron en garantizar la disponibilidad de vacunas apenas fueran patentadas. Con este propósito, en abril de 2020, el gobierno colombiano participó en la fundación del Fondo de Acceso Global para Vacunas covid-19 (COVAX, por sus siglas en inglés), mecanismo que hoy en día cuenta con más de 190 miembros y que se ideó con el objetivo de garantizar una repartición equitativa de vacunas entre países de ingresos bajos y medios. Desde un primer momento, el presidente consideró estratégica la entrada a esta alianza, ya que veía con preocupación que muchos países europeos, asiáticos y norteamericanos monopolizaban la investigación y posterior producción de vacunas. El pánico alrededor de dicho monopolio, aunado a la proliferación de noticias falsas, incluso empujó a una revista muy reputada a poner en su portada una cita de un experto que rezaba “en (sic) Colombia el plan de vacunación llegará hasta 2023” y a algunos comentaristas de radio a sembrar dudas infundadas en la población.
Gracias a su participación en COVAX, el gobierno logró apartar más de 20 millones de dosis, con lo que constituyó el corazón del inventario de vacunas que comenzaron a distribuirse a partir de febrero de 2021, dos años antes de lo que vaticinaba la revista. Así, pues, la estrategia de vacunación masiva comenzó priorizando la inoculación de adultos mayores, personas con comorbilidades peligrosas y trabajadores de la salud. A pesar de las críticas que se suscitaron a causa del hecho de que algunos países del hemisferio habían comenzado sus planes de vacunación dos meses antes, paulatinamente el país avanzó en este propósito, hasta alcanzar, a mediados de julio de 2021, cifras que ponían a Colombia por encima del promedio de vacunación del mundo. Para ese momento, el país ya contaba con alrededor de un cuarto de la población con una dosis y cerca del 14 % con doble esquema de vacunación. En contraste, el promedio mundial de personas con el esquema doble rondaba la mitad del promedio colombiano. El papel protagónico de Colombia en el seno de COVAX y las cifras ejemplares de vacunación que alcanzó en pocos meses se vieron reconocidas, en abril de 2021, con el nombramiento de Fernando Ruíz, nuestro ministro de Salud, como copresidente de COVAX.
A pesar de los consistentes avances en la vacunación, lo que permitió acelerar la entrada en vigor de la reactivación económica del país y comenzar a reducir ostensiblemente los contagios y las muertes, el presidente Duque tuvo que enfrentar un enorme reto epidemiológico que amenazaba con mancillar los avances de su gobierno en esta materia. El 28 de abril de 2021, comenzó un Paro Nacional que duraría tres meses y que obstaculizaría, por dos vertientes, los esfuerzos de vacunación masiva. Por un lado, los constantes bloqueos de vías, la vandalización de edificios gubernamentales y la violencia callejera, en muchas ocasiones, impidieron la distribución de vacunas, sobre todo en las regiones más apartadas del país, que no contaban con la infraestructura hospitalaria de las grandes ciudades. Así mismo, por otro lado, las aglomeraciones de personas, a pesar de que un porcentaje considerable de la población ya tenía algún grado de inmunización, inevitablemente aumentaron el ritmo de contagio. Así, pues, en junio de 2021, el país entró nuevamente en un pico de contagios y muertes que se erigiría en el más grave y virulento de toda la pandemia. El 24 de junio de ese año, por ejemplo, el Ministerio de Salud reportó la muerte, en un solo día, de 689 personas: la cifra más alta de toda la pandemia. Como consecuencia de las aglomeraciones, Colombia experimentó, por primera vez en la pandemia, un desbordamiento de las UCI, que alcanzaron niveles de ocupación de 98 % en la última semana de junio. Afortunadamente, el problema pudo ser solucionado con celeridad gracias a las medidas que el gobierno había tomado un año antes, las cuales le permitieron al país contar con más del doble de su capacidad hospitalaria en 2019.
La determinación del presidente Duque y sus asesores, así como el arduo trabajo de los profesionales de la salud y los empresarios que se habían sumado al esfuerzo nacional de vacunación, derivó en que, para mediados de septiembre de 2021, la mitad de la población colombiana estuviera inmunizada con una dosis y casi el 40 % hubiera alcanzado el esquema completo. En este punto, fue evidente que la vacunación masiva había surtido efecto, ya que, a finales de ese mes, el promedio de contagios diarios se situaba alrededor de los 1500 y el de muertes apenas arriba de las 25.
El contraste de estas cifras con la situación anterior fue impresionante, sobre todo si se tiene en cuenta que, apenas tres meses antes, el país se despertaba todos los días con cifras que rondaban los 30 000 contagios y las 600 muertes. A partir de ese momento, el gobierno del presidente Duque se enfocó en profundizar aún más los esfuerzos para garantizarle el esquema completo a la mayoría de la población, al tiempo que, en noviembre de 2021, ya comenzaban las primeras fases de vacunación con tercera dosis, las cuales priorizaron, nuevamente, a los adultos mayores, la población vulnerable y los profesionales de la salud.
Entre enero y febrero de 2022, el gobierno enfrentó un último pico de contagios, probablemente causado por las aglomeraciones de personas durante las fiestas decembrinas y las vacaciones de fin de año. Sin embargo, esta vez, gracias a que alrededor del 65 % de la población ya contaba con el esquema doble de vacunación, el promedio de muertes diarias rara vez superó la marca de las 200. Lo anterior demostró el éxito rotundo de la estrategia de vacunación masiva emprendida por el presidente Duque y su gobierno, quienes lograron posicionar a Colombia como uno de los países donde más rápido se logró la inmunidad de rebaño, a pesar de no haber acaparado vacunas, como sí lo hicieron casi todos los países del norte global. De hecho, hoy en día, Colombia supera por 16 puntos porcentuales al promedio mundial de vacunación, con el 70 % de la población con esquema completo y el 12 % con una dosis, al tiempo que su tasa de muertes por cada 100 000 habitantes es menor que la de todos los grandes países de Suramérica.
La pandemia del covid-19 ha sido, sin duda, el mayor desafío sociocultural de la humanidad en lo corrido del siglo XXI. Sus consecuencias golpearon la vida de todos los colombianos, sin importar su condición. Prueba de esto es el deceso del ministro de Defensa de Colombia, Carlos Holmes Trujillo, quien era un referente de sabiduría política y humana dentro del gabinete, tanto en su paso por el Ministerio de Defensa como por la Cancillería, acaecido el 12 de enero de 2021. Su fallecimiento simbolizó cómo todos los seres humanos, más allá de su proveniencia, su posición social, su capacidad adquisitiva o su trabajo, eran igualmente vulnerables ante el asesino microscópico. Ese día, otros 330 colombianos también perdieron la vida.
Las acciones de Duque y su gabinete no solo lograron salvar la economía de una profunda crisis económica, sino que, de hecho, sentaron las bases tanto para la reactivación económica como para la catalización del modelo de desarrollo del país, que hoy en día ve su economía acelerada. Prueba de esto es que, a más de dos años de la alocución presidencial del 20 de marzo de 2020, donde el presidente fijó los lineamientos de la emergencia económica, muchas de las medidas que anunció se han incorporado a la batería de políticas públicas nacionales. Ese es el caso de la ampliación de las transferencias de programas sociales como Familias en Acción, Jóvenes en Acción y Adulto Mayor, que hoy en día siguen garantizándoles condiciones de vida dignas a más de 10 millones de personas. Así mismo, los encadenamientos productivos, los estímulos crediticios a las empresas y los días sin IVA han mantenido a la economía dinamizada, hecho que se confirma, por ejemplo, con las cifras de producción industrial de diciembre de 2021, que superaron por más de 4.5 puntos porcentuales los niveles prepandémicos de diciembre de 2019. La enorme inversión en el fortalecimiento del sistema de salud le ha permitido a Colombia mejorar su capacidad hospitalaria y ampliar su red de laboratorios.