- Botero esculturas (1998)
- Salmona (1998)
- El sabor de Colombia (1994)
- Wayuú. Cultura del desierto colombiano (1998)
- Semana Santa en Popayán (1999)
- Cartagena de siempre (1992)
- Palacio de las Garzas (1999)
- Juan Montoya (1998)
- Aves de Colombia. Grabados iluminados del Siglo XVIII (1993)
- Alta Colombia. El esplendor de la montaña (1996)
- Artefactos. Objetos artesanales de Colombia (1992)
- Carros. El automovil en Colombia (1995)
- Espacios Comerciales. Colombia (1994)
- Cerros de Bogotá (2000)
- El Terremoto de San Salvador. Narración de un superviviente (2001)
- Manolo Valdés. La intemporalidad del arte (1999)
- Casa de Hacienda. Arquitectura en el campo colombiano (1997)
- Fiestas. Celebraciones y Ritos de Colombia (1995)
- Costa Rica. Pura Vida (2001)
- Luis Restrepo. Arquitectura (2001)
- Ana Mercedes Hoyos. Palenque (2001)
- La Moneda en Colombia (2001)
- Jardines de Colombia (1996)
- Una jornada en Macondo (1995)
- Retratos (1993)
- Atavíos. Raíces de la moda colombiana (1996)
- La ruta de Humboldt. Colombia - Venezuela (1994)
- Trópico. Visiones de la naturaleza colombiana (1997)
- Herederos de los Incas (1996)
- Casa Moderna. Medio siglo de arquitectura doméstica colombiana (1996)
- Bogotá desde el aire (1994)
- La vida en Colombia (1994)
- Casa Republicana. La bella época en Colombia (1995)
- Selva húmeda de Colombia (1990)
- Richter (1997)
- Por nuestros niños. Programas para su Proteccion y Desarrollo en Colombia (1990)
- Mariposas de Colombia (1991)
- Colombia tierra de flores (1990)
- Los países andinos desde el satélite (1995)
- Deliciosas frutas tropicales (1990)
- Arrecifes del Caribe (1988)
- Casa campesina. Arquitectura vernácula de Colombia (1993)
- Páramos (1988)
- Manglares (1989)
- Señor Ladrillo (1988)
- La última muerte de Wozzeck (2000)
- Historia del Café de Guatemala (2001)
- Casa Guatemalteca (1999)
- Silvia Tcherassi (2002)
- Ana Mercedes Hoyos. Retrospectiva (2002)
- Francisco Mejía Guinand (2002)
- Aves del Llano (1992)
- El año que viene vuelvo (1989)
- Museos de Bogotá (1989)
- El arte de la cocina japonesa (1996)
- Botero Dibujos (1999)
- Colombia Campesina (1989)
- Conflicto amazónico. 1932-1934 (1994)
- Débora Arango. Museo de Arte Moderno de Medellín (1986)
- La Sabana de Bogotá (1988)
- Casas de Embajada en Washington D.C. (2004)
- XVI Bienal colombiana de Arquitectura 1998 (1998)
- Visiones del Siglo XX colombiano. A través de sus protagonistas ya muertos (2003)
- Río Bogotá (1985)
- Jacanamijoy (2003)
- Álvaro Barrera. Arquitectura y Restauración (2003)
- Campos de Golf en Colombia (2003)
- Cartagena de Indias. Visión panorámica desde el aire (2003)
- Guadua. Arquitectura y Diseño (2003)
- Enrique Grau. Homenaje (2003)
- Mauricio Gómez. Con la mano izquierda (2003)
- Ignacio Gómez Jaramillo (2003)
- Tesoros del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. 350 años (2003)
- Manos en el arte colombiano (2003)
- Historia de la Fotografía en Colombia. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1983)
- Arenas Betancourt. Un realista más allá del tiempo (1986)
- Los Figueroa. Aproximación a su época y a su pintura (1986)
- Andrés de Santa María (1985)
- Ricardo Gómez Campuzano (1987)
- El encanto de Bogotá (1987)
- Manizales de ayer. Album de fotografías (1987)
- Ramírez Villamizar. Museo de Arte Moderno de Bogotá (1984)
- La transformación de Bogotá (1982)
- Las fronteras azules de Colombia (1985)
- Botero en el Museo Nacional de Colombia. Nueva donación 2004 (2004)
- Gonzalo Ariza. Pinturas (1978)
- Grau. El pequeño viaje del Barón Von Humboldt (1977)
- Bogotá Viva (2004)
- Albergues del Libertador en Colombia. Banco de la República (1980)
- El Rey triste (1980)
- Gregorio Vásquez (1985)
- Ciclovías. Bogotá para el ciudadano (1983)
- Negret escultor. Homenaje (2004)
- Mefisto. Alberto Iriarte (2004)
- Suramericana. 60 Años de compromiso con la cultura (2004)
- Rostros de Colombia (1985)
- Flora de Los Andes. Cien especies del Altiplano Cundi-Boyacense (1984)
- Casa de Nariño (1985)
- Periodismo gráfico. Círculo de Periodistas de Bogotá (1984)
- Cien años de arte colombiano. 1886 - 1986 (1985)
- Pedro Nel Gómez (1981)
- Colombia amazónica (1988)
- Palacio de San Carlos (1986)
- Veinte años del Sena en Colombia. 1957-1977 (1978)
- Bogotá. Estructura y principales servicios públicos (1978)
- Colombia Parques Naturales (2006)
- Érase una vez Colombia (2005)
- Colombia 360°. Ciudades y pueblos (2006)
- Bogotá 360°. La ciudad interior (2006)
- Guatemala inédita (2006)
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- Manzur. Homenaje (2005)
- Gerardo Aragón (2009)
- Santiago Cárdenas (2006)
- Omar Rayo. Homenaje (2006)
- Beatriz González (2005)
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- Luis Restrepo. construcciones (2007)
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- Armando Villegas. Homenaje (2008)
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El hundimiento de los Partidos Políticos Tradicionales venezolanos: El caso Copei / 3.3. XXI Convención Nacional de Copei, 17-19 de septiembre de 1997: discordia y autocrítica. |
3.3. XXI Convención Nacional de Copei, 17-19 de septiembre de 1997: discordia y autocrítica.
Antecedentes. Propósito de la Convención. Resquebrajamiento del liderazgo copeyano. Falta de solidaridad, pérdida de valores. Necesidad de cambio. Epílogo de la Convención.

Irene Sáez
Eduardo Fernández
Eduardo Fernández, el "Tigre", precandidato del partido Copei (1998)
Irene Sáez en campaña como candidata presidencial del partido Copei (1998)
Introducción
La XXI Convención Nacional Ordinaria de Copei quizás haya sido una de las convenciones más duras y realistas de toda la historia del partido. A pesar de su intento de proyectar la imagen de un partido unido y fuerte, la verdad era otra. La dirigencia demostró una vez más estar dividida y con posiciones enfrentadas en aspectos fundamentales. Asimismo, se escucharon declaraciones y ataques muy fuertes entre los propios compañeros de partido. Se percibió falta de solidaridad, se revivieron viejos rencores y la amargura de algunos de ellos reflejó lo mal resueltos que habían quedado algunos viejos problemas en el partido.
Donald Ramírez, concluido el evento, quiso dar la impresión de triunfo y gran entusiasmo por el promisorio futuro del partido, pero lo cierto es que se estaban lanzando a una aventura peligrosa sin medir sus consecuencias.
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Antecedentes
Faltaba año y medio para los siguientes comicios presidenciales y Copei aún no presentaba un panorama claro respecto a su futura candidatura. El presidente del partido, Luis Herrera Campíns, y el secretario general, Donald Ramírez, vieron en Irene Sáez —y en la popularidad que la acompañaba por su eficiente labor como alcaldesa— una figura muy atractiva y a mediados de 1997 se inició un acercamiento hacia ella. Pero no fue un simple coqueteo, fue un proyecto en marcha al punto de solicitar la reforma de los estatutos del partido para poder incluir a un candidato independiente. Sin embargo, no fue ella la única alternativa.
El Comité Nacional de Copei se reunió en la Colonia Tovar el 16 y 17 de mayo de 1997 para reflexionar, entre otras cosas, sobre el modo de elección de su próximo candidato presidencial. Se le encomendó a Pedro Pablo Aguilar trabajar en la reforma estatutaria la cual permitiría incluir a candidatos independientes.
Además de varios nombres de copartidarios tales como Eduardo Fernández, Oswaldo Álvarez Paz, Humberto Calderón Berti, Gustavo Tarre y Agustín Berríos, se discutió en un ejercicio de imaginación una variedad de opciones “externas”. Entre ellas estaba la posible candidatura de Irene Sáez, ex Miss Universo y alcaldesa del Municipio Chacao; la del presidente de PDVSA, Luis Giusti; así como la del comandante Francisco Arias Cárdenas, gobernador del estado Zulia.
Como requisito fundamental se le solicitaría al seleccionado —en el caso de ser independiente— su compromiso con la línea programática partidista y con los valores y principios demócrata cristianos.
En retrospectiva, no es de extrañar quizás, la reiterada mención al tema de la identidad durante esas jornadas. Se busca identidad cuando se la ha perdido o cuando se la ha visto desvanecer o quizás cuando se está dando un paso hacia una nueva identidad. ¿Era éste entonces el caso de Copei? Pareciera que sí, como si les remordiera algo por anticipado, como si en efecto se les hubiera extraviado la identidad y Copei estuviera perdiendo su rostro. De ahí el slogan que lanzó Donald Ramírez: “apertura con identidad” (Ídem). Cabe preguntarse: ¿dónde fueron a buscar su identidad perdida? Humberto Calderón Berti declararía días más tarde refiriéndose a las mismas jornadas: “Fue un magnífico ejercicio democrático en búsqueda de la identidad extraviada. (…). Ojalá la podamos repetir y otros partidos la imiten. Precisamente sobre el país, sus problemas y las soluciones que ameritan fueron las reflexiones y discusiones de (…) una jornada memorable”. (El Universal, 29-05-97, 2-2 [Opinión]). Los pasos en búsqueda de la identidad extraviada los había regresado pues a la problemática que nunca han debido abandonar: el bienestar del pueblo venezolano.
En estas jornadas de reflexión, Gustavo Tarre presentó los resultados de una encuesta de Datanálisis donde aparecían las siguientes estimaciones de intención de voto para los comicios presidenciales que habrían de tener lugar año y medio más tarde: “Irene Sáez, 47,7 %; Claudio Fermín, 9,5 %; Henrique Salas Römer, 9,3 %; Hugo Chávez, 9,3 %; Antonio Ledezma, 4,9 % y Eduardo Fernández con 2,3 %”. (http://www.eluniversal.com/1997/05/17/apo-art-17114B.shtml [26-07-2008]).
Según esa medición, Irene Sáez quintuplicaba al siguiente contendor.
Cuando Gustavo Tarre presentó el resultado de las últimas encuestas con la ventaja asombrosa de Irene Sáez, Eduardo Fernández reaccionó de inmediato lanzando su propia candidatura y al finalizar las jornadas de reflexión el 17 de mayo de 1997, fue proclamado informalmente precandidato de Copei por el Frente de Trabajadores Copeyanos (FTC). Al aceptar la designación dijo que relanzaría la democracia, reconstruiría Venezuela y rescataría la confianza en la política y en la institución partidista. (El Universal, 18-5-97, 1-16 [Nacional y Política]). No le sería fácil entender por qué Copei tenía que ir a buscar fuera quien le representara en la primera magistratura del país. Una nueva división del partido estaba en curso, nuevos agrietamientos. Los cimientos del futuro descalabro se iban fortaleciendo.
Respecto a la posible candidatura de Irene Sáez, Gustavo Tarre, con cierta reticencia, comentó: “Existe (…), la tentación del mito, la tentación mágica: Irene. Y aunque no descarto que pueda cuajar, la experiencia ha demostrado que ningún país se ha arreglado con magia”. (El Universal, 18-5-97, 1-12 [Nacional y Política]).
Propósito de la Convención.
Esta convención hubo de adelantar su fecha de celebración al 17 de septiembre de 1997 porque el precandidato presidencial Eduardo Fernández cuestionó las aspiraciones de la dirección del partido. La prensa se interesó en el tema y se desató la polémica sobre la candidatura copeyana para las elecciones presidenciales de 1998. Fernández alertó principalmente sobre el procedimiento para escoger al próximo candidato presidencial y propuso elecciones abiertas a las bases con la condición de que el candidato ganador aceptase los requisitos impuestos por el partido. Y así trasmitió a la prensa: “(…) tras meditarlo mucho había llegado a la conclusión de que ‘conviene aplicar los estatutos tal y como están redactados y reproducir el proceso por el que se eligió a Oswaldo Álvarez Paz en 1993’ ”. (El Universal, 23-8-97, 1-22 [Nacional y Política]). También sugirió que el candidato ganador aceptase cuatro condiciones, que serían: “competir en el proceso interno, asumir el compromiso con los valores de la democracia cristiana, contribuir al triunfo de la plataforma electoral de la tolda verde y acatar el resultado de la contienda”. (Ídem).
De igual forma dejó ver su temor ante el excesivo pragmatismo de la dirección del partido:
Estoy alzando una voz de alerta frente a los peligros del pragmatismo y del oportunismo. Y, sobre todo, estoy alzando una voz de alerta frente a los peligros de un fenómeno que tendría consecuencias nefastas para la vida del partido, y que siento que ahora amenaza el panorama socialcristiano: el abandono de la democracia interna como sistema de vida partidista, el abandono de la democracia interna como expresión de la libertad de cada militante para elegir a quien le dé la gana, sin presiones de cúpulas ni amenazas a su integridad política. (El Universal, 6-9-97, D/2 [Política]).
Eduardo Fernández sufriría en carne propia las mismas políticas que él utilizó en el partido cuando ejercía el cargo de secretario general.
Y, finalmente, sin nombrar a nadie, Fernández, dejó ver su reparo y objeción a una “eventual” candidatura presidencial de la alcaldesa del municipio Chacao, Irene Sáez:
La Dirección Nacional recibirá un mandato claro para continuar dirigiendo al partido, [por lo que] puntualizó y rechazó el planteamiento de acuerdo al cual la dirección le está sirviendo ‘en bandeja de plata’ la candidatura a Irene Sáez.
— Nosotros lo que estamos señalando (…) es que no le cerremos el espacio a Irene, que le demos la misma oportunidad que le damos a todos y si ella ha sido un activo socialcristiano copeyano, pues que estudiemos la opción que ella significa, así como la de Salas Römer y las propiamente copeyanas. (Ídem).
En otras palabras, Fernández siempre sostuvo su preferencia por un abanderado proveniente de sus propias filas, o, en todo caso, que la militancia copeyana tomase la decisión sobre la nominación del mismo en unas elecciones primarias. Cuando salió electo Oswaldo Álvarez Paz por esta vía, significó un fortalecimiento institucional para Copei, ¿Qué sentido tenía retroceder ahora?
El propósito primordial de la XXI Convención Ordinaria de Copei lo expuso Pedro Pablo Aguilar en nombre de la Comisión de Reforma Estatutaria:
Sobre candidatura presidencial, la Comisión considera que debe mantenerse la norma de elección en proceso abierto a la participación de todos los venezolanos que quieran hacerlo sin otro requisito que la inscripción en el Registro Electoral, tal como lo estableció la reforma estatutaria de 1991.
Hay acuerdo en que la reforma estatutaria permita que los independientes puedan optar a la candidatura presidencial del partido, siempre que manifiesten voluntad de participar en el proceso de escogencia establecido, respetar sus resultados, adherir a los lineamientos del programa de gobierno y apoyar la plataforma electoral socialcristiana.
El Comité Nacional Ampliado debe quedar facultado para convocar una Convención Nacional Extraordinaria si durante el primer semestre del año electoral hay consenso sobre candidatura presidencial o circunstancias que hagan innecesario o desaconsejable la elección prevista al efecto, con lo cual queda prevista la posibilidad de una candidatura de consenso o la participación del partido en una alianza electoral. (XXI Convención Nacional de Copei, “Diálogos y Decisiones para Gobernar”, Caraballeda, 17-18-19 Sept. 1997, mimeo, pp. 23-24) .
Interesante la reflexión que hizo Aguilar cuando destacó:
Estamos en un tiempo de severo cuestionamiento a los partidos políticos, estamos en un tiempo de desencanto por la política (…) y ese partido comprometido con la historia y con el futuro de Venezuela no puede ser ciego, ni sordo, ante la necesidad de convocar a los venezolanos a la participación política. (pp. 24-25).
De manera que la reforma estatutaria introdujo tres nuevas modalidades: 1) La posibilidad de postularse un independiente como candidato copeyano; 2) la contemplación de una eventual alianza electoral; 3) la elección por consenso dejando sin efecto la elección abierta y por las bases.
En esta convención se planteó, en pocas palabras, quiénes estarían a favor de la candidatura de Irene Sáez, y quiénes se opondrían. Por un lado, el oficialismo liderado por Donald Ramírez y Luis Herrera Campíns apoyaban la opción Irene Sáez, no abiertamente todavía, pero la apoyaban. Y se oponían Eduardo Fernández —aspirante también a la candidatura— y el sector del partido que lo respaldaba. Sin embargo, tan importante como era el tema, el Secretario General, Donald Ramírez, lo escudó tras deliberaciones algo rebuscadas, como lo reflejó en el Informe Político presentado a la convención:
El debate de la Convención resulta un debate entre dos posiciones que, partiendo de la misma base doctrinal-ideológica, presentan a mi juicio, dos líneas antagónicas de desarrollo estratégico-táctico que el partido debe adoptar frente al reto electoral del año que viene. (p. 35).
Poco antes, refiriéndose a la actitud crítica de Eduardo Fernández, le hizo un llamado al orden de manera dura:
Las líneas oficialmente adoptadas son tendencias de la mayoría. En un partido como el nuestro, los deberes de la militancia leal le imponen la regla del juego de la democracia, como es el acatamiento a las líneas de las mayorías. Ella supone, para las minorías partidistas, la obligación de abstenerse del juego desleal, del filibusterismo, del enguerrillamiento, del fraccionalismo. (p. 34).
Donald Ramírez siempre demostró ser un político muy pragmático y con estas afirmaciones lo dejó ver una vez más. Su interés era abrir paso a la candidatura presidencial de un o de una independiente.
José Rodríguez Iturbe, un alto dirigente en otra época eduardista, pero ahora identificado con el oficialismo, tampoco estuvo con rodeos, y se fue al grano. Molesto por la crítica que Eduardo Fernández hacía sobre la ética de la dirección del partido en las metas o medios para conseguirlos, le reclamó: “(…) ¿el fin es lícito, sí o no? pienso que un político que no busque el poder es cualquier otra cosa pero no es político”. (p. 74).
En párrafos anteriores ya se había dirigido a él en términos similares: “(…) compañero Fernández, no diga que ésta es una situación límite, porque no lo es, es una situación de realismo político que el partido tiene que enfrentar con auténticamente clara vocación de victoria”. (p. 72).
Rodríguez Iturbe demostró ser el más realista de todos o, al menos, quien no tuvo problema en reconocerlo, lo que significaba ser “realista”, al decir: “Buscar el poder es lícito (…) somos un partido democrático, con vocación de poder y no podemos prescindir de lo que son concretamente las opciones de victoria (…)”. (p. 75).
Las opciones de victoria, en aquel momento, tenían nombre y apellido, sin embargo, faltaban muchos cabos por atar. Entre ellos, los gestos de superioridad de Irene Sáez y su rechazo a los partidos políticos expresados recientemente en declaraciones a la prensa, ante lo cual Rodríguez Iturbe respondió: “No nos puede meter, si es que acaso ella aspira a ser candidata del partido, en el mismo saco con nuestros adversarios en cualquier crítica directa o indirecta a los partidos políticos (…)”. (Ídem).
Este dirigente comprendió algo fundamental: Copei buscaba la victoria a través de la ex Miss Universo, pero aduciendo que el interés era mutuo: “Si se diera, que está por verse, hay que decir un mensaje claro, sin COPEI esa señora no gana (…)”. (Ídem).
En pocas palabras, Rodríguez Iturbe resumió la situación al destacar la necesidad de apoyo recíproco requerido tanto por Copei como por la señorita Sáez para ganar las elecciones presidenciales en diciembre de 1998.
Así, esta convención tuvo un carácter estrictamente pragmático, con el solo propósito de abrirle o facilitar la entrada a Irene Sáez. El realismo tenía quizás otro nombre oculto: sentido de sobrevivencia.
Resquebrajamiento del liderazgo copeyano.
Durante la vigésimo primera convención de Copei, los ataques entre copartidarios fueron severos. Podría explicarlos, entre otras cosas, la desilusión de muchos de ellos al observar transcurrir los años sin esperanza de volver al poder. En esta convención se escucharon ofensas nunca antes expresadas con tanta dureza, frustración y amargura.
La figura de Rafael Caldera, si bien ya no era miembro de Copei, siguió abriendo o haciendo supurar heridas. Los juicios en su contra fueron agrios. Eduardo Fernández también sufrió críticas demoledoras; y Luis Herrera Campíns y Donald Ramírez no pudieron escapar de los ataques. Un alto dirigente —y con razón— llegó a comentar que las peores agresiones a las autoridades del partido vinieron del propio seno de Copei. Por otro lado, la nueva generación del partido recriminó a Eduardo Fernández, a Oswaldo Álvarez Paz y otros, el síndrome del eterno candidato al no darle paso a las nuevas generaciones.
Donald Ramírez, en el Informe Político al referirse a la alianza de Caldera con el partido Acción Democrática durante su segundo gobierno, comentó: “Todo parece indicar que el rencor de Caldera hacia Copei lo empuja a intentar nuestro descalabro”. (p. 31). Y poco después, en el mismo informe, evocó el abandono del padre: “Copei, luego de lo ocurrido desde el 88 hasta hoy —y particularmente desde el 92 hasta hoy— no puede tener una actitud zalamera hacia Caldera, ni buscar hacerse perdonar una falta que no hemos cometido, porque el que nos abandonó, el que nos traicionó, fue él (…)”. (p. 36). Humberto Calderón Berti culpó a Caldera de la derrota del candidato de Copei en las pasadas elecciones presidenciales: “Oswaldo no es el Presidente de Venezuela en estos tiempos por la deslealtad, la inconsecuencia y por la traición de Rafael Caldera (…)”. (p. 59).
Felipe Montilla lo acusó de haber acaparado candidaturas presidenciales en Copei y haber sido incapaz de darle paso a ningún copartidario “(…) a veces he llegado a la conclusión de que éste fue durante 50 años un partido atado a una candidatura, con un problema, Caldera no aceptaba otro candidato que no fuera él, salvo que la Constitución se lo impidiera”. (p. 92). Gustavo Tarre, muy calderista en el pasado, lo descalificó también al pronunciar: “(…) existen matices y enfoques diferentes, pero creo que todos coincidimos en que Caldera rivaliza con Jaime Lusinchi en esa horrible competencia que consiste en saber cuál ha sido el peor Presidente de la Democracia”. (p. 107). Y, a su vez, Ramón Guillermo Aveledo propuso darle fin a todo lo que conllevase arrastrar la figura de Caldera: “(…) no tengo ni bendición que pedirle, ni factura que pasarle, eso es pasado, ya está bueno, ese capítulo de esa nostalgia y esa amargura, ya está bien, ya tenemos mucho rato en eso”. (p. 100).
Por otro lado, Eduardo Fernández tampoco pudo escapar a críticas demoledoras, en particular provenientes de Luis Herrera Campíns, quien descalificó su liderazgo político:
Partido de oposición si no hace oposición sigue en la oposición. Quince años pasaron esperando nos viniera la victoria a las manos como una fruta madura. Ni la indefinición ni la holgazanería dan resultados en política. No dan tampoco, resultados en la política práctica, los perfiles imprecisos, los mimetismos ocasionales. Cuando se busca quedar bien con todo el mundo, se queda mal con todo el mundo. (p. 9).
Quizás estas palabras del presidente del partido hayan sido una de las críticas más fuertes nunca escuchadas sobre un compañero. Luis Herrera Campíns guardaba viejos rencores y resentimientos, uno de ellos se debió al desplazamiento de Pedro Pablo Aguilar como secretario general del partido cuando Herrera Campíns era presidente de la república. Caldera había impuesto a Eduardo Fernández, de manera que la generación del 36 unida a la del 58, desplazaran a la del 46. Este fue un duro golpe para Herrera Campíns, tal como lo expresó:
En 1979 estábamos en el poder con mi presidencia y estaba Pedro Pablo Aguilar al frente de la Secretaría General del partido. Caldera se propuso sacar a Pedro Pablo de la Secretaría General, llevando de la mano la candidatura de Eduardo Fernández y lo logró, de manera que Pedro Pablo entregó un partido que estaba en el poder, que había conquistado la Presidencia de la República y desde entonces para acá, lo que ha sucedido es derrota y derrota, pela y paliza hasta el día de hoy. (p. 79).
Humberto Calderón Berti le reclamó a Eduardo Fernández haber utilizado al partido en función de su carrera política, sin darle paso a otros y dejando fuera a muchos:
Pero Eduardo fue responsable de que muchos se hayan ido del partido por la manera cogollérica y hegemónica como ejerció la secretaría general por 15 años, que puso al partido en función de su interés. Eso le negó el espacio político a mucha gente, que no tenían ningún oxígeno político y eran hostigadas. Quizás no todos por culpa del propio Eduardo, pero sí por sus seguidores que tuvieron un estilo político sectario durante muchos años. (El Universal 6-12-97, 1-26 [Nacional y Política]).
A Donald Ramírez y a Luis Herrera Campíns les achacaron falta de institucionalidad, de credibilidad y de transparencia. Agustín Berríos hizo el siguiente comentario:
Comprendo y comparto el esfuerzo de la Dirección Nacional por dirigir institucionalmente el partido, pero compañero Luis Herrera, Donald Ramírez, a la gente le cuesta creerles porque está sembrado en el alma de la gente el escepticismo y cuando dicen que la dirección de ustedes es institucional para abrirle el cauce a todos, muchos dicen y ¿no habrá una manipulación, instrumentación del partido al servicio de una candidatura? ¿De dónde viene esa sospecha? (…). (p. 84).
Andrés Scott resumió en su intervención la actitud severa de algunos líderes copeyanos hacia sus propios compañeros:
El compañero Eduardo Fernández no ha sido atacado tan duramente por un adversario político como ha sido atacado por dirigentes de Copei, el compañero Oswaldo Álvarez Paz, no ha sido atacado tan duramente por dirigentes de otros partidos sino por dirigentes de Copei, el compañero Donald Ramírez y Luis Herrera Campíns, no han sido atacados tan duramente por otros partidos como han sido atacados por dirigentes de Copei. (p. 88).
Las nuevas generaciones en Copei, los jóvenes que se iniciaban en las lides de la carrera política, reclamaron el tener que arrastrar odios y rencores ajenos, tal como lo resaltó César Pérez Vivas: “(…) los históricos resentimientos que han venido acumulándose en el alma de muchos compañeros”. (p.116). Y, más adelante, complementó:
Nosotros, los dirigentes de las últimas camadas, hemos sido víctimas de ese proceso individualista, anti institucionalista, que ha afectado la vida de nuestro partido en los últimos tiempos. Nosotros hemos tenido que soportar el efecto nocivo de la división, el efecto del fraccionalismo, de las ambiciones que han dado al traste con la posibilidad de ofrecerle a la Nación conductores de las nuevas generaciones demócrata-cristianas. (Ídem).
Agustín Berríos, a su vez, protestó el egoísmo, el sectarismo y la falta de oportunidades para las nuevas generaciones:
Compañeros Eduardo, Humberto, Oswaldo, ustedes compitieron en 1993 por la candidatura, lo hicieron limpiamente, no es posible que cinco años después el partido no pueda tener ninguna otra expresión, marca en ustedes la Generación del 58 con el Síndrome de Rafael Caldera de que solo uno y siempre los mismos tienen que tener la oportunidad. No señor, en Venezuela la tragedia política del país es que no ha habido relevo (…) (p. 85).
Y terminó diciendo: “(…) así como Agustín Berríos hubo muchos militantes del partido, de valor, que no han recibido nunca una oportunidad por sectarismo interno, nunca han tenido una ocasión”. (Ídem).
Falta de solidaridad en Copei, pérdida de valores.
El partido Copei llevaba demasiados años en la oposición, catorce para el momento de la vigésimo primera convención. Era comprensible que reinara el desánimo y la frustración. Se habían ido perdiendo valores como la solidaridad, la fraternidad, la unidad y la tolerancia. También se descuidó la vocación de servicio y fue mermando la credibilidad. Curiosamente, estas críticas no las hicieron sus adversarios políticos, sino ellos mismos.
José Antonio Pérez Díaz expresó de manera gráfica y con poca sensibilidad hacia lo femenino: “No puedo aceptar que el vientre de la familia copeyana sea un pellejo estéril, arrugado, incapaz de producir frutos de solidaridad y de fraternidad”. (p. 47).Añoró épocas pasadas: “A mi modo de ver, nuestra primera carencia y responsabilidad radica en que la tradicional fraternidad copeyana se ha enfriado, hasta el punto de parecer ahora una caricatura de los días fundacionales”. (p. 51).
A continuación reconoció el deterioro de los valores humanos en la dirigencia copeyana:
La unidad sincera y sin esguince se ha resquebrajado notoriamente, la amistad de siempre se ha enrarecido de malicia y desconfianza, el necesario y espontáneo compañerismo ha dado paso a recelos, rencores y enfrentamientos, motivado más de las veces por ambiciones secundarias. En el camino de la lucha que trajinan todos los partidos, temo que se nos ha venido endureciendo el corazón, se nos ha vuelto impertinente el espíritu, en muchas de nuestras acciones se ha enseñoreado la torpeza. (Ídem).
Las palabras de José Antonio Pérez Díaz fueron dolorosas, reconoció algunos de los motivos por los cuales Copei se habría venido derrumbando como organización:
(…) si nosotros permanecemos desunidos, desunido marchará el partido, si entre nosotros la palabra estila gotas de mezquindad, en la militancia habrá oído tardo para nuestra voz, si entre nosotros puede más la ambición que el ideal, si confundimos el interés con la lealtad solidaria, si las corruptelas y las tentaciones al mal uso del poder nos alientan más que los propósitos colectivos, permaneceremos encendidos en rencillas, solamente provechosas para que la sagacidad enemiga impere, se consolide y nos destruya. (Ídem).
Luego asomó tres carencias imperdonables en un militante cristiano al decir: “No podemos ser cristianos si nos odiamos”. (p. 52); o, “Depongamos de una vez por toda la intolerancia”. (Ídem); y, finalmente: “Me resisto a pensar que nuestro partido sea simplemente un apetito de poder. Copei es una vocación de servicio cristiano para atender a Venezuela y a los venezolanos”. (Ídem).
Humberto Calderón Berti alertó sobre un punto inexcusable en un militante político, tal es la falta de interés en los problemas de la sociedad:
(…) no nos digamos mentiras a nosotros mismos, la gente no nos quiere, porque la gente ve que nuestros debates son sólo sobre los problemas internos de los partidos y si queremos que la gente nos quiera, que recobre su confianza en nosotros, si queremos recuperar el espacio que hemos perdido, vamos a dedicarle más tiempo a los problemas de la gente. (p. 53).
Una de las intervenciones más dramáticas fue la de Luis Herrera Campíns. Rememoró algunos episodios de su vida donde no había contado con los apoyos esperados de sus compañeros de partido:
(…) yo hubiera deseado escuchar a José Antonio [Pérez Díaz] con una intervención la milésima parte de lo profundo de la que hizo, cuando sucedió aquel desaguisado del maletinazo en Radio City; yo hubiera deseado escuchar aunque fuera la milésima parte de la defensa (…) cuando en una campaña electoral infortunada, como la última de Eduardo, salió aquella espantosa estupidez política del ‘cuñazo’, yo hubiera deseado haber escuchado entonces una solidaridad así abierta y pública, profunda, de José Antonio”. (…) O cuando en 1984, después de la derrota de Caldera, Caldera me atacó en una forma absolutamente injusta y hasta me pidió que ya basta de hacerle daño al partido. (p. 80).
La intervención de Herrera Campíns en el contexto de la convención reflejó, por un lado, gran amargura, y por el otro, las frustraciones arrastradas durante décadas. El hecho de reclamarle a Pérez Díaz el no haberlo defendido a la altura cuando el episodio del “maletinazo”, significó veinticinco años de resentimiento, así y todo lo considerara su amigo, y buen amigo.
Se percibe a través de este ejemplo— como de tantos otros expuestos, pero en éste en particular—, la recriminación a la falta de solidaridad entre los propios dirigentes copeyanos. Luis Herrera Campíns habló con rabia y hasta con dolor de la forma como fue tratado o “maltratado”. Ni siquiera sus amigos de quienes esperó apoyo en los momentos difíciles, lo acompañaron. Prevalecieron los intereses propios de cada uno por encima de la solidaridad. Pareciera que ése es el precio a pagar en el mundo de la política. A la hora de definiciones, ni la amistad, ni el compadrazgo, ni las afinidades cuentan, solo cuenta ocupar el lugar ambicionado así signifique el abandono, la indefinición o la indiferencia a secas hacia los compañeros de partido.
Necesidad de cambio.
Oswaldo Álvarez Paz, Presidente de la XXI Convención, en sus palabras de clausura hizo varias reflexiones sobre el pasado, presente y futuro de Copei y el papel a desarrollar por su dirigencia. Entre ellas se refirió a temas de gran importancia, tales como el saber acercarse al pueblo desde un punto de vista humano; a la necesidad de una revolución debido a la democracia amenazada; al imperativo de romper con el orden establecido. Retó a Copei a cumplir un papel estelar en la historia y a acabar con personalismos y divisionismos.
Al concluir la convención, Álvarez Paz hizo un llamado inusual en los políticos:
(…) pero si no tenemos nada material que ofrecerles y que llevarle a la gente, vamos a llevarle un poquito de afecto, de compañía, de solidaridad, que nos vean, que nos hablen, vamos a oírlos, vamos a permitirles que se desahoguen y en esas experiencias vitales, es mucho lo que todos vamos a aprender. (p. 129).
Álvarez Paz admitió carencias imperdonables en el sistema político venezolano, de allí el llamado a una revolución para restituir los derechos fundamentales del ser humano:
Este país necesita una verdadera revolución, pero un cambio bien profundo, que haga posible que se mantenga viva la democracia y la libertad que están sumamente amenazadas porque se nos han convertido en una farsa, en una farsa que no funciona, que atropella los derechos humanos, que no dignifica el trabajo del hombre, ni de la mujer, ni de la productividad, que no le abre posibilidades de desarrollo ni de crecimiento, que ha empequeñecido a Venezuela. (Ídem).
A continuación, enunció los puntos sobre los cuales se construiría la revolución deseada:
Y ese cambio a esa revolución, nuestro reto tiene que ser dirigir ese proceso y conducirlo, salvaguardando la vida en libertad y sin exponer innecesariamente la vida en democracia. Pero para eso hacen falta golpes de audacia, hace falta mucho valor, mucho coraje, hace falta mucha idea de ruptura con el orden que muere, que se derrumba podrido ante nuestros ojos, que sean otros los que defiendan ese orden, que sean los responsables fundamentales de lo que está pasando los que se entierren con lo que está muriendo. El reto de Copei tiene que ser convertirse en el gran partero de la historia, nosotros podemos hacerlo, y yo estoy seguro que con la ayuda de Dios lo lograremos. (p. 131).
Conviene detenerse a escudriñar las reflexiones de Álvarez Paz porque son muy reveladoras. Para empezar dio la voz de alarma: el sistema democrático estaba a punto de perderse y había que mantenerlo a como diera lugar; el mensaje implícito es que Copei era el partido llamado a rescatarlo. Luego muy elegantemente deslizó la patética tarea de enterrar el orden podrido sobre “otros” hombros, una podredumbre a la que el bipartidismo había ciertamente contribuido; y para finalizar, acaparó la esperanzadora tarea de dar a luz una nueva Venezuela democrática, justa, humana e incorruptible, para su propio partido Copei. Así lo escribió en su columna semanal “Desde el puente”: “[Copei] Tratará de ser, y lo será si hace las cosas bien, la columna vertebral de la profunda revolución democrática que Venezuela necesita”. (“Copei, Convención Nacional”, El Universal, 18-9-97, 1-4 [Nacional y Política]). Muy optimista resulta su tono sobre todo teniendo en cuenta la difícil labor que le esperaba a Copei para conseguirlo:
Para que esto pueda ser posible, es indispensable liquidar las desmedidas ambiciones personalistas que marcaron al partido desde su fundación, con huellas y tradiciones difíciles de borrar. También el grupalismo, el fraccionalismo y el sectarismo interno y externo que llevó en tiempos pasados y recientes a sustituir la verdadera voluntad política del partido, por una maquinaria implacable al servicio de los intereses parciales de quienes la dirigían. (Ídem).
La clausura de la convención, a pesar de los mea culpa y de numerosas declaraciones duras y autocríticas, estuvo bañada de un gran optimismo. Optimismo que a todas luces resultó ser desmedido, poco realista e inverosímil.
Epílogo de la Convención.
Donald Ramírez, en su calidad de Secretario General de Copei, finalizada la convención, demostró gran alegría y entusiasmo con los resultados de la misma al lograrse la aprobación de las reformas estatutarias y con ello reafirmar su liderazgo en el partido junto al de Luis Herrera Campíns. Sin embargo, la realidad sería otra. La percepción de Copei en el país no era favorable. Los partidos políticos, Acción Democrática y Copei, se habían desprestigiado por su mal desempeño y se enfrentaban a la dura labor de recuperar electores y credibilidad. Donald Ramírez, en entrevista de prensa, así lo admitió:
La verdad es que hemos perdido la confianza de la gente porque, de alguna forma, los partidos hemos fracasado. ¿Por qué, si sumando los votos de todos los precandidatos adecos y copeyanos no llegamos al veinte por ciento? Ese es un análisis que debemos hacer. (Roberto Giusti, “Copei quiere rectificar su conducta”, El Universal, 21-9- 97, 1-12 [Nacional y Política]).
El periodista intentó precisar las preferencias candidaturales de Donald Ramírez al preguntarle: “¿A quién apoyarás para candidato de Copei?”, ante lo cual respondió: “A ninguno en particular”. Sorprendido, el comunicador social insistió: “Pero todo el mundo sabe que estás trabajando por Irene”. Y la respuesta de Ramírez fue sorpresiva: “Ni yo ni Luis Herrera estamos en la línea de apoyar a Irene”. (Ídem).
La afirmación de Donald Ramírez resumió la actitud que mantendría frente a Irene Sáez desde ese momento hasta las elecciones presidenciales del 6 diciembre de 1998: entre zigzagueos e indefiniciones.
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Notas al pie
(44) De ahora en adelante solo se destacará el número de página de este documento.
(45) Rodríguez Iturbe se refiere a las declaraciones ofrecidas por Irene Sáez durante un acto donde la organización Factor Democrático manifestó públicamente su respaldo a la ex Miss Universo. Allí declaró entre otras cosas: ‘DIRÁN QUE NO TENGO PREPARACIÓN, que no soy inteligente y comentan que con la cara de gafa que tengo no se concibe que llegue a ser presidente. Pero resulta que ésta que está aquí está provocando una reflexión en (...) varios partidos, en todas las or- ganizaciones políticas, y en muchos un miedo que nunca habían visto’, (...). (El Universal, 15-9-97, 1-12 [Nacional y Política]). ‘No se trata de que en Venezuela se nos siga tratando de llenar con discursos, manipu- laciones y frases aprendidas y repetidas’, dijo en referencia a la actuación de los políticos tradicionales, sobre quienes aseguró: ‘Lo saben todo, impresionan, pero a la hora de ser sensibles ante los problemas no tienen respuestas’. (...).Volvió a arremeter en contra de los dirigentes tradicionales sobre quienes dijo ‘no podemos pretender que alguien con la vieja cultura política pueda dar el cambio que el país exige, porque eso sería engañarnos’. (Ídem).
(46) Reforma estatutaria aprobada en la convención sobre la elección del candidato presidencial: Candidato a la Presidencia. Será elegido en proceso abierto y deberá cumplir con los requisitos exigidos por la Constitución Nacional y la Ley Orgánica del Sufragio. Si no fueren militantes del partido, los aspirantes deberán manifestar su voluntad de participar en el proceso de escogencia, respetar los resultados, adherirse a las bases programáticas y apoyar la plataforma electoral del partido. Si no es posible la elección abierta, se escogerá por el voto de la base del partido. Si en el transcurso del primer cuatrimestre del año electoral surgiera cualquier imprevisto, se convocará al Comité Nacional Ampliado. Convención Nacional Extraordinaria. Se convocará a pedido del Comité Nacional Ampliado para la escogencia del candidato presidencial en caso de que surgiera cualquier imprevisto. Deberá aprobar un candidato por 60 % de los votos en la primera ronda o mayoría absoluta entre los dos más votados. Candidatos a las gobernaciones. En el caso de los independientes deberán, igualmen- te, manifestar su voluntad de participar en el proceso, respetar los resultados, adherirse a las bases del programa y apoyar la plataforma electoral. Candidatos a senadores y diputados. Serán escogidos en elección abierta de todos los ciudadanos aptos para votar que tengan su domicilio en la respectiva jurisdicción. El Comité Nacional podrá autorizar que, en una determinada circunscripción, no se realice la elección, si hay consenso sobre la respectiva candidatura y en el caso en que se confor- men alianzas electorales o evidente respaldo popular. Podrán participar en esta elección abierta personalidades independientes en cuya idoneidad para el ejercicio del cargo estén de acuerdo el Comité Nacional y el respectivo Comité Regional”. (El Universal, 20-09-97, 1-2 [Tema del día]).
El hundimiento de los Partidos Políticos Tradicionales venezolanos: El caso Copei |
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El hundimiento de los Partidos Políticos Tradicionales venezolanos: El caso Copei / 3.3. XXI Convención Nacional de Copei, 17-19 de septiembre de 1997: discordia y autocrítica.
3.3. XXI Convención Nacional de Copei, 17-19 de septiembre de 1997: discordia y autocrítica.
Antecedentes. Propósito de la Convención. Resquebrajamiento del liderazgo copeyano. Falta de solidaridad, pérdida de valores. Necesidad de cambio. Epílogo de la Convención.

Irene Sáez

Eduardo Fernández

Eduardo Fernández, el "Tigre", precandidato del partido Copei (1998)

Irene Sáez en campaña como candidata presidencial del partido Copei (1998)

Introducción
La XXI Convención Nacional Ordinaria de Copei quizás haya sido una de las convenciones más duras y realistas de toda la historia del partido. A pesar de su intento de proyectar la imagen de un partido unido y fuerte, la verdad era otra. La dirigencia demostró una vez más estar dividida y con posiciones enfrentadas en aspectos fundamentales. Asimismo, se escucharon declaraciones y ataques muy fuertes entre los propios compañeros de partido. Se percibió falta de solidaridad, se revivieron viejos rencores y la amargura de algunos de ellos reflejó lo mal resueltos que habían quedado algunos viejos problemas en el partido.
Donald Ramírez, concluido el evento, quiso dar la impresión de triunfo y gran entusiasmo por el promisorio futuro del partido, pero lo cierto es que se estaban lanzando a una aventura peligrosa sin medir sus consecuencias.
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Antecedentes
Faltaba año y medio para los siguientes comicios presidenciales y Copei aún no presentaba un panorama claro respecto a su futura candidatura. El presidente del partido, Luis Herrera Campíns, y el secretario general, Donald Ramírez, vieron en Irene Sáez —y en la popularidad que la acompañaba por su eficiente labor como alcaldesa— una figura muy atractiva y a mediados de 1997 se inició un acercamiento hacia ella. Pero no fue un simple coqueteo, fue un proyecto en marcha al punto de solicitar la reforma de los estatutos del partido para poder incluir a un candidato independiente. Sin embargo, no fue ella la única alternativa.
El Comité Nacional de Copei se reunió en la Colonia Tovar el 16 y 17 de mayo de 1997 para reflexionar, entre otras cosas, sobre el modo de elección de su próximo candidato presidencial. Se le encomendó a Pedro Pablo Aguilar trabajar en la reforma estatutaria la cual permitiría incluir a candidatos independientes.
Además de varios nombres de copartidarios tales como Eduardo Fernández, Oswaldo Álvarez Paz, Humberto Calderón Berti, Gustavo Tarre y Agustín Berríos, se discutió en un ejercicio de imaginación una variedad de opciones “externas”. Entre ellas estaba la posible candidatura de Irene Sáez, ex Miss Universo y alcaldesa del Municipio Chacao; la del presidente de PDVSA, Luis Giusti; así como la del comandante Francisco Arias Cárdenas, gobernador del estado Zulia.
Como requisito fundamental se le solicitaría al seleccionado —en el caso de ser independiente— su compromiso con la línea programática partidista y con los valores y principios demócrata cristianos.
En retrospectiva, no es de extrañar quizás, la reiterada mención al tema de la identidad durante esas jornadas. Se busca identidad cuando se la ha perdido o cuando se la ha visto desvanecer o quizás cuando se está dando un paso hacia una nueva identidad. ¿Era éste entonces el caso de Copei? Pareciera que sí, como si les remordiera algo por anticipado, como si en efecto se les hubiera extraviado la identidad y Copei estuviera perdiendo su rostro. De ahí el slogan que lanzó Donald Ramírez: “apertura con identidad” (Ídem). Cabe preguntarse: ¿dónde fueron a buscar su identidad perdida? Humberto Calderón Berti declararía días más tarde refiriéndose a las mismas jornadas: “Fue un magnífico ejercicio democrático en búsqueda de la identidad extraviada. (…). Ojalá la podamos repetir y otros partidos la imiten. Precisamente sobre el país, sus problemas y las soluciones que ameritan fueron las reflexiones y discusiones de (…) una jornada memorable”. (El Universal, 29-05-97, 2-2 [Opinión]). Los pasos en búsqueda de la identidad extraviada los había regresado pues a la problemática que nunca han debido abandonar: el bienestar del pueblo venezolano.
En estas jornadas de reflexión, Gustavo Tarre presentó los resultados de una encuesta de Datanálisis donde aparecían las siguientes estimaciones de intención de voto para los comicios presidenciales que habrían de tener lugar año y medio más tarde: “Irene Sáez, 47,7 %; Claudio Fermín, 9,5 %; Henrique Salas Römer, 9,3 %; Hugo Chávez, 9,3 %; Antonio Ledezma, 4,9 % y Eduardo Fernández con 2,3 %”. (http://www.eluniversal.com/1997/05/17/apo-art-17114B.shtml [26-07-2008]).
Según esa medición, Irene Sáez quintuplicaba al siguiente contendor.
Cuando Gustavo Tarre presentó el resultado de las últimas encuestas con la ventaja asombrosa de Irene Sáez, Eduardo Fernández reaccionó de inmediato lanzando su propia candidatura y al finalizar las jornadas de reflexión el 17 de mayo de 1997, fue proclamado informalmente precandidato de Copei por el Frente de Trabajadores Copeyanos (FTC). Al aceptar la designación dijo que relanzaría la democracia, reconstruiría Venezuela y rescataría la confianza en la política y en la institución partidista. (El Universal, 18-5-97, 1-16 [Nacional y Política]). No le sería fácil entender por qué Copei tenía que ir a buscar fuera quien le representara en la primera magistratura del país. Una nueva división del partido estaba en curso, nuevos agrietamientos. Los cimientos del futuro descalabro se iban fortaleciendo.
Respecto a la posible candidatura de Irene Sáez, Gustavo Tarre, con cierta reticencia, comentó: “Existe (…), la tentación del mito, la tentación mágica: Irene. Y aunque no descarto que pueda cuajar, la experiencia ha demostrado que ningún país se ha arreglado con magia”. (El Universal, 18-5-97, 1-12 [Nacional y Política]).
Propósito de la Convención.
Esta convención hubo de adelantar su fecha de celebración al 17 de septiembre de 1997 porque el precandidato presidencial Eduardo Fernández cuestionó las aspiraciones de la dirección del partido. La prensa se interesó en el tema y se desató la polémica sobre la candidatura copeyana para las elecciones presidenciales de 1998. Fernández alertó principalmente sobre el procedimiento para escoger al próximo candidato presidencial y propuso elecciones abiertas a las bases con la condición de que el candidato ganador aceptase los requisitos impuestos por el partido. Y así trasmitió a la prensa: “(…) tras meditarlo mucho había llegado a la conclusión de que ‘conviene aplicar los estatutos tal y como están redactados y reproducir el proceso por el que se eligió a Oswaldo Álvarez Paz en 1993’ ”. (El Universal, 23-8-97, 1-22 [Nacional y Política]). También sugirió que el candidato ganador aceptase cuatro condiciones, que serían: “competir en el proceso interno, asumir el compromiso con los valores de la democracia cristiana, contribuir al triunfo de la plataforma electoral de la tolda verde y acatar el resultado de la contienda”. (Ídem).
De igual forma dejó ver su temor ante el excesivo pragmatismo de la dirección del partido:
Estoy alzando una voz de alerta frente a los peligros del pragmatismo y del oportunismo. Y, sobre todo, estoy alzando una voz de alerta frente a los peligros de un fenómeno que tendría consecuencias nefastas para la vida del partido, y que siento que ahora amenaza el panorama socialcristiano: el abandono de la democracia interna como sistema de vida partidista, el abandono de la democracia interna como expresión de la libertad de cada militante para elegir a quien le dé la gana, sin presiones de cúpulas ni amenazas a su integridad política. (El Universal, 6-9-97, D/2 [Política]).
Eduardo Fernández sufriría en carne propia las mismas políticas que él utilizó en el partido cuando ejercía el cargo de secretario general.
Y, finalmente, sin nombrar a nadie, Fernández, dejó ver su reparo y objeción a una “eventual” candidatura presidencial de la alcaldesa del municipio Chacao, Irene Sáez:
La Dirección Nacional recibirá un mandato claro para continuar dirigiendo al partido, [por lo que] puntualizó y rechazó el planteamiento de acuerdo al cual la dirección le está sirviendo ‘en bandeja de plata’ la candidatura a Irene Sáez.
— Nosotros lo que estamos señalando (…) es que no le cerremos el espacio a Irene, que le demos la misma oportunidad que le damos a todos y si ella ha sido un activo socialcristiano copeyano, pues que estudiemos la opción que ella significa, así como la de Salas Römer y las propiamente copeyanas. (Ídem).
En otras palabras, Fernández siempre sostuvo su preferencia por un abanderado proveniente de sus propias filas, o, en todo caso, que la militancia copeyana tomase la decisión sobre la nominación del mismo en unas elecciones primarias. Cuando salió electo Oswaldo Álvarez Paz por esta vía, significó un fortalecimiento institucional para Copei, ¿Qué sentido tenía retroceder ahora?
El propósito primordial de la XXI Convención Ordinaria de Copei lo expuso Pedro Pablo Aguilar en nombre de la Comisión de Reforma Estatutaria:
Sobre candidatura presidencial, la Comisión considera que debe mantenerse la norma de elección en proceso abierto a la participación de todos los venezolanos que quieran hacerlo sin otro requisito que la inscripción en el Registro Electoral, tal como lo estableció la reforma estatutaria de 1991.
Hay acuerdo en que la reforma estatutaria permita que los independientes puedan optar a la candidatura presidencial del partido, siempre que manifiesten voluntad de participar en el proceso de escogencia establecido, respetar sus resultados, adherir a los lineamientos del programa de gobierno y apoyar la plataforma electoral socialcristiana.
El Comité Nacional Ampliado debe quedar facultado para convocar una Convención Nacional Extraordinaria si durante el primer semestre del año electoral hay consenso sobre candidatura presidencial o circunstancias que hagan innecesario o desaconsejable la elección prevista al efecto, con lo cual queda prevista la posibilidad de una candidatura de consenso o la participación del partido en una alianza electoral. (XXI Convención Nacional de Copei, “Diálogos y Decisiones para Gobernar”, Caraballeda, 17-18-19 Sept. 1997, mimeo, pp. 23-24) .
Interesante la reflexión que hizo Aguilar cuando destacó:
Estamos en un tiempo de severo cuestionamiento a los partidos políticos, estamos en un tiempo de desencanto por la política (…) y ese partido comprometido con la historia y con el futuro de Venezuela no puede ser ciego, ni sordo, ante la necesidad de convocar a los venezolanos a la participación política. (pp. 24-25).
De manera que la reforma estatutaria introdujo tres nuevas modalidades: 1) La posibilidad de postularse un independiente como candidato copeyano; 2) la contemplación de una eventual alianza electoral; 3) la elección por consenso dejando sin efecto la elección abierta y por las bases.
En esta convención se planteó, en pocas palabras, quiénes estarían a favor de la candidatura de Irene Sáez, y quiénes se opondrían. Por un lado, el oficialismo liderado por Donald Ramírez y Luis Herrera Campíns apoyaban la opción Irene Sáez, no abiertamente todavía, pero la apoyaban. Y se oponían Eduardo Fernández —aspirante también a la candidatura— y el sector del partido que lo respaldaba. Sin embargo, tan importante como era el tema, el Secretario General, Donald Ramírez, lo escudó tras deliberaciones algo rebuscadas, como lo reflejó en el Informe Político presentado a la convención:
El debate de la Convención resulta un debate entre dos posiciones que, partiendo de la misma base doctrinal-ideológica, presentan a mi juicio, dos líneas antagónicas de desarrollo estratégico-táctico que el partido debe adoptar frente al reto electoral del año que viene. (p. 35).
Poco antes, refiriéndose a la actitud crítica de Eduardo Fernández, le hizo un llamado al orden de manera dura:
Las líneas oficialmente adoptadas son tendencias de la mayoría. En un partido como el nuestro, los deberes de la militancia leal le imponen la regla del juego de la democracia, como es el acatamiento a las líneas de las mayorías. Ella supone, para las minorías partidistas, la obligación de abstenerse del juego desleal, del filibusterismo, del enguerrillamiento, del fraccionalismo. (p. 34).
Donald Ramírez siempre demostró ser un político muy pragmático y con estas afirmaciones lo dejó ver una vez más. Su interés era abrir paso a la candidatura presidencial de un o de una independiente.
José Rodríguez Iturbe, un alto dirigente en otra época eduardista, pero ahora identificado con el oficialismo, tampoco estuvo con rodeos, y se fue al grano. Molesto por la crítica que Eduardo Fernández hacía sobre la ética de la dirección del partido en las metas o medios para conseguirlos, le reclamó: “(…) ¿el fin es lícito, sí o no? pienso que un político que no busque el poder es cualquier otra cosa pero no es político”. (p. 74).
En párrafos anteriores ya se había dirigido a él en términos similares: “(…) compañero Fernández, no diga que ésta es una situación límite, porque no lo es, es una situación de realismo político que el partido tiene que enfrentar con auténticamente clara vocación de victoria”. (p. 72).
Rodríguez Iturbe demostró ser el más realista de todos o, al menos, quien no tuvo problema en reconocerlo, lo que significaba ser “realista”, al decir: “Buscar el poder es lícito (…) somos un partido democrático, con vocación de poder y no podemos prescindir de lo que son concretamente las opciones de victoria (…)”. (p. 75).
Las opciones de victoria, en aquel momento, tenían nombre y apellido, sin embargo, faltaban muchos cabos por atar. Entre ellos, los gestos de superioridad de Irene Sáez y su rechazo a los partidos políticos expresados recientemente en declaraciones a la prensa, ante lo cual Rodríguez Iturbe respondió: “No nos puede meter, si es que acaso ella aspira a ser candidata del partido, en el mismo saco con nuestros adversarios en cualquier crítica directa o indirecta a los partidos políticos (…)”. (Ídem).
Este dirigente comprendió algo fundamental: Copei buscaba la victoria a través de la ex Miss Universo, pero aduciendo que el interés era mutuo: “Si se diera, que está por verse, hay que decir un mensaje claro, sin COPEI esa señora no gana (…)”. (Ídem).
En pocas palabras, Rodríguez Iturbe resumió la situación al destacar la necesidad de apoyo recíproco requerido tanto por Copei como por la señorita Sáez para ganar las elecciones presidenciales en diciembre de 1998.
Así, esta convención tuvo un carácter estrictamente pragmático, con el solo propósito de abrirle o facilitar la entrada a Irene Sáez. El realismo tenía quizás otro nombre oculto: sentido de sobrevivencia.
Resquebrajamiento del liderazgo copeyano.
Durante la vigésimo primera convención de Copei, los ataques entre copartidarios fueron severos. Podría explicarlos, entre otras cosas, la desilusión de muchos de ellos al observar transcurrir los años sin esperanza de volver al poder. En esta convención se escucharon ofensas nunca antes expresadas con tanta dureza, frustración y amargura.
La figura de Rafael Caldera, si bien ya no era miembro de Copei, siguió abriendo o haciendo supurar heridas. Los juicios en su contra fueron agrios. Eduardo Fernández también sufrió críticas demoledoras; y Luis Herrera Campíns y Donald Ramírez no pudieron escapar de los ataques. Un alto dirigente —y con razón— llegó a comentar que las peores agresiones a las autoridades del partido vinieron del propio seno de Copei. Por otro lado, la nueva generación del partido recriminó a Eduardo Fernández, a Oswaldo Álvarez Paz y otros, el síndrome del eterno candidato al no darle paso a las nuevas generaciones.
Donald Ramírez, en el Informe Político al referirse a la alianza de Caldera con el partido Acción Democrática durante su segundo gobierno, comentó: “Todo parece indicar que el rencor de Caldera hacia Copei lo empuja a intentar nuestro descalabro”. (p. 31). Y poco después, en el mismo informe, evocó el abandono del padre: “Copei, luego de lo ocurrido desde el 88 hasta hoy —y particularmente desde el 92 hasta hoy— no puede tener una actitud zalamera hacia Caldera, ni buscar hacerse perdonar una falta que no hemos cometido, porque el que nos abandonó, el que nos traicionó, fue él (…)”. (p. 36). Humberto Calderón Berti culpó a Caldera de la derrota del candidato de Copei en las pasadas elecciones presidenciales: “Oswaldo no es el Presidente de Venezuela en estos tiempos por la deslealtad, la inconsecuencia y por la traición de Rafael Caldera (…)”. (p. 59).
Felipe Montilla lo acusó de haber acaparado candidaturas presidenciales en Copei y haber sido incapaz de darle paso a ningún copartidario “(…) a veces he llegado a la conclusión de que éste fue durante 50 años un partido atado a una candidatura, con un problema, Caldera no aceptaba otro candidato que no fuera él, salvo que la Constitución se lo impidiera”. (p. 92). Gustavo Tarre, muy calderista en el pasado, lo descalificó también al pronunciar: “(…) existen matices y enfoques diferentes, pero creo que todos coincidimos en que Caldera rivaliza con Jaime Lusinchi en esa horrible competencia que consiste en saber cuál ha sido el peor Presidente de la Democracia”. (p. 107). Y, a su vez, Ramón Guillermo Aveledo propuso darle fin a todo lo que conllevase arrastrar la figura de Caldera: “(…) no tengo ni bendición que pedirle, ni factura que pasarle, eso es pasado, ya está bueno, ese capítulo de esa nostalgia y esa amargura, ya está bien, ya tenemos mucho rato en eso”. (p. 100).
Por otro lado, Eduardo Fernández tampoco pudo escapar a críticas demoledoras, en particular provenientes de Luis Herrera Campíns, quien descalificó su liderazgo político:
Partido de oposición si no hace oposición sigue en la oposición. Quince años pasaron esperando nos viniera la victoria a las manos como una fruta madura. Ni la indefinición ni la holgazanería dan resultados en política. No dan tampoco, resultados en la política práctica, los perfiles imprecisos, los mimetismos ocasionales. Cuando se busca quedar bien con todo el mundo, se queda mal con todo el mundo. (p. 9).
Quizás estas palabras del presidente del partido hayan sido una de las críticas más fuertes nunca escuchadas sobre un compañero. Luis Herrera Campíns guardaba viejos rencores y resentimientos, uno de ellos se debió al desplazamiento de Pedro Pablo Aguilar como secretario general del partido cuando Herrera Campíns era presidente de la república. Caldera había impuesto a Eduardo Fernández, de manera que la generación del 36 unida a la del 58, desplazaran a la del 46. Este fue un duro golpe para Herrera Campíns, tal como lo expresó:
En 1979 estábamos en el poder con mi presidencia y estaba Pedro Pablo Aguilar al frente de la Secretaría General del partido. Caldera se propuso sacar a Pedro Pablo de la Secretaría General, llevando de la mano la candidatura de Eduardo Fernández y lo logró, de manera que Pedro Pablo entregó un partido que estaba en el poder, que había conquistado la Presidencia de la República y desde entonces para acá, lo que ha sucedido es derrota y derrota, pela y paliza hasta el día de hoy. (p. 79).
Humberto Calderón Berti le reclamó a Eduardo Fernández haber utilizado al partido en función de su carrera política, sin darle paso a otros y dejando fuera a muchos:
Pero Eduardo fue responsable de que muchos se hayan ido del partido por la manera cogollérica y hegemónica como ejerció la secretaría general por 15 años, que puso al partido en función de su interés. Eso le negó el espacio político a mucha gente, que no tenían ningún oxígeno político y eran hostigadas. Quizás no todos por culpa del propio Eduardo, pero sí por sus seguidores que tuvieron un estilo político sectario durante muchos años. (El Universal 6-12-97, 1-26 [Nacional y Política]).
A Donald Ramírez y a Luis Herrera Campíns les achacaron falta de institucionalidad, de credibilidad y de transparencia. Agustín Berríos hizo el siguiente comentario:
Comprendo y comparto el esfuerzo de la Dirección Nacional por dirigir institucionalmente el partido, pero compañero Luis Herrera, Donald Ramírez, a la gente le cuesta creerles porque está sembrado en el alma de la gente el escepticismo y cuando dicen que la dirección de ustedes es institucional para abrirle el cauce a todos, muchos dicen y ¿no habrá una manipulación, instrumentación del partido al servicio de una candidatura? ¿De dónde viene esa sospecha? (…). (p. 84).
Andrés Scott resumió en su intervención la actitud severa de algunos líderes copeyanos hacia sus propios compañeros:
El compañero Eduardo Fernández no ha sido atacado tan duramente por un adversario político como ha sido atacado por dirigentes de Copei, el compañero Oswaldo Álvarez Paz, no ha sido atacado tan duramente por dirigentes de otros partidos sino por dirigentes de Copei, el compañero Donald Ramírez y Luis Herrera Campíns, no han sido atacados tan duramente por otros partidos como han sido atacados por dirigentes de Copei. (p. 88).
Las nuevas generaciones en Copei, los jóvenes que se iniciaban en las lides de la carrera política, reclamaron el tener que arrastrar odios y rencores ajenos, tal como lo resaltó César Pérez Vivas: “(…) los históricos resentimientos que han venido acumulándose en el alma de muchos compañeros”. (p.116). Y, más adelante, complementó:
Nosotros, los dirigentes de las últimas camadas, hemos sido víctimas de ese proceso individualista, anti institucionalista, que ha afectado la vida de nuestro partido en los últimos tiempos. Nosotros hemos tenido que soportar el efecto nocivo de la división, el efecto del fraccionalismo, de las ambiciones que han dado al traste con la posibilidad de ofrecerle a la Nación conductores de las nuevas generaciones demócrata-cristianas. (Ídem).
Agustín Berríos, a su vez, protestó el egoísmo, el sectarismo y la falta de oportunidades para las nuevas generaciones:
Compañeros Eduardo, Humberto, Oswaldo, ustedes compitieron en 1993 por la candidatura, lo hicieron limpiamente, no es posible que cinco años después el partido no pueda tener ninguna otra expresión, marca en ustedes la Generación del 58 con el Síndrome de Rafael Caldera de que solo uno y siempre los mismos tienen que tener la oportunidad. No señor, en Venezuela la tragedia política del país es que no ha habido relevo (…) (p. 85).
Y terminó diciendo: “(…) así como Agustín Berríos hubo muchos militantes del partido, de valor, que no han recibido nunca una oportunidad por sectarismo interno, nunca han tenido una ocasión”. (Ídem).
Falta de solidaridad en Copei, pérdida de valores.
El partido Copei llevaba demasiados años en la oposición, catorce para el momento de la vigésimo primera convención. Era comprensible que reinara el desánimo y la frustración. Se habían ido perdiendo valores como la solidaridad, la fraternidad, la unidad y la tolerancia. También se descuidó la vocación de servicio y fue mermando la credibilidad. Curiosamente, estas críticas no las hicieron sus adversarios políticos, sino ellos mismos.
José Antonio Pérez Díaz expresó de manera gráfica y con poca sensibilidad hacia lo femenino: “No puedo aceptar que el vientre de la familia copeyana sea un pellejo estéril, arrugado, incapaz de producir frutos de solidaridad y de fraternidad”. (p. 47).Añoró épocas pasadas: “A mi modo de ver, nuestra primera carencia y responsabilidad radica en que la tradicional fraternidad copeyana se ha enfriado, hasta el punto de parecer ahora una caricatura de los días fundacionales”. (p. 51).
A continuación reconoció el deterioro de los valores humanos en la dirigencia copeyana:
La unidad sincera y sin esguince se ha resquebrajado notoriamente, la amistad de siempre se ha enrarecido de malicia y desconfianza, el necesario y espontáneo compañerismo ha dado paso a recelos, rencores y enfrentamientos, motivado más de las veces por ambiciones secundarias. En el camino de la lucha que trajinan todos los partidos, temo que se nos ha venido endureciendo el corazón, se nos ha vuelto impertinente el espíritu, en muchas de nuestras acciones se ha enseñoreado la torpeza. (Ídem).
Las palabras de José Antonio Pérez Díaz fueron dolorosas, reconoció algunos de los motivos por los cuales Copei se habría venido derrumbando como organización:
(…) si nosotros permanecemos desunidos, desunido marchará el partido, si entre nosotros la palabra estila gotas de mezquindad, en la militancia habrá oído tardo para nuestra voz, si entre nosotros puede más la ambición que el ideal, si confundimos el interés con la lealtad solidaria, si las corruptelas y las tentaciones al mal uso del poder nos alientan más que los propósitos colectivos, permaneceremos encendidos en rencillas, solamente provechosas para que la sagacidad enemiga impere, se consolide y nos destruya. (Ídem).
Luego asomó tres carencias imperdonables en un militante cristiano al decir: “No podemos ser cristianos si nos odiamos”. (p. 52); o, “Depongamos de una vez por toda la intolerancia”. (Ídem); y, finalmente: “Me resisto a pensar que nuestro partido sea simplemente un apetito de poder. Copei es una vocación de servicio cristiano para atender a Venezuela y a los venezolanos”. (Ídem).
Humberto Calderón Berti alertó sobre un punto inexcusable en un militante político, tal es la falta de interés en los problemas de la sociedad:
(…) no nos digamos mentiras a nosotros mismos, la gente no nos quiere, porque la gente ve que nuestros debates son sólo sobre los problemas internos de los partidos y si queremos que la gente nos quiera, que recobre su confianza en nosotros, si queremos recuperar el espacio que hemos perdido, vamos a dedicarle más tiempo a los problemas de la gente. (p. 53).
Una de las intervenciones más dramáticas fue la de Luis Herrera Campíns. Rememoró algunos episodios de su vida donde no había contado con los apoyos esperados de sus compañeros de partido:
(…) yo hubiera deseado escuchar a José Antonio [Pérez Díaz] con una intervención la milésima parte de lo profundo de la que hizo, cuando sucedió aquel desaguisado del maletinazo en Radio City; yo hubiera deseado escuchar aunque fuera la milésima parte de la defensa (…) cuando en una campaña electoral infortunada, como la última de Eduardo, salió aquella espantosa estupidez política del ‘cuñazo’, yo hubiera deseado haber escuchado entonces una solidaridad así abierta y pública, profunda, de José Antonio”. (…) O cuando en 1984, después de la derrota de Caldera, Caldera me atacó en una forma absolutamente injusta y hasta me pidió que ya basta de hacerle daño al partido. (p. 80).
La intervención de Herrera Campíns en el contexto de la convención reflejó, por un lado, gran amargura, y por el otro, las frustraciones arrastradas durante décadas. El hecho de reclamarle a Pérez Díaz el no haberlo defendido a la altura cuando el episodio del “maletinazo”, significó veinticinco años de resentimiento, así y todo lo considerara su amigo, y buen amigo.
Se percibe a través de este ejemplo— como de tantos otros expuestos, pero en éste en particular—, la recriminación a la falta de solidaridad entre los propios dirigentes copeyanos. Luis Herrera Campíns habló con rabia y hasta con dolor de la forma como fue tratado o “maltratado”. Ni siquiera sus amigos de quienes esperó apoyo en los momentos difíciles, lo acompañaron. Prevalecieron los intereses propios de cada uno por encima de la solidaridad. Pareciera que ése es el precio a pagar en el mundo de la política. A la hora de definiciones, ni la amistad, ni el compadrazgo, ni las afinidades cuentan, solo cuenta ocupar el lugar ambicionado así signifique el abandono, la indefinición o la indiferencia a secas hacia los compañeros de partido.
Necesidad de cambio.
Oswaldo Álvarez Paz, Presidente de la XXI Convención, en sus palabras de clausura hizo varias reflexiones sobre el pasado, presente y futuro de Copei y el papel a desarrollar por su dirigencia. Entre ellas se refirió a temas de gran importancia, tales como el saber acercarse al pueblo desde un punto de vista humano; a la necesidad de una revolución debido a la democracia amenazada; al imperativo de romper con el orden establecido. Retó a Copei a cumplir un papel estelar en la historia y a acabar con personalismos y divisionismos.
Al concluir la convención, Álvarez Paz hizo un llamado inusual en los políticos:
(…) pero si no tenemos nada material que ofrecerles y que llevarle a la gente, vamos a llevarle un poquito de afecto, de compañía, de solidaridad, que nos vean, que nos hablen, vamos a oírlos, vamos a permitirles que se desahoguen y en esas experiencias vitales, es mucho lo que todos vamos a aprender. (p. 129).
Álvarez Paz admitió carencias imperdonables en el sistema político venezolano, de allí el llamado a una revolución para restituir los derechos fundamentales del ser humano:
Este país necesita una verdadera revolución, pero un cambio bien profundo, que haga posible que se mantenga viva la democracia y la libertad que están sumamente amenazadas porque se nos han convertido en una farsa, en una farsa que no funciona, que atropella los derechos humanos, que no dignifica el trabajo del hombre, ni de la mujer, ni de la productividad, que no le abre posibilidades de desarrollo ni de crecimiento, que ha empequeñecido a Venezuela. (Ídem).
A continuación, enunció los puntos sobre los cuales se construiría la revolución deseada:
Y ese cambio a esa revolución, nuestro reto tiene que ser dirigir ese proceso y conducirlo, salvaguardando la vida en libertad y sin exponer innecesariamente la vida en democracia. Pero para eso hacen falta golpes de audacia, hace falta mucho valor, mucho coraje, hace falta mucha idea de ruptura con el orden que muere, que se derrumba podrido ante nuestros ojos, que sean otros los que defiendan ese orden, que sean los responsables fundamentales de lo que está pasando los que se entierren con lo que está muriendo. El reto de Copei tiene que ser convertirse en el gran partero de la historia, nosotros podemos hacerlo, y yo estoy seguro que con la ayuda de Dios lo lograremos. (p. 131).
Conviene detenerse a escudriñar las reflexiones de Álvarez Paz porque son muy reveladoras. Para empezar dio la voz de alarma: el sistema democrático estaba a punto de perderse y había que mantenerlo a como diera lugar; el mensaje implícito es que Copei era el partido llamado a rescatarlo. Luego muy elegantemente deslizó la patética tarea de enterrar el orden podrido sobre “otros” hombros, una podredumbre a la que el bipartidismo había ciertamente contribuido; y para finalizar, acaparó la esperanzadora tarea de dar a luz una nueva Venezuela democrática, justa, humana e incorruptible, para su propio partido Copei. Así lo escribió en su columna semanal “Desde el puente”: “[Copei] Tratará de ser, y lo será si hace las cosas bien, la columna vertebral de la profunda revolución democrática que Venezuela necesita”. (“Copei, Convención Nacional”, El Universal, 18-9-97, 1-4 [Nacional y Política]). Muy optimista resulta su tono sobre todo teniendo en cuenta la difícil labor que le esperaba a Copei para conseguirlo:
Para que esto pueda ser posible, es indispensable liquidar las desmedidas ambiciones personalistas que marcaron al partido desde su fundación, con huellas y tradiciones difíciles de borrar. También el grupalismo, el fraccionalismo y el sectarismo interno y externo que llevó en tiempos pasados y recientes a sustituir la verdadera voluntad política del partido, por una maquinaria implacable al servicio de los intereses parciales de quienes la dirigían. (Ídem).
La clausura de la convención, a pesar de los mea culpa y de numerosas declaraciones duras y autocríticas, estuvo bañada de un gran optimismo. Optimismo que a todas luces resultó ser desmedido, poco realista e inverosímil.
Epílogo de la Convención.
Donald Ramírez, en su calidad de Secretario General de Copei, finalizada la convención, demostró gran alegría y entusiasmo con los resultados de la misma al lograrse la aprobación de las reformas estatutarias y con ello reafirmar su liderazgo en el partido junto al de Luis Herrera Campíns. Sin embargo, la realidad sería otra. La percepción de Copei en el país no era favorable. Los partidos políticos, Acción Democrática y Copei, se habían desprestigiado por su mal desempeño y se enfrentaban a la dura labor de recuperar electores y credibilidad. Donald Ramírez, en entrevista de prensa, así lo admitió:
La verdad es que hemos perdido la confianza de la gente porque, de alguna forma, los partidos hemos fracasado. ¿Por qué, si sumando los votos de todos los precandidatos adecos y copeyanos no llegamos al veinte por ciento? Ese es un análisis que debemos hacer. (Roberto Giusti, “Copei quiere rectificar su conducta”, El Universal, 21-9- 97, 1-12 [Nacional y Política]).
El periodista intentó precisar las preferencias candidaturales de Donald Ramírez al preguntarle: “¿A quién apoyarás para candidato de Copei?”, ante lo cual respondió: “A ninguno en particular”. Sorprendido, el comunicador social insistió: “Pero todo el mundo sabe que estás trabajando por Irene”. Y la respuesta de Ramírez fue sorpresiva: “Ni yo ni Luis Herrera estamos en la línea de apoyar a Irene”. (Ídem).
La afirmación de Donald Ramírez resumió la actitud que mantendría frente a Irene Sáez desde ese momento hasta las elecciones presidenciales del 6 diciembre de 1998: entre zigzagueos e indefiniciones.
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